¿Qué atributo quieren los chilenos que prevalezca el 2018 en La Moneda?

lunes 3 de abril 2017
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Gestión, honestidad, cambio o liderazgo.

Por Felipe Nogués

Difícil resulta, a estas alturas del mes de marzo y cerca de abril, aventurar cuántos y quiénes son los chilenos que pretenden estar en la papeleta electoral de noviembre próximo. Ello porque, a pesar de quedar pocos meses para que millones de votantes acudan a las urnas a elegir el mandatario que gobernará el país entre 2018 y 2022, cada día surge una nueva carta desde algún sector, especialmente del mundo independiente y ciudadano.

La última fue la periodista Beatriz Sánchez, quien tras recibir la solicitud de dos de los políticos mejor evaluados por la ciudadanía, los parlamentarios Giorgio Jackson y Gabriel Boric, decidió embarcarse en una postulación a La Moneda. Su nombre, durante la jornada del 21 de marzo, fue repetido una y mil veces en las redes sociales, convirtiéndose en trending topic de twitter, superando incluso al ex presidente Sebastián Piñera, quien tenía previsto desde hace dos semanas ese día para su bullado lanzamiento en Quinta Normal.

Así hoy, sumando a todos los sectores, son muchos los que quieren estar en la papeleta. Algunos de dilatada trayectoria política, como el ex presidente Ricardo Lagos y otros, como la propia Sánchez, que emergen de una profesión altamente expuesta y valorada, pero que se han destacado por empatizar con la ciudadanía en sus demandas y, especialmente, por acuñar un discurso pro igualdad y defensor de derechos. Mucha gente, hastiada de la política, se refugió en los medios para amplificar su demanda.

No es casualidad, en todo caso lo que ocurre en Chile y también en el mundo, donde el descrédito de la clase política, por denuncias de corrupción, malas praxis, incompetencias y una ácida campaña mediática, ha alejado de la actividad a mucha gente capaz y generado una amplia desconfianza hacia todos, incluso aquellos que cumplen con su rol, sirven a la ciudadanía y trabajan en serio los asuntos país. Basta ver lo que ocurre en los partidos, a quienes se les viene encima el plazo para reinscribirse y no logran juntar las firmas necesarias o requieren de un gran esfuerzo para hacerlo.

El fenómeno Trump se enmarca en esto. Pero Chile, desde los 70 en adelante, ha sido sometida a una cruzada contra la actividad, donde los que la ejercían eran llamados “señores políticos” o “politiqueros”, como verdaderos parásitos de una sociedad donde sí se trabajaba. El humor y la prensa, así como pequeños privilegios y la desconexión de muchos dirigentes de la ciudadanía, hizo el resto. Luego vino lo ya conocido, casos de financiamiento irregular, viajes y vidas más confortables o pequeñas granjerías.

La sociedad chilena, si bien vio que crecía, sintió que algunos lo hicieron a otro ritmo, porque ciertos políticos se coludieron con los grupos económicos, hicieron un puente con las multinacionales o empresas relacionadas y de contralores pasaron a gerentes, consiguiendo con ello acceso a sueldos inimaginables para el grueso de la población. No hubo pudor.

Tal imagen, como el desapego a la cuestión pública, fue generando una abstención cada vez mayor en los comicios -sumado al envejecimiento del padrón electoral-, reproduciéndose en la clase política, como les pasó a los Habsburgo con sus genes, los males propios de una actividad que exigía “mañas” para realizarse. Y ahí aparecen las pesqueras y Penta, las precampañas truchas, las platas y aviones de OAS, Caval, las boletas y facturas ideológicamente falsas, Exalmar, etc.

La guinda de la torta, el voto voluntario. En la última elección, con miles de candidatos a alcaldes y concejales en todo el país, apenas un poco más del 30 por ciento fue a votar. Y hubo comunas donde la cifra fue inferior. La crisis no solo golpeaba a la puerta, la tumbó.

