Una salida al mar para Bolivia (y la entrada a la fraternidad de nuestros pueblos)

martes 29 de septiembre 2015
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Daniel Ramirez, philosopheChile no tiene “un problema” motivado por un diferendo con un país hermano sobre el cual una corte internacional se declara competente (¿cómo podría no serlo?). No. ¡Chile tiene una alternativa de futuro y una oportunidad histórica!

Por Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne)

Sean las que sean sus razones, Bolivia reclama desde hace mucho tiempo una parte de territorio que le permitiría un acceso soberano al mar. Chile responde que hay un tratado de 1904 que concede esos territorios a Chile. Un antiguo problema.

¿Qué hace que un territorio “pertenezca” à un país en vez de a otro? ¿Y qué significa en el fondo que un territorio pertenezca a alguien o a alguna institución política?

Todos conocen la legendaria respuesta del jefe Seattle al “gran jefe blanco”. Ello ocurre a mediados del siglo XIX, el gobierno de los EEUU propone a su tribu comprarle las tierras y cederle otras (las actuales reservas). El Jefe Seattle responde “¿Cómo podemos vender tierras que non nos pertenecen? Lo sabemos, no es la tierra que le pertenece al hombre sino el hombre que pertenece a la tierra”. La famosa carta es apócrifa, probablemente un texto de los años 60; lo que se sabe es que el jefe pronunció un discurso del cual poco o nada debe haber sido transcrito con fidelidad. Falsa pero hermosa. Esa frase resume la actitud que cientos de culturas humanas durante milenios han tenido frente a la tierra. La idea que ella puede ser la propiedad de algunos es un producto marginal de la historia y que deba formar parte de la soberanía de un Estado es aún más reciente.

Los países, en la actual situación mundial son una conjugación compleja de pueblos, instituciones políticas y territorios con límites trazados en detalle. Esta situación no tiene una historia milenaria, los Estados-nación como los conocemos, no existen antes del siglo XVIII. Reinos, imperios, confederaciones, principados, virreinatos y colonias, no atribuían a los límites territoriales la importancia que se les da actualmente. Aunque la situación ha mejorado en algunas partes del mundo, mediante acuerdos multinacionales, los conflictos, guerras, dificultades, bloqueos y violencias siguen resultando de la existencia y de la carga simbólica de las famosas fronteras.

La evolución actual de proyectos históricos como la Unión Europea, y otros (¿futuros?) como la idea bolivariana de una unión de pueblos latinoamericanos, o la idea de una zona extremo-oriental, federaciones y tratados de libre circulación, hacen que la idea de la soberanía de los Estados sobre los territorios con fronteras estrechamente vigiladas, aunque obsesiva en muchas partes del mundo, pertenezca más bien al pasado.

Sabemos de dónde viene el problema actual. Una guerra trágica, desencadenada por un obscuro asunto de impuesto que la nueva “Asamblea Constituyente” (ese término debería hacernos pensar) de Bolivia decide imponer a la empresa de capitales chilenos y británicos que explotaba el salitre en territorios entonces bolivianos, sin gran provecho para Bolivia, a partir desde un tratado anterior sobre fronteras y concesión de estas explotaciones.

Sabemos que los principales interesados en que estos territorios pasaran bajo la dominación chilena eran los ingleses, ¡la burguesía chilena era tanto más favorable a sus beneficios! La “guerra del guano y del salitre”, con la victoria chilena en la cual las fragatas blindadas inglesas Cochrane y Blanco Encalada fueron decisivas, estableció la situación ideal. Desde entonces otros intereses –norteamericanos, transnacionales, grupos económicos– se suceden en la usurpación de las múltiples riquezas de esas regiones. Solo en breves períodos estas riquezas han ido en beneficio del pueblo, de uno como del otro país. Es una larga historia de violencia y despojo, explotación en injusticia que recubre esas hermosas regiones.

Yo no soy historiador y creo que los elementos están al alcance de todos. Lo que me interesa cuestionar en la situación actual –porque siento un cierto resurgimiento de reflejos chovinistas y sentimientos nacionalistas–, es que los tratados firmados hace más de un siglo, luego de una guerra terrible desatada por intereses minoritarios o extranjeros, no pueden ser ley inamovible. Las guerras no establecen ni la justicia ni la verdad; la pregunta “¿quién empezó?” (se puede decir por cierto que fue la toma de Antofagasta por la armada chilena) no tiene más validez que en disputas en recreo de colegio.

