“Thriller”

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Las movilizaciones estudiantiles no son esos cinco minutos de violencia que en cada noticiario aparecen repetidamente y que sólo un pequeño grupo ejecuta irresponsablemente. Hay en este movimiento una profunda vocación de transformación que las vacaciones anticipadas no van a  detener.

Por Jaime Quintana, senador PPD 

Ver  a  tres mil  jóvenes universitarios bailando  Thriller, simulando la muerte de la educación pública, no me dejó indiferente. Recordé las épicas movilizaciones de los estudiantes del mundo contra la Guerra de Vietnam, graficado magistralmente cuando, ante la irrupción de militares, jóvenes estadounidenses pusieron flores en las bayonetas que venían a reprimirles.

Esta vez no fueron flores, sino baile. Jóvenes poniendo toda su  creatividad y energía para decirle al país que lo suyo no es una pataleta como algunos esbozan y que tiene causas bastante más fuertes y profundas.

Sólo un 30% de los niños tiene asegurada la educación parvularia. Casi el 50% de los estudiantes está en la educación técnico profesional y para el Mineduc parece que no existiesen.  Una educación superior que endeuda a las familias es una educación que dista mucho el calificativo de superior. Tenemos un  gasto público en educación del 4%, cuando debiésemos, dado nuestro nivel de desarrollo, aumentarlo al menos al 6 por ciento.

“Contacto” de Canal 13, mostró con claridad, el origen del descontento que tiene a miles de estudiantes en la calle. El programa comienza con una frase que impacta, un estudiante de liceo técnico profesional dice “nosotros no somos estudiantes, somos signo peso”. Sin implementos, con una infraestructura indigna, sin computadores, queda claro que si hay alguien que gana en este escenario, son sólo los sostenedores.

La sociedad chilena ya sabe este diagnóstico hace bastante tiempo, es la clase política la que al parecer no le ve importancia y le quita el cuerpo. Con la “reformita” aprobada en enero, entre gallos y medianoche, seguirá siendo más fácil abrir un colegio que una botillería, de allí la importancia de haberla votado en contra, certeza que lamentablemente no tuvieron mis colegas de la concertación.

Lavín es el ministro más ideológico del gabinete, sin embargo juega a la desideologización, por eso creo que es en esta área donde está el debate más político del país. Por un lado un movimiento social que plantea cambios sustanciales, fortaleciendo el rol del Estado y la educación pública y por otro un Gobierno que desea profundizar la privatización de la educación.

Es más, apenas asumió este Gobierno, en la ley de presupuesto del 2011 se planteó una inexplicable reducción del 40 % para la educación técnico profesional.

Las movilizaciones estudiantiles no son esos cinco minutos de violencia que en cada noticiario aparecen repetidamente y que sólo un pequeño grupo ejecuta irresponsablemente. Hay en este movimiento una profunda vocación de transformación que las vacaciones anticipadas no van a  detener.

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