Aborto en tres causales: un tema que requiere seriedad y respeto

martes 22 de agosto 2017
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No se debe hablar por hablar en estos temas. La superficialidad es un daño para todos. Hipócritas hay en todos los campos. Estoy seguro de que tarde o temprano habrá ley de aborto; si ello tarda aún algunos meses, no creo que sea un drama. Necesitamos imperiosamente debatir con seriedad y respeto. El tono de los debates actuales está lleno de desprecio, simplificación y acusaciones. Ello no es digno.

Por Daniel Ramírez, doctor en Filosofía

Se ha discutido mucho en Chile sobre la ley de aborto (tres causales). Y es lógico, hace tanto tiempo que ese tema tarda en ser asumido responsablemente y Chile se empantana en el grupito limitadísimo de naciones ultraconservadoras en las cuales la interrupción de embarazo está simplemente prohibida en todos los casos: Chile, Salvador, Nicaragua, Surinam, Haití, República Dominicana, Filipinas, Senegal, Guinea-Bissau, Gabón, Congo, Madagascar, Djibouti, Mauritania, Malta, Andorra y el Vaticano. Una serie de otros países autorizan solo en el caso de peligro de muerte para la madre, como Libia, Siria, Líbano, Afganistán, Yemen, Bangladesh, Sry Lanka, Guatemala, Paraguay, Venezuela e Irlanda. Las famosas “tres causales” evocadas en Chile son motivo de despenalización sólo en Polonia y Chipre.

Estos datos permiten situar el nivel de “modernidad” de Chile en el contexto del mundo. Pero no permiten, sin embargo, dirimir el debate filosófico fundamental sobre el supuesto “derecho a la vida” y el “derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo”. Un derecho no es real hasta que esté inscrito en el “derecho positivo” es decir en las leyes. Evocar el uno como el otro es hacer metafísica, un debate sobre el llamado “derecho natural”, algo a lo cual tendríamos acceso por pertenecer al género humano, o por ser la creación de un Dios. Hay que entender entonces que el debate implica el deseo, la preferencia de los unos o los otros por inscribir el uno o el otro “derecho natural” o lo que interpretan como tal, en el derecho positivo, las leyes. El deseo o la preferencia es una cosa, las razones son otra; y ocurre que las razones son metafísicas, en el sentido de algo que no puede ser comprobado científicamente. Depende de valores, sensibilidades, ideas, creencias, costumbres, lenguajes.

No tenemos la misma concepción de lo que es un ser humano. Hay que aceptarlo. Algunos piensan que es la creación de un Dios todopoderoso y sabio, señor del universo, que además lo creó “a su imagen y semejanza”. Los otros, que es un ser que resulta de la evolución biológica, de la misma manera que las jirafas o las almejas, aunque en general se prefiere pensar que es superior en inteligencia, lenguaje y otras características sociales. Ambas posturas metafísicas conceden al hombre el derecho a la vida, a la integridad física y moral, a la libertad y otras cosas, incluso a la propiedad privada.

EL INICIO DE LA VIDA

El problema no es entonces separar entre los humanistas y anti-humanistas, entre los buenos y los malos, simplemente porque todos se consideran a sí mismos buenos humanistas. El problema es decidir cuándo comienza una vida a ser una existencia humana. Que el embrión sea vida, nadie lo niega; que sea de alguna manera humano, tampoco parece que pueda ser negado, pues contiene el código genético de la especie humana; un embrión humano no puede crecer como una lagartija o una cabra, de la misma manera que no se le pueden pedir peras al olmo. Algunos teóricos han desarrollado el concepto de “persona potencial” o “ser humano potencial”, por la simple razón de que, a algunas semanas, el embrión, persona no es. No tiene ni consciencia ni sistema nervioso (es decir que no tiene percepción) ni memoria, cosas indispensables a la persona humana. Pero por otra parte no es justo decir que se trata de un paquete de células, porque no es un paquete sino un organismo vivo, y esas células no son las del jilguero ni el canguro, sino células humanas con un cuerpo que se desarrolla tendiendo a producir un ser humano.