Chile se ha visto envuelto en episodios absurdos, casi bélicos con Argentina y en compromisos inconfesables con la Gran Bretaña de Margareth Thatcher (gran amiga de un general chileno que no nombraré) durante la guerra de las Malvinas. Nada de eso es honorable, ni las guerras ganadas, ni las guerras apenas evitadas, ni los tratados logrados en situación de fuerza por intereses dudosos.

Respecto a un tratado, la pregunta no es “¿Es válido?” o “¿Fue firmado?”, sino “¿Acaso es justo?” De la misma manera, una situación de facto puede ser cuestionada: no es porque los hechos nos favorecen que la situación es justa. Por ello, en un mundo que aspira a la civilización, se establecen tribunales neutros.

La creación de las cortes de justicia internacionales es uno de los escasos progresos efectivos que el mundo ha realizado en materia de DDHH. Desconocerlas es ignorar estos grandes avances que marcarán esta época, una actitud retrógrada que comparten los dictadores recalcitrantes y las potencias hegemónicas del mundo, que adoran las situaciones de poder fáctico.

Claro, todo puede estirarse hasta la noche de los tiempos, con astucias diplomáticas y jurídicas, y como el nacionalismo y el chovinismo, disfrazados de patriotismo siempre tienen efecto electoral, vemos época tras época las elites gobernantes oponerse a la reivindicación de Bolivia. Es patético y vergonzoso. Aunque soluciones existen, ideas y planes han sido hechos, como por ejemplo aquella formulada en su época por el presidente Allende.

Lo que debe preguntarse realmente es si se quiere adoptar una posición de futuro o aferrarse al pasado. Y en el estado actual del mundo globalizado, con los poderes gigantescos que se construyen, ¿Qué futuro tienen nuestros países latinoamericanos sino aquel que conduce a una integración? ¿Qué sentido tiene aferrarse a una supuesta soberanía si se ceden las riquezas –como, justamente, las del mar– a manos privadas y a consorcios transnacionales? ¿Se cree ingenuamente que acercarse a los EEUU para hacer buenos negocios (que solo favorecen a los millonarios), nos excusa el hecho de olvidar la genial intuición de Bolívar?

Chile no tiene “un problema”, motivado por un diferendo con un país hermano sobre el cual una corte internacional se declara competente (¿cómo podría no serlo?). No. ¡Chile tiene una alternativa de futuro y una oportunidad histórica!

Imaginemos que una negociación justa y ecuánime llegue a la conclusión inteligente y mesurada (¡y las hay!) de una salida al mar para Bolivia, que por cierto nunca será una pérdida importante de territorio. Imaginemos que Bolivia cumple su sueño de más de un siglo. Imaginemos una ceremonia de reconciliación, en presencia de los mandatarios de Chile, Bolivia y Perú; imaginemos un monumento, no a los héroes caídos en combates del pasado (a los cuales no hay razón para olvidarlos) sino a la amistad entre nuestros tres países. Podría ser parte del tratado la creación de un centro cultural en el futuro puerto boliviano, administrado por personalidades de los tres países, dedicado a las culturas quechuas, aymaras y criollas de la región; imaginemos un festival de música intercultural en la futura “playa de la amistad”; una competencia deportiva en el “Estadio de las tres culturas”. Imaginemos…

En cuanto a las fronteras, es fácil concebir que serán tan permeables como las actuales, por cierto, y con vocación a desaparecer en la perspectiva histórica de una integración, (¡tanto mejor!) que volverá a ser posible; pero por el momento tendrán el sabor de lo obtenido en una negociación adulta y respetuosa y no del fruto de tratados firmados con sangre fresca, salitre y libras esterlinas de por medio. Nuestros pueblos merecen el orgullo de haber logrado eso; un sentimiento nuevo, bien diferente de victorias militares sanguinarias, llenas de injusticia y sufrimiento. Los hijos de los caídos en esas guerras nunca pudieron beneficiarse de las riquezas que esos territorios reservaban para los poderosos que las decidieron, no pertenecían al mismo mundo; puedan sus lejanos descendientes gozar al menos de la hermandad reencontrada.

Es hora de cambiar, de reivindicar amistad, inteligencia y cultura, más que poder, armas y dinero. El polvo de esas tierras solitarias y el mar inmenso que intranquilo las baña merecen ser mecidos por nuevos vientos, aquellos del futuro, por los deseos de humanidad de nuestros pueblos alejados por demasiado tiempo, a fuerza de ignorancia y manipulación, de su vocación de convivencia fraterna.

