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Por Cristián Arriagada y Maximiliano Martínez -desde Ercilla) El disparo por la espalda que mató al comunero Jaime Mendoza Collío recrudeció la lucha por las tierras. La policía irrumpe con violencia en las comunidades buscando culpables, mientras menores inocentes ven destrozadas sus casas y a sus padres en el suelo. Pese a que informes oficiales constatan daño psicológico, golpes y baleos, Fuerzas Especiales no cesa el cuestionado accionar, allanando el terreno más preciado del conflicto: los niños.
El sobrevuelo rasante del helicóptero de Carabineros sobre la comunidad mapuche Mateo Ñiripil, en la comuna de Lautaro, resultaba un espectáculo imperdible para los niños, hasta que el grito de sus padres desató la alarma. Los comuneros no sospecharon que el último atentado incendiario registrado en La Araucanía la madrugada del sábado 12 de septiembre, que redujo a cenizas la casa patronal y una bodega del fundo Brasil, a 10 kilómetros de la comunidad, fijaría la mirada en su territorio.
Luis Penchuleo recuerda cómo aún salía humo del galpón cuando micros, vehículos lanza agua y helicópteros de las Fuerzas Especiales de Carabineros allanaron la comunidad. “Entraron sin orden judicial, con la excusa de que integrantes de la CAM se escondían acá” (…) “al ver la gente sus casas destrozadas, a vecinos baleados en los patios y a los niños escapar llorando, se desató un descarnado enfrentamiento. Personas que ni siquiera simpatizan con el movimiento se sintieron tan pisoteadas que se defendieron con palos y azadones, pero poco pudimos hacer frente al armamento de guerra que utiliza Carabineros, que no dispara balines de goma, comprobado en el peritaje a los cuerpos muertos de Alex, Matías y Jaime”, acusa el joven comunero, explicando cómo el ambiente se calentó cuando efectivos encapuchados quisieron arrestar al menor R.M.Ñ (15) en un camino rural de la comunidad. “Llegó gritando hasta su casa con los Carabineros persiguiéndolo. Su tío (Adolfo Ñiripil Morales) salió a defenderlo. ‘Indio de mierda, no te resistai’, le gritaron los pacos, para luego dispararle dos tiros en su pierna izquierda mientras su esposa era golpeada en el rostro por un oficial con la culata del arma”, relata Luis, quien refugió en su casa a Naldito (3), el que muy serio le dijo: “cuando sea grande los mataré (Carabineros)”.
El allanamiento terminó la madrugada del domingo, con el arresto del menor y sus tíos en el retén de Lautaro, dejados horas más tarde en libertad por falta de méritos por el Tribunal de Garantía.
Tras el operativo, sólo se formalizó a Mario Caniupán Cayupán, por el cargo de agresión a Carabineros con arma de fuego corta. De los autores materiales del atentado, la policía no encontró pistas.

Què pasa con este gobierno que reprime igual que los milicos?