Victoria Urabga Harboe
Directora Cátedra Unesco-UDP “Medios de Comunicación y participación ciudadana”
Hay muchas formas de recordar y varias maneras para no olvidar. “Será un museo para las enseñanzas profundas de los dolores de Chile”, dijo la Presidenta en la ceremonia de donaciones al Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos. La opción que se marca es contundente: un lugar que genere puentes entre un pasado terrible y un presente-futuro que requiere de la convivencia armónica entre todos y todas. La Moneda, que sólo con ser escenario obliga a recordar, reunió a los donantes. Algunos son los de siempre, otros que hace tiempo no se veían y, también, muchas caras nuevas que habla de la diversidad de los aportes. ”¿Por qué estás acá?” se preguntan directamente algunos. Las respuestas dicen de entregas profundas. Colecciones de revistas, cartas, fotografías, artesanía, libros, material audiovisual que salen del espacio privado para contribuir a la formación de un gran todo colectivo.
“No podemos cambiar nuestro pasado, pero podemos aprender de lo sucedido”, es parte de lo que dice la primera piedra que se puso en el lugar donde se está construyendo el Museo. Aunque a costa de la intermodal, La Quinta Normal parece ser una ubicación favorable para el Museo en construcción. Una suma potente al eje cultural conformado por Matucana 100, la Biblioteca de Santiago y los otros museos de la zona.
Al igual que museos similares en Argentina, Alemania, Francia y Estados Unidos, este se centrará en un período histórico. El nuestro pondrá foco a lo ocurrido entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990. Por esto, aunque la construcción física comenzó hace poco, la simbólica se inició con los primeros anuncios y el consecuente debate. Y es precisamente ese debate, el que nos conecta con la comunicación como derecho humano fundamental porque va de la mano de la libertad de expresión, del derecho a la información y del acceso universal a las tecnologías y al conocimiento. Es precisamente ese debate y las infinitas conversaciones que generará este museo en que la cultura se vuelve acción y este nuevo espacio público un aporte al proceso de construcción de futuro.
Sin embargo, esto se logrará sólo con el rescate de la memoria histórica (no poca cosa en un tiempo plagado de amnesias) sino, sobre todo, generando espacios para el aprendizaje, el encuentro, intercambio y la reflexión. Por eso espero que sea un museo vivo. No me refiero a la vigencia de sus exposiciones, que sin duda tendrá. Enfatizo la necesaria dinámica de relación y participación con la gente que lo visite y por qué no que lo empiece a soñar desde ahora.
¿Cómo nos gustaría que fuera el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile? Casi al término de un gobierno que se define como ciudadano, aún tenemos la gran oportunidad de ver también aquí posibilidades para que todo el que quiera aporte con ideas, aunque sea en un libro que recoja los sueños ciudadanos.
* Edición Nro. 173 de El Periodista

Eso de nunca más , debiera ser así de aqui en adelante , pero si las circuntancias vuelven a repetirse ( desorden , anarquia , saqueos y tomas , no respetar la legalidad , hiperinflación , inmoralidades , guerrillas , ingreso clandestino de armas , etc ) ,espero que las ffaa vuelven a cumplir con su deber patriotico y en toda guerra hay vencedores y vencidos.
Digo lo anterior porque llamo poderosamente los actos de vandalismo y saqueos en Concepción cuando ocurrio el terremoto.Medio Chile en el suelo y los saqueadores andaban sueltos y sin que la autoridad pusiera fín a tales actos.