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Comentarios (21)

Juan Eduardo Rodriguez

Muy bien Daniel Ramírez, hace semanas que estoy pidiendo por todos lados que aparezcan las voces de nuestros filósofos, estudiantes, artistas, y sobre todo de nuestros historiadores y políticos.
Recién ahora he comenzado a escuchar la voz de la razón y de la solidaridad en este momento complejo de nuestra historia donde el debate ha sido ahogado por un patriotismo mal entendido y agresivo.
Dije en algùn momento que no me importa ser parte de una minoría y que en este caso me siento màs bien orgulloso de proclamar la verdad.

miércoles 30 de septiembre 2015 a las 09:34
1
Mariela Gonzàlez

Gracias Daniel, como te han escrito en una red social, siento lo mismo : “me siento menos sola”…abrazar un deseo de grandeza, solidaridad entre pueblos, el nuevo sueño latinoamericano !! que ilusiôn la integraciôn, abrazar nuestro continente y sus recursos con el olvidado sentimiento de justicia, compartir lo que es cierto no es de nadie, y es de todos, la tierra que habitamos…los tratados,los acuerdos han sido firmados por la ambiciôn de los astutos como bien dices, disfrazados de un “patriotismo” a estas alturas de la conciencia humana que ya a nadie sirve, salvo a quienes defienden héroes y riquezas…te agradezco plasmes con tanta altura de miras, el sentir de muchos entre los cuales me incluyo, que creemos en la integraciôn, en el pensamiento constructivo, y en una hermandad que serîa la ûnica que podrîa salvarnos como seres humanos, hasta aquî persiguiendo metros cuadrados, millas, espacios aéreos…un abrazo y otra vez gracias !!

miércoles 30 de septiembre 2015 a las 11:25
2
Cristián Vila Riquelme

Un excelente artículo que abre perspectivas. Pueden objetar de que es utópico, pero ¿cómo puede surgir algo nuevo si primero no se recurre a la utopía? “Imaginemos”, dices tú con toda razón, y eso es algo incluso subversivo para el Poder (desquiciado o no), cuando sólo se utiliza el imaginar en términos tácticos y estratégicos para ganar, a como de lugar, en el eterno chantaje de la guerra. Los generales Santa Cruz y O’Higgins >(cuando este último estaba exiliado en Perú), abogaban por una confederación perú-chileno-boliviana. Las intrigas y manipulaciones de Portales y compañía, lograron acabar con ese sueño, para nada insensato. Lo que vino durante y después, ya se sabe, con la vocación usurpadora del estado chileno, estimulada, claro está, por los intereses económicos de las potencias económicas de ese entonces (en ese caso, el imperio británico). Me parece que tu artículo es uno de los primeros pasos para construir alternativas que le cierren el paso a los chillidos nazionalistas en este largo país de desastres, tanto aquí como en los otros interesados. El malentendido también se ha instalado en los discursos generales, no sólo en la derecha ni en el de los grandes empresarios. Y eso es grave. Pero creo que hay que dar la pelea. El sueño de Santa cruz y O’Higgins, no es un disparate. Con algo así ganaríamos todos, lo federal siempre tiene más posibilidades que el centralismo a ultranza. En ese sentido, lo que imaginó Bolívar tampoco es un disparate, y una confederación como la ya nombrada, podría ser uno de los primeros pasos para la fraternidad latinoamericana. “Imnaginemos”

miércoles 30 de septiembre 2015 a las 13:14
3

Felicitaciones por la reflexión. Agradecería contacto para invitarte a publicar con nosotros

miércoles 30 de septiembre 2015 a las 14:45
4
Rossana Cassigoli

Muchas gracias querido Daniel. Sobre todo por la reconstrucción de hechos y perspectivas. Cuando estábamos en el liceo, desde luego, pasamos la Guerra del Pacífico.En esa época, muchos compañeros se exaltaban y endurecían cuando se trataba de tocar la sobraría de Chile. Cuando Arrate, muchos años después (quien obtuvo el 6% en unas remotas las elecciones) vino a México acompañado de la Diamela Eltit. Entonces se celebró una reunión con chilenos y sacando una voz que no tambaleara, venciendo el machismo chileno agresivo como pocos, se me ocurrió preguntar por el asunto “pendiente” del mar de los bolivianos. Es imposible olvidar las arengas de unos cuantos: “¡La soberanía de Chile no se toca!” Eso somos. Tu artículo sobre el mundial y las ovaciones chilenas sobre éxitos adjudicados, en el fondo habla de lo mismo: pedantería, veleidad, nacionalismo o nazionalismo agresivo (como escribe Vila), arrogancia pelotuda y ridícula, apología de la prepotencia y…poca lectura de historia, nula investigación, en la mayoría de los casos. Te felicito y agradezco por sacar la voz, que también es la nuestra. Cariños.

