2001-2015: El inicio del tercer milenio

martes 22 de diciembre 2015
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Daniel Ramirez, philosopheUn análisis histórico y filosófico sobre el comienzo del siglo XXI y los años en que la revista El Periodista ha desarrolla su labor.

Por Daniel Ramírez, Doctor en Filosofía (La Sorbonne)

En 1915, el siglo XX era un adolescente conflictivo, tenía ya a su haber revoluciones, la desintegración de imperios, el comienzo de la primera guerra mundial y del genocidio de los armenios, el primero de una larga y trágica lista. También había producido la relatividad especial, la mecánica cuántica, el psicoanálisis, el cubismo, la pintura abstracta y la música atonal. Revoluciones estéticas e intelectuales apasionantes y tumultos horripilantes del mundo. ¿Pudo ese joven siglo haberse vuelto una madura época de paz, progreso, justicia, fin de la pobreza y evolución de la humanidad? ¿Pudo haber evitado continuar como el siglo de los totalitarismos, los peores genocidios y guerras de la historia, hambrunas, violencias y haber evitado terminar como un viejo decrépito escupiendo sangre?

No lo sabremos nunca. No se puede rehacer la historia. El siglo XXI tiene ahora la misma edad. De él podemos ocuparnos. ¿Cómo vamos festejar a este nuevo frágil y desorientado adolescente?

En todo caso nos corresponde pensarlo. ¿Hacia dónde vamos? That is the question.

La última década del siglo XX contenía a la vez una promesa fundamental y el secreto de su traición. La caída del muro de Berlín y del bloque socialista, y el fin de la guerra fría con sus amenazas funestas, prometía un siglo de paz, progreso, entendimiento, democracia y desarrollo económico para el mundo entero. ¿El “fin de la historia”?

Sin embargo, desde los años 80, otra corriente mayor se manifestaba: el viraje resueltamente neoliberal de la economía en vías de globalización. El fin de la guerra fría, la desaparición de uno de los polos y de muchas dictaduras (la “buena nueva”), no fue aprovechado para la paz y el bienestar de la humanidad, sino para asegurar la hegemonía sin frenos de un sistema único de pensar y de modelar las sociedades: el capital financiero, el lucro, la generalización del concepto de mercancía a todas las dimensiones de la vida. La materia viva y las especies, el cuerpo humano, el tiempo de atención de las conciencias, el conocimiento, la distracción (que remplaza poco a poco a la cultura), el trabajo (que ya lo era) y el tiempo libre, las ideas, la creación; todo es mercancía, producida con vistas a su venta, apropiación y capitalización. Ni Marx lo hubiera imaginado.

Ello coincide con la aceleración fulgurante de la globalización y la interconexión de los sistemas de información (prácticamente todos destinados al lucro) por una especie de segundo mundo, que multiplica los intercambios, que fascina, distrae, y a la vez dopa y anestesia a miles de millones de seres humanos. Internet es una bella invención, que nadie previó, y que tal vez, como la paz en el siglo XX, se nos escapa de las manos.

El siglo XXI empezó mal, muy mal, no hay que olvidarlo. Los atentados de Nueva York, un 11 de septiembre, fecha fatídica como ninguna, y el reguero de guerras asesinas que gobernantes incultos o sin escrúpulos, aprovecharon de desencadenar. El clivaje neurótico de una parte importante del mundo musulmán, el desarrollo de una ideología reaccionaria que rechaza la modernidad y la sociedad de placer y de desenfreno que el Occidente estaba tan orgulloso de construir sin oposición alguna…

En vez de sentarnos todos a una mesa mundial y reflexionar sobre qué era lo que estaba empezando tan mal, las potencias occidentales se lanzaron en una cruzada ciega y mortal contra los brutos e ignorantes; viva la civilización, “que se mueran los feos”… Pero eso no marcha. Nunca ha marchado. Aplastar tiranos inferiores militarmente (a los otros, no se los toca), destruir países, producir hambre, muerte, destrucción y humillación, siempre ha sido posible, pero nunca ha resuelto nada. Pueblos enteros continúan rechazando nuestra supuesta “modernidad”; zonas enteras del mundo han sido tan desestabilizadas que millones de seres deben emigrar como parias, ahogándose en mares hostiles, sujetos a mafias y rechazados por Estados inhospitalarios que reavivan racismo y nacionalismos idiotas para ganar elecciones.

