Argentina: grandes simios tendrían categoría de “personas no humanas” y se les respetarían sus derechos

sábado 27 de septiembre 2014
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monoLa Argentina acaba de sumarse a los países del mundo en los que los ciudadanos motorizan pedidos de hábeas corpus en favor de los simios. La noticia que comenta la revista Veintitrés puede resultar extraña, pero basta escuchar a expertos y juristas para comprender que el argumento por el que califican a la especie como “personas no humanas” no es tan fantástico.

Por Info News (Revista Veintitrés)

En Argentina, unos quince ejemplares de chimpancés viven en condiciones degradantes, varios de ellos tienen sobre sus hombros entre 20 y 40 años de cautiverio. Pero son cuatro los casos puntuales sobre los que se basaron las organizaciones defensoras para interponer recursos en cuatro provincias. Los expedientes se radicaron en los tribunales de Córdoba, Río Negro, Entre Ríos y Santiago del Estero. La empresa no es simple: se trata de cambiar paradigmas. Pero los impulsores son optimistas y no sería de extrañar que en los próximos días haya una resolución favorable para transportar a los simios a santuarios donde puedan disfrutar de una semilibertad sin peligros. Para la Justicia argentina, los animales son “cosas”. Para la ciencia, el 99,4 por ciento de los genes que los homínidos comparten con los humanos es un dato irrefutable.

Durante los primeros días de septiembre, personalidades que trabajan en el tema llegados desde el exterior acompañaron las actividades de sus pares argentinos tanto en conferencias como en los reclamos judiciales. También se realizó en la Legislatura de Buenos Aires el primer acto de la Fundación por los Derechos de los Animales no Humanos donde el ministro de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni expuso por casi una hora. “No veo posible la realización de los derechos humanos sin este reconocimiento porque la historia nos enseña que siempre quienes negaron los derechos del animal también negaron los derechos de los ejemplares más desprotegidos o abandonados de nuestra propia manada”, concluyó entonces Zaffaroni.

La doctora Alicia Racig es la directora del Instituto de Derecho Animal del Colegio de Abogados de San Isidro, el primero de su tipo en América latina que tiene entre sus objetivos el estudio, análisis, la elaboración de proyectos y normas para cambiar la legislación en pos de la vida y en contra del maltrato. “En algunos países desarrollados ya hay leyes al respecto enfocadas en reconocer a los grandes simios como personas no humanas. Creemos que en primer lugar y desde nuestra legislación, la palabra persona puede ser más amplia y podría contenerlos. Los simios parientes biológicos vivos más cercanos son los bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes. Ellos tienen elevadas capacidades emocionales y cognitivas, sufren y tienen autonomía y autoconciencia”, asegura Racig, que compartió una exposición con el naturalista español Pedro Rozas Terrados, director ejecutivo de la ONG Proyecto Gran Simio y especialista de renombre. “La experiencia fue maravillosa, no solamente por la presencia de los expositores Terrados y el brasileño Tagora Trajano de Almeida. Ellos fueron muy precisos en sus conocimientos y mantenemos el optimismo. Vamos a seguir peleando para que la Justicia atienda el reclamo. Hoy la ciencia nos da herramientas para saber por qué los simios merecen derechos”.