miércoles 30 de septiembre 2015 a las 15:21
5
Lyn Bellet

No quiero polemizar por inconducente. Imaginemos, soñemos. De verdad.
Hacer historia comienza por apoderarnos de nuestras riquezas básicas. Por tener para nuestra propia población salud y educación dignas. Por solidaridad no se ceden territorios, en un mundo donde la solidaridad es una palabra sin contenido.. El mundo será distinto no cuando lleguemos a un acuerdo con Bolivia. Eso será una consecuencia de lograr que nuestro continente nos pertenezca…Si no tenemos América Latina…Somos una colonia
En Arica existe la integración cultural quechua, aymara y criolla. En Arica existe la cultura de los afrodescendientes. En Arica hay un puerto copado por el comercio de los productos desde y hacia Bolivia.
Arica no existe en Chile. Chile…¿Que es Chile?…Un triste país vendido a las multinacionales y el capital financiero se apoderó de su territorio. Sus ciudadanos no tienen nada. La salud de Arica y de muchos chilenos que viajan a Arica para resolver problemas de salud que Chile les niega, se resuelve en Perú. Los ciudadanos son abusados, y ésto es algo que ocurre a cada rato, todos los días…y sus ciudadanos no tienen la opción de defenderse del robo diario. De la salud precaria, de la jubilación miserable.
Tenemos una población adolescente tan enferma y con tan poca esperanza, que tiene la segunda mayor tasa de suicidios del mundo.
2012: “En los últimos años, Chile se ha convertido en el segundo país de la OCDE que más ha aumentado la tasa de suicidios en el mundo. En el caso de los adolescentes, para 2020 se estima que cada día un joven se quitará la vida en nuestro país, según cifras del ministerio de Salud y las proyecciones de población de Naciones Unidas y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).”
Leí que después de Korea, Chile le sigue en tasa de suicidios de adolescentes, el año 2014. Hablo de jóvenes de 12 años, de 14, de 15…y de 15 comienza la estadística.
Toda guerra está motivada por intereses económicos de seres siniestros, que desprecian cualquier vida humana que se les ponga por delante de sus intereses.. Las de hoy son mil veces más horrorosas que las de aquellos años. Los niños…tanto niño mutilado…el horror.
¿Por qué no comenzamos a hacer historia?…Que tenemos que darle a Bolivia, si no tenemos nada. ¿Un pedazo de sueño de hermandad, si vivimos entre canívales?
Yo la verdad, comenzaría por hacerme hermana de mi vecino. De todos los adolescentes que veo en Arica sumidos en la pasta base. De todas las mujeres y hombres que me cuentan que “bueno…para no hacerme más problemas, pagué”. Comenzaría por terminar con las jubilaciones indignas y la salud, que es un dolor que no imaginamos para muchos chilenos.
Si no nos da la solidaridad para dejar pasar a un peatón y le pasan el auto por encima, aquí en Arica. Como será en el resto de Chile.
Si mantenemos un estado de cosas intolerable, y no no da para espantarnos, no tenemos mar ni sueños ni nada que entregar. No somos hermanos, somos enemigos…O no se respira en el aire que somos enemigos?
Imaginemos en serio. Comencemos por reconocernos hermanos, unirnos como hermanos y distinguir claramente al depredador. Es uno solo, con tantos cómplices que todo se confunde. Somos cómplices todos en la medida que estamos tan bien adaptados que miramos al que está en problemas y la verdad de lo que sentimos es…que mala onda…le pasa por mala onda…yo estoy en armonía con el universo, por eso no me pasa a mi. Esta es una de las formas que adquiere la complicidad. La reconoce?
En medio de este panorama, los chauvinistas, patrioteros, que se creen superiores a los que les dan salud en Perú, son un pelo de la cola. Muchos defienden un mar al que no tienen acceso ni para vacaciones.
No soñamos. No imaginamos. Apenas sobrevivimos.
Algún día será. No ahora. Cuando uno está sosteniendo las paredes de la casa que se derrumba, no está en condiciones de decir..”Pase nomás, compartamos nuestra casa y nuestro pan”. Es imaginar un pájaro de oro en medio de gusanos…Terminará por convertirse en territorio de gusanos, obviamente.

jueves 1 de octubre 2015 a las 00:06
6
Lyn Bellet

Este conflicto, ahora, hoy, es un distractivo. Nos distrae a nosotros y a otro pueblo lo llena de rencor.
Bolivia tendrá mar en otro tiempo que debemos conquistar. Lamento la “falta de moderación”. No conté hasta 1.000. Regla de oro para reflexionar por encima de la respuesta emocional al espectáculo diario que me impide ver televisión en mi país.

