La Asamblea Constituyente eres tú

lunes 9 de marzo 2015
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Daniel Ramirez, philosophe¡No esperemos que nos den permiso para discutir! Comencemos desde ya a pensar, a proponer, escribir, publicar, intercambiar ideas sobre la Constitución que quisiéramos para nuestro país, sobre los elementos de base, sobre aquello que más nos importa. 

Por Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne)

¿Que es una nación?, se preguntaba Ernest Renan, en 1882; su respuesta: el haber compartido grandes cosas en el pasado, tener una voluntad común en el presente y el deseo de compartir aún muchas otras en el futuro (1). Esa pregunta se podría formular respecto de nuestro país. ¿Qué es lo que lo define, lo que hace que nos reconozcamos en él? ¿Territorio, lengua, historia, régimen político, inspiración cultural, aspiración moral?

Todas estas cosas deben ser tomadas en cuenta en una Constitución. Por ello se trata del texto más significativo para un país. Una Constitución no se cambia todos los días, hay que tener muy buenas razones para hacerlo.

Todo indica que esas razones están reunidas desde hace bastante tiempo en Chile. Un régimen autocrático, violento, ilegítimo, en el cual crimen, arbitrariedad, mentira y robo fueron moneda corriente, nos dejó un “legado” más que dudoso, un regalo envenenado, una constitución producida por los campeones de lo anticonstitucional.

Gran parte del país reclama desde hace tiempo una Asamblea Constituyente. Por razones que no discutiré aquí –probablemente los gobernantes raramente confían en los gobernados– la mayoría de la elite política del país no quiere o no se atreve a dar este paso, que sin embargo, mucho más que simbólico, vendría a ser fundacional y permitiría de una buena vez, aunque tardíamente, dar vuelta la página más dolorosa de nuestra historia y cortar las cadenas del lastre que nos impide afrontar el futuro con la consciencia tranquila. Por ello, puede ser grande la frustración de ver la Constitución de la dictadura remendada, acomodada o peor aún, “mejorada” por expertos en obscuras oficinas, en vez de ser simplemente abolida y remplazada por otra, que debiera ser el fruto de un trabajo colectivoy democrático de alcance nacional.

¿Qué se puede hacer si se le niega a un pueblo una aspiración tan profunda y legítima? ¿Criticar, protestar, tragarse la frustración y luego resignarse? Yo creo que no.

Manifestaciones y declaraciones tienen su importancia y no hay por qué privarse. Pero los pueblos deben ir más allá de ello si quieren considerarse maduros. Y para darse una nueva Constitución es indispensable una cierta madurez.

Yo creo que hay una opción y me permito sugerirla; se puede resumir en esto:

¡No esperemos que nos den permiso para discutir! Comencemos desde ya a pensar, a proponer, escribir, publicar, intercambiar ideas sobre la Constitución que quisiéramos para nuestro país, sobre los elementos de base, sobre aquello que más nos importa.

Discusiones en asociaciones, sindicatos, clubes, comités de vecinos, universidades, centros de alumnos, grupos de estudio, talleres literarios, cafés filosóficos, podrían ponerse en marcha llegando a constituir una vasta red de inteligencia colectiva. De manera espontánea al comienzo, y más organizada luego. Intercambio de textos en internet, publicaciones locales.

Podría diseñarse una plataforma virtual colaborativa para ir decantando esta producción. Seguro que muchos tienen la capacidad para hacerlo (Atención, esto es un llamado). Una universidad, academia o facultad de ciencias humanas podría coordinar este vasto experimento social (2). Medios de prensa podrían asociarse y darle visibilidad.

¿Es necesario tener conocimientos de derecho, teoría política o una formación jurídica para opinar sobre temas constitucionales? ¡No! Una Asamblea Constituyente no se parece en nada a un comité de expertos. La Asamblea son los ciudadanos. La Asamblea Constituyente eres tú (3).

