Política de los Acuerdos: una vieja receta de cocina

Hace menos de 1 minuto
|

SilvaLa clase de cocina que nos han dado los participantes del protocolo de la reforma tributaria, ha hecho revivir la política de los acuerdos. En la democracia chilena sigue viviendo el mito del eterno retorno a la democracia de los acuerdos. Cada vez que las turbulencias arrecian, resurge la melancolía de la política de los acuerdos que sentó las bases de nuestra transición. Es ahí donde aparecen los “Señores de los Partidos” desde supuestas posiciones diferentes, para recuperar la senda del consenso y del supuesto también “acuerdo nacional”.

Por Matías Silva Alliende, abogado

El tema es que hay un programa de gobierno, que ganó en las últimas elecciones. Este programa de gobierno, fue suscrito por todos los que hoy son representantes del oficialismo. Dejando de lado los eufemismos de aplanadoras y retroexcavadoras, el gobierno al menos en el papel contaba con los votos para aprobar la reforma tributaria y educacional. Hoy eso se ha puesto en duda.

En mi opinión, este tipo de acuerdos, que se justifican bajo el argumento de “no hay otra alternativa” no son congruentes con la nueva forma de hacer política prometida también por el programa de gobierno. La idea “no hay alternativa”, además de ser un insulto a la inteligencia de los ciudadanos, es un germen imparable de degradación de la democracia.

Unos pactos para convencer al país de que no hay otra vía que la obediencia ciega a los poderes exteriores y extrapolíticos que condicionan la toma de decisiones sólo servirían para agrandar la distancia entre las élites dirigentes y la ciudadanía. Todos confundidos en la gran sopa del consenso, sin voces para la discrepancia. Si este debe ser el resultado, mejor olvidarse de los acuerdos nacionales.

El discurso del programa de gobierno, durante la campaña fue el rescate del espacio público por parte de la ciudadanía, la que en forma organizada y consiente, asumió su condición de actor fundamental en el centro de una dinámica de poder capturada por dirigentes y representantes.

En Chile, lo político estaba casi muerto. Sobrevivía a través de un congreso sin la más mínima vocación de lectura social. El retorno de la política fue en contra de la democracia representativa a la chilena, es decir, contra la inyección proporcional que le da un sistema binominal. El discurso de la nueva política del programa de gobierno, implicaba abandonar las cláusulas y toda la constelación de letras chicas que implicó el proyecto democrático para salir de la dictadura.

Las consignas ya no son dentro de lo posible o la democracia de los acuerdos. Hoy se trata de posicionarse fuera de lo posible y de estar en desacuerdo. Esto no implica hacer un llamado a un descuerdo intransigente, sino que generar los acuerdos con aquellos que participan en la alianza de gobierno, o que sin participar, apoyan las ideas de reforma. El acuerdo o consenso activo requiere de coraje, riesgo y capacidad de buscar complicidades con el Partido Comunista y con el resto de la llamada bancada estudiantil, así como también con el PRO.

Estos acuerdos deben ser realizados de cara a la ciudadanía. Sólo de esta manera resulta posible una transformación sustancial del esquema histórico de desarrollo y funcionamiento del sistema democrático, consolidado hoy por hoy bajo una fisonomía supuestamente representativa.

Debido a lo anterior, se requeriría una estructura democrática deliberativa, que aumentara la eficacia política, estimulara la preocupación por los problemas colectivos y contribuyera a formar una ciudadanía capaz de interesarse de manera continuada por el proceso de gobierno. Una democracia deliberativa debería permitir la participación directa de los ciudadanos en las instituciones clave del sistema político, en los lugares de trabajo y en la comunidad local; tendría que acometer una reorganización del sistema de partidos políticos para hacer aumentar las cuotas de responsabilidad dirigencial y abrirse a nuevas formas políticas, cuando menos.

La democracia deliberativa requeriría de ciertas condiciones generales de posibilidad: aumentar los recursos materiales de los grupos sociales; disminuir el poder burocrático no responsable ante los ciudadanos; mantener un sistema abierto de información que posibilite decisiones informadas; pues, lo que define al concepto de democracia es la deliberación en sí misma.

Cuando los ciudadanos deliberan, intercambian puntos de vista y debaten sobre asuntos de políticas públicas, suponen que su opinión política debería ser examinada con otros ciudadanos; es en este punto en el que la razón publica es de crucial importancia, dado que caracteriza el razonamiento de los ciudadanos sobre elementos constitucionales esenciales y asuntos de justicia básica.

Es en este contexto, que renovamos el menú, ampliamos la cocina y lo que es más importante, da lo mismo quien se ponga con las galletas y el café.

Comparte:

Comentario

VICTOR RODRIGUEZ O.

LA VOLTERETA DE LA ENTREGUISTA

EL DESARROLLO JUSTO Y EQUILIBRADO, la justa repartición de la riqueza se debe expresarse en el fortalecimiento de los derechos fundamentales para la indispensable vida digna para tantos millones de personas que viven en los límites de la miseria misma, en este Chile convertido en paraíso fiscal.

Hay una generación que tiene una mirada extremadamente crítica de la forma en que la actual clase política ha tratado los grandes problemas de Estado, y esa condena no es tanta para el sector de la derecha chilena. La derecha siempre hace lo mismo, no cambia de rumbo, con el tiempo va incorporando a nuevos personajes, cuando necesitó dar un golpe militar sencillamente lo dijo en voz alta y empujó a las Fuerzas Armadas… pero no cambia.
SON los grupos económicos que se abrazan a la Nueva Mayoría en otro nuevo festín, los “encapuchados de conciencia” de terno y corbata , aquellos mandatados por sus amos del norte, los nuevos “acomodados”, los maricones sonrientes .

El bien común no puede seguir pagando con tarjetas de créditos con esas elevadas tazas de interés, para que la clase dominante siga durmiendo tranquilo.
Alegra constatar que el miedo va lentamente cambiando de lado, son los tiempos de que los que entran diariamente en los bolsillos de chilenos sufran una derrota final, aplastante, mortal!.

Chile dejará de ser paraíso fiscal cuando los chilenos vuelvan a ser los dueños de sus recursos naturales y con la actual institucionalidad NO ES posible, en eso radica la urgencia histórica. Cuando se hagan llegar como recursos fiscales los millones y millones de dólares que salen hacia el extranjero, dinero que necesita la educación, la salud, para sacar de la pobreza a millones de compatriotas, entonces, solo entonces empezaremos a ser dueños de nuestro justo destino

La lección es más que evidente desde hace tiempo es la calle, las poblaciones, los estudiantes la nueva generación de trabajadores van dando las señales del correcto rumbo a tomar.

Y sabemos que el movimiento popular se hará presente, para un país diferente…. se hará presente.

lunes 21 de julio 2014 a las 20:49
1

Los Comentarios se han cerrado.

Anuncio