¿Gobierno del pueblo o pueblo del gobierno? (1)

jueves 14 de noviembre 2013
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ramirez¿Cómo elegimos a nuestros gobernantes? ¿Con qué criterios, en base a qué valores? Desde el comienzo de la modernidad, las sociedades buscan una manera justa y eficaz de autogobernarse, dictar leyes y administrar el derecho para que cada cual pueda realizar su vida libremente y al máximo de sus potencialidades. La democracia parece ser el sistema más adecuado.

Escribe Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne)

La democracia, como todo el mundo sabe, es el gobierno (o el poder: “krátos”) del pueblo (“démos”). Pero lo que una palabra griega dice las lenguas latinas no lo traducen tan claramente. Hay por lo menos dos sentidos de la palabra “pueblo” y dos otros de la partícula “del”.

1) ¿Qué significa el “pueblo”? De manera abstracta, se trata de la totalidad del corpus ciudadano. Así el resultado de las elecciones es la expresión de la “voluntad popular”(2), en su mayoría. Muy distinto el caso por ej. de las aristocracias de la antigüedad, en las cuales a nadie se le ocurriría preguntarle así al pueblo quién debe gobernar. Es por eso que preferimos la democracia, el gobierno del pueblo (populus).

Pero en otra significación, muy utilizada, el pueblo (plebe) es la gente pobre, los desheredados, los trabajadores, los humildes. Los que no se han beneficiado de una educación ni una formación profesional, no tienen acceso a la salud, a la cultura ni a los bienes; el triunfalismo liberal, la euforia del crecimiento no les llega más por tele-espectáculo y consumo de baratijas. Este pueblo en segundo sentido (digamos, popular) es solo una parte del pueblo jurídico, abstracto. ¿La mayoría?

Una última significación es aquella en que se habla de “un pueblo”, como el pueblo de Chile, o en la expresión “pueblos originarios”(3) .

Cuando se escuche hablar del “pueblo”, sin que esto se aclare, se trata simplemente de demagogia.

2) Por cierto, ¿Qué significa “del” en esta frase? Que algo sea de alguien (genitivo en las lenguas con declinación) en realidad significa dos cosas, y en general no prestamos atención e esta sutileza del lenguaje. Veamos la frase “Las Meninas es un cuadro de Velásquez”. El “de” expresa aquí claramente que es la obra de ese pintor, lo cual se expresa más claramente cuando se dice el título de un ensayo, seguido de por tal autor. Pero si decimos “Las Meninas” forma parte del patrimonio del museo del Prado, se trata aquí de propiedad, como cuando digo la camioneta es del vecino, lo cual es distinto a decir que es la obra de Toyota(4).

Volvamos a los dos pueblos. La segunda significación, la que merece el adjetivo “popular”, ¿acaso puede decirse que es ese el pueblo que gobierna? ¿Que el gobierno es de él? Basta con observar al personal político, ¿quiénes son, de qué clase social, estudios de qué universidades americanas o europeas, casas en qué playas…? La mayorías cambian, pero no este aspecto sociológico. Se dirá que el asunto está claro: aunque sean un grupito, han sido elegidos en votaciones legales y expresan la voluntad del pueblo en su sentido jurídico, abstracto, la totalidad de los ciudadanos (al menos los que votan).

Solo que ni en el primero ni en el segundo de los sentidos del genitivo “del”, este gobierno será del pueblo. No cabrá, en vez de “gobierno del pueblo”, hablar del “pueblo del gobierno”? Una parte del pueblo (por supuesto no en el sentido popular) se ha apropiado del pueblo. En realidad el gobierno del pueblo es “el gobierno del… pueblo-del-gobierno”. Curiosa tautología.

A la hora de votar hay que hacerse muchas preguntas, sin duda; ¿Quién hará qué y por quién? Pero más aún será estar atento los días siguientes, y los años después. Efecto nefasto de las campañas políticas, con el bombardeo de discursos, propaganda, discusiones y promesas, es la saciedad. Después de votar, como fatigados por tanta bulla, la mayoría de los votantes vuelve a casa a y a sus asuntos. Se escuchará de manera distraída que tal o cual será ministro de esto o lo otro, director aquí, responsable allá. Se constatará que todo sigue más o menos igual.

El resultado es catastrófico. El pueblo que no pertenece al pueblo-del-gobierno, se tragará una frustración tan grande como el bombardeo que ha recibido antes. Y se retirará aún más al fondo del pueblo en otros sentidos: el pueblo del olvido, el pueblo de la soledad, el pueblo sin voz. O incluso el individuo sin pueblo, la persona sin colectivo, el sujeto sin grupo, sin apoyo ni raíces.