¿Una “persona potencial” es una persona? No, sin duda; no aún, en todo caso; pero tiene todas las condiciones para llegar a ser una persona humana, lo que no se puede decir ni de un zapallo ni de un embrión de lémur. Eliminar una cafetera porque está perforada no es lo mismo que eliminar un embrión humano. Este problema es tan difícil en ética médica que en muchos países, como Francia, por ejemplo, está prohibida la experimentación científica sobre embriones humanos; sin embargo, está autorizado el aborto libre (es decir sin “causales”) hasta 12 semanas (la última conquista feminista fue justamente extender el plazo de 10 a 12 semanas). No se puede concluir solamente que la legislación francesa es incoherente, sino también que el problema es terriblemente complejo.

Porque ¿qué es lo que define a un ser humano? ¿La capacidad de pensar, de tomar decisiones, de tener proyectos, de experimentar sentimientos? Muchos de entre nosotros no las tienen: enfermos en estado de coma, bebés recién nacidos, ancianos en fase terminal. Y nadie piensa que exista el derecho a eliminarlos, aunque cueste caro mantenerlos en vida. Dificultades de una ley de eutanasia que, si bien no es de actualidad, lo será tarde o temprano.

Hay algo en la definición del ser humano, incluso del cuerpo humano, que sobrepasa el momento presente; el cadáver, por ejemplo, merece respeto y entierro decente –no se deja podrirse en la calle al atropellado ni al ahogado en la playa–, y ello desde hace miles de años, porque “ha sido” un ser humano. El embrión no lo ha sido, pero puede llegar a serlo. Por ello, la decisión de impedirlo es imposible que sea algo banal.

Dos cosas avanzan casi paralelamente en nuestras sociedades desde hace décadas: el conocimiento de la vida intrauterina y los derechos de la mujer sobre su cuerpo; evolución científica, por un lado, social y política por el otro. Puede ser que ambas cosas se contradigan en cierto punto. ¡Cuántos hemos estado encantados de tener la confirmación que “el bebé es una persona”! Practicamos haptonomía y otras técnicas; cada vez se sabe más la complejidad de la vida antes del nacimiento. Por otra parte, se respeta cada vez más en la mayoría de los países, el derecho a la mujer de decidir sobre lo que ocurre en su cuerpo. Y decimos lo que ocurre “en su cuerpo”, para evitar la fórmula “con su cuerpo”. Los mamíferos que somos (tal vez sería diferente si fuéramos ovíparos), si bien nacemos un día, no nos formamos en un día sino en 9 meses. Luego en toda una vida, pero ese es otro asunto. De tal manera que la mujer, por supuesto debe poder disponer de su cuerpo, pero ocurre que en ciertos períodos, su cuerpo alberga otro cuerpo, que si bien al comienzo casi no se diferencia del propio cuerpo, se diferencia cada vez más, día tras día (y no solo a partir de 10 semanas), y no será nunca lo mismo sacarse el apéndice que abortar. Por ello, la definición misma de “ser potencial” es problemática, la persona potencial es cada vez menos potencial y cada vez, segundo a segundo, más actual.

TRES CAUSALES

Cuando se aprobó la ley de aborto en Francia, fue en un contexto muy particular en el cual miles de mujeres recurrían a abortos clandestinos en pésimas condiciones médicas, lo cual implicaba una cantidad increíble de muertes. La ley fue entonces aprobada claramente como “un mal menor”, una medida de salud pública. Y por un principio de igualdad, porque las personas con recursos, de todas maneras podían abortar en países extranjeros o en clínicas privadas, confidencialmente. Muy lejos de las “tres causales”, por cierto.

