Nueva política hermenéutica (o el whatsapp de Mayol)

martes 29 de agosto 2017
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Como ha sido la tendencia en los últimos tiempos, el debate público sobre todos los temas ha tendido a centrarse más en el lenguaje referido a los hechos que en los hechos mismos; eso que era común en el medio futbolístico chileno se ha universalizado.

Rodrigo Larraín, Académico Facultad de Ciencias Sociales, U.Central

Hemos vivido estos días un amplio debate sobre las implicancias de un whatsapp del candidato Alberto Mayol. Se trataba de establecer si ese mensaje era de carácter machista o no, frente a otros que decían que era prepotente y otros, para los cuales era simplemente inofensivo. Lo más notable, e imagino con mucho de sorna, los medios trataban esta noticia como el gran acontecimiento político. La persona supuestamente agraviada es mujer y, en esos casos, basta con la denuncia y no es necesario acompañar pruebas para que se considere verdadera la agresión.

Pero al dar a conocer las grabaciones era muy difícil demostrar el machismo y las amenazas. Hubo una semana entre el envío y la lectura ofensiva de su contenido. O sea, los valores que el Frente Amplio proclamaba tener: una nueva forma más moral de hacer política, la transparencia, el recurso a la democracia para dirimir conflictos, entre otros muchos valores autodeclarados, resultaron papel mojado tratándose de los cupos parlamentarios del sistema tan denostado. O sea, la novedad está en el lenguaje para tapar las miserias políticas más tradicionales.

Como ha sido la tendencia en los últimos tiempos, el debate público sobre todos los temas ha tendido a centrarse más en el lenguaje referido a los hechos que en los hechos mismos; eso que era común en el medio futbolístico chileno se ha universalizado. Si los hechos nos sobrepasan o discrepan mucho de nuestras ideas, peor para ellos y mejor para el lenguaje que, sibilinamente, permite recrearlo hasta que signifique lo contrario y, como cualquier sociólogo sabe, construir la realidad por medio del lenguaje.

De ahí que lo que hay no es un relativismo meramente moral, hay primero un relativismo cognitivo. Por ello es que tenemos una izquierda con propuestas neoliberales, una derecha algo populista al tiempo que endilga a sus adversarios tal calidad. En el caso que comentamos esa multiversa coalición ha usado el lenguaje para predicar, para predicar política desde un cierto principismo moral no siempre claro, porque el enojo por las inconsecuencias, su exhibicionismo de prácticas políticas superiores. Su mentada incontaminación respecto de alianzas con los políticos reprobables y su autoconsideración de ser de lo más veraces, les pasó la cuenta, era ego y vanidad.

¿Y desde dónde hablaban estos jóvenes y no tan jóvenes? –porque les siguen excéntricos adultos mayores, de esos que se cuelgan de cuanto alternativismo surge por ahí. Hacerse esta pregunta es tal vez lo más importante. Algunos de ellos dicen en sordina que son de izquierda, otros lo vociferan. Pero no se ven las propuestas desde ese domicilio político. Poco se habla del anticapitalismo, se dice estar en contra del sistema, lo que es bastante impreciso y neutral. El estar construyendo propuesta no implica no tener referentes históricos y teóricos, de lo contrario se quedan en el puro estar en contra. Pero refunfuños, reclamos y murmuraciones no son un programa político. Así, frente a lo que les ocurrió recientemente, vuelven a insistir en que lo dicho y hecho no es lo dicho y hecho, por lo que necesariamente, habría que intentar una comprensión hermenéutica benevolente para ellos y sus minipartidos y grupos integrantes del Frente Amplio. Es demasiado pedir.

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