Matrimonio igualitario y Ética: en el nombre del amor

lunes 17 de noviembre 2014
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Daniel Ramirez, philosopheLas sociedades han tenido en general una visión contradictoria: por un lado se elogia, se adula y se idealiza el amor, se valoriza y se instituye el matrimonio y la familia; pero, por el otro, un afán de control y de normalización –por períodos feroz– rige y encierra las posibilidades de vida en modelos convencionales que se consideran útiles.

 Por Daniel Ramírez*

Las sociedades humanas evolucionan en la temporalidad de la historia. Esta evolución (que pasa por algunas revoluciones) no toca solamente la economía y la producción, la política y la técnica. También las formas de parentesco, de filiación, de amistad, las maneras de unirse y procrear, las formas de amarse, transmitir la cultura y legar, la manera como las generaciones organizan sus vidas y se suceden, todo ello tiene una importancia muy grande y no debe ser dejado a la simple costumbre o a convicciones ideológicas. Debe ser materia de diálogo, reflexión, debate ciudadano y crítica.

Si la política procura la organización justa de la sociedad al servicio de la realización del ser humano, debemos prestar atención a la diversidad de formas en que la energía tal vez la más poderosa de todas, el amor, se expresa, crece y se transmite. Las formas en que la vida sexual y la vida de los sentimientos permiten o no la apertura hacia la realización y la felicidad.

Las sociedades han tenido en general una visión contradictoria respecto a estas dimensiones: por un lado se elogia, se adula y se idealiza el amor, se valoriza y se instituye el matrimonio y la familia; pero por otro lado un afán de control y de normalización, por períodos feroz, rige y encierra las posibilidades de vida en modelos convencionales que se consideran útiles.

Desde siempre la sexualidad ha sido una dimensión importantísima. Los sexos y los géneros (la posición socialmente construida y asumida), las relaciones y los gustos, las prácticas y los lenguajes han sido un problema político, de control y poder. El modelo predominante se erige en norma y, para reforzar el esquema, se condena todo lo que no corresponde.

No es un secreto para nadie que el modelo predominante en nuestras sociedades ha sido la estructura patriarcal, heterosexual y monógama (algunos dicen “falocrática”). Sabemos sin embargo que la homosexualidad ha sido practicada desde que se conocen las culturas, que la familia ha tenido estructuras increíblemente variadas y que el amor no conoce normas. Las prácticas y formas de vida minoritarias solo son problema en “sociedades cerradas”, basadas en el miedo, en la violencia y el control. Todo debe entrar en el módulo, la producción y la reproducción (en otras épocas se hablaba de natalidad: hay que procrear para disponer de nuevos soldados para las próximas guerras), la herencia y la continuidad del modo de vida.

Así, la homosexualidad fue condenada durante siglos, por las religiones, la medicina y las autoridades políticas, aunque no en toda época ni en toda cultura. En nuestras sociedades machistas, el miedo a la homosexualidad, principalmente masculina (en tanto que hombre, puedo testimoniar) generó una sub-cultura de violencia, exclusión, grosería, autocomplacencia en el humor (los famosos chistes). Del terror de los jóvenes de ser acusado de homosexual y la necesidad de probar que “se es un hombre”, en general por la violencia, a la autosatisfacción del adulto de haber “fundado un hogar” dentro de la norma, lo cual le evita de interrogarse sobre tantas cosas, hay una continuidad obsesiva e insana; esa sub-cultura detestable y primaria se reprodujo durante larguísimos períodos –por cierto, la dictadura con sus valores militaristas y machistas, no arregló nada la situación.

La homosexualidad femenina, por su parte incomoda el estereotipo de la mujer-esposa-madre, fiel y sumisa de la familia ideal. El resultado es una sociedad “normalizada”, su equilibrio,bien poco sano, se parece más a una neurosis cuya energía fundamental es el rechazo y la exclusión.

Si queremos, si decidimos, si nos atrevemos a avanzar hacia sociedades abiertas, de libertad y derechos, de tolerancia, aceptación y diversidad, debemos abordar ese problema con sinceridad, apertura de espíritu y generosidad.

Los homosexuales quisieran casarse, como todo el mundo. En diversos países la ley lo permite. Muchas parejas jóvenes, por otra parte, deciden no casarse. Y muchos de ellos, de todos los géneros, quisieran tener derecho a criar hijos, en libertad, con seguridad, protección social y reconocimiento. ¿Qué es lo que se juega en este problema? ¿Vivir juntos, tener o no tener hijos, educarlos, procrear o adoptar, dentro o fuera de las instituciones? ¿Qué debería estar autorizado y qué prohibido? Son cosas que importan si la sociedad nos importa. Porque de todas maneras debemos saber que no se puede en absoluto controlar los deseos, y la vida íntima de las personas.

La cultura “Gay&Lesbian” (si se me permite este anglicismo; hoy se dirá más bien LGBT), en general ha asumido una manera alternativa, a veces marginal, en general contestataria y crítica de vivir. ¿Por qué casarse? Se preguntará algunos. Sin embargo, cantidad de problemas, sobre todo en relación a los hijos y a la filiación han permanecido sin solución. Situaciones dolorosas, de muerte de un miembro de la pareja y ausencia de derechos a la educación de los hijos o a conservar un departamento, son abundantemente citados. Por ello ahora se piensa que los derechos deben evolucionar y el “matrimonio igualitario” (en Francia se llamó “mariage pour tous”) aparece como una posible solución.

