Director Unión de Iglesias
“Sé lo difícil que es ser de la religión de los ‘rotos’, pero sé también que aquello ha cambiado y puede seguir mejorando. También sé que nadie lo hará por nosotros en materias de derechos civiles, nada nos han regalado, pero sé también quiénes son los que están lejos de nuestros postulados de amor al prójimo. Por eso mi voto es Frei.”
Tiempo atrás, comenzó a hablarse de las reivindicaciones no tradicionales en nuestro país. Temas como medio ambiente, derechos de la mujer y de niños, abandono de ancianos, protección animal etc., se instalaban en la conversación pública.
Hace menos tiempo aún, comenzó a hablarse de los derechos religiosos, así como también de los de las minorías étnicas y sexuales, cuestiones que hoy redibujan el paisaje de un país distinto, de una sociedad más abierta.
La lucha por el reconocimiento jurídico de las iglesias evangélicas y otras denominaciones protestantes en Chile, da un gran paso con la promulgación de la Ley 19.638, durante el gobierno del Presidente Frei Ruiz-Tagle. Quienes hemos participado en el proceso sabemos que falta avances en distintos temas, pero no desconocemos lo importante de los pasos dados.
Reconocimiento y participación: dos grandes temas que ordenan hoy conceptualmente las líneas de comportamiento del pueblo evangélico chileno.
Tres comentarios y una opción.
En las elecciones presidenciales 2009, 1ª y 2ª vuelta, poco se informa sobre los avances en reconocimiento y derechos logrados en los gobiernos de la Concertación por las iglesias evangélicas. Aunque simbólico en mucho, se nombra una Capellanía evangélica en la Moneda, se conmemora el Día Nacional de las Iglesias Evangélicas, se da inicio a las capellanías en las FFAA (las de las policías venían de antes), se integra a organizaciones de iglesias a proyectos y programas sociales, etc. Resulta curioso que no se resalte tanto trabajo por el reconocimiento y la integración por parte de los gobiernos de la Concertación, cuestión comprensible en el discurso de Piñera (que no tiene por que aplaudir a su adversario), pero no en el de Frei que es actor de primera línea en estos procesos.
Sobre participación, es necesario reconocer que en mucho los evangélicos llegamos atrasados a proponer cuestiones que interesen al país, más allá de nuestros propios “intereses corporativos”. Esto es en parte porque estamos aprendiendo a participar en la sociedad real, y en parte porque los actores políticos organizados no nos ven más que como oportunidad electoral. Más de un millón de votos algo dicen, pero somos más que votos.
Algunos hermanos amenazaron políticamente a los candidatos a la presidencia por las propuestas sobre homosexualidad que promovieron. Además de que los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta no “pescaron” (Frei dijo que “todos somos hijos de Dios”, Piñera que “sería la voz de ellos”); la impresión que queda es que somos, nosotros los evangélicos, “cazadores de homosexuales”, y que nuestros valores se restringen a criticar la sexualidad ajena. Debemos corregir esas falsas y dañinas impresiones que nos coartan en nuestras oportunidades y desafíos reflexivos para aportar a la convivencia nacional y al verdadero cambio en materias de otros valores como la distribución de la riqueza, los derechos de los trabajadores, la salud, educación, etc. Aportar a los temas país es verdaderamente romper con nuestro anonimato, legitimarnos y ser actores participes de los procesos chilenos.
Sé lo difícil que es ser de la religión de los “rotos”, pero sé que aquello ha cambiado y puede seguir mejorando. También sé que nadie lo hará por nosotros en materias de derechos civiles, nada nos han regalado, pero sé también quiénes son los que están lejos de nuestros postulados de amor al prójimo. Por eso mi voto es Frei.

Hola, también soy cristiano, voté por MEO y ahora lo haré por Frei, tiendo a pensar que la concertación ha sido mucho más cercana y abierta al pueblo evangélico que la derecha, por varias razones, la concertación es una coalición más abierta en términos culturales y más “popular”, no así la derecha, siempre más ligada al dinero, más conservadora y, predominantemente mucho más cercana a un catolicismo de valores casi campesinos (no lo digo despectivamente), nuestra forma de vivir la fé mucho más “aterrizada” y ligada a cuestiones cotidianas, nos hace involucrar a Dios mucho más directamente a cuestiones concretas de nuestra vida, somos un pueblo que ora y agradece el pan de cada día, la salud, el trabajo, que amamos y apoyamos muy de cerca a nuestros hermanos. Cuando la fe se vive de esta manera, valoramos el nuevo consultorio del barrio, la nueva y mejor escuela, el nuevo retén de policía, la nueva pensión básica solidaria, las viviendas sociales, los créditos universitarios, las muchas becas, las carreteras y caminos, los embalses, etc. etc., tantas cosas que se han hecho en estos 20 años, no puedo ver sino una gran sensibilidad a las necesidades del próximo; en este contexto, el reconocimiento del pueblo evangélico, como en ente protagónico de la historia de los últimos años del país, es coherente con la sensibilidad concertacionista, de veras no es, para mí, algo esperable de la derecha. Sin duda hay corrupción, negligencias, ineficiencia y otras cosas torpes y dañinas, pero eso no es privativo de la concertación, sino de todo conglomerado humano, sujeto al pecado y a la debilidad. Sumando y restando, la concertación lo ha hecho muy bien y ha sido sensible hacia nosotros. Aunque Frei no es su mejor representante, lo encuentro mucho más honesto y más pro familia que Piñera, por eso votaré por él.