Escasez de ideas nuevas

miércoles 9 de marzo 2016
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Daniel Ramirez, philosopheQuienes se convirtieron tardíamente a la ideología liberal no encuentran recursos filosóficos y de teoría política para proponer otro modelo de sociedad. La verdad es que tal vez ya no aspiran a cambiar la sociedad sino a gestionarla, a administrarla, con un poco más de humanidad. Pero ello tampoco basta.

Por Daniel Ramírez, Doctor en Filosofía (La Sorbonne)

El fin de la guerra fría no cumplió en absoluto con sus promesas de paz y prosperidad, fue aprovechado para imponer la sola visión neoliberal del mundo y las sociedades. Lo más notable es que esa manera de pensar ya no es solo propia de la derecha sino también de las izquierdas social-demócratas del mundo.

Se trata de una conversión silenciosa (casi en el sentido religioso) a la idea que no hay alternativa válida al modelo dominante; idea sintetizada por la tristemente célebre Margaret Thatcher: “there is no alternative”. Como ello no se ha reconocido públicamente y muchos partidos siguen llamándose “socialistas”, deben hacer proezas de retórica para mostrar que no son lo mismo que la derecha, pero algunas políticas sociales y ciertas reformas no bastan para devolver la esperanza y suscitar entusiasmo.

Por ello se recurre a los símbolos, a la carga emocional de acontecimientos del pasado, la muerte del presidente Allende, los crímenes de la dictadura, la represión, el abuso y el robo. Todo ello es real y nada más absurdo que la idea según la cual “hay que dar vuelta la página”. Solo que me parece que esta lucha en gran parte se ha ganado. Son minoritarios quienes añoran al dictador o quienes se atreven aún a proclamarlo; aún más minoritarios quienes niegan los asesinatos y la tortura. Todo el mundo se declara demócrata y está por un Estado de derecho. El resto es el trabajo de jueces, historiadores y artistas.

No basta tampoco con acusar a sus adversarios de estar por los privilegios de las clases dominantes si no se hace (casi) nada para terminar con ellos. En general, no basta con acusar al otro de todos los males del mundo para suscitar adhesión. “Evítenlos porque son muy malos” no constituye tampoco un programa político. Por cierto, la corrupción, la colusión, los conflictos de interés y el nepotismo endémico afectan al conjunto de la clase política (se podría hablar de casta). Poco creíbles resultan declaraciones de ética cívica y acusaciones desde una dudosa pureza moral: más bien contribuyen al desencanto y a la indiferencia política.

Es un hecho que la inspiración de base de las izquierdas tradicionales fue durante casi todo el siglo XX, el marxismo; pero la evolución dictatorial, el fracaso político y económico y el derrumbe final del área soviética pusieron entre paréntesis estas ideas, cuando no las enviaron –con o sin razón– al museo. Si bien algunos nostálgicos continúan siendo marxistas, la oposición clásica socialismo/capitalismo, si por “socialismo” se entiende la propiedad estatal de los medios de producción y economía administrada, no tiene ninguna base seria actualmente. Nadie cree en eso.

El problema es que quienes se convirtieron tardíamente a la ideología liberal, no encuentran recursos filosóficos y de teoría política para proponer otro modelo de sociedad. La verdad es que tal vez ya no aspiran a cambiar la sociedad sino a gestionarla, a administrarla, con un poco más de humanidad. Pero ello tampoco basta.

Las críticas –marxistas o no– al sistema capitalista mundial, que por cierto parece haberse vuelto loco en las últimas décadas, no han perdido en absoluto su validez. Se ha sumado una serie de otras evidencias que muestran que este sistema es catastrófico: crisis ecológica, hambrunas, desigualdades monstruosas, migraciones, terrorismo e incluso guerras. La destrucción es tal que el mundo deviene in-mundo.

Ahora bien, si se constata y se denuncia que el sistema neoliberal paroxístico es inviable ecológicamente y desastroso humanamente, resulta totalmente incoherente, cuando se accede al poder, intentar administrar la sociedad desde ese mismo sistema. Es una forma de esquizofrenia ideológica. Y esa es la maldición de las izquierdas en el mundo actual.

Yo sé. Se dirá que nadie sabe qué se puede proponer en lugar del sistema actual.

Por cierto ¿A quién le corresponde dar nacimiento a ideas nuevas?

Si somos realmente demócratas, estas ideas tendrían que venir de las bases, del pueblo. Y todos somos el pueblo. Solo que algunos tienen una responsabilidad un poco mayor, los que trabajan con las ideas. Los filósofos, en primera línea. A nosotros nos corresponde crear las nuevas ideas, inspirar, suscitar, incluso provocar la reflexión; cuestionar, evaluar, concebir y nombrar las cosas de la vida que cuentan, los valores, los fines, las metas; proponer, diseñar, idear nuevos modelos, nuevas teorías del hombre, la sociedad, la cultura y el mundo. Es también el trabajo de los artistas, de los intelectuales, científicos sociales, escritores, periodistas, juristas; el trabajo de todos.

