Retomar el hilo de nuestras vidas

domingo 30 de julio 2017
|
por

Si creemos posible hacerlo, necesitaremos una inmensa fuerza de voluntad. Sería mucho más fácil quedarnos donde estamos, continuar la ruta acostumbrada. Solo que no sé si podremos continuar mirándonos en el espejo.

Por Daniel Ramírez*

Hay periodos en los cuales tenemos la impresión de que el curso de nuestras vidas se nos escapa de las manos. Otras fuerzas, mueven los acontecimientos, actores representan una obra ajena en lo que debería ser el teatro de nuestra existencia. Tomamos una ruta que nos aleja de nuestro destino, tardamos en darnos cuenta, y cuando ello ocurre, ya estamos lejos. Volver al momento en que nos desviamos, al cruce que tomamos por error, es una larga tarea. En general, retomar el hilo de nuestras vidas es un asunto de años. Muchas causas pueden concurrir al extravío: heridas y dolor, falta de atención, fragilidad, engaños, poca lucidez, exceso de estímulos y distracciones, falsas pistas…

Y el mundo se acomoda perfectamente a una existencia alienada, es decir, literalmente fuera de sí, que no se posee a sí misma. Hay modelos, ídolos, fórmulas, casilleros y funciones y relaciones de servidumbre que nos corresponden, etiquetas prontas a ser utilizadas. En realidad, lo más fácil es renunciar a ser sí mismo y adoptar un rol, un “modo de vida” que nos permita adaptarnos y ser aceptados. Todo ello se hace casi sin darse cuenta.

Es un misterio saber por qué y cómo se produce a veces un llamado de la conciencia, una especie de señal de alarma: ¡Me estoy perdiendo, yo no quería ir por allí! ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Es lo que quería para mi vida?

Pero se produce. Y hay que saber estar atento. Muchas vías son posibles entonces: psicoterapia, meditación, análisis, escritura, investigación de sí, ejercicios espirituales, arte; aprendizajes, experimentos, acción, cambios, viajes. No se puede saber lo que necesitamos, pero hay algo que sí se puede saber: seguro que no será una vía conocida, habitual o evidente. Se necesitará coraje y audacia, apertura y voluntad. La sorpresa será un aliado importante: la vida alienada tiene mecanismos de defensa eficaces. Por ello lo inaudito, lo inesperado será precioso. Tenemos que sorprender a la programación habitual, sobrepasarla hacia adelante, dejarla dando la hora, en el desconcierto. Para ello hay que cambiar repentinamente de ritmo y de tono, como hace un compositor de música, proponer tesituras y mezclas inhabituales.

Esto podría haberse continuado como un artículo de magazine de psicología. Y supongo que habría interesado a más de alguien, pero lo que yo quisiera ahora proponer, aunque parezca extraño, es otra cosa:

Es que para un país esto no puede ser totalmente diferente. Las sociedades, las culturas y grupos humanos también pueden perderse, desviarse y alienarse. Podemos colectivamente perder el sentido de lo que creíamos que éramos. Y de pronto -aunque ello toma tiempo, a veces décadas-, descubrir que no somos realmente demócratas, que no somos igualitarios, que no nos importa mucho la honradez, ni tanto los derechos humanos; que la sociedad, la vida en común, la vida de los otros, no nos importa tanto como nuestro propio bienestar. Incluso podemos descubrir con sorpresa que la cultura, el conocimiento, la belleza no nos importa tanto como el dinero, el poder, el confort. Un día nos miramos al espejo -por cierto, ¿cuál puede ser el espejo de un país?- y nos damos cuenta con horror, que se nos olvidó la justicia, la verdad, la solidaridad. ¡Y nos desconocemos!

Los ejemplos abundan de sociedades colectivamente alienadas, aunque sin duda es una hipótesis compleja. Lo que sí me interesaría es saber cómo hacer para retomar el camino, cómo dar marcha atrás o revertir el sentido de tan larga errancia… ¿Es acaso posible? Si lo es; una primera certidumbre (como en la situación personal), nos dice que la clave no se encuentra en lo conocido, en lo habitual, en lo ya probado. Es necesario experimentar, buscar, intentar otra cosa, osar lo inédito, lo inesperado, sorprender. Los mecanismos de defensa de la sociedad se despertarán antes de lo que pensamos, por ello debemos ser más rápidos, más creativos.

¿Creemos ser aún un país democrático? O más bien, ¿queremos volver a serlo? ¿Preferimos un pueblo solidario, una sociedad justa, un país donde cuidamos los unos de los otros, donde nos respetamos y apreciamos? ¿O nos hemos ya acostumbrado demasiado al desprecio, a la indiferencia, al ninguneo, a la competencia feroz por distinguirse y salir adelante con “los suyos”, aunque se hunda el barco de todos?

¿Creemos aún en la dignidad de la persona, en la importancia de la libertad, en la profundidad espiritual de lo humano, en el valor de las culturas?

