Sexualidad femenina: la hora del placer

Hace menos de 1 minuto
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sexoLa mancomunión de hombres, política y religiones para sojuzgar a las mujeres está llegando a su fin. Avances y cambios. Los mitos que persisten.

Por Raquel Roberti*

Diferencias notables en este mundo globalizado: en Tokio, Japón, hace furor un pub dedicado a hablar de –y facilitar la– masturbación femenina; un dato que habla tanto de la decisión de las mujeres japonesas de apropiarse de su cuerpo como de la lucha que implementan contra el machismo imperante en esa sociedad. Casi del otro lado del planeta, en Arabia Saudita, las mujeres vienen peleando desde hace años no por sus cuerpos –aunque también– sino por que se levante la prohibición que les impide conducir un vehículo, sostenida en discursos de religiosos que afirman que hacerlo “afecta a los ovarios”. Mejor no pensar qué dicen con respecto al sexo. Y en la Argentina acaba de salir a la venta Magnus G, un producto específico promocionado como “el viagra femenino”. Entre unas y otras situaciones está la sexualidad femenina, con sus cambios, sus avances o retrocesos, pero siempre ligada a la identidad de género.

Hasta hace poco más de 50 años la identidad de las mujeres estaba dada por el matrimonio, la maternidad, la crianza de los hijos y los quehaceres hogareños. Muchas obligaciones y ningún placer eran los mandatos impuestos por una sociedad machista y patriarcal, impulsada por criterios religiosos que todavía hoy condenan a la mujer por descender de Eva, aquella pérfida que llevó al inocente Adán a perder el paraíso. Ambas cuestiones se reflejaban en un ámbito político masculino que sólo permitió la participación de alguna fémina para lavar su propia imagen. Hombres, política y religión mancomunados en el control del género femenino, desde las formas de comportamiento, las capacidades intelectuales y físicas, hasta su lugar en las relaciones económicas y sociales, y por lo tanto, su sexualidad.

En todas las épocas hubo mujeres que se rebelaron contra esa opresión, algunas famosas, otras anónimas, pero si hay que señalar un momento de cambio es la década del ’60, donde se conjugaron la aparición de la píldora anticonceptiva con el movimiento de liberación femenina y el hippismo. A partir de entonces, las mujeres dejaron de ser en función de otros para ser a partir de ellas mismas, de sus deseos.

Sin embargo, aún hay muchos ámbitos en los que el erotismo femenino sigue siendo un tema tabú. Y aunque molesto, hasta es comprensible: se trata de una cuestión cultural, devenida de siglos de doble moral. Para los hombres (al menos para el discurso masculino) la madre de sus hijos es intocable, casi virginal. Y por otro lado, falta todavía que las mujeres conozcan a pleno sus zonas erógenas y determinen qué quieren y qué no. Saber o no saber de la propia sexualidad, esa es la cuestión. Aprender sobre los gustos es el primer paso para pasarla bien en materia de sexo.

“La diferencia entre lo que sucede con el hombre y con la mujer, desde el inicio, es la anatomía –dijo a Veintitrés el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff, quien participó del lanzamiento de Magnus G–. Todos los órganos sexuales masculinos son externos, mientras que los femeninos son internos. Eso tiene consecuencias en la fisiología, en la cantidad de médicos que deberían consultar ante un problema, ginecólogos y las subespecialidades. Y los urólogos se dedican al paciente masculino. En ambos casos, ya desde la facultad, no se enseña sexología clínica ni sexualidad humana”.

Misteriosa e incomprensible durante años, la sexualidad femenina está lejos de ser un ente oscuro, sólo hay que escucharla. Claro que recién en los últimos años tuvo ante quién manifestarse. Uno de esos oyentes es Kusnetzoff, quien en el ámbito de la Facultad de Medicina recibe la consulta de 1.500 pacientes por año y otro tanto en su consultorio privado. Pero de esa cifra, apenas un 10 por ciento está conformado por mujeres solas, en tanto el 60 por ciento corresponde a hombres y el 30 por ciento restante a parejas. No se trata de un fenómeno local sino internacional, afirma el sexólogo: “En cualquier servicio sexológico del mundo los que más consultan son los hombres, porque hasta ahora no existía un producto tan específico como el sildenafil para resolver los problemas femeninos y en consecuencia las mujeres no demandaban atención”.

Los problemas o las disfunciones sexuales en las mujeres son tan antiguos como la humanidad, pero si ahora al menos algunas de ellas consultan con un especialista, obedece, en palabras de Kusnetzoff, “a la apertura de neuronas que produjo la aparición del sildenafil en 1998. El aluvión de consultas que desató ese producto animó a muchísimas mujeres a colarse en los consultorios. De todas maneras y técnicamente hablando, hay una epidemiología oculta porque tantísimas otras no se atreven a ir por vergüenza o pudor”.

Las mujeres deben dejar de lado esos sentimientos, sin duda impuestos por años de educación represiva; deben reconocer primero y manifestar después qué desean y qué no, o cuáles son los problemas que les impiden disfrutar de una buena vida sexual.

“Deseo y anorgasmia son las dos cuestiones por las que preguntan las mujeres en la consulta”, confía el sexólogo. Claro que no con esas palabras. “No siento nada” o “siento, pero no llego al orgasmo”, son las frases más repetidas. “Es terrible –lamenta el médico–, porque todas las mujeres sienten cosas en un encuentro sexual, excitación, orgasmo, lo que fuese. Pero como esperan el ‘tsunami’ del que les hablan sus amigas o los videos porno, dejan pasar las pequeñas señales que muestran claramente un orgasmo. Claro, como no es lo que esperaban y lo que posiblemente nunca llegará, dicen que no sienten. La sensopercepción debe estar ligada a lo que le sucede a cada una, la sensibilidad debe despertarse a las modificaciones fisiológicas normales, pero como no las perciben, hablan de falta de deseo o de anorgasmia”.