jueves 1 de octubre 2015 a las 04:28
7
Luis Vasquez

Estimado amigo Daniel. Ya que nos conocemos desde nuestro años de Licéo me pertmimtiré una discrepancia total con la idea misma que planteas en tu columna. Me duele constatar que los lugares comunes de la intelectualida latino-americana causan estragos aún entre nuestros filosofos.
Mucho hay en tu columna, querido amigo, de “soñemos” y de “imaginemos” y de “solidaridad de pueblos”. Desgraciadamente pasa con estos conceptos que son como la famosa carta de Jeffe Seattle : “hermosa pero falsa” como bien lo dices tu. La realidad es que los territorios los controlan Estados y los Estados NO son los Pueblos. Los Estados no tienen hermanos ni amigos ni sentimientos. Los estados tienen intereses y aliados.
El Estado chileno es lo que es, con su buena dosis de injusticias y de falsedades, pero es el quien es responsable y gobierna el territorio de Chile. El Estado Boliviano , que no es mejor que le Chileno (pese a que lo tilden de “Bolivariano”, hace lo mismo.
Lo que pasa en un hospital o en una comisaria o en una administración publica en Cochabamba NO es lo mismo que lo que pasa en Curicó (por ejemplo), porque los Estados no son los mismos. Y los chilenos, en su gran mayoría NO quieren ser gobernados por el Estado Boliviano y buenas razones tienen para ello. Esto solo para dejar bien claro que los Estos y los Pueblos no son lo mismo.
Y un estado nunca va a ceder su territorio a otro Estado para crear una especie de “fraternidad” de estados. Ese cuento es una pachanga.
Me da lastima que entre nuestros intelectuales, los progresistas (no se si los hay de los otros), el pensamiento magico domina y las realidades y la historia parecen dejar de existir.
Sería interesante poder hablar seriamente del tema de la geopolitica de Chile dejando de lado el pensamiento magico.

jueves 1 de octubre 2015 a las 13:00
8
Juan Vicuña

1. Los estados y sus li’mites existen desde hace milenios, veamos las obras dejadas como frontera taznto en China como en el norte de Inglaterra; muros como los que hoy instalan en Hungri’a.
Eso no quita que seri’a un gesto de hermandad americana que Chile, Peru’ y Bolivia llegasen a acuerdos que permitiesen a Bolivia tener una salida al Paci’fico, pero sin olvidar que por confabularse con Argentina y Peru’ perdio’ una guerra contra Chile al que esas 3 potencias buscaban menoscabar. HErmandad sin rencor pero con justicia.

jueves 1 de octubre 2015 a las 14:48
9
selma vasquez

Pienso que Bolivia tiene derecho a soñar lo que quiera,pero no le puede “imponer” sus sueños a otros. Comparto las opiniones que ven que la hermandad de los pueblos es mejor que la enemistad,pero “esta hermandad” no se da por el solo hecho que se desee ,hay que cultivarla ,hacerla crecer e instalarla en toda acción que se realice entre esos pueblos . Se está dando eso en nuestras relaciones ??. Me doy la molestia de escuchar “todos ” los discursos de las actuales autoridades de Bolivia, en la qe abundan ; la autoalabanza(somos pacifista,erc ), la victimización, ellos pobrecitos han sido despojads ,sólo por que Chile es un invasor, ellos nunca han cometido una falta contra sus vecinos, tambien la denostación de las autoridades de nuestro país(son invasores, oligarcas,incumplidores de su palabra etc ) ,en resumen ellos son unos Santos y nosotros unos demonios.Cómo quieren que se llegue a una conversción seria ??.Cómo voy a lograr algo,si no converso con ellos sin que me den lo que deseo ??Una cosa es la hermandad de los pueblos y otra muy diferente el chantaje,si no me das eso,no tengo relaciones con ustedes y lo pido”al mundo”Acaso el mar que desea está bajo la jurisdicción del mundo ?? Cómo puede pensar que algún organismo mundial, o un jefe religioso,u otra autoridad va a obligar a una nación entregar parte de su territorio geogràfico actual,?? En base a qué ??.
Todas las guerras son injustas y crueles porqe son el reflejo de la incapacidad de llegar a “acuedos y soluciones ” frente a nuestras diferencias; los tratados podran ser muy inconvenientes para una parte,pero son la mejor foma de salir de esa barbarie que es la guerra. Buscar otras formas de relacionarnos es posible,pero no mediante el chantaje, la descalificacion y la falsedad de negar los hechos históricos que nos llevaron a estas situaciones. De ahí adelante po
dremos lograr otras formas de entendernos,pero sin victimizaciones,ni descalificaciones ni menos auto alabanzas.Asumamos nuestra historia con lo positivo y negativo que tenga y MEJOREMOSLA DE HOY EN ADELANTE,PORQUE EL PASADO YA PASÓ Y PARA BIEN ,O PARA MAL NO SE REPETIRÁ NUNCA MÁS PORQUE CADA DIA ES DIFERENTE.