A la abstención, además, se suma un fuerte descrédito de las instituciones más vinculadas a la política, empezando por el Congreso, donde diputados y senadores la llevan en materia de desaprobación. Lo siguen los partidos, tanto oficialistas como opositores, la presidencia y el gobierno en general. La política, sus programas, la conversación sobre ella y hasta el conocimiento que se tiene de quienes la ejercen es muy bajo. Casi nulo.

Todos necesitan la política para vivir en sociedad, pero dicen no necesitarla en su quehacer diario. “Mejor no debatir”, pareciera ser el lema. Sin embargo, este no empezó solo en el hogar de los chilenos, o en la escuela, cuando fue eliminada la educación cívica de los programas de estudio, también fue extirpada de los medios de comunicación masivos como la TV, que optó por reservar el horario prime para la gran audiencia e hizo una verdadera lista negra de personas que, por rating, no podían ser invitadas. Los políticos podían ir, pero a hablar de otras cosas y el espacio los farandulizaba. Entonces, mejor abstenerse.

Si en dictadura los señores políticos estaban prohibidos, en democracia se los metió bajo la alfombra o se los derivo a horarios perdidos o señales con poco rating. Los canales fueron secuestrados por conductores gritones, programadores simplistas o directores people meter. La audiencia no quiere saber del tema. Ellos tampoco.

La pregunta que se hacen los comandos, analistas y expertos es qué atributo es el que los chilenos priorizarán a la hora de votar en octubre próximo: Gestión, honestidad, cambio o liderazgo. Y, una vez respondida esa interrogante, tratarán de sintonizar con su electorado. Pareciera que Piñera, en este terreno, es quién más avanzado está porque sus votantes duros y no tanto esperan de él una buena gestión e ignoran casi todas las denuncias en su contra. En 2009 ganó con el cambio. Su desventaja es si ello le alcanza para captar voto blando. Lagos, por su parte, quien ofrece liderazgo, no ha podido mostrar que su “No a Bush” antes de la invasión a Irak es importante en la elección de este 2017. El Frente Amplio, mientras tanto, querrá que su abanderado tenga mucha honestidad y también exprese el cambio. Hay que ver si el rechazo en las encuestas al gobierno y la Nueva Mayoría son tan fuerte como para que el electorado se incline hacia la necesidad de desalojar al oficialismo actual de La Moneda. De ser así, bajan las probabilidades de Goic y de Guillier, aunque traten de diferenciarse. Mucho más las de Insulza y Lagos, identificados a fuego con el gobierno.

AÑO POLÍTICO

“Las campañas presidenciales pueden ser la oportunidad de un fortalecimiento republicano siempre y cuando se constituyan en un momento en el que se confronten ideas, convicciones, talantes, equipos, experiencias y estilos de liderazgo. Con una buena campaña los países avanzan porque los ciudadanos se informan, aprenden, debaten y finalmente toman una decisión. La deliberación inteligente abre siempre nuevos senderos para el progreso. Pero, en una campaña puede ocurrir también lo contrario: que la descalificación reemplace el argumento, que prime la reyerta por sobre el debate, que cada cual movilizando recursos efectistas, busque ganar por knockout allí en donde, en democracia, lo normal es ganar por puntos”, señaló el ex ministro Carlos Ominami en una columna del diario La Tercera. Y no se equivoca. Porque en democracia, además, con un sistema electoral como el nuestro resulta imposible obtener un triunfo demoledor. Hay contrapesos, incluso algunos muy poco justos en estos años, que impiden los cambios profundos, aunque la sociedad los pida o requiera.

El ex senador, además, plantea un punto fuerte. Que las campañas son una oportunidad. Es cierto, pero para que ello ocurra la sociedad debe tener cierto pluralismo mediático, inexistente hoy, que dé garantías y cobertura similar a todos los competidores. Este tema, incluso, fue planteado en pantalla por el ex ministro Francisco Vidal, al terminar su participación en un panel de CNN que dedicó más de 4 horas el día que fue proclamado Piñera. “Espero que el lanzamiento de Ricardo Lagos tenga el mismo espacio”, señaló el profesor de Historia. El discurso de Piñera esa noche, más de 30 minutos, como el de su señora y su mano derecha, Andrés Chadwick, fueron transmitidos en directo e íntegramente por el canal de Turner. Chilevisión, del mismo propietario, que suele iniciar su noticiario central con algún hecho policial, esa noche optó por hacerlo con la proclamación de Piñera. Alejandro Guillier, apenas pocos puntos por debajo del ex Presidente en las encuestas, no recibió el mismo tratamiento cuando se lanzó oficialmente el 7 de enero pasado. ¿Por qué? “Decisión periodística, sin cronómetro”, respondió Daniel Matamala al ex vocero de Lagos.

