Extraña alegría

domingo 9 de agosto 2015
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Daniel Ramirez, philosopheNo hay nada que festejar. O más bien sí: que estamos vivos, y que sabemos cuál es la diferencia entre el bien y el mal, que reconocemos el valor de lo humano. Quienes lo ignoraban deben desaparecer sin pena ni gloria.

Por Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne) 

Me llega desde lejos la noticia de la muerte del gran criminal, que no nombraré en estas líneas, y el ruido de botellas de champaña y gestos de festejo de bastante gente, incluidos muchos de mis amigos.

Personalmente, creo que alegrarse por la muerte de un ser humano siempre es un fracaso. Claro, no es el nuestro, no es el de quienes se alegran, que probablemente no pueden ni tienen razones de evitarlo. Es un fracaso de la humanidad del hombre.

El sentimiento que me viene es más bien una forma de vergüenza por pertenecer a la misma especie animal que él, por tener la misma naturaleza humana que él contaminó. Se trata de algo extraño, que recuerda de alguna manera la idea bíblica del “pecado original”, aunque no comparto enteramente esas ideas, es decir una falta que se comunica, que se reparte, que se perpetúa. Es muy difícil lavar la humanidad de ese tipo de faltas, sobre todo si no se hizo lo suficiente, si no se tuvo el coraje como sociedad, de combatir y de perseguir a todos los culpables y cómplices de esos crímenes atroces.

Ello se ve en las tentativas tardías, demasiado tardías, de la parte de ciertos diputados para pedir una degradación póstuma de los grados militares (que implican de alguna manera honores) de esos odiosos personajes. Pero ¿quién diablos les impidió a los brillantes diputados pedirla cuando estaba vivo? La muerte del cruel asesino, sin haber cumplido una verdadera pena de encarcelamiento perpetuo (en una verdadera prisión), y sobre todo sin haber revelado lo que sabía, sin haber reconocido sus crímenes y los del sistema del cual él era la piedra angular, es un fracaso para la justicia (humana e institucional), para la memoria, para el clima social y de convivencia en el país.

Personalmente, no tengo nada mucho de lo cual arrepentirme respecto a este individuo ni a los de su calaña: pertenezco a esa categoría de chilenos que en los años en que él ejercía con el mayor poder su reinado del terror, no nos apocó ni nos aterrorizó, no nos impidió desobedecer al régimen, trabajar contra ellos, con toda nuestra creatividad y con toda nuestra fuerza.

No pudimos derrotarlos, es verdad. Pero que lo intentamos, lo intentamos. Y muchos cayeron. Por ello, no me nace festejar; prefiero brindar a la salud de los valientes, a la salud de los verdaderos, de los honestos, de los seres humanos generosos e íntegros. Prefiero volver a brindar por la vida luminosa de un Cirilo Vila, cuya muerte nos llenó de tristeza, en vez de contaminarme con una alegría que no puede disimular una especie de rictus celebrando la muerte de un ser infernal al cual no se le exigió todo lo que se debía, que se burló del sufrimiento interminable que generó. Quisiera creer en la ley del karma de los budistas, pero no creo tampoco. Porque el desequilibrio que seres así generan en los planos de la existencia es duradero y contamina como un virus.

No hay nada que festejar. O más bien sí: que estamos vivos, y que sabemos cuál es la diferencia entre el bien y el mal, que reconocemos el valor de lo humano. Quienes lo ignoraban deben desaparecer sin pena ni gloria. Y no debería haber nunca más seres semejantes. Para eso, no bastan declaraciones ni insultos póstumos, ni repudios; no bastará tampoco la memoria, indispensable y las necesarias persecuciones judiciales; la única vía es trabajar para mejorar nuestra propia humanidad, aquella que ellos desconocieron, la dignidad del hombre y la justicia en la sociedad. Esforzarse de manera decidida y perseverante por hacer exactamente lo contrario de lo que hicieron estos engendros de la ignominia: cuidar al ser humano, evitarle el dolor y la violencia, preservar la vida y la libertad, cultivar el respeto y el amor, la paz y la comprensión, la amistad y la fraternidad.

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Comentarios (5)

hernan

En el Cenacolo de Leonardo, que es una obra filosófica del mayor interés, observamos en el segundo trío que Juan está completamente entregado en su amor al Cristo y Judas completamente separado en su entrega al Demonio. En el alma de los hombres hay bien y hay mal; raramente un hombre es completamente bueno, completamente malo, aunque algunos se acercan. Pedro ama al Cristo, pero su alma es raptada por Judas y aferrando el cuchillo, se apresta a matar al traidor. Esta acción, aunque inspirada por el amor al Bien, es maligna y debe ser rechazada por un cristiano. Solamente la vía del amor y la belleza lleva a la perfección del alma y el odio, incluso el odio al mal, a su extravío y la catábasis infernal.
I sent my Soul through the Invisible
Some letter of that After-life to spell;
And by and by my Soul return´d to me,
And answer´d ‘I Myself am Heav’n and Hell’
FitzGerald

martes 11 de agosto 2015 a las 14:44
1
Verónica Ruiz

Excelente columna para nosotros chilenos y latinoamericanos que vamos de sabedores de LA VERDAD, para que apoyemos el desarrollo democratico de nuestros países, con ciudadanos educados, pensantes y libres…

martes 11 de agosto 2015 a las 20:49
2
Milena Melig

Gracias por estas líneas que expresan tan bien mis sentimientos contradictorios. Ya me parecía que había algo no muy claro en celebrar, alegrarse, expresar una vez más la rabia contra el representante más sangriento de un régimen al cual, como tú dices, con bastante coraje, no se supo ni se pudo derrocar, y por una justicia que en su momento no se supo exigir.

Hace menos de 1 minuto
3
WASHINGTON HERRERA

Muy bueno tu pensamiento, en lo referente a un personaje de nuestra historia contemporánea, que nos deja una huella de dolor, no hay de que alegrarse, sino una enseñanza para el futuro, el respeto por el ser humano de la condición que sea, permite ser tolerante por sus principios de ideas, pero lamentablemente los pueblos siguen sufriendo por la falta de entendimiento, así los tenemos en África, Medio Oriente y en nuestra América Morena, sufrimos un colapso en nuestra vida democrática, pero no hemos aprendido nada, las odiosidades y pasión, siguen como si no hubiera pasado nada, las descalificaciones a doquier, que decir de los escándalos financieros y políticos y que están destruyendo nuestra democracia.
Ojala tus juicios emitidos, sean leídos por muchos, para que valoricen el pensamiento de alguien que esta por un razonamiento de alto valor de nuestra especie, que la vida no es un estado pasajero, sino de existencia, de desarrollo y de libertad.

sábado 22 de agosto 2015 a las 04:13
4
Cristian C. S.

Daniel.
Extraordinario lo que has escrito.
Situa la discusión de estos últimos días en otro plano, mas completo, mas humano.
Gracias.

sábado 22 de agosto 2015 a las 20:56
5

Los Comentarios se han cerrado.

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