¿Puede sobrevivir el socialismo?

martes 13 de junio 2017
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La indecisión respecto a diferenciarse claramente del llamado socialismo “real”, como las dudas sobre asumir claramente el hecho de ser social-demócratas, fueron empantanando a los partidos socialistas en una confusión ideológica que no les permitió hacer frente a la grande, la decisiva alternativa, que sin embargo debió haberse visto claramente desde los años 80: el neoliberalismo.

Por Daniel Ramírez, *Doctor en Filosofía (La Sorbonne)

Desde hace ya tres décadas, los partidos socialistas vienen retrocediendo en influencia, en claridad y en liderazgo en diversos países de Europa. Coaliciones de derecha tradicional populista o neoliberal ganan terreno, al tiempo en que nuevas formaciones de izquierda que no utilizan la apelación de “socialistas” se abren terreno. Es el caso de Francia, particularmente en las últimas elecciones, donde el partido socialista que otras veces ganó con importantes mayorías obtuvo un modestísimo 6,3%. La izquierda de la France Insumise de Jean-Luc Mélenchon obtuvo el 19,6%.

Sin duda es parte de un largo proceso de descomposición en el cual la imagen del Partido Socialista francés se ha ido desdibujando en la consciencia de los electores. Como otros en Europa, desde hace muchos años, se trata de un partido social demócrata. Pero por no haber realizado una revisión clara de sus fundamentos ideológicos a raíz de la caída del terriblemente mal llamado “socialismo real”, ha evolucionado entre lo no dicho, lo supuesto y el eufemismo. El giro de la década de los 90 con la caída del muro y como conclusión del proceso de aceleración de la economía mundial de libre mercado neoliberal de los 80, dejó en un cierto desamparo ideológico a los partidos socialistas. Algunos, como en Francia, ni siquiera quisieron pasar a llamarse social-demócratas.

Pero ¿qué es el socialismo? Si remontamos a la larga tradición, a partir de Saint-Simon o Emile Durkheim, se trata de un sistema en que las relaciones sociales resultantes de la división del trabajo se organizan por el bien de todos. Un sistema de colaboración en el cual los ciudadanos obran en conjunto para la realización del bienestar de la sociedad. Por ello se puede decir que es casi un sinónimo de la democracia. La versión inspirada en una caricatura del marxismo que implica que un partido único impone a todos un régimen pisoteando las libertades individuales, no tiene nada que ver con el socialismo, es simplemente una tiranía. Por ello la caída del “socialismo real” no debería haber menoscabado en nada las ideas socialistas. 

Pero no fue así. La indecisión respecto a diferenciarse claramente del socialismo “real” soviético (aunque fue peor en el caso de los partidos comunistas) como las dudas sobre asumir claramente el hecho de ser social-demócratas (lo que no tiene nada de un retroceso, la naturaleza del socialismo es la democracia social) fueron empantanando los partidos socialistas en una confusión ideológica que no les permitió hacer frente a la grande, la decisiva alternativa, que sin embargo debió haberse visto claramente desde los años 80: el neoliberalismo.

Sin un pensamiento político y económico consistente, los socialistas comenzaron a convertirse poco a poco al liberalismo económico, al mercado globalizado, a la ideología del crecimiento. Muy tardíamente se forjó el término “social-liberal” para llamar a esta evolución no confesada de los dirigentes socialistas. Las sociedades se orientaban en una evolución aparentemente ineluctable hacia una disminución gradual y constante de la dosis de social-democracia que, aunque insuficiente, era real e importante en las sociedades europeas como la francesa.

El término “reforma”, por ejemplo, en boca de una derecha liberal sin complejos que ha gobernado en alternancia, vino a significar desreglamentación, es decir liberalización, y ello aplicado a vastos sectores de la vida social, acompañados de la privatización consecuente. La palabra “progreso” pasó a significar facilidades para el mercado y el enriquecimiento de las empresas. Cuando los socialistas a su turno han gobernado no han sido capaces de oponerse a esta impostura semántica, continuando las “reformas” neoliberales, como la destrucción de los derechos del trabajo en el gobierno del presidente Hollande, acompañándolas de medidas vagamente sociales, ciertos temas de importancia simbólica y cultural, como en favor de las minorías sexuales y una decorativa inclusión de ciertos tópicos ecologistas.