A los pocos espacios, aunque este año se crearon y seguramente se abrirán otros, cabe sumarle este problema. Una cancha, sin embargo, que ya es conocida por lo dispareja, en una sociedad mayoritariamente progresista que consume medios conservadores. Rara ecuación. Y más extraño aún que nada se haga para revertir esta situación.

Entonces, los candidatos saben en el terreno que juegan. Unos con más minutos y páginas, con mayor simpatía en los medios, contra otros silenciados o ninguneados. La campaña exigirá creatividad.

¿QUIÉNES LLEGARÁN?

Es un hecho que partieron. Los muchos candidatos existentes viven hoy momentos de preparación para su primer gran combate: ganar las primarias de su sector. Luego, tras ella, se deberá pensar en noviembre.

Piñera, Ossandon y Felipe Kast pelearán por el cupo de Chile Vamos. Salvo una sorpresa mayor y que las encuestas realmente estén muy mal confeccionadas y realizadas, todo indica que será el ex Presidente quien represente a la UDI, RN y Evopoli en las presidenciales. De conseguir las firmas, quizá lo acompañe en la papeleta José Antonio Kast, un ex UDI que quiere restarle votos por la extrema derecha con un discurso a favor de los presos de Punta Peuco y del derecho de los Carabineros a usar las armas sin tener que dar muchas explicaciones ni rendir cuenta de sus actos. ¿Gatillo fácil?

Hay que esperar, además, la decisión que Amplitud (Lily Pérez) y Ciudadanos (Andrés Velasco) tomarán a mitad de abril y que podría abrir otro flanco en el sector, restándole votos al Chile Vamos por el centro.

En la Nueva Mayoría se juegan días cruciales. Salvo Guillier, que también ha disminuido su adhesión durante el verano, los demás no despegan: ni Lagos, ni Insulza, ni Atria. La lógica indica que el PS elija a uno de los dos últimos, el PPD ya lo hizo con Lagos (debe reinscribirse como partido para oficializarlo) y la DC espera fortalecerse con Carolina Goic, quien debe marcar bien en la próxima encuesta. Si lo hace, la falange intentará imponerla, con o sin primarias. Sobre el rumor que Lagos podría renunciar en favor de ella, dándole el gusto al partido transversal o la llamada Concertación chica, ya se encargó Vidal de disiparlo: “él no se baja, lo conozco bien”, dijo el dirigente del PPD. Una primaria a cuatro bandas dentro del oficialismo -Goic, Lagos, Guillier e Insulza o Atria- no disgusta a nadie, salvo a los pocos DC que quieren llegar con candidata hasta la primera vuelta, pero saben que eso es el fin de la coalición, arriesga candidatos al Congreso y los puede dejar debilitados para los cupos en el gobierno.

Guillier, hoy amenazado por la presidenta de la DC y por la irrupción de Beatriz Sánchez, tendrá que realizar un gran esfuerzo para que su nombre se imponga en las primarias, primero movilizando a los radicales, consiguiendo el apoyo del PC y, por último, logrando que los independientes vayan a votar y lo hagan por él. Una tarea titánica si continúa bajando en las encuestas, cuestión que seguramente ocurrirá porque el progresismo parece ver con mejores ojos a su colega Sánchez. El nombre del ex panelista de Tolerancia 0, al provenir del partido más chico de la coalición oficialista, solo puede imponerse si aparece como segura carta ganadora. Hoy no lo es. Pero sigue arriba en los sondeos. ¿Se baja? El tiempo dirá.