Por cierto, en una redacción final, juristas profesionales, legisladores experimentados, parlamentarios aguerridos e incluso escritores serán indispensables. Un ingeniero no tiene porqué dominar el problema de las lenguas regionales y un músico no tiene porqué saber sobre el derecho de aduanas. Pero todo el mundo puede preguntarse cómo le gustaría definir al país, cuáles son sus valores fundamentales (4) ; saber si se trata de una “república laica”, de una “democracia social”, y qué implican estas cosas, si las diferentes culturas son reconocidas –el lugar de los pueblos originarios– y cómo. Cada cual puede pronunciarse sobre la educación, sobre el rol social del Estado, el rol de la familia, la justicia, el carácter de los bienes esenciales, los derechos sociales, y sobre el gigantesco problema de la relación de la sociedad humana con el medio ambiente (en la constitución actual no hay una sola palabra al respecto); sobre la manera de elegir a sus representantes, sobre el carácter de la democracia (participativa, representativa) y la estructura del poder político.

Cada ciudadano puede leer la actual Constitución (5) y tal vez se dará cuenta que el asunto es complejo, y que no se trata de cambiar todo. Sin embargo una nueva inspiración global, un nuevo impulso y una nueva manera de estructurar nuestros valores esenciales parecen indispensables, además de los problemas de régimen electoral, que están en vías de resolverse.

Ejemplo significativo: Durante el primer mandato del presidente Correa, en 2008, el Ecuador se dio una Constitución notable, que es estudiada en muchas partes del mundo. En su preámbulo se define el pueblo ecuatoriano en una serie de frases fuertes en las cuales se mencionan“raíces milenarias”, “distintos pueblos”, se habla de la naturaleza, llamándola “la Pacha Mama de la que somos parte y que es vital para nuestra existencia”; se menciona el nombre de Dios, la religiosidad y la espiritualidad, así como las luchas sociales y de liberación respecto al colonialismo; se menciona el concepto filosófico del “buen vivir, Sumakkawsay”. Y en el primer artículo se define el estado como “social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico” (6). Nada de todo esto es banal.

No se trata en absoluto de tomarla como modelo ni imitar su contenido, cada país tiene su realidad específica y sin duda las definiciones que quisiéramos dar de Chile serán diferentes. Las fuentes de inspiración que resultan con sentido para nosotros no serán las mismas, pero creo que no serán tampoco las mismas que inspiraron la constitución vigente. Me he detenido un poco en este ejemplo solo para mostrar que las opciones son fuertes y que no hay que privarse de una expresión igualmente fuerte y original de nuestras aspiraciones más profundas. Es importante intentar dar un estilo y una vibración particular a un texto que deberá permitir reunir un deseo de futuro compartido por todo un país.

No habrá que desconocer sin embargo el carácter conflictivo de ciertas ideas; un país incluye no solo intereses opuestos, sino también sensibilidades y convicciones diferentes, y algunas de ellas no podrán ser impuestas a una buena parte de la población; el resultado no será nunca el que tal o cual individuo o grupo habría preferido sino el resultado de una largo proceso de acuerdos y negociaciones; la discusión no excluye el conflicto y la dificultad. Una Constitución no puede estar hecha a gusto de un “lado” en lo que vendría a ser una victoria sobre el otro lado (7). Sin pluralismo y diversidad un proceso así no tendría ningún valor.

Si las autoridades no se convencen, ya sea porque no nos creen maduros o porque no confían en el pueblo, por miedos o intereses varios, nos corresponde darnos a nosotros mismos la autorización de pensar y discutir. Cuando llegue el momento de cambiar efectivamente la Constitución, ya sea en Asamblea Constituyente (por cierto, se habrá demostrado la posibilidad de esta opción), en el Parlamento o en comité de expertos, este trabajo ya estará avanzado y es imposible que sean quienes sean los responsables entonces, no tomen en cuenta este corpus de reflexiones. No se le puede hacer callar a un pueblo que ha demostrado su madurez.

