Hacia dónde va Chile: ¿Izquierda o derecha?

martes 28 de junio 2016
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Portada EP 257Son muchos los que señalan que el país está derechizándose, con pocos candidatos exitosos desde la izquierda y con un clima continental que apunta hacia allá. Las aguas están divididas: ¿se izquierdiza o derechiza Chile? No tenemos la respuesta, pero sí la de los chilenos. Recorreremos el espacio de los valores para intentar responderla a esta pregunta.

Por Alberto Mayol* y Carla Azócar**

Una investigación en el marco de un Proyecto Milenio fue publicada en 2013 bajo el título “El Chile Profundo” (Azócar, Azócar, Mayol).  En ella se examinaron los valores anti-igualitarios y los igualitarios, sistematizando imágenes de mundo en torno a la pobreza, la riqueza, la desigualdad, el Estado y la política.

Las entrevistas se hicieron antes del ciclo de transformaciones que Chile ha experimentado desde 2011 en adelante. Por tanto, decidimos en CISEC repetir la experiencia realizando nuevamente algunas de las entrevistas gracias a financiamiento DICYT. Entre los resultados emerge un debate: hay quienes dicen que Chile se ha izquierdizado, otros sostienen con igual intensidad que Chile se ha derechizado. A veces estos juicios giran incluso hacia el continente, el mundo o la realidad.  Es el punto que examinamos, desde el análisis a nuestros entrevistados, en esta columna. Es relevante no solo como resultado, sino para comprender qué está en juego en esta pregunta, que hoy toma relevancia en la agenda. No debemos olvidar las airadas referencias de Lucía Santa Cruz por una Nueva Mayoría que avanzaba hacia el socialismo, las referencias de Ernesto Silva a una gestión del gobierno de Bachelet cercana al ‘chavismo’, a quien se suman Sergio Melnick y toda la oposición sobre el proceso constituyente, donde acusan de adoctrinamiento chavista.

Por otro lado, son muchos los que señalan que el país está derechizándose, con pocos candidatos exitosos desde la izquierda y con un clima continental que derivará en una derechización. Las aguas están divididas. Y la pregunta sigue: ¿se izquierdiza o derechiza Chile? No tenemos la respuesta, pero tenemos la respuesta de chilenos. Recorreremos el espacio de los valores para intentar responder a esta pregunta.

SISTEMA A LA MEDIDA

La visión que tiene la sociedad ha cambiado radicalmente desde antes de la emergencia del movimiento estudiantil de 2011. No sólo hay movimientos sociales detrás, sino además hemos visto sucederse una oleada de desastres medioambientales, controversias internacionales, proyectos de reformas, el desvelamiento de casos de colusión y corrupción, creación y remodelación de movimientos, partidos y coaliciones. Es cosa de mirar la UDI, el partido más exitoso de la transición, hoy no solo en crisis, sino ya ‘no popular’ y llorando por conquistar los aspiracionales que, si se unen, harían una verdadera nueva mayoría.

En las nuevas entrevistas vemos la persistencia del dolor ante la desigualdad, pero vemos el fin de la legitimidad de ella. Los chilenos se rebelan ante las diferencias sociales, en vez de construir repertorios para aceptar como normal ese dolor. Y la impugnación se extiende a otros sistemas con fuerte cristalización: no sólo se detecta educación para ricos y pobres, sino que hay salud para ricos y pobres, seguridad para ricos y para pobres, justicia diferencial para ricos y para pobres, y pensiones de pobreza. Pero, además, hoy tenemos nuevos responsables para esas injusticias: ya no es un sistema defectuoso, obra de chilenos poco diligentes, sino que un sistema hecho a la medida de dirigentes corruptos, elegidos por chilenos despreocupados. He aquí el fin de la legitimidad. No es un error. Es abuso, doloso y planificado. Allí donde unos lucraron, otros sufrieron.