En el intervalo, otras grandes potencias comenzaron a despertarse. La China con su desfachatado desarrollo económico, y Rusia, que dos décadas después del K.O., comienza a reunir sus fuerzas. ¿Por qué dejar que los EEUU hagan lo que quieran con el mundo, dicten políticas, deshagan países, compren y vendan todo? ¿Fin de la guerra fría habíamos dicho? ¡Gran ingenuidad! Como jugadores de un ajedrez planetario al cual se le hubieran retirado varias de sus reglas, se avanzan peones al sacrificio y torres destructoras, se mueven alfiles, caballerías de la muerte, emisarios de la mentira; mientras que el mundo sigue fascinado con las últimas producciones de Hollywood, los pequeños gobernantes y las elites económicas y políticas se amparan de las sociedades como si fueran tablero chino. Los ideales, el humanismo e incluso la moral se olvidan día a día en un festín mundial, una especie de Halloween globalizado.

Dos records importantes ha batido nuestro adolescente neurótico:
En 2010, la mitad de los seres humanos se han convertido en habitantes urbanos. ¿Ciudades? Un eufemismo; en realidad se trata de megalópolis, rodeadas como Saturno de anillos casi sin límites de pobreza, delincuencia, drogas y depresión. Es el resultado de la ruina de sistemas enteros de agricultura tradicional por especuladores, proteccionismo de los países ricos y políticas avaladas por organismos internacionales como el FMI. Al mismo tiempo, las clases obreras del mundo desarrollado, en competencia imposible con los explotados miserables del resto del planeta, se han convertido en esclavos de una amenaza más grande que todas: la cesantía. Ustedes no son necesarios, están demás, pueden encaminarse tranquilamente y sin ruido hacia las barriadas de marginalidad del mundo. Si lo único que cuenta es el lucro potenciado y sin límites, por qué privarse de remplazar trabajo, calidad, equilibrio de las sociedades y bienestar por el producto de mercachifles y explotadores dignos del siglo XIX…

El segundo record es más expresivo aún:
A comienzos de este año, la ONG Oxfam publicaba, en instancias mundiales altamente reconocidas, el diagnóstico increíble sobre las desigualdades en el mundo: en 2014, el 48% de la riqueza del planeta le pertenece al 1% de la población mundial. A fines del 2015 el porcentaje sobrepasará el 50% (¡!) Y esa tendencia no parece en absoluto reducirse.

¿Y la ciencia, la tecnología, el “progreso”?
Sin duda, cosas extraordinarias son posibles, ¿pero cuántos en el mundo podrán aprovecharlas?
Hay otra cosa: ¿recuerdan las predicciones de informados y geniales autores de ciencia-ficción, asesorados por eruditos de la ciencia? ¡Stanley Kubrick y Arthur C. Clark, por ejemplo, había previsto para 2001 un viaje a Júpiter! Otros veían autos voladores, transportes fluidos, barrios verdes y pacíficos religados por carreteras transparentes suspendidas sobre las ciudades. Por supuesto, no más cáncer ni epidemias. ¿Qué pasó? ¿Deliraban? ¿Todo eso era imposible?

¿Y la crisis ecológica? ¿Se ha resuelto?
No. Lo que ocurrió es que la tecnología fue orientada intencionalmente hacia otra cosa. Desde hace más de 40 años, lo que se ha privilegiado es la información. Primero fue la televisión; miles de satélites fueron plantados en una cintura actualmente llena de trastos viejos alrededor de la Tierra. La informática y su resultado inesperado: Internet. Software y tecnologías de la comunicación absorbieron gran parte de la investigación científica del mundo entero durante décadas. Una parte menor, la ciencia biológica se destina a echar mano sobre lo viviente, en la medida en que pueda ser patentado y vendido.

¿Por qué? Porque era más fácil de vender, más lucrativo que la conquista del espacio, el urbanismo del futuro o la medicina para todos. El saber, la inteligencia y la creatividad, hace tiempo que no están al servicio del bienestar de la humanidad. La palabra “progreso” fue abandonada, y casi no nos hemos dado cuenta.

