Mujeres periodistas por la Paz

lunes 15 de mayo 2017
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El horror de la guerra es para algunos tan cotidiano que conocen su olor. Para otros, un tema distante que incluso les dificulta ver los conflictos que tienen en sus países. Entre ambos polos, muchísimo en común. Mujeres y niñas son las principales víctimas de las guerras y situaciones de violencia, pero no están presentes en las negociaciones ni en la construcción de los acuerdos de Paz. Lejos de tener espacios para actuar como protagonistas políticas, para la tradición patriarcal y la cultura de guerra, las mujeres son meros cuerpos conquistables.

Por Victoria Uranga, periodista

El 2 y 3 de mayo se realizó en Colombia el Seminario Internacional “Mujeres y Medios en procesos de Paz”. Organizado por la Red Colombiana de Periodistas con visión de género que celebran diez años de existencia. La invitación: usar el periodismo como herramienta de paz y no para reproducir desigualdades entre hombres y mujeres. La tarea es ardua y los cambios demasiado lentos. Lo deja en evidencia el Proyecto de Monitoreo Global de Medios (2015): las mujeres son objeto de noticia solamente en 24 por ciento de los casos, lo mismo que en el 2010.

Diversas voces estuvieron presentes: ONU Mujeres, Gobierno Colombiano, Diario El Espectador, Universidad Central de Colombia, medios comunitarios, periodistas internacionales, entre otros. Es que luego de más de 50 años de conflicto armado y un acuerdo de paz con las FARC, recientemente firmado en La Habana, todos saben que son parte de un complejo reto colectivo.

“Tenemos un acuerdo de Paz con enfoque de género, pero no es abordado por los medios. Normalmente las mujeres combatientes no tienen voz, si son mujeres del campo son aún más invisibles y otros se arrogan el derecho a hablar por ellas. Las mujeres cultivadoras de hojas de coca serán claves en los acuerdos de Paz, pero para llegar a ellas, las y los periodistas tendremos que aprender a escucharlas” afirma Fabiola Calvo Ocampo, periodista y directora de la Red de Género con Visión de Género en Colombia. “Queremos ser pactantes y no pactadas” dice por ahí una pancarta dejando en evidencia el desafío.

Los orígenes de una guerra pueden ser múltiples: ambición de poder, profundas desigualdades sociales, disputas territoriales, ausencia de mecanismos institucionales para canalizar las reivindicaciones populares, cegueras religiosas, entre tantas otras. Sin embargo, sabemos que la Paz se construye siempre desde un acuerdo entre todas y todos los que están involucrados. Por eso, no habrá Paz sostenible, sin las mujeres.

Para el I Ching, lo opuesto a la paz es el estancamiento. Simbólicamente, esto indica que la paz no es un absoluto, sino una búsqueda permanente en que el conflicto es parte del camino hacia la necesaria justicia. Para Rosalinda Hernández Alarcón periodista y fundadora de La Cuerda, publicación feminista que surgió luego de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala, “La Paz no es ausencia de guerra, sino vivir con dignidad”. Y dignidad es lo que no tuvieron las 41 niñas y adolescentes que murieron quemadas en un albergue estatal supuestamente protegidas de la situación de riesgo en que se encontraban. Los tres inculpados por lo ocurrido el pasado 8 de marzo, hoy gozan de prisión domiciliaria.

“Los hombres hacen noticia por lo que hacen y las mujeres por lo que les hacen” la frase es especialmente dolorosa a 22 años de la aprobación del Capítulo J de la Plataforma de Acción de Beijing. Con escasos avances, el compromiso de las naciones era aumentar el acceso de las mujeres a los medios, y fomentar una imagen no estereotipada de ellas en los programas informativos.

Dicen que el Congo es uno de los peores países para nacer como mujer. Ahí, en el 2003, un grupo de mujeres periodistas radiales rompieron con la tradición de limpiar y hacer café a sus pares. Ante el horror de cómo la guerra afectaba a las mujeres, era inaceptable sólo hablar de cómo mantener la casa o qué cocinar. Después de una semana, el director de la radio les preguntó con desesperación: ¿qué quieren? La respuesta fue tres minutos para hablar de temas de mujeres: “Gracias al café conseguimos hablar de violencia sexual en la radio y del uso del cuerpo de la mujer como arma de guerra” cuenta Gaddy Adzuba periodista de la Asociación de Mujeres del Congo, quien en 2014 fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias. Hoy la Radio Okapi, tiene 70% de mujeres y la llaman la frecuencia de la Paz. Algo similar ocurrió con la huelga de sexo que hicieron las mujeres de todo el Congo para oponerse al matrimonio precoz. Dos meses después, el Congreso, repleto de hombres, sacó una ley que lo prohibió.

En México, cada 40 minutos hay una denuncia por violación y el asesinato de la periodista Miroslava Breach Velduceo, es uno de los tres ocurridos en el mes de marzo. Lucía Lagunes Huerta, periodista y directora de agencia de noticias CIMAC es enfática: “Sin estas periodistas la sociedad está menos informada y más vulnerable de vivir en la mentira creada desde las esferas del poder y divulgada por medios que privilegian acuerdos publicitarios, antes que su obligación de informar”.

Para la periodista argentina Liliana Hendel, autora del notable libro “Violencias de género: las mentiras del patriarcado”, el peor engaño es la ilusión de la igualdad que oculta la descalificación permanente que vivimos las mujeres y que nos impide ejercer ciudadanía con derechos plenos. El terrorismo de estado y el espanto de las dictaduras, que tan bien conocemos en Chile, está plagado de ejemplos desde el pasado, pero también en el presente. Afortunadamente, hace unos días, el senado argentino revirtió el fallo en que se aplicaría el beneficio de 2×1 a condenados por delitos de lesa humanidad, genocidio o crímenes de guerra.

Durante los años de la Guerra Civil (1980-1992), las mujeres salvadoreñas fueron utilizadas como armas contra el enemigo y hoy El salvador es uno de los países con más feminicidios en el mundo. María Cidón Kiernan, periodista de la Revista Factum y Premio de Periodismo de Investigación en las Américas tiene un diagnóstico claro: “Las maras, el crimen organizado, la corrupción y la falta de justicia hacen que sea todo muy violento hacia las mujeres en El Salvador, pero también contra los jóvenes que están muy estigmatizados. El periodismo es una forma de visibilizar lo que otros quieren ocultar”.

Aunque con historias únicas, todos los países tenemos mucho en común en relación a los pendientes para el pleno ejercicio de derechos de mujeres y niñas. Desde la fuerza que da la mirada convergente que nos articula y nos hace aprender junto a otras y otros, volvemos al comienzo: hacer buen periodismo contribuye a la Paz. Periodismo que visibilice a las mujeres y sus aportes, que fiscalice a los poderosos, que desnaturalice las violencias, que use lenguaje consciente e incluyente, que no use imágenes que degraden, que contextualice y tenga mirada histórica, que genere diálogos, que visibilice acciones locales de transformación, que trabaje con enfoque de derechos humanos, que fomente el intercambio en redes y que comience por el cuidado de sus periodistas.

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