El retorno de los fácticos

miércoles 1 de octubre 2014
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Peñalolén-20130518-00351“La bomba en el metro puso en el tapete la cuestión de la seguridad y es altamente probable que los militares vuelvan a tener un espacio en la vida civil, organizando equipos de inteligencia que apoyen el vacío existente en La Moneda”.

Escribe Alberto Mayol*

El resumen ejecutivo de los dos últimos meses es bastante claro. La reforma tributaria se negoció con los bancos, la educacional se está negociando con la Iglesia, la reforma laboral será a medida del empresariado y la nueva Constitución se hará respetando el sentido oligárquico y caritativo de escuchar al pueblo, para definir los contenidos en la mesa de siempre. Si a todo esto sumamos el creciente rol conservador de los medios, en lo que constituye la tradición periodística chilena, lo que adquiere su forma emblemática en el titular de La Segunda del 9 de septiembre (“el retorno del miedo”, a propósito de la bomba en Escuela Militar) y que se expresa en el rol de El Mercurio durante la reforma tributaria con la familia Fontaine de por medio; el panorama es bastante claro.

La bomba en el metro ha puesto en el tapete la cuestión de la seguridad y es altamente probable que los militares vuelvan a tener un espacio en la vida civil, organizando equipos de inteligencia que apoyen el vacío existente en La Moneda.

Las fuerzas conservadoras han logrado ordenarse, el viejo pacto oligárquico-capitalista se ha vuelto a firmar y la idea de orden como necesario antídoto contra el caos de los cambios renace en medio de una sociedad que ha perdido la esperanza colectiva nuevamente y que se refugia en la individualidad.

¿Quién ha prodigado este escenario? No hay duda. La Nueva Mayoría. Cuando se requiere transformar una sociedad no sirve de nada un acuerdo programático, un papel lleno de ambigüedades que se transformará, por necesidad, en el punto inicial de la negociación y no en su punto final.

Para hacer cambios es necesario disponer de toda la fuerza transformadora del carisma, se requiere demostrar certeza, una agenda clara, es exigible decirle a la ciudadanía qué dolerá y qué no en el nuevo escenario. Las transformaciones no son un jardín de rosas.

Por lo demás, desarticular los movimientos sociales, que era el motor de los cambios y pretender que la Nueva Mayoría absorbiera ese rol, resultaba absurdo, a menos que siempre la idea hubiese sido no avanzar demasiado.

Hoy Michelle Bachelet paga caro sus errores. Su complacencia histórica con los fácticos, que la blindó durante su mandato anterior, convirtiéndola en un ente fuera de la política y próxima a la santidad, hoy supone que una ciudadanía que está acostumbrada a ver a la Presidenta como un liderazgo etéreo exija que retorne a la simpatía, al baile, al juego de la mujer humilde en un palacio. Su despolitización (de Bachelet) y la despolitización que la Nueva Mayoría ha construido en este escenario, solo pueden terminar en el peso de la noche, en el retorno de los empresarios, la Iglesia, los medios de derecha y los militares.

Chile no parece tener las condiciones para escapar de su karma. Sin embargo, de trasfondo de esta escena se mantiene el avance de una conciencia creciente por los casos judiciales que han llevado a la crisis de legitimidad de los grandes empresarios. El telón de fondo es que la sociedad que se nos ofrece es intolerable para los chilenos. No hay alternativa, es cierto, pero tampoco hay complacencia con el orden existente. La presión de ese malestar social, de ese horror con un modelo que desnudó de pronto sus fauces, carece hoy de posibilidades de politización, pero se mantiene como una angustia que acompaña el triunfo de los fácticos.

*Académico Universidad de Santiago

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Comentario

Ramón

El afán de los políticos chilenos, de recurrir a las fuerzas armadas para todas las situaciones que salen de lo usual, es una clara evidencia de su incompetencia y falta de idoneidad para los cargos que ocupan.

sábado 18 de octubre 2014 a las 23:33
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