Después de todo se trata de nuestro futuro y el de nuestros hijos. ¿Qué país quisiéramos dejar a nuestros descendientes? Encaminarse hacia una respuesta colectiva sería la herencia más digna, el verdadero legado, el sentido de lo humano compartido y una apuesta al futuro en la cual la inteligencia y la esperanza se fecundarían mutuamente.

Citas

[1] Renan, E., Qu’est-ce qu’une nation?, Ed. Mille et une nuit, 1997.

[2] En 2007, En Quebec se realizó un experimento similar, “tamaño natural”, conocido como la comisión por los acomodamientos razonables, presidida por el filósofo Charles Taylor y el sociólogo Gérard  Bouchard

[3]El título de este artículo es una paráfrasis del título de uno de los últimos libros del profesor Humberto Giannini, “La Metafísica eres tú”. Valga como humilde homenaje a quien participó de manera substancial en mi formación filosófica, como en la de tantos otros.

[4] Por ejemplo en Francia se inscribe la divisa “Liberté, égalité, fraternité” en el frontispicio de todas las municipalidades y administraciones públicas.

[5]http://www.camara.cl/camara/media/docs/constitucion_politica.pdf.

[6]http://www.asambleanacional.gov.ec/documentos/constitucion_de_bolsillo.pdf

[7]Es el caso de la Constitución actual y el caso de países en los cuales un grupo intentó hacer una Constitución a la medida para sus propósitos de dominación, lo cual nunca es viable a largo plazo y se termina en un fracaso histórico.

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Comentarios (4)

Magdalena

Que buen artículo Daniel, creo que hay que continuar la línea, ojalá no nos quedemos solamente en las palabras, es tarea de todos.

viernes 13 de marzo 2015 a las 13:16
1
Juan Enrique Vicuña

Retomando esta iniciativa tan bién planteada por Daniel, propongo que empecemos por ahondar en las diferencias entre “país”, “estado” y “nación”. ¿ No son varios los pueblos (¿o quizás naciones ?) que habitan hace muchísimos o pocos años en el territorio reivindicado por el estado de Chile?

domingo 15 de marzo 2015 a las 22:44
2
BABU

Me parece un hermoso manifiesto.

No estoy no a favor ni en contra, solo reflexiono a partir de tu texto.

No hay respuestas, porque es un tema difícil y complejo de aborda y creo que pocos la han leído.

Vamos por parte:

1.- ¡Afirmas!
Cito. “Gran parte del país reclama desde hace tiempo una Asamblea Constituyente”. ¿Como lo mides?

2.- Cito: ¿Qué se puede hacer si se le niega a un pueblo una aspiración tan profunda y legítima? ¿Criticar, protestar, tragarse la frustración y luego resignarse? Yo creo que no.

Preciosa arenga, pero pero para mi la realidad es otra, los sueños se han derrumbado.

Cito “Discusiones en asociaciones, sindicatos, clubes, comités de vecinos, universidades, centros de alumnos, grupos de estudio, talleres literarios, cafés filosóficos, podrían ponerse en marcha llegando a constituir una vasta red de inteligencia colectiva. De manera espontánea al comienzo, y más organizada luego. Intercambio de textos en internet, publicaciones locales.
Podría diseñarse una plataforma virtual colaborativa para ir decantando esta producción. Seguro que muchos tienen la capacidad para hacerlo (Atención, esto es un llamado). Una universidad, academia o facultad de ciencias humanas podría coordinar este vasto experimento social (2). Medios de prensa podrían asociarse y darle visibilidad.”

Preciosa imagen de democracia.

3.- Y como final te propongo:

Te Cito “Ejemplo significativo: Durante el primer mandato del presidente Correa, en 2008, el Ecuador se dio una Constitución notable, que es estudiada en muchas partes del mundo.”

FUE SU PROPUESTA DE CAMPAÑA, LLAMAR A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y SALIÓ ELECTO.