Que la gente se case o no, siempre fue para mí algo poco importante, pero es una posición personal; en una sociedad de libertades, y si ello es reivindicado como un derecho por quienes piensan estar discriminados, ello debe ser escuchado.

¿Cuál puede ser la justificación de privar de un derecho a alguien?

La principal razón que se puede avanzar para ello es el principio de no dañar a otros (“primum non nocere”, como en el juramente de Hipócrates). Acaso la libertad de unos puede disminuir la libertad o el bienestar de otros…

Es bastante evidente que el hecho que los homosexuales puedan casarse no impide hacerlo a quienes ya tienen ese derecho (no obliga tampoco a nadie a hacerlo). ¿Cuál puede ser el problema? Algunos dicen que es “contrario a la naturaleza”, que la pareja humana está constituida por un hombre y una mujer (en ese orden, por lo demás). Solo que aquí entramos en un terreno de convicciones metafísicas y no ético o jurídico. ¿Quién sabe cuál es la naturaleza humana? Algunos piensan que es así, otros no, como cuando se discute si Dios existe. ¿Caben esas discusiones en la política y el derecho? Puede ser. En ese caso habrá que argumentar, no basta con afirmar. Y podemos estar seguros que habrá tantos argumentos en contra: existencia de la homosexualidad en el reino animal, recurrencia en la historia humana, y mejor aún, la indeterminación de la naturaleza humana (Sartre dirá que el hombre no tiene esencia, que es su existencia y acción concreta que lo define como libertad). Todo esto es apasionante pero no concluyente y no creo que se llegue a ningún tipo de acuerdo.

Otra manera de discutir es evaluando la cantidad de bienestar y de felicidad por un lado, o de desgracias y sufrimiento por otro, que una u otra solución pueden generar. Es el método “utilitarista”. Y aquí volvemos al tema del daño posible.

Como un simple matrimonio no produce daño más que a quien se casa con alguien a quien detesta, aparte de lo aburrida que pueda ser una ceremonia (lo cual nunca es tan dramático), el único daño supuesto se traslada a los hijos: “¿Qué pasará a niños que no tendrá padre y madre como los otros sino dos mamás o dos papás?”. Sin embargo,¿cuántos niños actualmente no tienen papá y mamá sino solo mamá, o viven en alternancia con uno u otra, en medio de procesos y jueces? Las estadísticas son inmensas. Muchas personas se han criado sin una familia ideal, y llegan a ser adultos como todos, o tienen problemas como todos.

Si se quiere pensar con claridad hay que distinguir los problemas: si se trata de derecho a la adopción (por cierto ya bastante difícil para cualquier pareja), ¿habrá algo diferente por el hecho que ambos sean del mismo sexo? Posiblemente. Pero es difícil pensar que un niño estará mejor en un orfanato de Rumania o de Camboya, que criados por una pareja estable de personas que lo querrán y cuidarán, como en general hacen los padres adoptivos. Y sobre todo, ¡Cuántas oportunidades se le abrirán a ese niño! ¿La diferencia sería un problema? Tal vez, pero ese problema es materia de conversaciones inteligentes, de palabras intercambiadas, de lenguaje y reflexión, como en el caso de tantas otras diferencias (de color de piel, de religión, de idiomas y costumbres). La diversidad es el terreno mismo de la cultura humana.

¿Cuántos hijos de parejas heterosexuales perfectamente “normales” sufren de falta de amor, de comprensión y de unidad en la familia, y van a dar al psicólogo? ¿Cuántos adultos van a terapia por depresión, bloqueos o stress? Probablemente esos niños adoptados tendrán al menos la suerte de crecer en una familia donde se habla, donde hay cultura y diálogo.

Si se trata de Procreación Medicamente Asistida (PMA), “madres portadoras” u otras opciones, habrá que analizarlas una a una; son situaciones específicas y complejas que merecen un análisis detallado, en el cual el principal obstáculo que yo veo es la imposibilidad de reencuentro con los genitores biológicos, en el caso que un niño lo sienta necesario, en países en los cuales el anonimato es obligatorio. Debe considerarse también el asunto de la explotación y mercantilización del cuerpo humano (en caso de madres portadoras). Son problemas complejos, que analizaremos si corresponde. Pero por cierto, no debieran mezclarse con la discusión de una ley de matrimonio que no implica más que el reconocimiento de la sociedad a la unión de dos seres, y la base de algunos derechos respecto a la familia, la autoridad parental y los bienes.

El miedo y los fantasmas que se tejen sobre estos temas, generalmente sin argumentos ni estudios de casos, revelan en general un miedo más vasto y una aversión a todo lo que es diferente, a lo nuevo, a lo que no entra en la norma; prejuicios y mentalidad estrecha, alimentada por dogmas, herencia de esa cultura neurótica que mencionábamos antes…

Comencemos por sacudir esta mentalidad. Nos compete a todos, si deseamos una sociedad vivible, humana, acogedora de la diversidad que somos, con su riqueza de invención, que se expresa en el territorio del amor, de las generaciones y de la familia, y en la cual cabemos todos.

