Daniel Ramírez: Nuevos rostros (En el país y en La Moneda)

lunes 9 de abril 2018
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Algunos quisieran que solo los capitales circularan (y los que los poseen); y construyen muros, dictan leyes, controlan, encierran, expulsan. Pero controlan mucho menos, dictan menos leyes y casi no expulsan cuando son las drogas, las armas, el dinero sucio y los impuestos evitados que circulan, o cuando son los cuerpos, la trata y la explotación brutal que funciona.

Por Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne)

La obsesiva secuencia electoral presidencial, cambio de gobierno y su corolario escénico de la transmisión de mando, tienen al menos una ventaja: pasan. El sistema tiene eso de bueno, que desde ahora comienza una más o menos larga secuencia sin campañas ni elecciones. Podremos empezar a tomar un poco de distancia del clima de promesas, ataques, acomodaciones y posturas de personas y partidos, e incluso dejar atrás la surrealista secuencia de las últimas horas y el malogrado cierre de ese lugar de ignominia que ofende la dignidad del país. Cómo se pudo llegar a ese absurdo, ya se verá.

Con la cabeza reposada se podrá hacer un recuento de lo logrado y de lo frustrado. Siempre se debe hacer. Al fin del largo período de François Mitterrand en Francia, aún con lo imponente de su estatura, los socialistas de su propio partido reclamaban un “derecho de inventario”. Luego, esperar que al nuevo mandatario (en pedir no hay engaño) alguna buena estrella o espíritu cósmico lo proteja de la desmesura y soberbia del medio financiero al cual pertenece tan naturalmente y del deseo de revancha de los sectores retrógrados que lo apoyan.

Pero lo importante es volver la cara y el pensamiento hacia el futuro. Tomarse el tiempo de repensar la sociedad que queremos, aunque por cierto ello no impide permanecer vigilantes porque las buenas estrellas están a demasiados años luz de nosotros.

Pensar por ejemplo la significación profunda de la nueva sociedad de inmigración que se perfila. Tardíamente, por cierto; el mundo desde hace tiempo que es un ir y venir de inmensas masas humanas, poblaciones enteras que se desplazan, huyendo de la pobreza, a veces hambre, sequías y condiciones insalubres, desórdenes climáticos, pero principalmente violencia, guerras y opresión. Las situaciones son todas diferentes, pero los millones de personas desplazadas no han cesado de aumentar desde hace décadas.

En Europa y particularmente en Francia desde los años 60 una cantidad importante de habitantes de las ex colonias ha venido a instalarse buscando nuevos horizontes, intentando integrarse a la sociedad, aportando trabajo y riqueza, mano de obra y población a naciones cansadas en las cuales la natalidad había disminuido fuertemente. Aportando cultura, tradiciones culinarias, música, vestimentas y colores. Todo ello con su lote de dificultades; la cultura francesa, con sus altos estándares de educación no pudo prevenir o impedir el desarrollo de la desconfianza, la xenofobia, ideas simplistas (“vienen a quitarnos el trabajo”), intolerancia, ideologías mortíferas; aun cuando debía haber estado inmunizada contra esas ideologías debido a la memoria de los nacionalismos, fascismos y racismos del funesto ciclo de las guerras mundiales. Aguijoneados por las insidiosas campañas, los bajos sentimientos no pudieron ser evitados del todo, aunque han permanecido minoritarios. Una parte de los pueblos europeos olvidan cómo ellos mismos fueron inmigrantes en otras épocas; cuántos españoles, italianos, franceses, alemanes, vinieron a instalarse en las ciudades de las Américas, cuando no había qué comer en Europa, cuando los imperios se desintegraban, las guerras y revoluciones arrasaban con todo un mundo.

