“Somos y no somos Charlie”

viernes 9 de enero 2015
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SilvaMe parece sensato pensar que no todos los que hoy se enojan y protestan son víctimas, ni los terroristas asesinos de París son los únicos victimarios. Me parece también sensato que este crimen atroz produzca, menos mal, esta serie de reacciones solidarias en cadena.

Por Matías Silva Alliende, abogado

El fundamentalismo islámico resulta funcional a la ultraderecha. Los atacantes en Francia eligieron como objetivo un medio de comunicación: las doce víctimas fatales no eran soldados ni exponentes de movimientos anti Islam, ni militantes xenófobos del partido de Le Pen: eran en su mayoría caricaturistas y periodistas. Es probable que el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo exacerbe el sentimiento antimusulmán en Europa en momentos de fuerte islamofobia en Francia.

La candidata Le Pen reiteró en estos días que convocaría a un referéndum para reintroducir la pena de muerte si fuera elegida presidenta en las elecciones de 2017. Europa ya no tiene medios para albergar a los inmigrantes, dado el nivel de desocupación y de déficit que hay en los estados de la Unión, y por eso insiste en controlar las fronteras para evitar el flujo migratorio. No deja de ser paradójico que los atacantes del semanario sean franceses, que el policía al que remataron en la calle sea musulmán, mientras miles de ciudadanos europeos se unen a la milicia sunnita radical Estado Islámico en Siria e Irak.

Comulgan con las ideas del Frente Nacional Francés referentes del partido griego Amanecer Dorado, UKIP del Reino Unido –un partido eurófobo, thatcherista y antiinmigración y los seguidores del inquietante movimiento antiislamista alemán Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente). Es altamente probable que ante la enorme conmoción pública la ultraderecha francesa intensifique su campaña de miedo, pidiendo represión y asociando a todo inmigrante árabe con los extremistas islámicos. Todo ello, claro, para sumar simpatizantes.

De ahí a la discusión generada ayer en las redes sociales acerca de “Todos somos Charlie” con otros que señalaron “No todos somos Charlie” me gustaría señalar lo siguiente: La solidaridad con las víctimas es un valor elevado e irrenunciable. Pero cuando se observa con más detalle, cuando se lee la realidad política mundial, aparecen los grises o las oscuridades. Las complejidades, reticentes a ser pintadas en blanco o negro. Me parece sensato pensar que no todos los que hoy se enojan y protestan son víctimas, ni los terroristas asesinos de París son los únicos victimarios. Me parece también sensato que este crimen atroz produzca, menos mal, esta serie de reacciones solidarias en cadena.

La mirada del prisma de los Derechos Humanos debe llevarnos a concluir que las muertes de Paris de esta semana no valen más ni menos que los estudiantes masacrados en México, los ciudadanos palestinos o los libios atacados por coaliciones occidentales. Integran una misma y larga lista: los civiles arrasados en nombre de variadas razones de Estado, integrismos religiosos o culturales y guerras santas basadas en credos o en otros valores como el precio del crudo.

La política migratoria de Sarkozy fue severa con los inmigrantes, en particular con los ilegales -condición que depende de la tolerancia y apertura legal o estatal-. “El Pequeño Napoleón” está volviendo y compite con la ultraderecha de Le Pen. Ambos buscan polarizar la sociedad, ubicar a todos los musulmanes en el bando de la barbarie, homologando a todos a Al Qaida o a ISIS.

La aldea global -homenajeando a Beck- que se ve obligada a la convivencia, ve también como en su propio centro, anidan y prosperan fuerzas políticas que exaltan la discriminación, el etnocentrismo y el racismo. Su presencia no autoriza las matanzas, pero da cuenta de la complejidad y las contradicciones.

¿Qué dice Obama? El presidente de los EEUU en sus recientes declaraciones sobre la torturas después de las Torres Gemelas, reconoció que son intolerables pero también ineficaces. ¡Ojo con los mensajes Presidente! Su declaración, en su segunda parte es una mezcla terrible de cinismo y verdad. ¿Y si fuera eficaz, qué? De sus desafortunadas declaraciones pareciera desprenderse que si la tortura rindiera frutos, condenarla sería una mala estrategia político-electoral, en resumidas cuentas, una pérdida de votos.

La tortura es política de Estado en la mayor potencia del planeta: “todos somos Charlie sometidos a la tortura”. La idea se extiende a otras latitudes o a Chile cuando se practican esa u otras formas de violencia institucional, por ejemplo en nuestras cárceles o en las estrategias aplicadas frente al mal llamado conflicto mapuche. Las fuerzas políticas domésticas y el propio oficialismo están divididos. Los grises y las tensiones explican a todo el mundo y a Chile, no sólo a Paris.

Miles de personas marcharon en todo el planeta para expresar su repudio y dolor. Seguramente todos hemos acompañado esa marcha. En estas movilizaciones y en nuestras conciencias espero se exprese un anhelo: Que no se repita. Nunca más a la violencia y a todo tipo de terrorismo. Un deseo noble pero también un objetivo muy complicado en un contexto mundial bastante cruel.

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