El hombre que pudo salvar a Letelier y Prats

viernes 14 de noviembre 2014
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EP240tapaEl libro “Las cenizas del Cóndor” revela la trama en que la ex RDA, coordinada con Carlos Altamirano, envió a un joven del PS con pasaportes falsos a Caracas y Buenos Aires para rescatar a los ex ministros de Allende.

Por Francisco Martorell

No funcionó pero pudo ser. Si el abogado Waldo Fortín Cabezas no se hubiera retrasado en Caracas, porque Orlando Letelier había salido de la ciudad, probablemente habría llegado a Buenos Aires y convencido al ex comandante en jefe del Ejército, Carlos Prats González, para que dejara la capital argentina.

Pero no fue.

Buenos Aires, tras la muerte del presidente Perón en junio de 1974, se había convertido en un lugar peligroso para los partidarios de la izquierda y empezaba a ser un paraíso para la extrema derecha. Eso lo sabía Manuel Contreras, entonces coronel y poderoso jefe de la Dina, pero también otros servicios de Inteligencia, como la temible Stasi de la República Democrática Alemana (RDA).

Entre ambas, según relata magistralmente el periodista uruguayo Fernando Butazzoni en su libro “Las cenizas del Cóndor” se inició una carrera por llegar a Prats, unos para matarlo y otros para salvarle la vida.

El militar en retiro, que se había desempeñado como jefe del Ejército chileno hasta el 23 de agosto de 1973 y que fue ministro y vicepresidente de la República durante la Unidad Popular, encarnaba la única opción de derrotar a la dictadura de Pinochet.

Prats, en el convulsionado Buenos Aires de esos años y sin la protección de Perón, quedó muy expuesto y tanto él, como su entorno, sabían que debía abandonar rápidamente argentina, máxime cuando se iniciaron las amenazas en su contra.

Pero el militar, cuyo pasaporte había caducado, no quería hacerlo sin su documentación chilena. La DINA, por otra parte, estaba consciente que si el general retirado dejaba la tierra de Gardel, sería muy difícil darle caza y por eso, con la complicidad de la embajada y el ministerio de relaciones exteriores de la época, retrasaron la entrega del pasaporte que tantas veces reclamó el ex jefe del Ejército en el consulado chileno.

Entonces se inició la carrera. Contreras recibió de Augusto Pinochet la orden de liquidar a Prats y el jefe de la DINA encargó la operación a Michael Townley. En Berlín mientras tanto, la Stasi inició los movimientos con Carlos Altamirano para el plan de rescate. El entonces jefe de los servicios extranjeros del organismo alemán, Markus Wolf, sondeó al líder socialista chileno sobre la eventualidad de salvar al militar. Altamirano ya había sido informado por los franceses del complot contra Prats y estuvo dispuesto a actuar. Así lo declaró, por los demás, en la causa que se investigó la muerte del general. “Tuve conocimiento del posible atentado que se haría en contra de Prats, al punto que, viviendo en la ciudad de Berlín Oriental, llamé por teléfono al abogado chileno Manuel Valenzuela, quien residía en ese entonces en Buenos Aires para pedirle que interviniera ante el General para que abandonara cuanto antes la Argentina porque había sido informado por los servicios de Inteligencia de Francia y de Alemania Democrática de que la dictadura militar atentaría contra su vida”. Dos o tres días después, según Altamirano, Valenzuela lo llamó para decirle que había almorzado con Prats en la casa de Ramón Huidobro, ex Embajador de Chile en la Argentina, pero que por diversos motivos el uniformado se negaba a abandonar la Argentina.

Según Butazzoni, entonces, Altamirano y Wolf “se reúnen en una casa de la Eginhartstrasse, en Berlín. Allí el funcionario alemán se entera de las llamadas del líder socialista a Prats para advertirle de los peligros que corre y de su negativa a escaparse hasta no tener su correspondiente pasaporte chileno. “Wolf manifiesta su disposición a cooperar con los chilenos en lo que haga falta, pero puntualiza que lo único que no puede hacer es involucrar a sus hombres en acciones sobre el terreno”, cuenta Butazzoni en Las cenizas del Cóndor. El uruguayo cuenta en su libro que Altamirano asiente y le ofrece al espía alemán mandar a Argentina a un hombre de su confianza, Waldo Fortín Cabezas. “Es abogado de profesión, conoce personalmente a Prats y tiene toda la documentación en regla”, escribe Butazzoni. Ya en democracia, Fortín llegará a consejero jurídico de Codelco.

Los alemanes aportarán con los pasaportes y el financiamiento de la operación, la que pretende sacar al general chileno por el aeropuerto de Ezeiza y llevarlo a Europa, seguramente París.