Tal vez la plataforma virtual podría definir el “candidato ideal” lo que resultaría más fácil y eficiente, que sea este el que lidere el cambio de la carta magna:

1. Llamar a una asamblea constituyente.

2. Nacionalizar las empresas de los servicios básicos. Electricidad y agua.

3. Legalizar el matrimonio homosexual.

4. Que las mineras paguen altos impuestos por la extracción del mineral.

5. Todo sistema de producción debe compensar los daños ambientales, sociales, etc.

6. Que cada Región sea independiente, económicamente, políticamente administrativamente.

7. Que las leyes se aprueben con el voto de los ciudadanos y no por los propios congresistas.

8. Que los congresistas tengan un sueldo que no supere 15 veces el sueldo mínimo.

9. Que propongan y revisen las leyes que emanan de la gente organizada o no y del poder legislativo.

10. Que todo niño que nazca en Chile tendrá asegurado un hogar digno y con todas sus necesidades cubiertas.

11. Legalizar la marihuana. (en lo personal no estoy de acuerdo pero está muy chic, Uruguay)

12. Legalizar el aborto. (responder para evitar lo que sucede realmente, abortos en situaciones insalubres, peligrosas)

13. Legalizar los matrimonios polígamos. (tampoco lo comparto, pero inevitablemente debo ser tolerante)

14. Que se financien las campañas con un valor igual para todos. Que incluya un combo de zapatos.

15. Que los puestos públicos, todos sean por concursos públicos abiertos, tipo mercado público.

15.- Todas las cuentas personales sean publicas.

16.- En fin podríamos seguir…………………………………….

Y luego votamos por el que más se acerca a nuestro ideal.

¿les parece

viernes 20 de marzo 2015 a las 18:11
3
WASHINGTON HERRERA

Buen Art. Daniel, con lo que esta ocurriendo en nuestro país con la clase política, se tiende a mirar hacia otro lado, lamentable en donde a la vuelta de la democracia se creyó en las buenas intenciones de muchos, pero hoy en la medida que aparecen mas antecedentes de las practicas de las empresas, en querer tener bajo sus dominios, de aquellos que deben defender los intereses del país, deben agachar la cabeza en su momento dado, para defender los intereses particulares.
Fui de mi época de estudiante, un comprometido con mi país, un idealista y soñador, en donde me sentía orgulloso por los logros alcanzado, de ser uno mas que estábamos luchando para mejorar las condiciones de nuestro pueblo y salir adelante en todas las áreas de desarrollo, ya sea en lo económico,cultural,salud,calidad de vida,etc.
Pero hoy que estamos viendo, con estupor y rabia, como los intereses de nuestro país, han sido violentado por aquellos que por no perder sus privilegio, han utilizado en forma fraudulenta recursos facilitados por terceros, sabiendo que estaba vulnerando una ley que ellos mismo aprobaron hace años atrás, a raíz del caso MOP-GATE,es por eso la desconfianza de esta clase política, que poco se a renovado en sus personajes de siempre, las instituciones políticas siguieron en las practicas del pasado, ahora se le esta pasando la cuenta, la sociedad chilena los mira desde lejos o de la galería para verlos caer por sus conductas antidemocráticas. El Si/NO, fue un momento dramático de nuestra sociedad, para restablecer el dialogo entre todos, cuanto a costado cerrar heridas del pasado, hasta el sistema electoral se a mejorado, pero a raíz de un hecho tributario se comenzó a rodar una bola de hechos ilícitos, que han afectados a personajes importantes y que aun no termina.
Que vigencia tiene ese tango llamado “Cambalache “retrata en forma aceptada lo que ocurre hoy en nuestra sociedad, es por eso, Daniel que tu art.es atinado en los momentos que vivimos, ojala que la clase política entienda que fueron elegidos para mejorar las condiciones de vida de la gente y no para defender los privilegios de algunos, el país esta 1º,con su gente y sus instituciones republicanas.

sábado 21 de marzo 2015 a las 03:10
4

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