Si las elecciones son importantes, mil veces más importante es la participación. En las campañas, mucha gente se reúne, se moviliza, lee, discute, piensa, escribe. Luego nada. El pueblo-del-gobierno gobernará tranquilo. A menos que haya fuertes movimientos sociales, como se han visto, sobre todo por parte de la juventud, que sin experiencia ni poder, no deja de tener coraje y fuerza. Pero ¿Qué ha logrado? No se sabe aún. Tal vez formarse al espíritu de acción, justamente, vacunarse contra la indiferencia. Son luchas de futuro.

En todo caso, votar y luego irse a casa equivale a un suicidio ciudadano. Ejercemos nuestro deber (derecho) cívico y luego renunciamos a él. Es absurdo.

Para evitar que el poder del pueblo sea confiscado por un pueblo-del-poder, lo primero es crear (o recrear) un verdadero pueblo, el cual debe dejar de ser abstracto. Sin eso la democracia es un simulacro.

Y ¿cómo se puede crear un pueblo? ¿No parece una tarea demasiado grande? ¡Tanto mejor! Votar por un(a) presidente(a), ¿No comienza a parecer una tarea demasiado pequeña?

Aunando voluntades, inteligencia, generosidad, creatividad y audacia. Asociaciones, ONG, agrupaciones diversas, experiencias sociales, micro-políticas, culturales, artísticas, tienen ya un gran camino recorrido. El estado no es todo. El empoderamiento de la gente (el exacto contrario de la apropiación del poder), el aumentar la capacidad de acción, por la capacitación y la colaboración, en diversos medios, laboral, vecinal, educativo, hospitalario, amistoso e incluso sexual, debe ser una realidad de cada día, un desafío exaltante. ¡Gobernarse primero a sí mismos!

Una última pregunta: Una asamblea constituyente, ¿será una tarea demasiado pronta, dadas las condiciones actuales de ser o no ser un pueblo, o bien un paso fundamental en esa dirección?

[1] Estas líneas, para quien quiera seguir un poco un hilo de pensamiento, son la continuidad de mis columnas, “Lo que queremos, lo que debemos y lo que podemos”, del 13/06/2013, “¿Dijo Ud. democracia? ¿Justicia?”, del 14/08, y “Cuatro palabras para habitar y pensar” del 28/08/2013, en este mismo medio, rubrica “La voz de…”.

[2] Concepto de Rousseau, en El Contrato Social, solo que el filósofo pensaba en una sociedad de igualdad.

[3] Este punto merece un artículo aparte. Pero no podemos dejar de mencionar que el problema existe: quienes se reclaman y se sienten  por ejemplo del “pueblo mapuche”, ¿en qué sentido participan del “pueblo” que, se supone, gobierna?

[4]Por eso Abraham Lincoln sintió la necesidad de expresar de tres maneras el asunto, diciendo que “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

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Comentarios (5)

hernan

Desde que existen sociedades con clases sociales,las clases poseedoras requieren un instrumento de dominación violenta llamado Estado.
Hubo un Estado esclavista, uno de servidumbre, ahora hay un Estado burgués que vigila un orden en el cual unos son los dueños del capital y otros son los dueños de su fuerza de trabajo. Ello es llamado Democracia burguesa. Los dueños de su fuerza de trabajo son dueños de venderla, libremente, a los dueños del capital. O sea, su alienación es llamada Libertad.
Libremente pueden acceder a la educación burguesa, así como a la prensa y medios de comunicación burguesa. Pueden votar libremente siempre que no se les pase la mano (11/9). Esto no es chacota. Finalmente comprarán un pedazo de tierra a algún capitalista -libremente elegido- donde descansarán eternamente sus huesos (por lo menos mientras paguen las cuotas). RIP.

Hace 1 minuto
1
Carlos Krom

Rotunda demostración del filósofo. Sin citar ningún nombre de candidato(a), dice todo lo importante para entender porqué una democracia no funciona. En vez de decir elite política, ahora usaremos el término “pueblo del gobierno”, hasta que un día pueda haber un gobierno del pueblo.

sábado 16 de noviembre 2013 a las 01:22
2
Milena Melig

Una mirada distanciada. Que bien hace alguien que dice las cosas con tanta claridad. Muchos sentimos que hay algo que no va bien en todo este asunto. La columna de Daniel Ramírez ayuda a entender el porqué. A cada cual de sacar sus conclusiones.

sábado 16 de noviembre 2013 a las 01:31
3

Gracias Daniel por entregarnos una mirada desde la reflexión un poco más profunda de temas tan manoseados y que pierden su sentido original.
Me gustaría agregar, si pudiésemos nuevamente instaurar algunos actos propios de la democracia griega, como lo era el ostrasismo.

domingo 17 de noviembre 2013 a las 13:34
4
hernan

El ostracismo ya fue una de las brutales medidas del Sanguinario y en Grecia era una de las posibilidades de la plebe o canalla, que podía así ejercer su odio a lo superior (por ejemplo a ciertos filósofos).
Sin conciencia (como decía Hegel) no hay libertad, sino expresión de la bestia.

domingo 17 de noviembre 2013 a las 15:37
5

Los Comentarios se han cerrado.

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