¿Hemos cumplido con esta misión? No lo creo. El diagnóstico crítico sí que se ha enriquecido de las ciencias humanas, las acusaciones y protestas se enriquecen día a día, pero no la producción de nuevas ideas, de nuevas utopías, no la proposición de otra cosa. Pasividad, miedo, conformismo, o peor, interés, hacen que no surjan nuevas inspiraciones. “Nada nuevo bajo el sol”, dijo el sabio bíblico; ello se ha infiltrado profundamente en las conciencias y eso es lo peor.

Habría que tomar la decisión. Es hora de realizar otra “conversión”, volverse hacia nosotros mismos, como personas, como izquierda, como país. No aceptar más que el desencanto se perpetúe de elección en elección, época tras época. Los símbolos no bastan, las referencias a héroes, al pasado o a vagos valores humanistas, no bastan.

Lo que necesitamos es una idea de futuro, de otro futuro, otro país, otra sociedad. ¡Y no es imposible! Pensar otra organización política, que no permita por ejemplo que el grupo que gobierna haga lo que quiera (o no haga nada), una sociedad que no permita que solo algunos pocos tengan una vida digna, salud, educación, cultura, y que por cierto no les baste, sino que se apropien de todo, acumulen fortunas incalculables y vivan en un lujo delirante. Nadie necesita esto.

Necesitamos una sociedad humana libre, ecológica, razonable, digna, equitativa. Necesitamos belleza, amistad, saber y creación. Necesitamos un mundo común; poder gozar de nuestro territorio, sus maravillas y su dulzura, que debemos proteger y compartir en una nueva convivialidad. Necesitamos ciudades y construcciones a escala humana, territorios habitables, lugares de trabajo y de encuentro, momentos de humanidad, de cultura, comercios a escala humana, no usinas gigantescas de lucro ni templos hipnóticos del consumo. Necesitamos producción sustentable y de calidad al servicio de la gente y no de la finanza. Necesitamos educación, trabajo digno, paz social, responsabilidad cívica, reconocimiento y respeto de las personas y las culturas.

La inspiración no falta, sabemos lo que deseamos. Lo que falta es la teoría, la idea, el modelo de esta nueva sociedad, una nueva utopía y sus palabras. Imaginar, pensar, diseñar un futuro, crear lenguaje y convencer. Si lo lográramos, el pesimismo y la idea de que nada se puede cambiar, desaparecerían como el smog barrido por el viento. Quedarían las resistencias, claro, las fuerzas que objetivamente no quieren que nada cambie. Las conocemos.

¿Cómo permitir el surgimiento de esas nuevas ideas?

Aunque esto no puede ser desarrollado en breves líneas, tal vez la clave sea una nueva “conversión”, particularmente de nuestra relación al tiempo y a la realidad.

No se trata de callar las críticas ni olvidar el pasado, pero sobre todo de intentar ver en el estado actual de las cosas, en cada situación, no solo lo desastroso y negativo, sino la potencialidad de futuro que ellas encierran. Esa es la conversión. Desplazar la energía de nuestra atención desde peso del pasado y la carga crítica del presente, que por cierto no desaparecen, a la Imaginación Creadora del futuro. Debemos situarnos en el mundo como el artista delante de la materia muda –su trabajo y su creatividad consiste en hacerla hablar, encontrar el canto que encierra en su opacidad.

Imaginar la sociedad que deseamos no es un ejercicio vano de prospectiva o de ciencia ficción; como se refuerza el cuerpo en un entrenamiento deportivo, se trata de ejercitar nuestra voluntad de un mundo mejor, nuestro deseo de futuro, que debe avanzar hacia la precisión, como un borrador que se dibuja cada vez más claramente; debe avanzar hacia la verosimilitud, hacia la credibilidad, hacia la realidad. Se trata de ver en el presente lo que puede engendrar. La semilla que encierra potencialmente el árbol permanece invisible porque una capa de tierra la recubre. De la misma manera el pasado, que no son solo los eventos de la historia ni la indispensable memoria sino también las ideologías rígidas y los modelos mentales, recubre de una espesa capa la potencialidad del porvenir.

La diferencia entre la siembra y la creación de una nueva realidad humana es que la semilla no puede dar más que lo que está en su genética. En lo humano, debemos estar dispuestos a lo inesperado. El mayor obstáculo a la aparición de ideas nuevas es que esperamos resultados en lo ya conocido, en lo que se ha visto. Esperar lo inesperado es estar dispuestos a salir de la zona de confort mental, abiertos al acontecimiento, fuera del esquema, fuera de la terminología conocida, fuera de la repetición. Por ello, es lo propio de la juventud.

Pero la juventud, como se dice frecuentemente, no es una edad, sino una actitud. Generalmente esa frase no significa nada. Tal vez se vea más claro ahora: la juventud como actitud es la disponibilidad, la apertura, y el coraje que se necesita, el amor por la vida que se necesita, para ver en la realidad actual el mundo del mañana; la libertad que se necesita para desearlo, para fecundar nuestros actos, nuestros pensamientos y nuestras palabras, con el goce de lo nuevo, la bendición de tener un futuro.