Pero en el camino, mientras Townley y su esposa Mariana Callejas, preparan los detalles del atentado en Buenos Aires y toman contacto con Arancibia Clavel y con la ultraderecha argentina, llega hasta Berlín la información de un segundo complot de la DINA, esta vez centrado en el ex canciller y ex ministro de Defensa, Orlando Letelier, quien se encuentra exiliado en Caracas. Se decide, entonces, ofrecerle al ex secretario de Estado de Salvador Allende la misma protección que a Prats. “Waldo Fortín ha de pasar por Caracas para acordar con Letelier los términos de su salida de Venezuela y luego seguirá viaje para contactar a Prats”, señala Butazzoni.

Si bien el plan está definido y acordado, la confección de los pasaportes se tarda un poco más de lo debido y, según Las cenizas del Cóndor, se retrasa la salida del hombre de confianza de Altamirano hacia América del Sur. Pero ese no es el único problema, la renuncia de Willy Brandt en la otra Alemania, también afecta a Markus Wolf, quien debe preocuparse del frente interno. Tras dejar pasar unas semanas, según Butazzoni, el hombre de la Stasi acude directamente al jerarca de la RDA, Erich Honecker, para apurar los documentos. “Honecker es la llave maestra: concentra en sus manos todo el poder y tiene estrechos vínculos con Chile, ya que una de sus hijas, Sonja Honecker, está casada con un chileno del PS, de modo que la carambola a tres bandas no puede fallar. Y no falla. El 24 de agosto de 1974, el jefe de la HVA de la Stasi recibe la confirmación de su superior inmediato, el ministro para la seguridad del Estado, quien le informa que el pasaporte para el general chileno Carlos Prats estará disponible en unos pocos días”, relata Butazzoni.

El libro del uruguayo cuenta que el pasaporte, que será llenado por los expertos de la Stasi con los datos de Prats, no es enteramente falso porque la libreta original es auténticamente chilena. “Según consta en archivos desclasificados tras la caída del muro y la reunificación alemana, en 1972 un miembro del servicio secreto logró extraer de manera subrepticia de las oficinas de identificación civil, en Santiago, unos veinte pasaportes en blanco ya numerados y catalogados, lo que convertía a esos documentos en verdaderos, pues en ninguna parte constaría su faltante”.

Wolf, según Butazzoni, decide omitir esta información a Altamirano, dado que los pasaportes fueron robados cuando la Unidad Popular era gobierno y solo se limita a sonreír cuando la documentación es alabada por el chileno “como una pieza maestra en materia de falsificación”.

Documentación en mano, Fortín está listo para emprende su viaje a Caracas. Su misión es convencer a Letelier que viaje a Europa, decirle que en la RDA lo esperan con los brazos abiertos y que si desea hacerlo no requiere más de un par de días. Es mitad de septiembre. Luego viajará a Buenos Aires para encontrarse con Prats. Quizá el mismo día.

Otro asunto internacional, sin embargo, mantiene ocupado a Wolf, esta vez una revolución en Etiopía, cuyo líder proclama de inmediato su adhesión al marxismo-leninismo y su interés en promover una alianza “indestructible” con la URSS. La Stasi debe trabajar en ello y recabar la mayor cantidad de antecedentes. Eso demora la partida de Fortín. “Hay algunos detalles de la misión sudamericana que deben contar con el visto bueno del jefe del espionaje de la Stasi, y resulta que él no aparece por ningún lado. El hecho es que, pese a que la propia idea de la misión de rescate en Buenos Aires fue obra de Wolf, las prioridades establecidas por su gobierno en la emergencia lo llevan a postergar su atención a ese punto”, escribe Butazzoni.

Y agrega: “la carrera por la vida de Prats se corre en condiciones desiguales, porque quien desea proteger a la víctima siempre está en desventaja con respecto a quien pretende aniquilarla. Townley lleva la delantera, geográficamente se halla mucho más próximo a su objetivo, tiene experiencia en ese tipo de acciones y cuenta con aliados locales que han preparado el terreno durante semanas. Waldo Fortín es en rigor un novato en la selva del secretismo, con agallas pero sin mayor experiencia en cuestiones conspirativas y sin más respaldo que el que puedan proporcionarle sus propios compañeros de partido. De antemano, su misión parece condenada al fracaso”.

Finalmente Wolf da los últimos toques al plan y pide acelerar su ejecución. El viernes 27 de septiembre Fortín debe estar en Venezuela, hablar con Letelier y, si es posible, viajar ese mismo día a Buenos Aires. Por lo que sabemos hoy, todavía restaban varias horas para la materialización del atentado contra Prats y su señora. Pero el destino, otra vez, jugó una mala pasada. Letelier tuvo que salir de Caracas y la reunión con el hombre de Altamirano no se pudo concretar. El abogado socialista, alojado en un hotel del centro de la ciudad, debió esperar hasta el atardecer del domingo 29 para encontrarse con el ex canciller de Allende. Según trascendió de esa conversación, la misma fue cordial, pero Letelier “no pareció muy preocupado por las noticias referidas a su personas”, dice Butazzoni y, si bien agradeció el gesto, “prometió cuidarse y manifestó su intención de ir a vivir en unos pocos meses al único lugar del mundo en el que, con toda seguridad, estaría a salvo de cualquier atentado contra su vida: Washington”.