*Doctor en Filosofía (La Sorbonne)

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Comentarios (28)

hernan

Los homosexuales de países ricos podrían adoptar legalmente niños ‘de Rumania o Cambodia’ dándoles un status legal, ya que biológicamente es imposible que tengan dos mamás o dos papás, tampoco de otra raza.
Las parejas heterosexuales infértiles de estos mismos países ricos pueden arrendar el vientre de una mujer de la India, de Rumania o Cambodia.
Extraordinario lo que se puede conseguir con el dinero, y con la pobreza.
A happy new world.

miércoles 19 de noviembre 2014 a las 17:15
1

En primer lugar felicito a mi querido Amigo de tantos años por esta dedicación, de tiempo, inteligencia, y una vida dedicada al “Buen pensar”! Se que escribir un texto de esta magnitud requiere horas! Leerlo,sólo algunos minutos! Minutos que pocos quieren invertir, todos demasiado ocupados de sus ‘propios’ temas.
Toda una vida confrontando “temas raros”, me lleva a la conclusión que nadie quiere, realmente, hacerse cargo, participar y tomar responsabilidad por aspectos de nuestra sociedad que nos atañen a todos.
Mas aun en una sociedad que, a mi parecer, evoluciona hacia formas mas andróginas de convivencia y sexualidad. Las actuales formas, históricamente aceptadas, parecen tener los días contados… de la misma forma como una gran parte de la sociedad parece estar preparándose para una vida nocturna permanente, en un planeta que también parece tener los días contados, al menos de la forma que lo hemos conocido hasta ahora.
La conciencia social y política de las “mayorías silenciosas” parece haber sido silenciada muy eficientemente por la comodidad del dinero plástico y la auto complacencia de una vida pagada a crédito!
¡Nadie, o muy pocos creen realmente que su opinión o participación pueda y vaya a cambiar en algo las cosas… esos son problemas de otros y son esos otros los llamados a resolverlos.
¡Gracias por tu aporte Daniel Ramirez!

miércoles 19 de noviembre 2014 a las 20:44
2
Verónica Ruiz

Que hermosa columna. No todos pueden decir por nosotros lo que Daniel Ramírez. Creo ante todo en el amor, una forma inefable, pero tan humana (no solamente, por cierto).
Una sociedad neurótica y/o una persona neurótica pueden hacer el tránsito de soltar la cerrazón y avanzar a una plenitud mayor en la aceptacion de los derechos igualitarios.
La vida se encarga de romper diques, aunque no sea en forma lineal. Todos vamos teniendo la posibilidad de conocer esta nueva y antigua forma de habitar el mundo y celebramos cuando una muchacha o muchacho pueden vivir su diferencia en amor y en libertad, sin tapujos mezquinos y neurotizantes.
Personalmente, lo considero un deber, no solo un derecho.
Gracias.

miércoles 19 de noviembre 2014 a las 20:47
3
Luis

Cuando hablamos de matrimonio y especificamos el género, a decir hombre y mujer, debemos aclarar cómo distinguir entre hombre y mujer, cosa que parece obvia pero que en realidad no lo es. El MIT público años atrás una serie de artículos relativos a como definir el genero, si lo referíamos a los genitales estaba el drama de los pocos hermafroditas, si lo referimos a los cromosomas nos topamos con aquellos que tienen alteraciones tipo XXY, etc. puede decirse que son casos extremos pero si establecemos reglas ellas deben ser claras y considerar a la totalidad de la raza.

Hay cambios que no nos gustan pero jugar al avestruz es siempre la peor solución.

Para mi no ha sido fácil aceptar la diversidad pero claramente no soy avestruz

miércoles 19 de noviembre 2014 a las 23:06
4
Juan Vicuña

Tenemos que ver el matrimonio como un acto social en que 2 personas, (en algunas culturas pueden ser más) cualquiera sea su sexo anuncian o informan al resto de la sociedad que han decidido vivir juntos. Este acto crea tanto deberes como derechos frente a la sociedad, por eso ella interviene dictando reglas o normas que trata (la sociedad) de imponer ante el libre albedrío individual. Es, por ejemplo, muy habitual que se imponga una duración indefinida, una exclusividad de la relación, a veces una obligación o casi de procrear. Pero esos deberes impuestos por tradición o creencias o leyes, no son intrínsecamente naturales como tampoco lo son los derechos sobre bienes o hijos que se tienen en común y sirven para que cada miembro de la sociedad sepa, grosso modo, como actuar frente a los demás ayudando a que la sociedad funcione con menos conflictos entre individuos. La base es un trato igualitario para todos y cada miembro de la sociedad, pero cuando ésta discrimina y prohibe algunos tipos de matrimonio, por ejemplo entre 2 mujeres, está ella misma maltratando a algunos de sus miembros al no reconocerles los mismos derechos que a otros, se transforma así un derecho de todos en privilegio para algunos, aunque esos “algunos” sean mayoría.

jueves 20 de noviembre 2014 a las 14:38
5
Ivalu Tilu

Son puntos importantes a ser considerados. En algún momento no se aceptaban matrimonios interraciales ni mucho menos interreligiosos, de a poco la cosa se ha ido flexibilizando. Pero es un largo camino y lo importante es no perder el orden de importancia de las cosas. Lo importante es lo los niños crescan bien, sanos, felices, com limites y possibilidades y que ayuden a crear un mundo mejor. El genero de los encargados de ello debiese ser menos importante que su capacidad de realizarlo.