Pablo Buompadre es un abogado correntino, titular de la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) e impulsor de los hábeas corpus. “Nosotros trabajamos para defender especies que tienen más posibilidades de lograr la libertad por las similitudes genéticas e ideológicas con los humanos. Los pocos animales que quedan en nuestro país habitan zoológicos y circos. Es una tarea muy difícil la de romper con moldes, ya que la legislación argentina está basada en el hombre y la protección de sus intereses, y los animales son cosas de los cuales el hombre puede disponer al venderlos, torturarlos o matarlos”. Buompadre cita tres ejemplos puntuales, correspondientes a otros tantos pedidos de hábeas corpus que se encuentran al análisis de los jueces. Toti es un chimpancé de 40 años, histórico del zoo de Córdoba, que fue trasladado a otro similar de Bubalcó, en Río Negro, a pedido de conservacionistas. Su expediente está sobre un escritorio de la Corte Suprema de Justicia a la espera de una resolución. Toto está encerrado hace 35 años en un parque de fauna en Concordia, Entre Ríos. El hábeas corpus presentado a mitad de año fue rechazado por considerar que los animales son cosas y AFADA no se rindió. Pide que se lo considere “persona no humana”. Monti es el más viejo de todos. Por estos días, se espera que un juez santiagueño pida la revisación médica para poder tomar una determinación respecto de su traslado a Brasil. Es epiléptico y padece daños psíquicos y físicos sin cura.

“Aquí no se respetan las reglas por las que se rigen los zoológicos a nivel mundial, tampoco en Latinoamérica. En cambio, países como Alemania, Ecuador o Suiza ya tienen legislaciones que protegen intereses y derechos de los animales. La tendencia moderna va hacia eso: quebrar las barreras que separan a los animales de los humanos. La única herramienta que existe es el hábeas corpus, que sirve para cuestionar una privación de libertad. En Brasil hay cuatro santuarios donde viven unos 200 primates”, afirmó Buompadre.

El abogado además consideró que “son personas primitivas encerradas en jaulas, sin respeto mínimo a su dignidad o condiciones básicas. Nos preguntamos si es moralmente aceptable mantener a hombres primitivos igual que los esclavos, tal como se los exhibía. Nos han dicho que el hábeas corpus no es para ser aplicado a los animales. Con ese criterio se podría aplicar a nosotros”.

Durante la conferencia llevada a cabo en San Isidro se difundió un original manifiesto que en su texto equipara comportamientos y emociones de los simios con los humanos. “Todos los homínidos humanos y grandes simios tenemos vidas tan largas, ricas e interesantes y tantos planes y expectativas, que nos roban algo muy valioso si nos quitan la vida. Trabamos lazos afectivos tan intensos que nuestra muerte atormenta a familiares y amigos. Nuestra memoria emocional a largo plazo hará que recordemos siempre padecimientos y torturas, nuestra preocupación por los demás hará que tomemos el sufrimiento de nuestros seres queridos como propio, y nuestra capacidad de proyectos con el futuro nos hará temer el regreso del verdugo. Nos sentimos indignados cuando nos encarcelan sin razón y nos fuerzan a tener una vida distinta a la que deseábamos. Y siendo seres intensamente sociales, curiosos y culturales, con cerebros diseñados para procesar continuamente nuevos datos, en una celda podemos morir de aburrimiento y soledad, como si fuésemos encerrados en vida… Las perspectivas de futuro de nuestra propia especie son muy sombrías en un mundo sometido a la severa crisis ecológico-social que hemos causado nosotros mismos. Ampliar la comunidad moral más allá de la barrera de nuestra especie, no sólo sobre la base del reconocimiento de capacidades de los grandes simios, sino también atendiendo a la obligación moral de respetar la vida de los animales sintientes, que son sujetos de su propia vida, y de no dañar a los seres que pueden ser dañados, supondría un avance decisivo en el deseable cambio valorativo”.

La lucha de los argentinos fue respaldada por diversas personalidades en varias oportunidades, la última en mayo de este año en el segundo Congreso de Derecho y Protección de los Animales que se desarrolló en la Universidad Nacional de Córdoba. Steven Wise, destacado jurista estadounidense especializado, fue el disertante de más peso en esa ocasión. Ante la inquietud de un legislador local que presentó un proyecto para que progresivamente se cerraran la totalidad de los zoológicos provinciales, Wise no dejó dudas acerca de su lucha. “Quien explota a los animales no se detendrá por voluntad propia”, aseguró. Y esa frase les dio respaldo y un nuevo impulso a los que abogan por ver a los simios libres por primera vez en sus vidas.

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