Si creemos posible retomar el hilo perdido de nuestra vida colectiva, es seguro que para ello necesitaremos una inmensa fuerza de voluntad. Sería mucho más fácil quedarnos donde estamos, continuar la ruta acostumbrada. Solo que no sé si podremos continuar mirándonos en el espejo. Vuelvo a hacer esta pregunta entonces:

¿Cuál puede ser el espejo de un país?

Sin duda no se trata de un espejo común sino de un prodigioso objeto de muchas dimensiones. Algunas de ellas se encuentran en la historia; podemos reconocernos en nuestras figuras queridas, aquellos que dieron sus vidas por nosotros, por la independencia, por un país mejor, por una sociedad justa y libre. O’Higgins, Carrera, Manuel Rodríguez, Aguirre Cerda, Allende  ¿Lo hicieron acaso por el país que hemos permitido que se fuera formando? 

Otras se encuentran en el arte, en la literatura: podemos vernos en la superficie reluciente de nuestros grandes poemas, y esperar que nos lleguen las vibraciones telúricas. ¿Somos dignos de La Araucana, Altazor, Todas íbamos a ser Reinas, el Canto General, las Décimas? ¿O los utilizamos como slogans, viviendo de glorias pasadas? Mirarnos también, pero con atención en la obra de los (as) nuevos (as) novelistas y cineastas, que nos envían un gran conocimiento de nosotros mismos.

Podemos contemplarnos también en la imagen sublime de la naturaleza, en las cumbres inmaculadas o en los ríos, en los glaciares ya fragilizados, en los gráciles animales y aves majestuosas, en los bosques milenarios y en los mares generosos. Con esta pregunta: ¿los merecemos? ¿Hemos sido dignos de esta riqueza, de esta belleza grandiosa, regalo de la Tierra? ¿Hemos sabido preservarla y compartirla?

Así, pensándolo bien, yo no sé si seremos capaces de afrontar esta suerte de terapia nacional. Tal vez no todos. ¿Se habrán acumulado ya demasiados dolores y rabia? Algo me dice, sin embargo, que aquello inédito, aquello capaz de sorprendernos y hacernos retomar el camino existe ya; se asoma como una tímida luz antes del alba. Ciertas voces finas, sutiles, bajo el tumulto y el bullicio, hablan ya de otra cosa, aunque sea difícil oírlas; ciertos movimientos de danza casi imperceptibles esbozan el dibujo de nuestra ruta del porvenir. Vale la pena estar atentos, disponibles. Para ello hay que intentar estar despiertos: abrir ojos y oídos, abrir el corazón y la inteligencia, limpiar la sensibilidad y la intuición para percibir los ecos de nuestro propio mañana. Y podremos tal vez decir: ¡No! Nuestra vía no se ha perdido definitivamente.

Quienes están despertando, crean, inventan, se reúnen en grupos, aprenden técnicas innovadoras de agricultura, de producción de energía, practican formas de organización horizontal, hacen talleres artísticos, fundan relaciones emancipadoras, respetando personas, animales y ecosistemas. Otros se entregan a la política con una fe renovada en la democracia, intentando despojarla de los malos hábitos, la deshonestidad, arreglos de partido y abusos.

Esto no es cuestión de edad; con más de 80 años algunos continúan creando una obra original y fecunda. A menudo se dice que la juventud no es una edad sino una actitud. Ahora es posible comprobarlo, practicarlo. La juventud se inventa con la época, la sociedad se construye entre todos, la vida se toma en las manos. Se necesitará audacia y coraje, dije. Permítanme agregar que se necesitará también mucho amor. Y tal vez entonces y solo entonces, el hilo roto de nuestro destino podrá repararse y se verá algo al horizonte, una dirección, una abertura, una sonrisa, una luz.

*Doctor en Filosofía (La Sorbonne)

Comparte:

Comentarios (8)

Patricia diaz

Gracias por tu reflexión Daniel.
Me hace muscho sentido, tanto en lo personal como en
La dimensión país…
Un abrazo !
Y hasta encontrarnos ,

Pati Diaz

martes 1 de agosto 2017 a las 15:51
1
rocio

Cómo lograr un cambio real, personal para empezar, con la fuerza que ejerce muestra propia dinámica, que nos juega en contra.
Muchos estamos decepcionados de la vida y de nosotros mismos. Vemos un mundo hostil, escuchamos noticias aterradoras. No estamos firmes y claros. El desafío es gigante.
Sin embargo, el mismo hecho de cuestionarnos y buscar nuevos caminos que nos hagan regresar, “retomar el camino” significa que no estamos tan perdidos.
Un modo de estar atento y tener los ojos bien abiertos es buscar soluciones antes ni siquiera pensadas, crear un nuevo guion, o pedir nuevos guiones a quien confiamos con los cuales no nos sentimos cómodos ya que no los hemos experimentado, aprender lo hermoso que puede ser ir sorprendiéndonos incluso a nosotros mismos con nuevos rumbos, creo que es la única forma de salir del circulo vicioso que se crea con el tiempo al alienarse en este mundo que no muestra salida fácil.
Por vago y general que pueda parecer estoy disponible para confiar en”ciertos movimientos de danza casi imperceptibles que esbozan el dibujo de nuestra ruta del porvenir”.