jueves 20 de noviembre 2014 a las 17:49
6
Magdapatagonia

Muchas gracias Daniel por este texto importante, necesario.
Sobre estos temas donde el prejuicio y la ignorancia abundan, en un país contradictorio que por una parte se cierra a discutir y enfrentar estos temas y por otro festina frívolamente con lo mismo que rechaza. Me impresiona que al mismo tiempo que se rechaza discutirlo , la Linea Aérea Nacional exhibe en sus viajes nacionales una serie dentro de la cual hay una pareja homosexual criando a una niña. !!!!que país distinto sería este si hubiera mas generosidad y coherencia!!!! Si hubiera mas tolerancia, inclusión y respeto, mas sinceridad y cultura.
Me hiciste recordar cuando los parlamentarios “anulados” se oponían legislar sobre divorcio.
Muchas gracias por poner estos temas en discusión.

viernes 21 de noviembre 2014 a las 23:46
7
Luis Emilio

Estimado Daniel,
Este comentario no va sobre tu extensa columna, que se merece un extenso comentario, pero sobre el simple hecho de que NO se puedenhacer comentarios sobre este tema. Desgracidamente ya no se habla de hosexualida como de un “acto” o de una “practica” sino de una “identidad”.
Hablar o debatir de esto NO es como debatir de, por ejemplo, el hecho de decidir ser vegetariano, o practicar algún deporte o actividad.
Hoy, a principois de siglo XXI, cuando hablamos de que alguien es “Gay” se habla de su identidad, de algo que se supone intrinseco, definitivo, esencial e identitario de la persona.
No se puede hablar ni debatir de la identidad de alguien. No es tema de debate.
Cuando alguien se define identitariamente de alguna manera, al poner eso en debate tu estas simplemete poniendo a riesgo su existencia identitaria.
Imaginate tu si ahora alguien debateria de la legitimidad de la homosexualida ….. o como dicen algunos es de “contra-natura” (quien diablos sabe que es eso), estarían tomado una posicion intelectual que le niega el homosexual su existencia legitima.
Bueno, como ves, no hablo del tema sino mas bien de la posibilidad de hablar de este tema.
Saludos

domingo 23 de noviembre 2014 a las 15:43
8
GABRIEL

Como siempre es un gusto leer esta columna, ahora es importante rescatar primero, que propicias el dialogo, la reflexión y el debate. Por lo anterior quiero ser enfático no estoy ni a favor ni en contra, solo expondré argumentos a raíz de tus reflexiones, verdaderas o no. Son muchos los temas que se cruzan, solo abordare algunas ideas.
Creo que una dimensión que no está tocada es la TOLERANCIA (tan de moda por lo demás), porque también aceptar que otros opinen lo contrario, o distinto. Descalificar a quien no este IN, dentro de esta “nueva sociedad”, tolerante, inclusiva……..es tildado de intolerante, conservador, retrogrado, impopular, etc, etc…….en el texto hay muchas ideas que se van entrelazando y algunas reflexiones (presentados como verdades) que llevan a una mirada particular (por supuesto tuya).
Siempre estar al lado de las minorías ha sido un gancho efectista de publicidad del poder, objetivo, atraer el voto que lo legitima. Por ejemplo, la iglesia y los pobres (más antiguo que el hilo negro), ahora las minorías sexuales, los drogadictos, los sin casa, etc. Hoy mientras más osados seamos en las ofertas, seremos más populares (sobre todo se lee mucho actualmente en los países subdesarrollados).
Pero en lo concreto mueren 5.600.000 de niños al año de hambre y nuestra sociedad no es capaz de solucionarlo. Eso es tener como sociedad una visión contradictoria.
Por lo tanto hoy, solo es consecuencia de que la “La cultura Gay/Lesbian”, no solo es una minoría marginal como era antes, hoy es un poder económico y político (voto), por lo tanto ha ganado un espacio fuerte en la sociedad actual.
Pero no tiene relación directa con la institución del matrimonio.
Las sociedades humanas permiten nuestra sobrevivencia. Por lo anterior, para vivir en sociedad existen algunos principios o leyes, consensuados o no a lo largo de la historia de la humanidad.
Cito; “Las sociedades humanas evolucionan”, o ¿involucionan?, para algunos pesadores vamos hacia una sociedad más civilizada (evolución positiva, humanos tolerantes, amorosos, solidarios, etc). Para otros vamos al control total de la sociedad (evolución negativa, lo que experimentamos a diario).
Si aceptamos la primera, no conozco ninguna sociedad anterior a la nuestra que haya considerado la homosexualidad como institución (matrimonio). Tal vez en la india, por la bisexualidad como parte de su cultura, no lo sé. Tal vez te cito; “La práctica de la homosexualidad” es solo eso.
Que exista el amor entre parejas del mismo sexo es otra cosa, puedes ser o no pero es discutible de cómo se expresa en la sociedad, ¿es la libertad de elegir?, ¿Los que no están de acuerdo deben ser TOLERANTES? ¿Y viceversa no?
“La cultura Gay/Lesbian”, no creo que solo sea una casualidad que hayas utilizado un anglicanismo, refuerza el discurso, responde al poder de este grupo en el mundo RICO Y CIVILIZADO, de habla inglesa.
LA LIBERTAD ES UNA PALABRA DEMASIADO GRANDE, EN NOMBRE DE ELLA SE HAN COMETIDO LOS CRIMENES MAS HORRIBLES.
LIBERTAD-TOLERANCIA
Más bien, Cito; ” libertad puede o no disminuir la libertad del otra”, agregaría o complementaría lo otro es trasgredir los límites de otros. (“primum non nocere”)
MATRIMONIO-PATRIMONIO
ES MARAVILLOSA LA CAPACIDAD DEL SER HUMANO DE CREAR, ¿PORQUE NO INVENTAR UNA NUEVA INSTITUCION?, ¿PORQUE INSISTIR EN INTRODUCIRSE DENTRO DE UNA INSTITUCION QUE SE CREO PARA UN TIPO DE RELACION? ¿POR PODER?, ¿POR APARENTAR SER MÁS CIVILIZADOS.INCLUSIVISTA?
FINALMENTE DE UNA MANERA U OTRA EL SISTEMA SIEMPRE LOGRA SOBREVIVIR Y PERPETUARSE. EN NUESTRA SOCIEDAD ACTUAL, SIENDO INCLUSIVA, CON TODOS LOS QUE LE DEN MÁS PODER Y LEGITIMIDAD CON SUS VOTOS.
SÍ POLITICA