Ante muchos de estos casos se indica un dopaje de hormonas y si alguna registra una baja presencia, se receta la medicación adecuada y listo. Para el médico, porque para las mujeres no alcanza con que los números del análisis den “bien” si esos resultados no se acompañan con estímulos adecuados que favorezcan los procesos fisiológicos relacionados con el deseo.

A eso apunta el nuevo producto del laboratorio Sidus, Magnus G. “No es como el sildenafil –advierte Kusnetzoff–, no se trata de tomar un comprimido y a las dos horas estar dado vuelta. Este medicamento actúa por acumulación, es decir que la mujer deberá tomarlo al menos durante dos semanas para notar algún cambio. Pero al mismo tiempo, los estímulos externos son imprescindibles; sin un compañero que abrace, que acaricie, no dará resultados”.

Es que los componentes de este producto son elementos naturales: extracto de arándanos –uno de los más poderosos antioxidantes naturales–, L-arginina (aminoácido de efecto vasodilatador que facilita la circulación sanguínea), y ginseng. Su efecto es el de ayudar a “preparar el terreno” para que el juego erótico, la razón de todo y que nunca puede faltar, encuentre menos obstáculos para traducirse en excitación y placer. Porque el deseo sólo se activa cuando se estimula adecuadamente. Si no lo es, tiende a apagarse.

Por eso el sexólogo aclara que cuando “la falta de deseo” se resuelve estimulando “diez minutos por noche durante tres semanas, como cuando estaban de novias, sin tener relaciones sexuales, difícilmente puede hablarse de un problema ‘orgánico’, u ‘hormonal’. La cuestión es ‘poner el motor en marcha’ nuevamente”.

Al hablar de estímulos es fácil y directo pensar en videos porno, pero según el sexólogo, es un producto “para hombres, porque heredan de los machos otear el horizonte, explorar la presencia de enemigos y el reflejo visual para cazar. La mujer, en cambio, hereda una predominancia de receptores de proximidad”. En otras palabras, los hombres reaccionan rápido y las mujeres más lentamente; algo así como encender un fuego con un fósforo o frotando dos palitos sobre una piedra.

Mucho ha cambiado el panorama de la sexualidad femenina, impulsado no sólo por libros de divulgación o novelas eróticas como Las cincuenta sombras de Grey, sino por la decisión irrenunciable de las mujeres de disfrutar de su cuerpo.

Sin embargo, algunos mitos persisten y a veces surgen de una información errónea, como que las mujeres tienen dos tipos de orgasmo: clitoridiano y vaginal. “Es un error gravísimo que lleva más de cien años y el culpable es Sigmund Freud, quien cometió ‘falacia de autoridad’, ignorando que sin clítoris no hay orgasmo posible –señala Kusnetzoff–. El clítoris no es esa pequeñísima parte que asoma, eso es apenas 1/8 de un órgano muy extenso que se va hundiendo en el cuerpo alrededor de la entrada vaginal. La vagina carece de terminaciones nerviosas, pero es posible tener un orgasmo con una penetración por acción del clítoris”.

La sexualidad involucra cuerpo y mente –el principal órgano sexual–, y las barreras psicológicas para gozar caen cuando hay un cuerpo dispuesto a besar, abrazar, morder o acariciar. El placer y el orgasmo hoy son derechos inalienables de las mujeres y la cama es el terreno de la negociación entre los cuerpos.

*Revista Veintitrés (Buenos Aires)

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Comentarios (3)

hernan

Como decía don Armando Uribe, la civilización cristiana occidental terminó en Hiroshima y Nagasaki.
Ahora vivimos en La Raja.
Había leído la poesía de, por ejemplo, la Komachi (muy sexual por cierto) que inspirara a Ezra Pound. Asombrado veo como todo eso se pulveriza. Las nuevas mujeres japonesas se reúnen en Pubs, gozan del alcohol, de la droga, ¡masturban sus puntos G! hacen sexo grupal. Con mujeres, con hombres, con perros, con burros, con dildos,o sea, con libertad. Como son modernas, usan condón, y si algo falla, para eso está el aborto.
Un Feliz Nuevo Mundo nace ante nuestros ojos maravillados.
Olvidemos a Cristo, al Budha y todas esas añejas falsedades que impiden gozar esta corta vida.
Vivamos LA RAJA.

domingo 3 de noviembre 2013 a las 16:56
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Juan Carlos Cortez

Y eso que el autor ni menciona las posibilidades de prácticas o técnicas vinculadas a la meditación y el sexo tantrico …donde el orgasmo es una experiencia de nivel energético o casi cósmico … Nos falta. Mucho para aprender y practicar …. El autor solo habla de cosas ya sabidas en Occidente .. Quizá no en Japón o Siria ..pero sería más de lo mismo ..lo nuevo …realmente es experimentar el sexo desde una perspectiva transpersonal o meditativa..saludos

miércoles 6 de noviembre 2013 a las 19:38
2
hernan

Las familias deben practicar la paja en sus hogares, y esta debe ser enseñada en las escuelas; las Iglesias pueden aprovecharse para copulaciones en grupo.

viernes 8 de noviembre 2013 a las 13:16
3

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