La primera, el peligro para la vida de la madre, es ya prácticamente inútil, porque la medicina hace tiempo que terminó con estas situaciones que se encuentran en las novelas del siglo XIX en que se le pregunta al padre “¿la madre o el hijo?”. En cuanto a la malformación, casi nadie aceptaría hoy en día “dar a luz” a un bebé sordo y ciego o sin miembros superiores. Y quienes lo aceptarían por motivos religiosos, católicos o budistas (debido a la ley kármica), podrán hacerlo. El problema es dónde situar el límite entre malformación grave o simple hándicap (miopía, mala audición, labio leporino…) o enfermedad (insuficiencia cardíaca); lo que tarde o temprano será un nuevo y temible problema para la bioética y el legislador será nuevamente solicitado para evitar tendencias eugenésicas que por cierto ya existen en las sociedades modernas. ¿Hasta dónde podemos soportar la imperfección? Nuestra sensibilidad está cambiando y hay que ser consciente de ello. Y responsable.

Pero lo que más causa polémica, al parecer, aunque parezca increíble, es la violación. El ser que viene de tal acto criminal por supuesto que no es culpable de nada. Esta “persona humana potencial”, que resulta de una agresión degradante y de una perversión de la función sexual, no tendrá la suerte (o la mala suerte, no se puede saber) de nacer; salvo en casos excepcionales de mujeres que deciden conservarlo. Eso depende sin duda de una capacidad admirable de resiliencia, que por supuesto nadie tiene derecho a exigirle a una víctima de un crimen ni a culpabilizarla si no tuviera alguna supuesta virtud de sacrificio. La maternidad (y la paternidad) es la inscripción en la duración larga de una vida de un lazo indestructible y un compromiso con un nuevo ser humano, en el cual el amor, la protección, la amistad y el don de sí mismo serán exigidos por largos años. Resulta casi impensable que ello sea posible cuando el ser que vendría sería el “hijo” del que perpetró la indignidad, ligando de por vida la víctima al criminal. Ninguna solución es buena, se trata de una tragedia que tiene un solo autor: el violador.

LOS “POR” Y LOS “CONTRA”  

En resumen ¿Dónde está el problema? Si es por razones religiosas que una parte de la población se opone al aborto, por supuesto nadie los obligará a abortar en ninguna causal. Ello implica también, por supuesto, el derecho a “objeción de consciencia” por parte del personal médico. En cuanto a quienes creen que solo se trata de “células”, no veo por qué reprochar a quienes creen otra cosa y acusarlos de todos los males, puesto que la reducción de la persona humana (potencial o actual) a células, es una posición metafísica; imposible probarla.

¿Cuándo empieza la persona, por cierto? ¿Cuándo aparece el sistema nervioso? ¿El cerebro? Pero ¿en qué grado de desarrollo? Siempre los plazos y las definiciones (embrión, feto, bebé) serán arbitrarias. Por ello las legislaciones han optado por la facilidad que consiste a decir que un ser humano es el que ha nacido. Sabemos perfectamente que ello es falso, y por cierto no se autoriza en ninguna parte un aborto a los 5 o 6 meses (salvo por la primera y rarísima “causal”) porque sabemos que hay ya toda una vida humana en el vientre materno.
Muchas mujeres que deciden abortar, aun en las primeras semanas, también consideran que lo que están haciendo es deshacerse de un hijo, y lo viven con dolor y ello deja marcas a veces imborrables. ¿Están equivocadas? ¿No deberían sentir nada? Que haya quienes lo hacen sin la más mínima duda y no sientan nada (me refiero a países que la autorizan sin causales), y ocupen el procedimiento como una manera de anticoncepción, también es posible. Ello solo nos habla de la diversidad de las consciencias humanas y de la necesidad imperiosa de una educación sexual, científica y humanista profunda y de calidad para todos.

Tanto la vida como la vida humana y sus orígenes son grandes misterios; no ganamos nada con afirmaciones superficiales o dogmáticas para tratar de reforzar el campo de “los por” o de “los contra”. He leído a un eminente científico declarar que un ser humano solo es tal cuando el deseo de los padres se reúne para darle existencia. “El ser humano surge en el momento en que se establece la relación amorosa entre la madre y ese ser que está creciendo en ella. Si esa relación no se establece, no hay ser humano”. Es triste leer eso de parte de alguien respetable. Tantos seres nacieron de “accidentes” como se decía antes, incluso fueron abandonados, justamente porque no se estableció relación amorosa alguna, pero que igual llegaron a ser personas íntegras, algunos genios del arte o de la ciencia. ¿Cómo entender que el estatus ontológico, el ser o no ser un ser humano, el pasar de ser “algo” a “alguien”, dependa enteramente del deseo de otro? 