martes 25 de noviembre 2014 a las 11:37
9
Milena Melig

Reunida con un grupo de mujeres, feministas, discutimos este texto. La opinión general es extremadamente positiva en cuanto al tono, a la calidad de los razonamientos que nos da argumentos para discutir. Su crítica a la sociedad machista y retrógrada es formulada en términos simples y rotundos. Armadas con ese texto, me parece que la oposición al matrimonio igualitario será muy difícil.
Una objeción surgió por parte de las amigas feministas más militantes, el hecho que Daniel Ramírez no propone como algo evidente el derecho a la adopción y a la fecundación medicamente asistida o a la gestación por maternidad subrogada (madres portadoras). Mis amigas piensan que este texto valioso de un filósofo sin duda muy profundo pero que “no se juega” por las reivindicaciones importantes de la comunidad LGBT. Yo no estoy totalmente de acuerdo pero reproduzco aquí esa opinión. En todo caso la discusión fue muy estimulante.

miércoles 26 de noviembre 2014 a las 16:38
10
GABRIEL

“El feminismo es un conjunto heterogéneo de ideologías y de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre varones y mujeres, así como cuestionar la dominación y la violencia de los hombres sobre las mujeres y la asignación de roles sociales según el género.”
Milena, con todo respeto, es un movimiento feminista o lesvico, lo pregunto porque puede haber una timidez de decir lo que son y seria una muestra de la propia dificultad de estos grupos de enfrentar su propia identidad. Con respeto por favor.

jueves 27 de noviembre 2014 a las 12:53
11
Daniel Ramírez

Muchas gracias por los comentarios, que muestran una lectura atenta.
Comenzaré por el primero, Hernán. Si he entendido bien, este comentario un poco irónico tiende a lamentar que los cambios en el dominio de la procreación y filiación den lugar a la explotación comercial y sea principalmente posibilidades que solo da el dinero. Es verdad que hay abuso y explotación de personas pobres, principalmente en la práctica de la maternidad subrogada (madres portadoras), lo cual se puede llamar peyorativamente “arrendar un vientre”. Pero no hay que mezclar todo. No toda adopción se hace mediante pagos y coimas. No todas las parejas que adoptan son ricas. Sin embargo muchas personas adoptadas han tenido una vida “rica” humanamente, sin que ello implique la ausencia de todo problema. Las formas nuevas de procreación plantean problemas nuevos. Es por ello que en esta columna preferí o hablar de ellas (además sería demasiado largo). Si se propone una ley de matrimonio, ella no implica inmediatamente derecho a hacer lo que se quiera. En Francia, por ejemplo fue aprobado el “matrimonio para todos” pero la práctica de madres portadoras está prohibida y aún no se ha legislado por la adopción y la procreación medicamente asistida para parejas homosexuales. No niego que haya múltiples problemas éticos, pero cada cosa en su momento.

Aprovecho de responder a la última objeción, transmitida por Milena. Antes que nada, gracias por utilizar mi artículo para una discusión en vuestro círculo de mujeres. Es normal que una reflexión ética no sea lo mismo que un discurso militante, las organizaciones feministas han conseguido con una larga lucha muchos progresos en la igualdad entre hombres y mujeres; la organizaciones LGBT, mucho más nuevas, tienen un largo camino por delante. La sociedad se niega en general a avanzar, clases y grupos dominantes imponen su manera de vivir, de pensar y de sentir; los cambios son lentos y demandan paciencia, persistencia e inteligencia. Lo más eficaz es luchar por un objetivo a la vez. No se obtiene mucho si se pide todo. Personalmente creo que una sociedad debe estar abierta nuevos modos de relación y que una ley de matrimonio igualitario es necesaria y aunque solo es una etapa, su importancia simbólica es enorme y abre camino a una sociedad de respeto e igualdad. Luego habrá que examinar cada nueva problemática. Y no es fácil. No todo será aceptado. Es verdad que se puede decir de quien hace solo un trabajo intelectual que “no se juega”, pero por otra parte de alguna manera si se juega, porque las posiciones filosóficas no son equivalentes ni banales si son expresadas con claridad en la plaza pública. Cada cual su trabajo.