Hace menos de 1 minuto
10

Muchas gracias por el apoyo y comentarios enriquecedores. Estoy consciente que es una posición minoritaria, pero es importante abrir el debate.
Intento responder al menos a las objeciones y críticas. Comienzo por el largo comentario de Lyn Bellet, que me resulta bastante extraño. En efecto, si enumerar todo lo que va mal, todas las taras de una cultura, pudiera refutar la idea de remediar a una de ellas, nunca se remediaría nada. Retengo la idea que de no tenemos soberanía (mar en manos de 7 familias, etc.) y que lo importante sería recuperarla, y luego que lo fundamental es lograr una integración latinoamericana. Estoy de acuerdo con ello. Pero el problema planteado actualmente es el de Bolivia. El asunto de la soberanía y la socialización de las riquezas naturales es uno de los temas de la nueva (¿futura?) Constitución, que como sabes, me interesa mucho. Una integración latinoamericana solo podrá irse haciendo posible en la medida en que terminemos con el chovinismo y nacionalismo barato. La apertura de negociaciones equitables con Bolivia (y Perú), sería un gesto fuerte, simbólico, que nos colocaría a la vanguardia de este sueño de integración latinoamericana y haría que sea de nuevo posible.
El asunto no es “distractivo” (no sé si la palabra existe) más que para la política contingente; es central en una perspectiva histórica a largo plazo y no veo porqué tendrían que ponerse las cosas en un cierto orden: primero esto, luego lo otro. Las coyunturas históricas no siguen las prioridades formales de un plano ideal, como en Platón, es ahora que se trata ese problema. Es ahora que tenemos la oportunidad de avanzar.

lunes 5 de octubre 2015 a las 13:11
11
Daniel Ramírez

Respondo a Luís Vasquez:
Por supuesto que los Estados tienen intereses y que los administran con realismo (e hipocresía) y no con buenos sentimientos. El asunto no va por ahí. Cando digo “imaginemos”, si lees bien, lo que planteo no es la paz y felicidad universales, sino cosas totalmente realistas y posibles. La ida de una integración latinoamericana
1) no es un simple sueño utópico correspondiente a una forma de “pensamiento mágico”, como dices. Es una inspiración fuerte de nuestra historia y cultura política que da sentido a luchas, que crea cultura y que permite dar un sentido global a nuestros proyectos políticos (como aquel de una futura Constitución para Chile).
2) Es tal vez una necesidad y la única posibilidad para nuestros pueblos en la mundialización neo-liberal actual, como lo saben los europeos que hacen lo que pueden para defender el proyecto de Unión Europea contra las fuerzas centrífugas que tienden a desintegrarla en beneficio de alianzas serviles con los USA u otras potencias.
Claro, si no se quiere avanzar hacia un mundo mejor, más unido y más justo, se puede siempre cultivar el cinismo que consiste a decir en política todo es lucha por el poder y no hay aquí asuntos de generosidad o solidaridad.
Para terminar, si los “intelectuales progresistas” renuncian a cultivar la utopía y el deseo de un mundo más justo, no esperemos que los otros intelectuales (que sí los hay, son los ideólogos del neo-liberalismo, herederos de Milton Friedman y de Jaime Guzmán en Chile, cuando no son neo-fascistas y nacionalistas, o peor, integristas fanáticos, o una mezcla de todos esto) lo hagan. La utopía, yo la considero, no como un sueño idealista, sino como un principio de crítica del presente y de voluntad de futuro (ver “El Espíritu de la utopía” de Ernest Bloch).