Hoy, la tecnología concurre a los juegos de la muerte. Guerras sin víctimas (para un lado), drones que llegan al alba para hacer explotar supuestos terroristas, por supuesto, sin juicio y tanto peor si hay familias. Espionaje generalizado, todo el mundo escuchado por las orejas electrónicas de poderes invisibles –detesto las teorías de complot, pero es la realidad misma–. Privatización de la Tierra y de la vida, para aumentar la riqueza de quienes ya poseen casi todo; democracias a la deriva, guiadas por el marketing político; creación de nuevas castas que se amparan del poder y por supuesto, delincuencia y crimen.

¿Qué se hace? Construir prisiones. El desarrollo mundial de sistemas represivos y penitenciarios es alucinante. Algunas cifras: en USA, 2,3 millones de presos, 800 mil empleos (¡más que la industria automotriz!) ligados a las cárceles, un hombre de raza negra tiene un 70 por ciento de posibilidades de pasar por la prisión una vez en su vida. ¿Esta es la sociedad que se supone modelo para la humanidad?

¿La India tradicional, sus brahmanes y sus intocables, nos parecía arcaica? ¿Sudáfrica y su apartheid, nos parecía inhumana? ¿Y nuestro mundo actual? ¿Es tan sorprendente entonces que grandes culturas y regiones enteras del planeta rechacen de manera brutal este modelo?

¿Dónde va la humanidad? ¿Dónde están las teorías nuevas, el arte revolucionario, la audacia, la inteligencia? ¿Dónde están los Gandhi, Mandela, Luther-King? ¿Dónde los Planck, Einstein, Freud, los Picasso, Kandinsky, Schönberg? ¿Dónde los Kafka, Orwell, los Sartre, Simone de Beauvoir, Camus, Fellini o Bergman? ¿Dónde están los Yuri Gagarin y Neil Armstrong del siglo XXI?

¡Pobre adolescente! Sus primeros años son bien pobres y tan cargados de pájaros de mal agüero como los de su trágico ancestro. Tendremos que regalarle mucho en su cumpleaños…

Pensamiento, primero que todo, reflexión, serenidad y sabiduría; por supuesto, no es nada fácil, y una buena dosis de capacidad crítica y lucidez. Invención y creatividad, sin duda; más necesarios que nunca, casi todo está por hacerse. Audacia, evidentemente: toda versión timorata de la política y del futuro de las sociedades, está condenada a ser recuperada por insaciables pirañas. Coraje, a no dudarlo: todo será difícil y peligroso. Generosidad, hospitalidad, amistad y comprensión, se necesitarán por toneladas; amor, por qué no decirlo. ¡Nada menos que una nueva cultura debe nacer! ¿Una nueva espiritualidad?

En todo caso, sin una transformación profunda de las personas, el pensamiento, la acción colectiva y las sociedades, nada será posible. Inmadurez, narcisismo, ignorancia, pasividad, rebaños de peones de la máquina mundial y cohortes de esclavos en modo “pausa” del pensar, se repartirán, irredentos, sobre una tierra quemada y empobrecida, hasta que no quede ni huellas de lo que alguna vez llamamos humanidad.

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Comentarios (5)

hernan

IBANT OBSCURI SOLA SUB NOCTE PER UMBRAM
Como decía Don A Uribe, la civilización cristiana occidental terminó en Hiroshima y Nagasaki.
¿Fue reemplazada por otra civilización?
La humanidad enfrenta tres peligros apocalípticos:
El colapso económico global.
El colapso ecológico: estamos en la Sexta Gran Extinción.
Una guerra termonuclear químico biológica de la cual sobrevivirían, con suerte, las cucarachas.
Las perspectivas para Chile no son, a mi juicio, mejores. En esta economía de mercado no tenemos más alternativa que depender de las materias primas y vemos el desplome del cobre cuyo precio actual y del futuro previsible es igual al de su costo de producción en la gran minería, costos que han aumentado sobre la media, con leyes que disminuyen, con un esperable déficit de agua, en tanto China realiza grandes inversiones en Perú (Toromocho)que reemplazarían la producción chilena.
La depredación marina ha llevado a la desaparición de los peces y moluscos de nuestro litoral.
El cambio climático pone en peligro nuestras exportaciones de frutas, de maderas, ganaderas.
Podemos esperar un gran aumento de la cesantía.
La corrupción ha invadido todos los espacios, la política, las FF AA, la Iglesia, los dueños del capital, la prensa. La institucionalidad está cuestionada.
Aumenta el crimen, la sensación de inseguridad ante turbas bárbaras dispuestas al crimen y el saqueo, la droga cuyo poder avanza.
El país dividido entre los que lo tienen todo y los que tratan de sobrevivir; dos países diferentes.
¿A dónde vamos?

