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En una nueva columna, el periodista Patricio Mery desmenuza el arribo de concertacionistas al nuevo gobierno de Sebastián Piñera, “disfrazados de técnicos”, como asegura. “Muchos anti piñeristas y pro concertacionistas, disfrazándose de técnicos, se han pasado al bando contrario. Lo que sucedió en el Diario La Nación, es sólo una muestra, un detalle, una anécdota de esto”.
Por Patricio Mery / Periodista, analista político
El “guatón” Romo antes de convertirse en uno de los torturadores y asesinos más despiadados del régimen de Pinochet, era militante de la Unión Socialista Popular. Según sus biógrafos, Romo se cambió de bando para vengarse de antiguos compañeros, para salvar su vida y para conseguir un buen “trabajo”, que le diera poder y estatus.
De activista de la izquierda pasó a ser funcionario de la derecha. Su caso es la expresión máxima de la traición. Las personas pueden cambiar de opinión, pero una cosa es cambiar y la otra es venderse.
Muchos anti piñeristas y pro concertacionistas, disfrazándose de técnicos, se han pasado al bando contrario. Lo que sucedió en el Diario La Nación, es sólo una muestra, un detalle, una anécdota de esto.
Marcelo Castillo, ex director del medio, tenía definido renunciar a su cargo antes del 11 de marzo. En la editorial de La Nación Domingo de la semana del 7 al 13 de marzo planteaba “A partir del próximo domingo, estas líneas representarán la misma visión monocorde y autoritaria del resto de los diarios chilenos. Es la otra destrucción: la de la diversidad y el pluralismo” además sin encubrir su hogar ideológico agregaba “No hemos escondido nuestra vocación política progresista, de centro izquierda sin que ello haya impedido en ningún momento que nuestra cobertura informativa e interpretativa haya sido pluralista”.
Me consta que Castillo era el Director de un medio en donde las decisiones se tomaban colectivamente dentro de un equipo de cercanos, entre los que se encontraban la actual Editora Jefa, Ana Verónica Peña y el Director interino, Álvaro Medina. Entre los tres, junto a otros, tomaban las decisiones más preponderantes del medio.
Comparto con quiénes piensan que La Nación muchas veces se transformó en un pasquín del gobierno, situación que critiqué por escrito al mismo Castillo. No obstante, en esa ocasión y hasta el día en que me censuraron como columnista, nunca sentí que vulneraran mi derecho a discrepar o a escribir sin tapujos, incluso en contra de la Concertación, como está plasmado en mis columnas “Calígula” y “La Verdadera Derrota”.
Por este motivo, el corazón se llena de tristeza al ver el error, involuntario quizás, de la editora Ana Verónica Peña, que se prestó para el juego de la derecha de blanquear sus decisiones. En reunión de pauta, Peña señaló que las nuevas autoridades le habían solicitado sacar mis columnas y las de Antonio Gil, a quien, debido a la denuncia que generé por censura, lo mantuvieron como colaborador. Por su parte, Medina fue el encargado de decirle a Castillo que desde la Jefatura de Gabinete de Ena Von Baer lo habían designado como Director Interino.
No cuestiono que los dos colegas necesiten trabajar y pagar cuentas, como cada uno de nosotros, pero lo correcto era permanecer en sus puestos, oponerse a los deseos del conservadurismo, combatir la censura, defender la libertad de expresión, esperar que fueran los vencedores quiénes se encargaran de cortarnos y no ellos salir a “porotear” a los disidentes con el único fin de dar muestras de “blancura”. Por razones humanitarias entiendo a los periodistas en especial al nuevo Director por no haber tenido un comportamiento más digno. La enfermedad y posterior fallecimiento de su esposa, me hacen pensar que se vio envuelto en una situación límite en un estado de profundo dolor personal.
En estos momentos se ve la calidad humana, Marcelo Castillo tomó la decisión correcta, la de dar la cara, asumir sus responsabilidades y salir dignamente. Al igual que José Roa de SERNAC y Danae Mlynarz de la Defensoría Ciudadana, que sin esperar que nadie se los pidiera, renunciaron a sus cargos con dignidad política, por considerar que el nuevo gobierno no representa su visión de mundo.
Lamentablemente no sólo en La Nación han ocurrido estos episodios. Supe de una funcionaria de la Subsecretaría de Transportes, Gloria Hans, que durante el gobierno del Presidente Lagos se desempeñó como jefa del Departamento de Estudios del Ministerio y que posteriormente en la era Bachelet, fue designada como Jefa del Departamento de Estudios de Transantiago, pues bien, ahora es la nueva jefa de gabinete de la Subsecretaria de Transportes del gobierno de los conservadores.
Estos casos no entran en la legitimidad de quiénes sin pedir nada a cambio y anclados sólo en sus convicciones cambian de opinión frente a la vida, creo más bien, que se trata de un cambio forzado por un nuevo empleador. La Nación cambió de línea editorial en el momento exacto que asumió el nuevo Presidente, situación que nos lleva a pensar que el ejercicio del periodismo no puede estar sustentado tan sólo en el beneficio del empleador de turno.



FELICITACIONES, así con mayúscula a Patricio Mery, Marcelo Castillo, José Roa, Danae Mlynarz, y en sus personas a muchos(as) que han sido consecuentes.
Consecuencia, qué fácil es hablar de ella y qué dificil es practicarla, sobre todo en estos tiempos en que se terminó casi por completo la dignidad, el respeto por las opiniones contrarias y el poseer convicción de nuestros ideales.
Felicitaciones a la determinación de cada uno de estos compatriotas y sepan que habemos muchos que todavía la consecuencia sigue siendo parte de nuestro vivir.
Lo contrario a estas acciones de consecuencia la mostró el señor Ravinet, fue parte de los gobiernos de la concertación como ministro, como alcalde, representando al conglomerado y ahora ha demostrado que su consecuencia y sus convicciones eran $$$$.
Nunca olvidaré al más grande consecuente de Chile que fue capaz de sacrificar su vida, más no su consecuencia, Salvador Allende: …”más temprano que tarde se abrirán…”