lunes 5 de octubre 2015 a las 13:13
12
Daniel Ramírez

El comentario de Selma Vasquez es un ejemplo de cómo NO se debe reflexionar en política internacional. Una cantidad de acusaciones en términos psicológicos (que ni siquiera me constan), que suenan a frases de recreo de colegio. Aunque algunas de estas acusaciones fueran justificadas, no corresponden a lo que deben ser las razones que inspiran a nuestros proyectos políticos. Se necesita altura de miras, Selma, y si se considera que el adversario no la tiene, no resulta consecuente hacer lo mismo. Chile también tiene un discurso patriotero y es lamentable que los gobiernos no atinen a rectificarlo.
Respecto a los tratados, por supuesto que ellos no son intangibles, son el producto de una historia, de un momento, pueden ser mejorados o cambiados. Para eso existe la negociación; la alternativa no es respetar los tratados o la guerra, la alternativa es tratados justos o injustos. La pregunta respecto a un tratado no es si “acaso es válido”, acaso es legítimo (fue firmado por ambas partes), sino “acaso es justo”. Repara una injusticia histórica es una oportunidad de cambiar las mentalidades y fundar un futuro responsable, de pueblos adultos que se respetan. Solo así podrían avanzar hacia una integración latinoamericana.
Claro, sé que no todos quisieran avanzar en este sentido. Pero para quienes sí lo desean, el problema debe ser tomado en serio y con audacia, no con reflejos condicionados nacionalistas y sentimientos de superioridad.

lunes 5 de octubre 2015 a las 13:21
13
Daniel Ramírez

Para Gisela: si envías un mail al director de la revista, te darán mi dirección sin problemas:
contacto@elperiodista.cl

lunes 5 de octubre 2015 a las 13:24
14
Milena Melig

Gracias, Daniel Ramírez por este artículo que dice con claridad y profundidad lo que muchos pensamos. Y gracias por darte el tiempo de contestar a los comentarios, tomando en serio la discusión, con respeto y altura de miras. Esa manera de dialogar es muy escasa en el Chile de hoy, rapidamente se llega a agresiones e insultos, lo cual parece impensable en tu manera de discutir. Tus artículos alimentan el pensamiento y el debate en la sociedad chilena. Ojalá pudieras venir y hacer charlas o cafés filosóficos como haces en Paris.

martes 6 de octubre 2015 a las 10:20
15
Horacio

Estoy de acuerdo en lo sustancial con la postura de don Daniel Ramírez: aferrado al “pasado de las gloria conquistada en campo de batalla”, Chile queda como el mono con la mano dentro de la caja de dulces.
Hay una palabra que Chile pareciera desconocer, casi desde su significado mismo: Grandeza. Que es, en mi humilde opinión, el ingrediente que está faltando para destrabar el nudo e ingresar a un futuro venturoso como nunca antes: Pero parece como fatalidad shakespeariana: en ausencia de grandeza, Chile empequeñece indefectiblemente su porvenir.

miércoles 7 de octubre 2015 a las 04:39
16
Jorge Ragal

Propongo la creación de una nación andina entre Bolivía, Chile y Perú, que rescate nuestras maravillosas culturas milenarias. Tierra para Todos. Montañas para Todos. Mar para Todos. Y que contribuya a crear una nueva cultura de paz, de unidad, de cooperación y de solidaridad.

jueves 8 de octubre 2015 a las 05:24
17

Don Daniel, es fácil filosofar sobre la HERMANDAD LATINOAMERICANA, UNA HERMANDAD QUE NO EXISTE, y no gracias a Chile, Peru y Bolivia nunca han querido hacerse una autocritica de las responsabilidades que les toca, quisas bonito seria que todos los países volvieran a sus fronteras precolombinas, el problema donde quedaría usted, o nosotros, en este reinvento, las guerras son malas ,pero fueron hechos reales, cree usted que la mentalidad de EVO MORALES ES LA CORRECTA? EN UNA EPOCA LOS POLITICOS PERUANOS , INSULTABAN PUBLICAMENTE A CHILE, Y EVO MORALES LO SIGUE HACIENDO,ARGENTINA ESTA AL AGUAITE, EXTORCIONO A CHILE EN EL AÑO 1979, Y CHILE TUVO QUE ENTREGAR LA PATAGONIA, A CAMBIO QUE SE DECLARARA NEUTRAL, PERU Y BOLIVIA JUGARON SUCIO Y PERDIERON.

viernes 9 de octubre 2015 a las 21:21
18

CORRIJO 1879.

viernes 9 de octubre 2015 a las 21:22
19
Tomás Tapia

Ya que estamos imaginando cosas:
imaginemos que Bolivia tiene su enclave marino soberano y que Perú, (no podemos dejarlo de lado), está de acuerdo. Imaginemos que, por imposible que parezca ahora, no corta nuestro territorio en dos. Pensemos ahora qué pasaría:
1) Bolivia, como estado soberano, querría tener su armada que, por supuesto, haría vale y respetar su soberanía en el territorio marítimo que le corresponde.
2) Por esas cosas de la vida, nuestra escuadra debe ir al Norte por alguna emergencia, por lo que debe pedir autorización para cruzar el territorio marítimo soberano de Bolivia.
3) Bolivia se niega, aunque algún tratado firmado en razón del traspaso se haya firmado, y la escuadra no puede cruzar e ir más al Norte.
4) Desde la Moneda le llega la orden de cruzar a como de lugar, pues la emergencia es real (supongamos alguna jugada peruana).
5) Los marinos chilenos que hacía tiempo querían darse el gustito, arman un zafarrancho y despachan la marina boliviana.
6) Se arma la zafacoca y Chile, en vista de los resultados, decide enviar de vuelta a los bolivianos al altiplano.
7) Nos declaramos la guerra y Perú, feliz de la vida, se acopla.
8) Nueva Guerra del Pacífico.

