Michelle Bachelet ¿Otra vez sin relevo?

miércoles 3 de junio 2015
|

foto pagina 6Al igual que en su anterior período, donde finalmente tuvo que entregar la banda presidencial al opositor Sebastián Piñera, no aparece en la Nueva Mayoría alguien que se vislumbre como el sucesor de la actual mandataria.

La salida de Rodrigo Peñailillo del gabinete presidencial no solo abortó el sello que quiso imponerle Michelle Bachelet a su segundo mandato. También la posibilidad de crear, dentro de su entorno más cercano, la figura que pudiera reemplazarla el 11 de marzo de 2018.

A diferencia de otras latitudes cercanas, como han sido los casos de casi todos los países vecinos, incluidos Brasil, Ecuador y Venezuela, donde la solución ha estado en reformar la constitución y permitir la reelección presidencial, en Chile se ha desechado esa fórmula y es muy improbable que se la utilice en el futuro.

Tras cuatro gobiernos sucesivos de la Concertación, parecía que ello no era necesario, principalmente por la desarticulación entre la UDI y RN y porque existían figuras potentes que desde 1988 ya eran vistos como presidenciables, léase Aylwin, Frei y Lagos.

La irrupción de Bachelet en 2002, que significó un cambio de generación, trajo aparejado además una cuestión que el oficialismo no ha podido resolver: un extremo presidencialismo, alejado de los partidos, donde la figura de la mandataria ha copado el escenario e impedido el surgimiento de figuras relevantes en la ahora llamada Nueva Mayoría.

Peñailillo, bautizado como el hijo político de Bachelet, parecía ser entonces el delfín que la mandataria alimentaba para las elecciones presidenciales del 2017. La jefatura del gabinete, con un relato social y familiar potente, al que se sumaba su origen regional, hicieron que rápidamente su nombre copara espacios en los medios. Y él, además, hizo lo propio en el aparato público, dejando en cada ministerio y subsecretaría a personas de su confianza para ir fogueando a un futuro e hipotético equipo de gobierno.

Hasta el caso Caval y la aparición de boletas giradas por él a la empresa de Giorgio Martelli, ambos con un deplorable manejo comunicacional, el diseño parecía cuajar. Pero vino lo que todos sabemos y terminó, como dijo Osvaldo Andrade en radio La Clave, parado solo y durante 7 minutos, humillado, en un cambio de gabinete cuyo único objetivo fue salvar la imagen de la mandataria.

Bachelet, al elegir el canal 13 y Mario Kreutzberger para anunciar su decisión de pedirle la renuncia a todos sus ministros, esconderse durante 4 días de los partidos que apoyaron su candidatura y sacar de La Moneda a su gente de mayor confianza, entre ellos Álvaro Elizalde, eligió el camino propio, aquel que le permitió salir de su gobierno con un respaldo mayoritario pero que nadie lo capitaliza entre los suyos.

Conscientes de esta precariedad, que podría repetir la escena de marzo de 2010 cuando Bachelet le entregó la banda presidencial a Piñera, los partidos comenzaron rápidamente a mover sus fichas electorales. Desde la DC, Ignacio Walker dijo que estaba disponible y eso significa que inició su campaña. Tendrán que esperar, eso sí, qué pasa con Jorge Burgos, hoy ubicado en el primer plano de la vida política. En el PS, cuyas opciones son Ricardo Lagos Escobar -si la edad no se convierte en un escollo insalvable- o mirar hacia el PRO de Marco Enríquez Ominami, no descartan que Isabel Allende se convierta en opción. El PPD, al que no le disgustaba Peñailillo, está huérfano de liderazgos y los proyectos de Carolina Tohá y Ricardo Lagos Weber pareciera que están faltos de levadura. Simplemente no crecen.

El radicalismo, como siempre, apelará al sacrificio de José Antonio Gómez para mantener vivo al partido en el Congreso y en el Gobierno. El PC, mientras tanto, apoyará a cualquiera que le garantice profundidad en las reformas o, al menos, cupos seguros en el Congreso. Lo que todos tienen claro es que no ganarán con cualquiera el 2017.

El ingrediente nuevo en el escenario es el cambio electoral, que podría generar mayor competencia en la primera vuelta. Pero, casada con las primarias, la Nueva Mayoría tendrá que someterse a ese método.

Bachelet, mientras tanto, que parecía haber aprendido la lección que le dejó la derrota de Eduardo Frei el 2010, vuelve hoy a quedarse sin relevo. Y pareciera que, en su diseño, no contempla trabajar para crear un sucesor.

Comparte:

Comentario

EL JUSTICIERO

ESTE ES UN GOBIERNO QUE APLICA LA “POLITICA DEL LAISSEZ-FAIRE” DEJAR HACER , DEJA QUE LE SUBAN LOS IMPUESTOS A LA GENTE, DEJA QUE LE SUBAN LOS ALIMENTOS,DEJA QUE AUMENTE LA DELINCUENCIA, DEJAN QUE LOS MEDIOS MASIVOS MIENTAN Y DENIGREN A LAS PERSONAS.., SI SIGUEN , ASI DEBERIAN DEJAR EL GOBIERNO..!

domingo 5 de julio 2015 a las 02:05
1

Los Comentarios se han cerrado.