Risotadas cómplices

miércoles 14 de diciembre 2016
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mmcA propósito de Fantuzzi y su muñeca inflable y las sonrisas sonrientes de quienes aparecen con él en la foto, me acordé de Virginia Woolf, me acordé de sus palabras: “no hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

Por Montserrat Martorell*

El presidente de Asexma dice que no hay que llevarlo al extremo y a mí me parece que sí, que es nuestra obligación. ¿Qué clase de regalo es entregarle a un ministro de Estado una mujer desnuda para estimular la economía? ¿En qué estaban pensando? ¿Y un@ tiene que quedarse callado? ¿Por qué? Porque no quiero ser grave, porque no me quiero enrollar, porque estoy muy cansado para sostener con argumentos que esas carcajadas que se anuncian y aparecen detrás de cientos de ojos, esconden una ideología que sigue golpeando a la mujer. Que construye y deconstruye nuestra realidad. Que quiebra cualquier simbolismo. Un ataque feroz. El mismo que sufrió Nabila Rifo hace algunos meses, cuando su pareja la dejó moribunda, con fracturas de cráneo y sin dientes y sin ojos. Tenía veintiocho años. Como yo. Como tú.

¿Y la muñeca inflable? ¿Qué tiene que ver? ¿En qué medida nos impacta? Vivir libres de violencia significa construir un país, un mundo, donde las mujeres no estamos expuestas permanentemente a ser objetos, a ser estatuas sin piel/sin voz, a ser “entes inflables” que “se estimulan” como también se estimulan tantas otras cosas.

En Chile, una de cada tres mujeres sufre violencia por parte de su pareja y entre ellas, la mitad justifica a su victimario o no se rebela. Y tiene que ver con Fantuzzi y tiene que ver con hombres que se ríen y tiene que ver contigo y tiene que ver conmigo. Hombre y mujer.

Necesitamos más conciencia, más reflexión, más pensamiento crítico. Quizás, solo así, no tengamos que volver a escuchar justificaciones como: “son cosas que se le ocurren a uno sin pensarlo mucho. La mayoría se murió de la risa, esa es la verdad” y nosotr@s no nos veamos obligados a bajar la cabeza, tocarnos despacito los hombros y responder con la mirada todavía en el suelo: y sí, señor Fantuzzi, y sí.

*Periodista y escritora. Autora de la novela La última ceniza (Oxímoron 2016)

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