“La crítica a la desigualdad no viene seguida de la configuración de una ideología que conciba una forma distinta de relación entre ciudadanos, y se posa sobre el desprecio a las instituciones y a la política”

En 2010 ya estaba presente la idea de que los políticos ofrecían hacer muchas cosas, pero luego no cumplían sus promesas de campaña, y se preocupaban de pelear entre partidos, que se olvidan de la gente y el bienestar del país en general y trabajan para sus propios intereses y para perpetuarse en posiciones de poder. La política ya era sucia y se anhelaba mayor transparencia y un relevo por políticos de generaciones más jóvenes. Aun así, era visto como un mal necesario; con todos sus inconvenientes, la vía por medio de la cual se administra el estado y se representa a las personas (esta investigación fue realizada en 2010, en el Centro de Investigación en Estructura Social, núcleo de Iniciativa Científica Milenio de la Universidad de Chile).

Pero hoy, la percepción de la gente dibuja la imagen de un espacio infeccioso y putrefacto. Además de las conversaciones sin sentido y el incumplimiento de la palabra empeñada abundan la indolencia, la mera defensa de los propios intereses, la corrupción, la evasión de impuestos, la flojera e incompetencia, y el delito. La política es vista como un espacio totalmente autónomo de la voluntad del electorado y dependiente de la voluntad del gran empresariado.

Pero el cambio de valores va más allá. Afecta también la visión de la estructura de la sociedad.

Hay concepciones nucleares que han desaparecido. El relato idílico sobre Chile, es el primero de ellos. Los chilenos no definen el país como la tierra de los recursos naturales y los paisajes privilegiados, que no hemos sabido aprovechar. Tampoco somos el país ad portas de alcanzar el desarrollo. El país se define por un conjunto de gente trabajadora amenazada y defraudada; una masa de trabajadores esforzados y subvalorados. El orgullo de jaguares de Latinoamérica fue amenazado por la consciencia de que gran parte de la población está excluida de los beneficios del consumo y la seguridad social.

La desigualdad, es vista, antes y ahora, como una realidad dolorosa, un trabajo pendiente, una condición avergonzante. Pero hoy el dolor no se mitiga con un trato ameno y ritualizado del patrón del fundo. No parece bastar con no evidenciar la condición económica del otro. Es necesario que las cosas cambien; el sufrimiento abismantemente mayor de los no-ricos al enfrentarse con la seguridad de sus barrios, el sistema de salud y la educación, no son tolerables.

Las atribuciones que permiten la legitimación de la marcada desigualdad nacional se muestran debilitadas cuando observamos la caracterización de las clases. Si antes la perspectiva dominante era que los pobres no salían adelante porque eran flojos; hoy la excepción no confirma la regla, y el joven de la población pobre y violenta que entra a estudiar a la prestigiosa universidad, sólo muestra tener un talento extraordinario, que con gran suerte no se perdió. Si antes la clase media orgullosa, nos definió a todos, porque somos los esforzados, los que logramos tener cosas, hoy desaparece de escena, y no hay tapujos en decir “soy pobre”, simplemente porque trabajo y tengo dificultades, porque no pertenezco a esa pequeña minoría que es dueña de todo. Si antes clase alta era un gran grupo de acomodados, dignatarios, déspotas, pero creadores de espacios de desarrollo; hoy ya no son una masa uniforme: los hay ricos-ricos, y profesionales que han logrado tener. Y los primeros son considerados, casi siempre, ladrones, abusadores e indolentes. Los segundos, los meritócratas. Aparecen ideas como “no se valora suficientemente a los trabajadores no calificados”, e incluso, en un clima de tremenda preocupación por “los inusitados niveles de delincuencia”, resulta comprensible que los delincuentes pobres tengan las mismas motivaciones que nosotros: tener; y es un sistema y sus representantes quienes no logra atacar el problema.

De la otrora mágica fórmula motivadora del emprendimiento ni hablar. Lo que se creía una forma a través de la cuál cualquiera podría lograr mejorar su calidad de vida, aparece deslegitimada: competir en el mercado es muy difícil para los pequeños. Los grandes son monstruos, las reglas del juego desiguales: algunos sobrevivirán a duras penas y lograrán surgir, otros quedarán en el camino.

DESPOLITIZACIÓN

Entonces, creerá usted, que insinuamos que el timón no gira hacia la derecha. Y claro, la impugnación a las relaciones entre ciudadanía y capital están a la orden del día. Pero…

¿Va entonces hacia la izquierda el timón?