¡Que no nos ocurra lo mismo! Chile ha sido en el pasado un país de inmigrantes. Ingleses, alemanes, españoles, judíos, árabes (con pasaporte otomano), vinieron a rehacer sus vidas, a reconstruir sus maltratadas genealogías. Y se integraron, aportando cultura, trabajo, riqueza y diversidad, reconfigurando el rostro de nuestro pueblo, tal vez de manera más exitosa que en otros lugares del mundo. Poquísima historia hay de discriminación y segregación en el país, aunque no haya podido escapar enteramente a ciertos prejuicios contra los unos o los otros,  nada dramático en este sentido forma parte de nuestra memoria.
Que no nos ocurra lo que les ocurrió a los europeos. Chile también ha sido acogido en el mundo ¡y ampliamente! Cuando las garras de una dictadura ebria de su poder y de su victoria repartieron asesinatos, desapariciones, tortura, cárcel, exclusión e injusticia, opresión y humillación, cuando la sociedad perseguía sin piedad, cientos de miles de compatriotas partieron al exilio y fueron acogidos. La solidaridad y la generosidad de las naciones que dieron asilo son conocidas. Muchos de esos chilenos, estudiaron a altos niveles y una vez retornados, asumieron grandes responsabilidades en el país. Fueron preservados para ello y albergados hospitalariamente en decenas de países.

Las migraciones actuales no son las mismas, por supuesto. Los tiempos cambian, y si la sociedad genera trabajo y cierta riqueza, es normal que ello ocurra. Los transportes y las comunicaciones son tanto más fáciles que solo hace algunas décadas. Es la otra cara de la globalización. Algunos quisieran que solo los capitales circularan (y los que los poseen); y construyen muros, dictan leyes, controlan, encierran, expulsan. Pero controlan mucho menos, dictan menos leyes y casi no expulsan cuando son las drogas, las armas, el dinero sucio y los impuestos evitados que circulan, o cuando son los cuerpos, la trata y la explotación brutal que funciona.

Las migraciones actuales aportan una nota “de color” a nuestra extrañamente transparente autoimagen nacional. Y eso no es totalmente ajeno al temor y al rechazo que se insinúa, particularmente al parecer si se trata de ciudadanos venidos de Haití. Pero ¿conocemos bien la historia de Haití? ¿Cuántos saben que Cristobal Colón llegó allí el mismo año 1492?  ¿Cuántos saben que es el segundo país de América en obtener su independencia, luego de grandes luchas, pero que antes que eso fue el primero y prácticamente único caso exitoso de revuelta de esclavos, liderados por Toussaint Louverture, y de abolición de la esclavitud antes que terminara el siglo XVIII? ¡La primera república negra del mundo! Solo con enormes pérdidas y con engaño, Napoleón reestablece provisoriamente la esclavitud. Historia compleja y rica, de la cual pocos conocen detalles. Las personas que llegan son herederos de esa historia, de esa dignidad. ¿Por qué no se les trataría con la consideración que ello impone, como se trató a los chilenos exilados?

Olvidamos también que desde hace miles de años nuestras australes regiones fueron pobladas por homo sapiens llegados por los gélidos pasajes del norte, luego de interminables recorridos. Incluso los mapuches son remotos inmigrantes… Que todos, suecos, chinos, australianos o canadienses, todos nosotros partimos de una zona que se conoce aproximadamente, pero por seguro se sitúa en África del Este, entre 200 y 300 mil años atrás. De un punto de vista paleontológico y yo diría también metafísico, somos todos africanos.

En realidad somos terrícolas. Inmigrantes impenitentes, colonizadores infatigables de este planeta que termina fatigándose de nuestra proliferación.
Muchas cosas hay que repensar de nuestras sociedades, de nuestro mundo, de nuestro futuro. Pero ¿qué bicho puede haber picado a algunos de nuestros inmigrantes nacionales para que se pongan a pensar que de alguna manera nosotros tenemos derecho a este hermoso territorio y otros no? Es una suerte que la contingencia económica mundial nos envíe estos descendientes de Toussaint Louverture para vivir con nosotros, para construir un futuro común. Es normal que los estados se den reglas y controlen las poblaciones. No lo es que lo hagan excluyendo o que se dé eco a reflejos racistas que solo la ignorancia y la subcultura bien nacional pueden explicar. No comprometamos esta oportunidad histórica con la peor parte de nosotros mismos. Se necesitarán décadas para corregir apenas los efectos deletéreos, como lo saben ahora los europeos.

 

 

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Comentario

Ivalú Tilú

Racismo y xenofobia son de las cosas de este mundo que creamos que no entiendo, y que creo que no hay que cansarse de hacer notar cuando vemos surgir.
Se nos olvida que estamos todos en el mismo planeta.

martes 10 de abril 2018 a las 21:03
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