Chile=Venezuela: La eficacia de un absurdo

martes 28 de julio 2015
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Peñalolén-20130518-00351Hoy está claro. El gobierno ha terminado su ‘mandato’. Lo que le queda es la gestión de un tiempo finito, pero largo.

Por Alberto Mayol*

La derecha ha construido una tesis: Chile se transforma en Venezuela con cada reforma que pudiese pensar, con cada idea de igualdad que pudiese atesorar. La tesis es absurda, pero no por ello la derecha se rinde.

El cacerolazo contra la delincuencia sumado a una inusitada agenda sobre un tema donde los datos no acompañan a los temerosos de siempre (Chile es el país más seguro del continente y el que tiene más temor a la vez), fue la señal más potente, por lo insólita. Luego el clima de desabastecimiento por la presunta falta de combustible, desató las frases apasionadas de los automovilistas viendo el arribo de la venezolanización de Chile. En este punto se llegó a la histeria y el absurdo recorrió las calles, en circunstancia que no había desabastecimiento alguno.

Pero antes la Asamblea Constituyente, la existencia de empresarios presos, el proyecto de educación gratuita, la reforma tributaria, el “exilio” (según El Mercurio) de Jovino Novoa en su calidad de ‘preso político’ (según el diputado Edwards), además de la ley de aborto terapéutico, el inicio de inscripciones para el Acuerdo de Vida en Pareja, en fin, una serie de lo que, para la derecha, son contundentes pruebas sobre la debacle moral y económica de Chile.

Por supuesto, la idea de un gobierno corrupto y la falta de orden, los paros en diversos ámbitos, fueron todos factores que se añadieron para consolidar la convicción más íntima: Chile es un país que camina hacia el populismo de izquierda, hacia Chávez y Kirchner. Y este gobierno es, entonces, el primer peldaño para el socialismo, como dijo Lucía Santa Cruz en Icare 2013.

Está bien. La derecha usa estos argumentos. Y claro, son baratos. Pero la pregunta es simple: ¿es su responsabilidad que sean verosímiles? La verdad es que no. Es la Nueva Mayoría la que ha comparado este gobierno con la Unidad Popular (la misma madre de Bachelet, Osvaldo Andrade, Camilo Escalona, la DC). Es la Nueva Mayoría la que ha dicho que crecimiento es la condición sin la cual nada es posible (todos los anteriores, más los ministros del nuevo gabinete e Isabel Allende); son ellos los que morigeran la agenda del aborto terapéutico por razones inexistentes (si el problema es el crecimiento, no se ve por dónde tendría algo que ver). Es decir, la situación es clara. La Nueva Mayoría retrocede y a cada paso que lo hace, más verosimilitud encuentra la derecha para sus argumentos. Si no fuera porque están completamente deslegitimados por el caso Penta y otros similares, la derecha hoy estaría cosechando. Pero aunque no come, al menos (para ellos) no dejan comer. Y con ello la esperanza en un futuro de reformas y transformación social se relativiza. La Nueva Mayoría ha pecado de ingenuidad. Ha creído que un poco de acuerdo y otro poco de presión eran la combinación perfecta. Creyó que un pequeño grupo silente podría llevar a cabo una transformación, por limitada que fuera. Incluso creyó en la racionalidad del empresariado, a quienes objetivamente el plan de la Nueva Mayoría convenía. Sin embargo, la ingenuidad ha chocado con un muro. Hoy está claro. El gobierno ha terminado su ‘mandato’. Lo que le queda es la gestión de un tiempo finito, pero largo, considerando que ya no hay más proyecto que flotar ni más doctrina que rendirse en la medida de lo posible.

*Académico Universidad de Santiago

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