Fortín volvió a su hotel y se dispuso a esperar que pasaran las horas para tomar su vuelo a Buenos Aires. “Siente que ha fracasado con Letelier, y que no le puede suceder lo mismo con el general”, se lee en Las cenizas del Cóndor, el libro de 756 páginas que acaba de lanzar la editorial Planeta (ver recuadro).

El lunes 30 de septiembre, al mediodía, Waldo Fortín llega a Argentina. En su maleta, cuidadosamente camuflados, van los pasaportes de la Stasi para el general Prats y su señora. “El plan es abordar al amenazado lo antes posible y sostener una conversación con él ese mismo día en horas de la noche. Si Prats accede, ya se han ocupado los socialistas chilenos que viven en la Argentina de reservarle pasajes aéreos para el martes, con destino a Madrid”, escribe Butazzoni.

Pero no podrá ser. No pudo ser. La Dina le ganó a Fortín y éste, simplemente, se enterará en el trayecto de Ezeiza a la ciudad que una bomba colocada bajo el auto de los Prats-Cuthbert explosionó frente a la cochera de Malabia 3351, una calle de Palermo, provocándole la muerte instantánea a la pareja. Casi dos años después, otro artefacto similar, terminaría con la vida de Orlando Letelier en Washington.

CITA

“Waldo Fortín es en rigor un novato en la selva del secretismo, con agallas pero sin mayor experiencia en cuestiones conspirativas y sin más respaldo que el que puedan proporcionarle sus propios compañeros de partido”

“El libro Las cenizas del Cóndor cuenta que el pasaporte, que será llenado por los expertos de la Stasi con los datos de Prats, no es enteramente falso porque la libreta original es auténticamente chilena”

RECUADRO

Las cenizas del Cóndor

Del periodista, escritor y guionista uruguayo, Fernando Butazzoni, es un trabajo de investigación novelado, apegado estrictamente a cómo ocurrieron los hechos en el cono sur de América cuando las fuerzas represivas decidieron coordinarse para enfrentar a sus opositores.

Publicado por editorial Planeta, el libro fue presentado en Uruguay, Argentina y Chile, durante la reciente Feria del Libro de Santiago.

Cuenta, en sus más de 750 páginas, la estremecedora historia de una joven uruguaya que en los 70 se radicó en Chile, tras el golpe en su país, y que debió salir a Argentina luego del 11 de septiembre, donde fue detenida y tuvo un hijo. Se trata de una historia real, que se enmarca dentro de la Operación Cóndor, bellamente escrita y que hace que este libro rápidamente se está convirtiendo en una obra imprescindible para entender la historia de nuestros países.

 

 

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Comentarios (2)

WASHINGTON HERRERA

Lo que fue y no fue, este desenlace político tubo un final que todos conocemos fueron volados a la eternidad, es el destino de muchos que se la jugaron en ese periodo de era republicana, la cual fue truncada por los intereses nacionales e internacionales que no querían otra Cuba en nuestro continente, como lo indica el Art. militares y políticos pasaron a mejor vida por pensar diferente y estos casos se transformaron en emblemáticos por su connotación internacional, así el caso de O. Letelier volado en plena Avda.de Washington. USA. En donde en el país mas desarrollado del mundo, sufra un acontecimiento de esa envergadura, no los iba a dejar sin reacción ante un acto de terrorismo político.
Lo que se diga hoy en día sobre estos casos se cabe preguntar, cual es la importancia para las generaciones de hoy, en que están en otra, están mas preocupada de lo que el Mercado le ofrece en todos sus ámbitos de su vida cotidiana y mas todavía con una apatía hacia lo político, en donde la concurrencia a las urna fue paupérrima. Por lo tanto, en su momento fue un acontecimiento importante, pues ocurrió allá lejos de Chile y fue tratada como tal por los medios.

martes 25 de noviembre 2014 a las 19:44
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José Poblete

Para tener este presente, tuvimos un pasado; para tener un futuro mejor, es importante este presente y el pasado. No olvidemos que en Chile todavía estamos “trancados” en esto, después de 41 años, porque los chilenos NUNCA hemos sido capaces de llamar las cosas por su nombre. Somos un país sin educación, por lo mismo no nos gusta informarnos, quien no entiende lo poco que lee, como el chileno en general, tiene escasa capacidad de hacer cualquier análisis.

domingo 30 de noviembre 2014 a las 19:41
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Los Comentarios se han cerrado.

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