Para Luís Emilio: Para mí el problema no es la homosexualidad ni la heterosexualidad como identidad, aunque en efecto algunos (as) lo reivindican como una identidad de género. Por cierto los géneros son variados (por ello se habla de LGBT). Las identidades lo son también, y cambiantes: a veces son importantes en una etapa de la vida de alguien. Podemos reconocernos e identificarnos con muchas cosas al mismo tiempo: negros, homosexuales, católicos, anarquistas, chilenos, judíos, mapuches, etc. La nación, las convicciones, las prácticas sexuales, el origen étnico, todas estas cosas tienen importancia para algunos; no para todos. Lo importante es que nadie esté encerrado en una de estas “identidades” por la mirada y el tratamiento que la sociedad le impone, que no haya discriminación ni estigma, ni persecución ni rechazo.

jueves 27 de noviembre 2014 a las 13:01
12
Milena Melig

Gabriel pregunta si el grupo de mujeres del cual ha hablado es un grupo feminista o lésbico. ¡Y sugiere que no tendríamos el coraje de decir lo que somos! Se note que no conoce a este tipo de grupos. Nadie se esconde de nada, porque lo que nos interesa son las ideas y los derechos. Hay homosexuales, heterosexuales y bisexuales, como yo. ¿Y qué? Nos reunimos porque somos feministas, lo cual es principalmente un pensamiento político. ¿Acaso se piensa diferente según sus deseos sexuales? Bien rara la manera de discutir. No basta con añadir “con todo respeto” para respetar, Gabriel. En el mismo estilo se podría insinuar que Gabriel es homófobo y que “puede haber una timidez” que hace que no se atreva a decirlo. Pero no es mi manera de discutir.

domingo 30 de noviembre 2014 a las 13:04
13
Daniel Ramírez

Por alguna razón, cuando envié mi respuesta, el largo comentario de Gabriel no aparecía. Por ello respondo ulteriormente.
Yo no utilizo mucho la palabra “tolerancia”, en efecto, me parece que es muy poco pedir; tolerar significa permitir algo que se reprueba. Esa palabra se origina en las guerras de religión: los protestantes eran “tolerados” en la Francia católica a partir de Henry IV (Edit de Nantes). Creo que estamos un poco más avanzados: una cosa es tolerar, otra cosa es reconocer el derecho de los otros a vivir como lo prefieran. La libertad de religión por ejemplo (las sociedades laicas se basan en ello) es mucho más que la tolerancia religiosa. Por cierto, la homosexualidad es tolerada en la sociedad chilena actual quienes la reprueban deben ser tolerantes (salvo que sabemos que la homofobia existe y que puede ser violenta). ¡Pero debería ser un derecho! Las prácticas minoritarias en amor y sexualidad, las manera de ser y de sentir (una vez más, si no dañan a nadie) no tienen por qué ser “toleradas”, ¡deben ser libres!
Gabriel afirma algo que no queda muy claro, como si ello fuera una moda, une argumento publicitario, o ceder frente a minorías influyentes. No creo que me corresponda contestar a esa insinuación. El trabajo de la filosofía es solo proponer útiles de pensamiento. El ciudadano puede servirse de ellos para comprender mejor ciertas cosas, afrontar desafíos nuevos que la época plantea. O no. Nadie está obligado a pensar con apertura de espíritu, y yo soy el primero en aceptar que los puntos de vista opuestos merecen ser tomados en cuenta. Y si Gabriel considera que la institución tradicional del matrimonio no debe ser tocada, tiene derecho a decirlo; y no es problema, porque no se trata de cambiar el matrimonio, se trata de permitir que todas las parejas humanas (que lo desean) tengan acceso. No veo en qué será dañado, qué le será sustraído en sus derechos a quien se casa con alguien del sexo opuesto.
Cuando se dice que se defiende la institución del matrimonio, la expresión “institución” tiene dos sentidos: uno formal: una diligencia legal aceptada por la sociedad, sus derechos y deberes los acepta y los decide la sociedad, si posible democráticamente. Pero la “institución matrimonio” no es una especie de club de todas las personas casadas, en el cual por cierto alguien podría molestarse si se acepta como miembro una persona que le desagrada. El segundo sentido, que es el sentido fuerte de “la institución”, es la que forma cada pareja casada, que no está casada más que con su conyugue. Por ello, si yo fuera un heterosexual casado (que no es el caso) y me molestara la homosexualidad (que no es el caso), el hecho que los homosexuales puedan casarse entre ellos, no sería en absoluto una razón para pedir el divorcio. Más debería preocuparme el que mentirosos, ladrones, incluso criminales y torturadores se casan (lo cual sí es el caso), pero incluso esa evidencia no quitaría ni añadiría nada a MI matrimonio, a la “institución” que yo formaría con mi esposa.
Es interesante, Gabriel, cuando uno se opone a que otros accedan a un derecho, hacerse la pregunta del porqué, por qué quisiera que ciertas personas no accedan a un derecho que yo poseo, qué es lo que estoy realmente defendiendo… La creatividad y a inventiva social son importantes, e invocarla puede parecer una buena idea, pero no lo es: si la sociedad aceptara una “institución” nueva, exclusivamente diseñada para los homosexuales, ello se parecería mucho a la discriminación.

domingo 30 de noviembre 2014 a las 16:58
14
hernan

¿El fundamento del matrimonio es el sexo, o la procreación? Si es el sexo (en el sentido amplísimo que tiene la palabra sexo), las uniones intrínsecamente estériles pueden llamarse ‘matrimonio’, en caso contrario debieran tener otra apelación. Ello tiene un significado tanto personal como social, ya que la sociedad humana se reproduce en las distintas formas matrimoniales que ella se ha dado en la historia. Es un asunto vital para la sociedad. Las sociedades humanas se fundamentan en las normas de intercambio sexual.
Por otra parte, biológicamente los monos antropoides y todas las sociedades humanas hasta un pasado muy reciente, se han configurado en la poligamia, la cual tiene grandes ventajas evolutivas. Abandonada la noción retrógrada de que las uniones homosexuales sean un delito, ¿por qué en nuestra cultura occidental la poligamia continúa siendo un delito penado por la ley?
La ley debiera reconocer los matrimonios poligámicos, así como los matrimonios sucesivos.
No conozco razones teológicas, filosóficas, éticas, históricas, sociológicas, biológicas para oponerse a ello.