martes 1 de agosto 2017 a las 16:25
2
Magdalena

Querido Daniel.muchas gracias por esta invitación a conversar. Quizás esto es lo que mas hemos olvidado? a conversar? Pensaba también en el humor, ¡Cuanta falta nos hace reírnos un poco mas!
Recordé esos años setenta cuando todavía nuestra sociedad tenía capacidad de asombro, cuando nosotros mismos teníamos esa capacidad. Recuerdo también como nos bombardeaban para perderla, el objetivo era ese que perdieramos la capacidad de soñar, que nos atrincheráramos en nuestra defensa. Cuanto hemos perdido y con esta pérdida nos hemos reconcentrado en nosotros mismos, en nuestra desesperación por tener? Esos aires sutiles también los veo, los siento, me llegan con mensajes especiales. Frases especiales de personas que optan por salir de la carretera y caminar a su costado, dejar el asfalto para conocer otras rutas. Gracias de nuevo querido Daniel.

martes 1 de agosto 2017 a las 16:48
3
Alejandro Lazo

..estos son los trabajos humanos que resultan urgentes..a veces siento que nunca me he apartado de ellos, sin embargo también la vida nos arrastra, muchas veces por necesidad y resguardo, hacia cierta pérdida de parte del rumbo..pero tozudamente regresamos a la huella..y sí, escribiendo, componiendo en ratos robados al día a día de la subsistencia..pero se nos viene un período mayor de síntesis y de entrega, que traerá su abrazo profundo y con él los reencuentros para la creación colectiva que hemos conocido..por cierto mi querido Daniel..he he estado escuchando las flautas puestas por tu corazón al lado de mis cantos..y vendrá su publicación muy pronto…pero sobretodo vendrán propuestas nuevas… el abrazo de siempre!

jueves 3 de agosto 2017 a las 14:17
4
Enrique

Querido Daniel,tu gran pensamiento me conmueve,lo mismo lo que agrega Magdalena,no obstante te comento que desde que volví de Alemania el 2006 a Chile ,me he encontrado con un país de gelatina,la falta de asombro es lo que mas duele,el respeto y una palabra extraña honestidad,no puedo precisar que ocurrió durante mis casi 20 años fuera de Chile y tus palabras son un bálsamo en mi existir y me a estimulado a escribirte ,eso con humildad traviesa ,todo es tan fuerte que aún no escucho el detonar del fin de este cansador episodio en nuestro país,veo el horizonte flotando en salvavidas a punto de desaparecer ,como tus pensamientos que por instantes me calman.Gracias Daniel, un abrazo.Enrique

jueves 3 de agosto 2017 a las 19:15
5
Milena Melig

Gracias por esta reflexión luminosa. Esta es una columna que espero con impaciencia, cada mes…
Es este texto el filósofo hace un lazo inesperado entre la pérdida personal, el desvío de la ruta de nuestras vidas individuales, que nos pasa tanto, y el destino del país. Me encanta la idea de cual es el espejo en que puede un país mirarse as sí mismo. Dicho así, en la pluma de Daniel Ramírez, en vez de una crítica feroz, como hacen muchos columnistas o una carga contra los unos o los otros, esto parece una verdadera introspección, sugerida con ternura y afección. Y eso es lo que llena de esperanza. Daniel, aunque su crítica es en general bastante radical, creo que es uno de los pocos filósofos optimistas que conozco.

viernes 11 de agosto 2017 a las 12:57
6

Estimado Daniel. Una vez más propones para crecer. Precisamente esta reflexión se está generando en varias personas y grupos y como dices, hay un camino en trazado.
Tenemos referencias enormes no hay que reinventar la rueda. La sorpresa, el asombro estará en lo innovador de la propuesta de acción. Los ingredientes tambipen están. A cambiar la receta.
Un abrazo.

martes 15 de agosto 2017 a las 00:26
7
Carlos Krom

Tremendo texto. Muchas gracias. Como otras veces, nos haces comprender para qué sirve la filosofía: cuestionarnos en las cosas esenciales, en lo que da sentido a nustras vidas, personales y colectivas.
Genial este artículo!
Y muchas gracias a El Periodista por permitir que sea un poco más que una columna breve como hacen los medias en general. Significa tener confianza en los lectores: no todos estamos buscando pensamientos prefabricados faciles.

jueves 17 de agosto 2017 a las 09:44
8

Leave a comment

Anuncio