Probablemente tampoco. En vez de valores republicanos y una actitud activa respecto a los problemas, abundan rasgos de profunda despolitización.  ¿A qué nos referimos? Pues la crítica a la desigualdad no viene seguida de la configuración de una ideología que conciba una forma distinta de relación entre ciudadanos, y se posa sobre el desprecio a las instituciones y a la política.

En primer lugar, da igual ser de derecha o de izquierda; es más bien una traba, que limita mis opciones de voto. En un sistema en el cual los empresarios financian a todo el espectro de partidos, las ideologías no valen. Hablar en nombre del pueblo no significa nada. El clivaje dictadura/democracia no sirve para describir la realidad actual.

“La política es vista como un espacio totalmente autónomo de la voluntad del electorado y dependiente de la voluntad del gran empresariado”

En segundo lugar, la política formal no vale nada: no tiene ninguna efectividad para la vida cotidiana de los sujetos. No se le cree capaz de generar cambios reales. Al mismo tiempo, vemos que los movimientos sociales no ocupan ningún trono. Al contrario, se les asocia a la violencia y la destrucción, al daño a lo que le pertenece a otros esforzados.

A esto se suma la percepción de inviabilidad de todas las maneras pensables de generar cambios sociales: participar en política no sirve: manifestarse (además de causar daño) ha mostrado ser inútil, porque las autoridades no escuchan; el voto no sirve porque los candidatos no cumplen, porque no hay por quién votar. Lo único que queda es esperar: que nuestras pequeñas buenas acciones de cada día tengan algún efecto o que las nuevas generaciones sean mejores.

Finalmente, el modelo no está bien, se requiere hacer cambios, pero mientras podamos consumir, tampoco está tan mal.

Repetimos la pregunta: ¿Izquierda o derecha? La respuesta es un conjunto vacío, el intersticio entre dos épocas que se resiste a definir su identidad. Parados en una estepa gris y ventosa, nuestros hablantes no tienen una respuesta claro. “¿Dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha” decía un cartel en una marcha. Tal vez ayude a entender este plano sin coordenadas.

*Académico Facultad de Administración y Economía, Universidad de Santiago. Director CISEC.

**Investigadora CISEC, Universidad de Santiago.

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Comentario

VICTOR RODRIGUEZ O.

BACHELET PERSEVERA EN SU CAMINO ZIGZAGUEANTE Y CONFUSO DE IDAS Y VENIDAS.

No hay un hito ni una imagen, algo que nos permita subsanar política y públicamente el mal año que hemos tenido, es lamentable, porque durante el año son negativas todas las condiciones, eso es indiscutible, la situación es zigzagueante, la volatilidad es muy alta , los problemas de gestión gubernamental, las divergencias públicas y fisuras que ya se evidencian.

Bachelet ya demostró carencia de liderazgo ante la coalición, era la única que podía influir como factor de unidad, para asegurar la cohesión del conglomerado, hoy ya perdido.

Bachelet ABANDONA PROGRESIVAMENTE recuperar la confianza ciudadana para fortalecer su liderazgo y mejorar el desánimo social.

En tiempos donde la corrupción política/empresarial está desatada, donde el pueblo al fin está viendo quienes son los responsables de tanta desigualdad social, los mismos enquistados en el gobierno que criticaban a Piñera por fascista, hoy están sacando todos los proyectos de ley de la ultraderecha, muchos de los cuales no se veían desde la Dictadura.

Todos sabemos que el caso Caval ha producido un efecto devastador en la imagen de la Presidenta, se avizoran graves peligros como el frente de Soquimich, que finalmente llegaran al financiamiento de su campaña.

Bachelet y su gobierno tienen demasiados flancos abiertos y se suman conflictos internos de la Nueva Mayoría que también la debilitan… Porque la verdadera oposición está adentro. Cada vez es más evidente que tienen una visión y que la Nueva Mayoría se podría romper en cualquier momento.
Bachelet vive momentos muy difíciles…PERDIÓ SU CREDIBILIDAD.

LOS HECHOS, LAS ENCUESTAS LO DEMUESTRAN

lunes 4 de julio 2016 a las 16:07
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