¿Mucha tele? No lo creo.
Creo que, creyendo solucionar un problema, nos compraríamos otro más grande a la vuelta de los años.
Con vecinos como los que tenemos, es muy difícil pensar que, con sueños peligrosos como los del autor el artículo, vamos a tener una relación basada en compromisos mutuos y fructíferos. Chile lo intentó cuando éramos repúblicas recién armadas, pero al final, los estados no tienen amigos, sólo intereses comunes.

martes 13 de octubre 2015 a las 03:40
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Lola de la Luz Perez Valderrama.

Pucha, qué lindo texto… Viví en Arica, delante de una playa inmensa que da la vuelta de América, de frente al Perú, en los años 60 e inicios de los 70. Me acuerdo bien de un sentimiento de pertencer a la Tierra y al Mar, y no de que éstos nos pertenecieran. Tal vez, con la sensibilidad recién salida del cascarón, como toda adolescente, pude ver en el polvo que el viento cargaba, los ayes de las almas caídas en batallas terribles e inútiles, en el Morro de Arica, junto a nosotros a pocos minutos, caminando, de nuestra casa. Hubo un incidente diplomático y una cañonera se instaló frente a las costas chilenas, en aguas peruanas. Me acuerdo bien la sensación de angustia al ver estos cañones apuntándonos a pocos kilómetros de nuestras casas. La cañonera se quedó allí cerca de una semana, con los cañones voltados a nuestras costas ariqueñas, y nosotros asustados, en espera de que el incidente no pasara de ello, un incidente diplomático y nada más. Me acuerdo bien de las largas colas de indias aimará en la aduana, en la frontera, a cinco minutos de nuestra casa. Me acuerdo que las registraban por debajo de sus muchas polleras, que les sacaban sus productos que llevaban para vender en Arica, que les pegaban y les rompían en el suelo su compra que con eso que vivían, de eso vivían. Y ellas, con sus niñitos en la espalda, llorando, pidiendo a la policía de la frontera, lastimeras argumentaban. Me parece que lo hacían a la suerte, a cada tantas, paraban a una y le escarmentaban así, las ganas y el gana- pan… Siempre vi ese pueblo asustado y sufriendo. Fue lo que vi. A nada de eso pertenecía el mar, que campeaba azul en las costas de la playa más grande que jamás había visto, pues llega hasta Lima… Con sus noctilucas de noche y sus machas y pescados fragantes a sol y a amanecer vendidos en el puerto. Pero no eran todos los que tenían lo suficiente para comprarlos… Las más, se los llevaban las goletas que frente a la playa cazaban con máquinas el pescado para hacer harina, haciendo heder la ciudad todas las tardes con el olor infernal del mar y peces siendo masacrados. A veces, las cholitas bolivianas venían a conocer el mar. Venían a bañarse y los chilenos se reían de ellas en su cara. Sus hombres no las acompañaban, se quedaban más atrás y desde lejos las miraban. Por ignorancia siempre, el pueblo chileno las miraba en menos. Ellas, calladas, simplemente nos ignoraban y se bañaban en su mar, alegres y tristes al mismo tiempo. Yo sentía verguenza de ser chilena en esas horas. De castigarlos, de ignorarlos, de maltratarlos, de desrrespetarles su cultura y sus tierras, porque sabía que ellos estaban allí antes que nospotros llegásemos. ……………….. Son recuerdos personales que pongo aquí, y nada más. Como cultora de la música aimará y quechua, de la cultura andina, me he emocionado profundamente con estas palabras lúcidas y llenas de esperanza… Y me siento así, como dice Juan Eduardo Rodríguez, menos sola. Y esperando cantar un día en el monumento y en el estadio a la unión de 3 países que son no solo hermanos, sino gemelos univitelinos… (Solo como dato, hay de hecho un pequeño Hito en el lugar en donde se encuentran las fronteras de Chile, Bolibia y Perú, en el Altiplano, esto es solo una pequeña información). Y que viva Simón Bolívar!! Gracias por tu lucidez, Daniel Ramirez. Por favor, nunca dejes de decir lo que piensas!

viernes 16 de octubre 2015 a las 18:57
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