De Marco Enríquez-Ominami poco se sabe. Mantiene su actividad, el PRO está muy activo y es partido legal. Pero, sin duda, es el candidato presidencial más dañado por el financiamiento ilegal, sea porque a él no se le acepta esa conducta (justamente por ser quien es) o porque las denuncias de uno y otro lado se centraron en su persona. El asunto es que el dos veces candidato, sí o sí, estará en la boleta de octubre, si es que su situación judicial se lo permite. Pero, no cabe duda, su votación será muy inferior a los comicios de 2009 y 2013. El ex diputado PS aspiraba en esta elección a ser, una vez más, la tercera opción frente a dos candidatos con muchos detractores: Piñera y Lagos. Pero, se le sumaron actores que han crecido y mucho, especialmente los que hoy se reúnen en el llamado Frente Amplio (FA). Estos partidos y movimientos, que tienen la virtud de contar entre sus filas a los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric, como al flamante y triunfador alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, lograron algo muy apetecido por todos: aglutinar a la izquierda. Su imagen, además, hoy opera como un imán para independientes (y hasta militantes) que antes votaban por el PC, el PPD o el PS. Tres son las cartas que, hasta ahora, participarían de las primarias, una ya lanzada como es la del sociólogo y columnista de El Periodista Alberto Mayol, otra -la de Beatriz Sánchez- en espera de la ratificación de las bases del Movimiento Autonomista (Boric) y de Revolución Democrática (Jackson) y una tercera, aún en suspenso, de Luis Mesina, secretario general de la Asociación Bancaria y gestor del movimiento No+AFP.

El nombre que surja del FA puede ser una carta con grandes posibilidades de crecer en las encuestas y concentrar el voto de izquierda. El peor escenario para la NM, especialmente para el PS, el PPD y más aún para el PC, es que la DC gane las primarias del sector. Tendrían una fuga de votantes hacia el candidato de Boric, Jackson y Sharp que podría repetir el escenario de 2009 cuando Frei apenas se impuso a Enríquez-Ominami. Esta vez el resultado es incierto, máxime cuando sumados todos los partidos del FA, con el PC y el PRO, sacaron más del 25 por ciento de los votos para concejal.

El asunto es que en marzo, cuando antes las cosas más o menos estaban decididas, hoy reina la incertidumbre. Lo positivo es que pareciera que la política y su dirigencia, como la conocíamos, vive una purga natural porque el modelo entró en colapso. Y octubre puede ser un mes fatal para los incumbentes. Ya lo veremos. ¡Partieron!

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Comentario

SAMUEL BELLO SEPÚLVEDA

A LA OPINIÓN PÚBLICA Santiago, 27 de abril de 2017
1. Desde 1988 al presente, las fuerzas democráticas chilenas han estado y están en la tarea de democratizar y hacer avanzar el desarrollo del país, contra la permanente oposición de la minoritaria pero poderosa oligarquía y gran parte de la derecha, por preservar siquiera lo esencial de la “obra” de su dictadura.
2. La elección de presidente de la República y de representantes al Congreso Nacional en noviembre próximo puede y debe resolverse en favor de continuar en dicha tarea, sobre la base de un decidido respaldo al gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en la materialización de la voluntad mayoritaria del país; de un Programa de Gobierno que consigne consecuente y nítidamente los objetivos de la próxima etapa democratizadora; que, por tanto, convoque y organice un despliegue masivo en todo el territorio nacional y en todos los niveles y sectores de la sociedad en favor sus contenidos.
3. Para que ello sea posible y de mejor manera, tal movimiento puede y debe asumir, no la “competitividad” que registren encuestas, sino la amplitud y eficacia histórica, también electoral, del movimiento democrático y popular chileno contra las fuerzas retardatarias.
4. En este sentido, el Partido Mapu Obrero Campesino, PMOC viene en respaldar la candidatura presidencial de la presidenta del Partido Demócrata Cristiano, Carolina Goic.

Fernando Ávila Illanes
Secretario General
Omar Jofré Fuentes
Presidente

viernes 28 de abril 2017 a las 12:57
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