Como no sirve de nada tampoco acusar de inconsecuencia a quienes supuestamente defienden el derecho a la vida, pero no el derecho a una vida digna. “Se les respetó el derecho a nacer, pero no a ser persona”, dijo un prelado. Se habla de la injusticia social o del respeto de los derechos humanos. Este es un sofisma mayor pues para ser persona o para luchar o exigir derechos humanos, es evidente que primero hay que nacer. En segundo lugar, se presupone que estas personas que se oponen al aborto estarían de acuerdo con la injusticia y la desigualdad. Muchos cristianos, por ejemplo, se oponen al aborto por doctrina y han pasado sus vidas ayudando a poblaciones desheredadas. Por otra parte, capitalistas multimillonarios sin vergüenza alguna por sus fortunas indecentes son partidarios del aborto, simplemente porque son de ideología liberal. ¿Dónde queda entonces el argumento? ¿Es menos grave ser un explotador o un ladrón si se está por el aborto?

No se debe hablar por hablar en estos temas. La superficialidad es un daño para todos. Hipócritas hay en todos los campos. Estoy seguro de que, tarde o temprano, habrá ley de aborto en Chile; si ello tarda aún algunos meses, no creo que sea un drama. Necesitamos imperiosamente debatir con seriedad y respeto en este país. El tono de los debates actuales está lleno de desprecio, simplificación y acusaciones. Ello no es digno. Existirá una ley de aborto y sea cual sea, por cierto, parecerá insuficiente a mucho(a)s. Por la simple razón de que la gran mayoría de abortos (ilegales) que se producen efectivamente en el país, no son debido a las “tres causales” sino por embarazo no deseado, no oportuno, y por mala prevención y defectuosa anticoncepción. Razón mayor por abogar por una educación sexual sin complejos, eufemismos ni mojigatería. No seamos hipócritas, justamente.

La lucha continuará, se pedirá que sea sin causales, luego que sea gratis (es decir financiado por el Estado), después que el plazo sea extendido de 10 semanas a 12 (como ocurrió en Francia). Las sociedades evolucionan y el ser humano va cambiando sus ideas y prácticas. Aprendamos a vivir estas evoluciones si no en la concordia, pues tal vez nunca estaremos de acuerdo, al menos en el respeto. Cada uno debería poder vivir como lo entiende. El ser humano en su gran diversidad moral aspira a la libertad en una sociedad de seres conscientes. Una decisión de tanta importancia no debería ser motivo de panfletos, consignas, ataques personales e insultos. Aun cuando se gane la batalla, en estos términos, todos pierden. Entre otras cosas se bloquea la posibilidad de debates ulteriores, que será indispensables.

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Comentarios (3)

WASHINGTON HERRERA

Daniel, ojala todos leyeran tu Articulo, hombres y mujeres de nuestro país, para poder entender las posiciones religiosas y políticas en nuestro país, las tres causales son entendible por los riesgos que afectaran a la mujer en el proceso de gestación y la incertidumbre al final en el parto, con sus resultados ante la pareja y entorno.
La discusión llevada a los extremos con gran pasión a nadie dejo indiferente,nuestra sociedad a reaccionado como se esperaba, debido a la cultura de nuestro pueblo, desde que fue conquistado por una lengua y una devoción religiosa de los conquistadores a nombre de los reyes de España, esto se manifiesta con el ardor conque se defendió el no cambiar los tres Art,del proyecto y la oposición en defensa del ser vivo en cualquier circunstancia, según los preceptos de la creación del ser humano.
La defensa del genero femenino en estas causales planteada por el proyecto, queda sujeto a la comprensión de aquellos que la mujer también es un ser humano, que puede tener riesgos en su gestación, como es en el caso del embarazo tubario, que pone al embrión fuera de la bolsa de gestación, así tenemos varias causales que afectarían a la mujer, en donde su pareja y familiares deberán tomar decisiones en su momento con gran pesar.
Lo que falto en esta discusión, como llevar a las nuevas generaciones la enseñanza a las aulas de clase, en que los niños, jóvenes comprendan el alcance de esta nueva ley aprobada en el Congreso y ratificada por el Tribunal Constitucional hace poco, la cultura de nuestra sociedad es necesaria para comprender la posición de nuestro país, ante los demás países que comprenden los derechos de la mujer.