viernes 25 de diciembre 2015 a las 16:30
1
WASHINGTON HERRERA

Dn. Daniel, completamente de acuerdo con tu art, estamos comenzando un nuevo siglo con un nuevo paradigma, en donde la raza humana tendrá que enfrentar nuevos desafíos en su evolución de la especie, desde que se cambio los procesos de producción todo cambio, las maquinas convencionales se transformaron en autómatas, es por eso la necesidad del mercado, de vender como sea lo que se esta produciendo en tiempos minimos.Los centros de producción en todos los sectores productivo están desesperadamente en vía de rebajar costo, para poder competir, es por eso las economías emergentes, deben sacrificar mano de obra para lograr las metas de ventas. Chile no es la excepción en este juego de compra y venta, debido a los TLC,en que se a comprometido en producir y comprar productos en desmedro de la producción interna, así lo vemos en la producción de productos industriales de toda índoles, en que nos transformamos solamente en consumidores.
Nuestro país puede enfrentar todas estas coyunturas en este nuevo milenio, siempre y cuando nuestra sociedad en todos sus estamentos miren hacia el futuro, me recuerda a J.E.Bello en sus crónicas, en relación a nuestro comportamiento y forma de ser, hoy en día se sigue de igual forma, la opinión de Hernán en su ultimo párrafo del comportamiento de variados sectores de nuestra sociedad, que si no cambian este país debe tomar medidas extremas, para evitar la repetición de estas conductas.
Espero que muchos lean este art,de Dn. Daniel, es un aviso en el tiempo, para que se medite y se pueda tomar las medidas correctas, como lo indica otro art, sobre el acuerdo de las grandes potencia en rebajar la emisión de carbono.

viernes 25 de diciembre 2015 a las 20:04
2
hernan

Una sociedad atomizada en individuos que siguen las leyes malthusianas de la selva, hay una enorme deuda de los privados, una especulación inmobiliaria que reventará como burbuja, el pueblo que cree en la perpetuidad de las vacas gordas se endeudó en casas, autos, educación, y en estas circunstancias no podrán pagar, ocasionando un desastre bancario. Exijen al Gobierno que cumpla sus promesas electorales en momentos en que la caja fiscal queda vacía, lo cual genera frustración y descontento anárquico el cual se desea reprimir con un Estado policial, militarizado y mayor espionaje y pérdida de las garantías constitucionales.

viernes 25 de diciembre 2015 a las 20:54
3
Milena Melig

Muy interesante artículo. Gracias por dar una dimensión filosófica a la historia contemporánea, que es tan difícil de comprender. Las grandes tendencias de la cultura están claramente dibujadas en este análisis. Interesantes también las opiniones de Hernan y Washington Herrera. Una vez más, felicitaciones a El Periodista por estas columnas tan enriquecedoras.
Queda claro que estamos un período crucial y difícil. Pero si se completa con el magnífico texto “¡Dibújame un País! Propuesta de preámbulo para una Nueva Constitución”, del mismo autor, que todo el mundo debiera leer y difundir, podemos afrontar el futuro llenos de esperanzas.

lunes 18 de enero 2016 a las 11:46
4
hernan

Las principales amenazas para la humanidad son la guerra nuclear, el calentamiento global y los virus creados por la ingeniería genética.
S Hawking

jueves 21 de enero 2016 a las 21:13
5

Los Comentarios se han cerrado.

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