Al mismo tiempo una tendencia inveterada a reproducirse al interior de una casta política y económica privilegiada comenzó a quedar cada vez más en evidencia.

Otros embates vinieron por parte de una derecha nacionalista, recalcitrante y xenófoba, representada por el Frente Nacional, que sin que la izquierda pudiera comprender cómo, empezó a ganar el apoyo de las clases populares. La asociación fácil, aunque poco rigurosa de esta tendencia con el fascismo tradicional permitió a los socialistas continuar ganando ciertas elecciones en Francia, paralizando a la derecha (obligada a tomar distancias con esta tendencia), así como consolar a su electorado con la ilusión de una supuesta lucha anti-fascista. Todo eso se ha terminado. Ya no funciona, ya nadie cree; votar por la misma casta para que continúe la desreglamentación neoliberal y la precarización del trabajo ya no tiene sentido.

Por ello el tsunami liberal centrista del movimiento “En Marcha” del nuevo presidente Macron pudo apoderarse tanto del deseo de modernización de la sociedad (que era otro privilegio del socialismo), de renovación generacional como del rol de protección contra la ultraderecha.

¿Puede el socialismo sobrevivir a este proceso de desintegración tanto ideológico como organizacional? Yo diría que el socialismo sí; el Partido Socialista no.

El socialismo como alternativa, como proyecto de participación de todos en los destinos de la sociedad, en la medida en que se crea que sí es posible revertir el sentido de la historia asumiendo plenamente la realidad de la política. Esta última se ha visto demasiado desvirtuada y puesta al servicio del mercado y los intereses de multinacionales que imponen sus propias reglas.

Sólo una clara propuesta de cambio de sociedad, con una clarísima opción democrática –una democracia profundizada, participativa, liberada de la reproducción de castas–, una apertura real a las nuevas formas de pensar, de vivir y de producir ecologistas, feministas, antirracistas, que no las utilice para disimular la renuncia a la justicia social, puede asegurar una nueva vida del socialismo. La exigencia de justicia debe poder formularse claramente como una social-democracia avanzada y solidaria, que proteja a los ciudadanos y sus bienes comunes, que resocialice aquellos que han sido privatizados y que proteja tanto la vida política como la cultura y la esfera privada de las arremetidas salvajes del mercado neoliberal, que ponga la economía al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la economía (o las grandes fortunas).  

¿Quién podrá encarnar el socialismo? Sin duda formaciones nuevas. Ellas emergen aquí y allá, crecen e incluso se consolidan. Curiosamente ninguna utiliza la apelación “socialista”: Occupy, Indignados, Syriza, Podemos, Die Linke, Nuit débout, France Insumise. En todas ellas, el mismo deseo de renovación de la vida política, de superación de la sociedad de mercado, de liberación del ser humano del trabajo alienado y del consumismo, de participación, de horizontalidad, de verdadera ecología, de invención, de igualdad de géneros, de libertad, de inclusión y de fraternidad.

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Comentario

Milena Melig

Muchas gracias por este artículo clarísimo sobre algo que a tantos nos parece un misterio: ¿qué pasa con la izquierda? ¿por qué el socialismo parece que ya no convence a nadie? En realidad, puesto así en perspectiva, se entiende, si ya los socialistas mismos no están para nada convencidos de que se pueda cambiar el modelo neoliberal, es normal alejarse de ellos para que el ideal socialista pueda seguir existiendo. Recomiendo el articulo precedente del autor: “Pensar una nueva sociedad no es imposible”. Con su lectura se ve claramente lo que serían proposiciones verdaderamente de izquierda. Por cierto esperamos con grande interés el libro anunciado sobre ese tema.

sábado 17 de junio 2017 a las 11:15
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