Palestina no es Hamas

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marta-blancoSi los excesos que comenten los seres humanos fueran la ley que los rije, no habría decencia en el mundo. El planeta, ya bastante malogrado, sería una infinidad de ruinas mayor que los restos de Cartago, Palmira y la Atlántida reunidos, donde habría que “echar a pastar el cerebro cartesiano mientras el instinto juega”, dice Steiner en Nostalgia del Absoluto. Dan ganas de hacer la prueba.

Por Marta Blanco, escritora

Tomo sus palabras, siempre más que palabras, porque sabemos que se necesitan contrarios que actúen con ferocidad ilimitada para que se desaten los descalabros de muerte y odio en que está sumido el mundo. Palestina, a la que bautizó oficialmente en el siglo II el emperador romano Adriano cuando viajó a ver el Memnón que hablaba y lo escuchó gemir, ulular y aún hablar. No le entendió una jota, y pensó cartesianamente -antes de Descartes- que el viento y la arena, ayudados por quizás algún sacerdote de Tebas escondido en un hueco, emitían sonidos insensatos. Dio orden de reparar el Memnón y este, tapados los huracos, se calló para siempre.

Aparecen los túneles en este cuento. Los meto porque de túneles parecen querer hablar los israelíes y no de la guerra a muerte, cohetes, asaltos por tierra, destrucción total de un país que aún no puede serlo. Y es que aunque suene paradógico, así ocurre. Palestina no puede, aún, ser Palestina. Es un jirón de tierras parceladas donde se meten los israelíes a destajo y aún cuando han hecho retiradas operáticas, muy luego encuentran alguna razón para seguir plantando sus estacas en nuevas tierras.Ya hay más de seiscientos muertos palestinos, menos de cincuenta israelíes. Entre las víctimas palestinas abundan los niños pequeños.

Israel, sugiere mi mente escéptica, no quiere una Palestina en Palestina. Desea la Tierra Prometida, la tierra del Libro, ilimitadamente suya. Y aunque a los palestinos no les ha faltado empeño, algo les ha faltado, lamentablemente, para forjar ese país indispensable a sus dolores y derechos. Cierto es que se negaron a la partición cuando la Organización de Naciones Unidas creó el estado de Israel. Pero ese error que tan caro les ha costado no fue divino sino humano. Aquí no hablamos de Moisés sino de Ben Gurión, Golda Meir, Shimon Perez y así hasta Netanhyahu. Cierto que la práctica del terrorismo es una especialidad de Hamas y de la OLP, pero no lo es menos del Mossad, la CIA, de la antigua Inquisición y de la DINA, la Checa, la KGB y –como diría el rey de Siam- etc…, etc…, etc…!

Olvidar que las policías políticas de la Tierra son grupos especializados en controlar el orden por la fuerza, y no cualquier orden sino el que domina en esos momentos, no es buena idea. No deberían los países civilizados aceptar raptos, torturas, quemar con hierros candentes, azotar con toallas mojadas, desnudar a un ser humano y soltarlo en jaulas oscuras y húmedas para convertirlos en restos de humanidad, echarles perros furiosos, encapucharlos y darles golpes de electricidad, así como zambullones en inodoros, arrancar uñas, aplastar manos y dedos y aún asesinatos o desapariciones. La tortura deja fuera de la condición humana a quienes la practican.

No hay país ni siglo de la historia que escape al barbarismo y a la crueldad. Estamos plagados de grupos humanos en todo el planeta que gozan del privilegio de seguir creyendo en la violencia como único medio de lograr lo ansiado. Pero ya basta de cegarnos. Se requieren unas Naciones Unidas menos comprometidas con el lavado de manos de Pilatos, que permite que un hombre se suicide a la fuerza, o ahorcarlo y colgarlo en un closet de algún hotel o raptar niños o desplazar pueblos completos hacia tierras intermedias, donde los hacinan en campamentos impíos, sin agua ni comida, sin asistencia médica, sin patria y sin futuro. Si esto es lo que se logra con los compromisos, no existen ni la solidaridad ni la razón, y los cinco mandamases de las Naciones Unidas ejercen a su gana la fuerza de su atómica autoridad. Los países sin derecho a voto en esa asamblea no deberían autorizar con su silencio estas decisiones.

Palestina no puede seguir siendo pasto de una lucha desequilibrada entre grupos terroristas internos y un país superiormente armado. Matar civiles, entre los que abundan niños y mujeres no es guerra ni defensa. Es un ataque cruento a los indefensos del mundo, que demasiadas veces en el último siglo se ha visto al borde del Armagedon.

Hoy la guerra puede significar el fin de la vida sobre la Tierra. Si nadie piensa en esto cuando ve correr niños desnudos, mujeres envueltas en ropajes sucios, ancianos inválidos, hombres arrastrando heridos rumbo a algún lugar de protección, olvidamos de las dos guerras mundiales que arrasaron Europa.

Chile, que luchó sin tregua por salvar a 33 mineros desde el fondo de la tierra, sabe defender la vida. También sabe de policías y grupos concebidos para exterminar a los llamados disidentes. A veces, solo a los desobedientes. Aquí sabemos de la muerte de los hombres y mujeres buenos. No podemos aceptarla nunca más.

Pero el país ya es una democracia. Y no logro traspasar la mente de nuestros gobernantes, que contemplan la destrucción de Palestina con una parsimonia que llaman prudencia. La atrocidad tiene sus límites. ¿O no aprendimos nada de Hiroshima, de las torres gemelas, de los aviones de pasajeros reventados por misiles en el aire, de las bombas en trenes, metros, de autos explotando en Buenos Aires y en Madrid, de poblaciones africanas huyendo de la nada a la nada?

Seamos humanos, completamente humanos, y no dejemos que los horrores de la guerra tecnológico-ideológica nos lleven por el camino de la muerte de los inocentes.

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Comentario

WASHINGTON HERRERA

La apoyo en su planteamiento muy fundamentado y apoyado por las tragedias de los pueblos, que a través de los siglos han sido masacrados por los intereses del mas fuerte. En este caso el pueblo judío a sufrido el desprecio hasta el siglo pasado, en donde hayan vividos, perseguidos deportados de territorios a otros y masacrados como fue en la segunda guerra mundial.
La historia se repite años tras años, pero el hombre no aprende a convivir en paz, hoy en día que estamos a punto de dar el gran salto en el desarrollo y mirando las estrellas, seguimos auto destruyéndonos y no paramos, cada día hay un nuevo conflicto en el planeta, pueblos enteros son masacrados, así tenemos lo sucedido con Yugoslavia, el medio oriente, Vietnam, pueblos africanos, Ucrania y hoy día el pueblo Palestino, seguimos el destino del Homo Sapiens en destruirse sin compasión, cuantas vidas preciosas han sido sesgada por la metralla, sin haber terminado su misión.
Estoy de acuerdo en muchos pasajes de su Art. Espero que esa organización mundial, en donde se debate los destino de nuestro planeta, se comporte a las alturas de la situación, tiene el poder suficiente para acallar el tronar de los cañones, que ciegan sin miramiento a la población de civiles y no tengamos como en los casos anteriores pueblos enteros desplazados por el mundo huyendo de su tragedia.
Espero que las autoridades del pueblo judío terminen con sus acciones punitivas, las cuales ocasionan mas segregación con su pueblo y dan la ocasión de seguir agrandando el odio a su pueblo, en toda la Palestina y países aledaños.
Estoy por la paz en todas sus letras, los seres humanos nos entendemos con palabras, con acciones de cooperación,pero la destrucción es irracionalidad.

jueves 24 de julio 2014 a las 03:10
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