domingo 30 de noviembre 2014 a las 18:39
15
GABRIEL

LA RAZÓN DE MI PREGUNTA VA DIRIGIDA A ENTENDER QUE MUCHAS VECES A LAS PROPIAS MINORÍAS LES CUESTA DECLARAR LO QUE SON, POR TEMOR A SER RECHAZADOS.
SUENA DISTINTO, ME JUNTARE CON MI GRUPO DE LESBIANAS A CONVERSAR ESTE TEMA, A DECIR ME JUNTARE CON MI GRUPO FEMINISTAS (TERMINO ACEPTADO POR LA SOCIEDAD Y QUE DATA DEL SIGLO XV) ME DISCULPE DOS VECE PORQUE PENSÉ QUE PODRÍA MOLESTARTE, PERDONA POR USARTE DE EJEMPLO DE COMO PODEMOS EXPRESARNOS AUN DESDE EL TEMOR.

lunes 1 de diciembre 2014 a las 11:40
16
GABRIEL

EL TEMA QUE CONFUNDE Y PRODUCE TEMORES EN LA POBLACIÓN PORQUE MUCHOS CASOS, POR LO MENOS LOS HOMOSEXUALES QUE CONOZCO HAN SIDO ABUSADOS CUANDO NIÑOS. Y CREAN SU CONDUCTA SEXUAL DE ESE ECHO CONCRETO Y DOLOROSO.
CONDICIONANDO SU “OPCIÓN” SEXUAL.
TODA ESTA MARAÑA QUE SE CRUZA CON LOS “DERECHOS”, LO QUE ME DEJA EN UNA SITUACIÓN UNIVOCA,¿TODOS TENEMOS LOS MISMOS DERECHOS, SI, ¿COMO PODER DECIR NO, SIN DEJAR A TANTOS SERES HUMANOS EN UNA SITUACIÓN DE INSEGURIDAD?, ¿NO SON NUESTRO GOBIERNOS LOS ENCARGADOS DE PROTEGERNOS, CUIDARNOS, ETC?
SI, LO SIENTO, HAY QUE TOMAR UNA POSTURA POLÍTICA, NO SOLO FILOSÓFICA, NO SE PUEDE EVITAR.
PASARON DE SER GRUPOS “MARGINALES”, A GRUPOS DE PODER.

lunes 1 de diciembre 2014 a las 11:59
17
Carlos

Muy interesante aporte, y más aun con los comentarios y las respuestas de Daniel Ramírez. Claro que más vale atenerse a lo que el artículo propone, que ya es bastante profundo conceptualmente, y no enfrascarse en polémicas sobre si un grupo tiene derecho a llamarse feminista, como insiste Gabriel. Hasta nueva orden, son los miembros de un grupo los que se dan un nombre no alguien que no los conoce y que sospecha, desde sus fantasmas personales. Creo que Milena ha respondido como se debe, por cierto. En cuanto a delirios como el por qué no legalizar la poligamia, de Hernan, no coments.
La concepción de Daniel Ramirez es un ejemplo de humanismo consecuente. Sé que fue alumno de Humberto Giannini, que acaba de morir, y esa herencia me parece que se puede leer también en sus columnas anteriores. No tenerle miedo a la diversidad, al progreso, al cambio y a la innovación social. Utilizar la fuerza del pensamiento filosófico para ir más lejos que lo que los dirigentes políticos y mediáticos pueden imaginar. Los prejuicios, que salen rápidamente, no se sostienen ante un pensamiento coherente, claro y argumentado.
Por cierto recomiendo releer la columna anterior, sobre el aborto, que me parece un problema más agudo, con desarrollos más problemáticos y muestra un coraje que no corresponde para nada a eso del filósofo “que no se juega”.
Es una suerte contar con estas publicaciones que nos desafían a pensar.

viernes 5 de diciembre 2014 a las 12:15
18
Alejandro Lazo V.

…excelente!! siempre será importante y saludable..que prosiga la existencia de la libre opinión y la buena redacción de ideas…el texto de Daniel habla esencialmente del amor; y el amor no tiene fronteras emocionales…estas son solo culturales, por lo tanto es el debate respetuoso, el diálogo lo que enriquecerá una evolución hacia estados de mayor desarrollo humano. Aunque los anacronismos estén a la orden del día. No voy a ahondar en todas las vicisitudes político sociales ni en las moralinas asociadas a cuerpos religiosos o militantes de diverso calibre y ortodoxia…me quedo en el amor, en la emoción legítima que dos personas de sexo diverso o igual, puedan reconocerse y necesitar actuar en consecuencia. En este sentido, el amor es más que un derecho, es un estado humano profundo, que en tanto que vital, vive y sufre todas las limitaciones, plazos, tolerancias, etc. etc. El amor nos iguala en sus virtudes y en sus sombras, ya seamos heterosexuales, homosexuales o bisexuales…Bienvenidas entonces aquellas medidas socioculturales que permitan ampliar los derehos de las personas frente a sus sentimientos….