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Comentarios (6)

Francisco Machado

Yo me pregunto si se trata realmente de una” carencia” de ideas o teorías sociales, o mas bien de poder y política. Pienso que el tema pasa más por como convencer a las minorías acomodadas, a sus líderes, respecto de la necesidad de cambiar.Creo que ese es el punto, lo que lamentablemente se traduce en lucha de poder y eventualmente en violencia.Las ideas existen, tal vez no las teorías debidamente formadas o estructuradas, pero sí la inspiración básica.Al menos sabemos aquello que “no queremos”, lo que ya es un buen comienzo.Existen (y han existido) varios pensadores, intelectuales, artistas y profesionales que más o menos tienen o han tenido más o menos clara la cosa.El problema es y ha sido que no basta con “tener clara la cosa” en un mundo donde no mandan las ideas sino el dinero, el poder económico, por lo tanto la cuestión es que hacer para que manden las ideas, el conocimiento sobre el ser humano recavado a lo largo del tiempo, los valores y principios, el amor y la solidaridad…etc. ¿Cómo? ¿Qué hacer? ¿Eliminar a todo el puñado de ambiciosos ignorantes que defienden este sistema?Vieja compañera. “La revolución” Muchas veces me he preguntado si es ese el mejor camino.No es un tema de falta de sabidurïa o ideas, al menos no de aquellos que no participamos del poder, sino de voluntad, determinismo y estrategias. No olvidemos que ya Aristóteles decía (tal vez como vaticinio de un desastre), “que el dinero es un medio sino un fin” ¿Alguien le hizo caso?……

sábado 12 de marzo 2016 a las 02:54
1
Gabriel

Estimado Daniel, gracias por producir este pequeño espacio de reflexión, solo me trae a la memoria un tema a propósito del concepto de “lo nuevo”, solo lo dejo como otra pregunta mas

sábado 12 de marzo 2016 a las 13:26
2
Lyn Bellet

Daniel, gracias tambièn. No solo por el espacio de reflexiòn. Por insistir en la esperanza.
Me acordè de una reflexiòn de A. Einstein:”Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”. Nuevo fue el pensamiento de Einstein y nos dio vuelta y media. Para entender esa reflexiòn no hay que ser genio. Hay que ser joven. La apertura, el coraje, la libertad no parecen ser siempre un goce, por eso es comùn que se pase ràpido o ni se conozca como actitud. Todo està orientado a que sea muy incòmodo ser joven.

domingo 13 de marzo 2016 a las 05:33
3
GABRIEL

Estimado Daniel, hace mucho tiempo que no leía un discurso político tan bueno.

martes 15 de marzo 2016 a las 17:35
4
Lola de la Luz Perez Valderrama.

Querido Daniel, me gusta este texto, porque me coloca en pauta la necesidad de lo joven, no solo como um discurso de continuar siendo objeto de utilidad (tal como el cuerpo humano en nuestra sociedad de consumo se intenta mantener joven de todas las maneras -o al menos parecerlo- para ser deseable y comprable como utilidad sexual o mano de obra de cualquier otro tipo y uso). La necesidad de lucidez frente a un estado de sociedad única neoliberal, de un modelo que produce destrucciones inconmensurables en todos los aspectos de la vida en el planeta, en que finalmente fuerzas se polarizan y se presentan nuevamente empujándonos a la violencia como solución de masas debido al estado insustentable de las cosas en estas sociedades en todas partes del mundo, se nos presenta en tu texto como la subterránea raíz que de alguna forma nutre al ser humano para hacerle producir lo nuevo (dando el ejemplo del artista en su arte) . La necesidad de lo nuevo se presenta así como la presencia súbita de lo inesperado, de lo que no imaginamos que surgiría, de lo que es nuevo realmente de una vez por todas, y que viene a darnos nuevas posibilidades allí adonde ya no parece haberlas… El derecho a la esperanza se legitimiza con perspectivas reales aunque no las hayamos visto aun… Y todavía terminas haciendo una llamado a un estado de alerta que nos permitiría VER lo nuevo surgiendo. Es decir, si nos permitimos salir de nuestra zona de comodidad (comodismo). Un llamado que cada cual puede reconocer como suyo, si lo desea, sin agresiones, pero con la intensidad de las palabras y conceptos que permitirán que cada cual lo oiga, tanto los de derecha como los de izquierda. Cualquier genética puede producir lo nuevo, es la palabra de la esperanza. Bello verlo puesto así, me hace respirar mejor y me revive. No te calles nunca!!

miércoles 16 de marzo 2016 a las 18:30
5
GABRIEL

En lo personal me parece interesante, que puedas desarrollar tu propuesta de, cito: “una nueva “conversión”, particularmente de nuestra relación al tiempo y a la realidad”, me interesa saber que piensas sobre esa relación y que posibilidades encierran en ella, como para generar un nuevo modelo de sociedad.

martes 29 de marzo 2016 a las 14:36
6

Los Comentarios se han cerrado.

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