jueves 24 de agosto 2017 a las 21:15
1

Gracias por invitarnos al pensamiento complejo, a abrir las diversas perspectivas en torno a este acalorado tema en el cual me he visto discutir también acaloradamente frente a comentarios insólitos. Soy madre y ahora abuela, respeto por la vida por sobre todas las cosas y las nuevas generaciones tendrán la posibilidad así lo espero, de poder ver un cambio en la sociedad y en especial a partir de la educación. El tema más controvertido fue el aborto por violación y las estadísticas nos rebelan que en su mayoría éstas se cometen por tíos o “amigos”de la familia. Cuando la mujer pueda caminar tranquila en las noches sola sin temor a que le den un agarrón , podríamos empezar a conversar en igualdad de condiciones. Espero que la sociedad comience a considerar el cuerpo como un valor y no como una herramienta de rendimiento, de competencia y de consumo para instaurar una sociedad de respeto en el que quepan distintas posiciones pero desde la igualdad de condiciones.

sábado 26 de agosto 2017 a las 20:21
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s paz md

Las más antiguas legislaciones consideran que el producto de la concepcíón es persona civil desde el momento en que respira, y deja de serlo cuando no respira. Hay sociedades que consideran el momento en que recibe un nombre, en que pasa a ser un ente social (por ejemplo el bautismo).
Aparte de todos los complejos análisis que pueden hacerse, que reflejan en último término que nuestra sociedad moderna carece de normas, carece de una estructura de costumbres lícitas e ilícitas, mores, por lo tanto moral (todo está permitido), recordando la decadencia y corrupción de sociedades en las que ha florecido el nihilismo, la atomización, la búsqueda del placer, el individualismo,las formas corruptas de la gnosis, tan cercanas al existencialismo, caminando solos, oscuros, bajo la noche, bajo el espectro de la destrucción nuclear, de la destrucción de toda la vida planetaria que hemos ocasionado; hay también otro aspecto que merece ser mencionado. La humanidad en los últimos 100 años experimentó un aumento logarítmico de la población como resultado de la enorme expansión de la producción capitalista, posibilitada por la utilización de la energía fósil barata (causa directa de la catástrofe climática de la que somos testigos), de modo que los poderes bancarios, financieros globales decidieron que la solución a este problema era, a falta de una guerra termonuclear, una drástica disminución de la población mundial, costeada por las razas de color,con el concurso por ejemplo de la OMS, invirtiendo grandes recursos en antifertilidad, en anticoncepción, en programas de esterilización masiva, de abortos, como los llevados a cabo en Filipinas, en Africa, en Perú, Centroamérica, etc.
Sin embargo es un hecho evidente que las sociedades económicamente desarrolladas, como Chile, experimentan una permanente e imparable tendencia a la disminución de la fertilidad,de la natalidad, de modo que la población envejece con gravísimos efectos económicos y sociales, como se observa por ej. en Japón, en Rusia. Una población estable requiere una tasa de nacimientos de 2.1 hijos por mujer, si ella disminuye, como ocurre, inexorablemente disminuirá la población, el sector productivo,aumentará el sector improductivo, la población envejecerá, lo cual sin duda alguna debe ser opuesto por todos los medios del Estado, si queremos evitar una pendiente suicida en la que ya nos encontramos.

miércoles 30 de agosto 2017 a las 14:46
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