Carta íntegra de Kast a la militancia: “La UDI a la que entré se alejó de su proyecto político”

martes 31 de mayo 2016
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kastEl diputado, que no descarta una candidatura presidencial envió una carta a la militancia, luego de renunciar al partido frente a su timonel, Hernán Larraín. “La UDI necesita una renovación, que pasa por cerrar esta etapa, para dar paso a un Nuevo Ciclo como partido que pretende influir en el futuro del país”, señala en la misma que, a continuación, publicamos íntegramente.

“Aunque en el último tiempo me he detenido a conversar personalmente con muchos de ustedes para explicarme y fundar mis razones, creo que todavía hay algunos que no saben y se deben estar preguntando por qué he tomado la decisión de alejarme de la UDI. Merecen una explicación y quiero exponerla a través de estas líneas.

Lo primero que me gustaría decirles es que hoy renuncio a la UDI, pero jamás renunciaré a los ideales y principios por los que he dedicado mi vida a la política, valores que estoy convencido que muchos compartimos y por los que hemos luchado juntos.

Mi renuncia la hago en este momento, porque ésta no obedece a una reacción de indignación ni está vinculada a ningún acontecimiento coyuntural, sino que es fruto de una larga reflexión que me ha llevado a la convicción de que simplemente es lo que corresponde hacer.

Todos sabemos que la UDI tenía que cambiar para retomar el camino y así volver a motivar a sus militantes, adherentes, simpatizantes y, por supuesto, a un electorado que, tanto el partido como la política en general, ha maltratado a través de los años.

Existía el acuerdo de convocar a un Consejo General en mayo de este año, donde se discutiría la conveniencia de renovar la actual directiva. Personalmente, he sostenido que la renovación total con nuevos liderazgos daría una señal potente de cambio de rumbo, especialmente si quienes han conducido a la UDI por todos estos años eran capaces de entregar esa conducción. Esto me mantenía con una llama de esperanza. En el fondo de mi corazón quería creer que todavía podía servir para algo todo aquello por lo que he trabajado durante los años que llevo comprometido en la política desde la UDI.

Cuando le negué a Hernán Larraín mi apoyo para que siguiera a la cabeza de la UDI, tenía la esperanza de que él y todos comprendieran que era una opinión política fundada en la convicción del comienzo de un nuevo ciclo y que, por tanto, no se trataba de un ataque personal,  porque  creo que él es una gran persona. Esperaba que entendieran que es la UDI la que necesita una renovación, que pasa por cerrar esta etapa, para dar paso a un Nuevo Ciclo como partido que pretende influir en el futuro del país.

Tenía la esperanza de que los jóvenes, por los que me he jugado y he llegado a tener grandes peleas para hacerles un lugar, entendieran la responsabilidad histórica y coyuntural que les correspondía asumir al hacerse cargo de la conducción del partido, porque la UDI  necesita de su  vitalidad y la fuerza de sus ideales, así como Chile necesita una nueva UDI, con una nueva energía y con una nueva manera de ver y hacer política.

Comprendo que hay estrechos lazos de amistad y de familiaridad que hacen difícil confrontar un status quo en el que aparecemos todos involucrados, especialmente si se invoca la “experiencia”, que naturalmente las personas mayores tienen respecto de las menores. Pero lo más arduo es confrontar actos y actitudes cuando esto aparece o se experimenta como una “amenaza” y “una grave falta” a la lealtad debida. He vivido muchas veces las consecuencias de esta confrontación, junto a algunos de ustedes que han querido acompañarme.

Pero para mí, la LEALTAD es un valor intransable e involucra todos los ámbitos de la vida. Ser amigo o familiar significa también ser honesto a la hora de plantear auténticamente lo que uno piensa, tanto en lo que se está de acuerdo como en lo que se discrepa, mirando siempre el bien superior y de colaboración que convoca un proyecto de amistad, de familia y mucho más si se trata de un partido político o de un proyecto país.

En el tiempo que llevo militando en la UDI, he tratado de desempeñarme siempre siendo fiel a mi palabra y planteando abiertamente mi apreciación política de los acontecimientos que afectan a la UDI y al país. Es así como no podía permanecer indiferente cuando sentí que la UDI a la que yo entré comenzó a alejarse de su proyecto fundador, de su base fundamental, y que lentamente se transformó en algo muy distinto, dominada por un afán de “ser el partido más grande” a cualquier costo. Y ese costo lo hemos pagado: dejamos de hacer aquello para lo que éramos buenos y que fue lo que nos hizo grandes;  dejamos de formar a nuestra gente y dejamos de formar parte de la gente. Dejamos de destinar tiempo a preparar candidatos que entendieran de qué se trataba pertenecer a la UDI.

Dejamos de corregirnos cuando nos equivocábamos, dejamos de reconocer nuestras equivocaciones y dejamos de enmendar. Dejamos de crear espacios reales de participación y de entregar espacios de protagonismo a las nuevas generaciones, ahogando la motivación de muchos de nuestros jóvenes, no previendo que, tarde o temprano, es necesario entregar el testimonio en la posta de los cargos. Dejamos de transmitir las ideas que defendíamos y el por qué las defendíamos e incluso empezamos a transarlas a cambio de popularidad. Dejamos, en fin, todo lo que inspiró y dio tanta fuerza al origen de la UDI.

El Consejo que se realizaría en mayo, no se llevó a cabo. Se respaldó la continuidad de la actual directiva y los jóvenes están legítimamente abocados a asumir su responsabilidad dentro de las formas establecidas. Pero en mí se apagó la llama de esperanza de renovar la UDI. Porque creo que son  estas “formas establecidas” las que han ido ahogando el “fondo” de la UDI, lo cual ha sido permanentemente mi ocupación y preocupación.

Ciertamente, ha resultado doloroso y difícil hacer este análisis para llegar a esta conclusión,  porque esto significa confrontarme a mí mismo y darme cuenta que, todo aquello por lo que he luchado, sigue impulsando mi corazón a trabajar con firmeza, paciencia, humildad y perseverancia, porque creo que el país lo necesita. Sin embargo, por todo lo que he planteado antes, me doy cuenta que mi lugar no está aquí, que he perdido el sentido de pertenencia a la UDI y  por esta razón es que presento formalmente mi renuncia. Espero, de todo corazón, que logren sus propósitos, pero es necesario que lo que se dice, se haga.

Me llevo en el corazón cada conversación, cada encuentro y desencuentro, cada experiencia que me ha hecho crecer como persona y que me vuelve a dar sentido de por qué estoy en política. Por eso, también quiero decirles que esta decisión no es en contra de la UDI, sino a favor del país.

Les agradezco todo a todos, hasta las críticas más ácidas, las pequeñas o grandes incomprensiones  y los juicios injustos, pero muy especialmente agradezco la simpatía y la amistad que muchos de ustedes me han brindado en forma incondicional y sincera y que han hecho de este tiempo algo indudablemente enriquecedor.

Hoy inicio un nuevo camino, una nueva etapa, como ya dije, UN NUEVO CICLO, con las convicciones de siempre, pero con la esperanza de darle a Mi Chile más capacidad de influir en su futuro.

Se despide con afecto

José Antonio Kast”

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