Escribe María de los Ángeles Fernández R.*
Se acostumbra a decir que errores y fracasos, no solamente no son el fin del mundo, sino que constituyen oportunidades, tanto para el fortalecimiento como para el aprendizaje. Trasladar esta idea a la experiencia colectiva es harina de otro costal. ¿Cómo pueden asimilar algo así las organizaciones, más si éstas son de carácter político? La Concertación, devenida en oposición, ejemplifica dicha dificultad. Ha perdido oportunidades para ello, como fue el famoso cónclave. Por otra parte, las elecciones para renovar las directivas partidarias empujan al ombliguismo. Por si fuera poco, los cuatro expresidentes de la República, con autoridad para promover un proceso de autorreflexión, se reúnen para acordar el registro de la obra de sus respectivos gobiernos pero ¿no debiera ser ésta tarea de politólogos y de historiadores?
El libro de Eugenio Tironi, “Radiografía de una derrota”, abrió una rendija para analizar la derrota electoral. Es cierto que devela más cosas sobre el autor que sobre los factores que la explican, con resultados ambiguos. Centrado en la campaña, es un producto “vértice”, coherente con alguien que pretende servir a varios señores al mismo tiempo: academia, política y empresa.
Entender que la derrota estaba ya larvada, como lo indica en la sección “Larga declinación” o confrontar empíricamente el rol que jugó la postura que habría tenido la ex presidenta Bachelet son condiciones sine qua non para el diseño de una nueva carta de navegación. Igualmente, distinguir los factores de más largo plazo versus los de contexto, así como el estudio de otros menos explorados como el relativo a una forma de gestionar las cosas desde el Estado que comenzaron a acumular desaciertos y que el Contralor, en su momento, graficó como “la cultura del despelote”. Sin ello, la Concertación se ve arrastrada a respuestas placebo, huérfana de un marco estratégico de sentido. O bien incurre en un cierto conservadurismo institucional como cuando reduce la renovación de la política partidaria al recambio generacional.
Siempre habrá urgencias que conspiren contra el debate. Antes, porque se era gobierno; hoy, porque se debe priorizar la reconstrucción. Súmese a ello, la necesidad de responder a un gobierno no convencional, que recurre al llamado “efecto Penélope” que, tal como se teje y desteje, avanza en apariencia sobre temas propios de la Concertación mientras profundiza la privatización y la segmentación.
Desarrollar una visión común que incorpore los cambios estructurales en ámbitos tan urgentes como la educación o la salud, así como construir la política de alianzas para acoger la diversidad social y política que la Concertación no logró contener en sus domicilios partidarios, demanda un cierto tipo de liderazgo, que esté menos preocupado de su cuidado y más de desatar, al interior del conglomerado, su propia Glasnost.
*Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

Buen punto. Comparto que Tironi abrió una rendija, pero que los líderes de la Concertación no quieren discutir y descalifican, así como así. Buen aporte el de los columnistas de El Periodista.