viernes 5 de diciembre 2014 a las 18:03
19
GABRIEL

Me encanto el delirio de Hernán……………….¿porque no?

viernes 12 de diciembre 2014 a las 19:23
20
GABRIEL

cultural, social, aprendido, reprimido…….,historia……..

viernes 12 de diciembre 2014 a las 19:25
21
GABRIEL

Me encanta la columna de Daniel, si voy a sobarle el lomo, no escribiría,
para eso le pongo solamente me gusta.
La confrontación de diversas miradas poniendo en la llaga y el limite de la “tolerancia”(palabra muy muy usada y en boga en Chile mi ami), aunque huela a protestantismo o tolerancia religiosa, hoy en Chile es usada como sinónimo de aceptar al otro, al que es distinto, a la diversidad…….
Se proponen “verdades”, como la evolución humana, como si fuéramos en un sentido, hacia el paraíso.
Lo inclusivo, la lucha por lo justo, es tan noble y necesario.
Bueno esperemos con ansias el próximo texto de Daniel para debatir y poner cada uno su capacidad de aceptar las ideas del otro, porque somos muchos y distintos.
Y si quieren casarse con un perro , un caballo, un gato, ¿porque no? ¿o con un árbol?, ¿con el océano?
pero si estamos tocando lo limites ¿o no?

viernes 12 de diciembre 2014 a las 19:43
22
hernan

Gracias, Gabriel.
Me parecen estos temas de gran interés biológico, antropológico, sociológico. Hace ya tiempo que Engels escribiera El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado que, como ocurre con las obras de las personas inteligentes, mantiene su interés, mayormente cuando en este aspecto se fundamenta en los trabajos injustamente olvidados de Morgan, y su más moderno desarrollo por L-Strauss, así como las siempre notables acotaciones etológicas de K Lorenz. La homosexualidad es una conducta muy frecuente en el reino animal y entre los humanos tiene una frecuencia cercana al 10%; si fuera genética uno se pregunta por qué subsiste una conducta genéticamente suicida; ello debe representar ventajas para el pool genético.
La aceptación de una conducta social tiene dos vertientes, una legal, y otra más profunda religiosa (a la cual podríamos asociar la reflexión filosófica, rama de la religiosa, como dice Hegel).
Así se articula tempranamente en la socialización del niño una configuración del yo y los límites de sus apetencias, lo que llamamos el bien y el mal, las fronteras del pecado.

sábado 13 de diciembre 2014 a las 15:10
23
hernan

El pecado no es nunca una cuestión puramente individual, como quiere la ideología ‘libertaria’ burguesa, sino es social. El pecado de Edipo (que no emanaba de su conciencia de la realidad, de su voluntad y ‘libertad’) se constituye en un pecado social que irrita a los dioses contra la sociedad toda, que debe ser castigada en tanto no se condene adecuadamente al criminal, como éste hace.

sábado 13 de diciembre 2014 a las 15:32
24
hernan

El pecado de Edipo no consiste en que hubiera elegido libremente el mal, que sería locura, sino en un destino trágico que no podía eludir, pues así lo habían decidido los Mayores dioses; así también se impone el deseo sexual manifestándose como Muerte, Todestrieb, tanto interna como externamente.

sábado 13 de diciembre 2014 a las 16:00
25
hernan

La homosexualidad, el canibalismo y el incesto, tienen en común su excesiva proximidad, su carencia de contradicción dialéctica, por lo tanto su esterilidad.

jueves 18 de diciembre 2014 a las 21:01
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Daniel Ramírez

Yo no tengo nada contra el que Gabriel y Hernán se apoderen de este foro para discutir 🙂 Sin embargo no puedo dejar pasar esta última frasecilla (“la homosexualidad, el canibalismo, el incesto…”, etc. ). Bajo la apariencia de un asunto dialéctico (la diferencia produce la contradicción fecunda, la proximidad es estéril; cosa que por lo demás no está en absoluto demostrado) se llega a una aberración, de sugerir que las relaciones debería buscar entonces un máximo de diferencia para que sean fecundas. Si fuera así un hombre rubio debería casarse con una mujer morena y un gordito con una flaca para que sean parejas “correctas”, por qué no un analfabeto con una doctora en letras… Hay muchas más diferencias entre un individuo y otro que entre un sexo (o género) y otro; hay personas de sexo opuesto que se parecen mucho.
El centro de este asunto, como bien lo comenta Alejandro Lazo, es el amor. Este se produce sin ley ni regla, sin que algo sea correcto y lo otro menos. Salvo invariantes antropológicas como el incesto, que también conocen muchas excepciones. En cuanto al canibalismo, fue abolido por razones morales, como la esclavitud y la pena de muerte. No hay leyes de la naturaleza en estos asuntos; solo construcciones culturales. Otra cosa es si hablamos de fecundidad en términos de engendramiento de hijos. Fuera de que existen muchas “soluciones”, que deberán ser examinadas aparte, como lo dije antes, las parejas humanas no tienen obligatoriamente como finalidad última la procreación. Sino, el feminismo, la contracepción y la liberación de la mujer no tendrían objeto alguno.

lunes 29 de diciembre 2014 a las 20:05
27
hernan

La fracesilla de marras corresponde al análisis estructuralista, a Lévi-Strauss, por lo menos en la última oposición.

martes 30 de diciembre 2014 a las 20:47
28

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