Las cosas importantes en nuestra vida

jueves 28 de noviembre 2013
|

ramirezEs cierto que la riqueza material ha aumentado. Pero todo el mundo sabe, incluso los más ilusos, que este aumento solo ha beneficiado a una parte minoritaria de la población mundial. La gran mayoría continúa su dura lucha por la vida. Los ricos son más ricos, es lo único seguro; algunos pobres tal vez un poco menos pobres (sin contar que hay muchos nuevos pobres y solo algunos nuevos ricos).

Escribe Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne)

Marchando por la montaña, o junto al mar, sentado en una noche estrellada o en torno a un fuego con amigos, en un momento así,cada uno puede preguntarse qué es lo más importante en su vida… Es probable que muchas respuestas coincidan: el amor será tal vez la primera, probablemente la amistad, la fraternidad; también es posible que la paz y la justicia sean evocadas, la igualdad; también la creatividad, la curiosidad intelectual, la pasión, la sinceridad, el conocimiento, la apertura de espíritu, la riqueza de las relaciones, la belleza, la armonía con la naturaleza, la expresión de las emociones, poder pasearse tranquilamente por las calles de su ciudad, la hospitalidad, el humor, el coraje, desarrollar sus potencialidades en el trabajo, la lectura, el arte… ¡Tantas cosas! La lista podría completar la página. Todas ellas constituyen valores, riqueza humana. Son las cosas que cuentan.

La caminata se termina, dejamos la playa o la velada con amigos. Volvemos la mirada a la sociedad humana. ¿Qué es lo que se propone? ¿Cómo se supone que se debe ser feliz en la sociedad? La respuesta es fácil: dinero. Hay que ser rico. Para ello, seguir las “buenas carreras”, esforzarse, buscar incansablemente ganar más plata, los puestos, los contactos. También es muy importante la imagen: parecer fuerte, seductor, ser conocido, “ser alguien”; lo que equivale a tener poder. Más y más poder, dinero, celebridad, influencia. Y ser así respetado, temido, adulado, envidiado. Todo debe ser subordinado a estos fines: la educación-negocio, la salud-negocio; la empresa, por supuesto, a condición de estar bien ubicado en la jerarquía; el espectáculo; pero también la política: ubicarse bien y utilizar sus relaciones.

Como puede verse fácilmente, la lista del primer parágrafo y la del segundo tienen bien poco en común. Salvo ingenuidad total: que se crea que ser envidiado o temido pueda, por milagro del espíritu santo (que si existe seguro tiene mejores ocupaciones) transformarse en ser amado.

En el mundo actual, las grandes mayorías han elegido gobernantes que prefieren que todo se venda y se compre, que las cosas sean fabricadas en cualquier parte, a cualquier costo social y ecológico, para llenar las cuentas financieras, los fondos de pensiones; que suban las acciones, que aumenten los índices, que haya crecimiento-enriquecimiento. Para ello no se ha dudado en inundar el planeta de mercancía perecible y baratijas fabricadas por obreros mal pagados en pueblos pobres. Se va destruyendo así el tejido social de grandes países, despilfarrando la energía, destruyendo los ecosistemas. Pero es más fácil duplicar o multiplicar por diez las fortunas en un mundo así. Todo circula: el dinero, la mercancía, la información, las imágenes (y con ellas esta ideología de la riqueza de pacotilla), el show, inclusos las armas y la droga. Todo menos los seres humanos, que continúan apiñándose en campos de refugiados, zonas de tránsito, separados por muros, alambres de púa, vigilados, controlados por policías muchas veces corrompidas, explotados y haciendo tareas de servidumbre. Otros se ahogan en el mediterráneo en busca de una vida mejor.

Es cierto que la riqueza material ha aumentado. Pero todo el mundo sabe, incluso los más ilusos, que este aumento solo ha beneficiado a una parte minoritaria de la población mundial. La gran mayoría continúa su dura lucha por la vida. Los ricos son más ricos, es lo único seguro; algunos pobres tal vez un poco menos pobres (sin contar que hay muchos nuevos pobres y solo algunos nuevos ricos).

Y eso parece totalmente normal. ¡Eso es lo monstruoso!

Si volvemos a los dos párrafos iniciales, hay dos maneras de ser rico opobre. Quien poseeuna parte de las cosas del primer párrafo, aunque tenga problemas y luche, es seguro que se sentirá vivo, vibrante, tendrá coraje y fuerza para afrontar las pruebas, solidaridad y contactos humanos. Como cuando un músico apreciado como persona y admirado por su arte tiene un accidente y sus amigos hacen un concierto para reunir ayuda. Aunque no se reúnan muchos fondos, ¡Pero qué riqueza!

Se puede tener mucho de lo del segundo párrafo, llenar las vidas: autos impresionantes, residencias secundarias, lancha, viajes, trajes demarca, joyas, tecnología (incluso la que no sirve más que para perder el tiempo), organizar bodas fastuosas para impresionar y llenar listas de matrimonio en las tiendas (el amor también es negocio). Seguridad y protección (guardias, condominios-fortaleza). Cuando llega el momento de la muerte, ¿qué queda de todo eso? Herencia, claro. Y el ciclo continúa. ¡Qué pobreza!

Se puede ser pobre justamente porque tanto se ha ingerido la ideología de la riqueza del segundo párrafo, que ya no se ve la parte que se posee de la del primero. Ya no se busca más que lo que se puede comprar, lo que brilla, lo que suena, lo de moda, lo que se ve en las revistas, en la televisión; la subcultura. Y esa es la peor, la más temible, y la más cruel pobreza. El vacío humano, la pobreza de espíritu. Ninguna fortuna del mundo podrá llenarla.

¿No habrá algo profundamente errado? ¿No habrá llegado el momento de reorientar nuestras sociedades hacia algo que merezca el adjetivo de “humano”, justamente?

Difícil reto, por cierto. Utopías y sueños generosos degeneraron en ideologías rígidas y se destrozaron en los muros obsesivos del poder. Una forma de conformismo o de resignación se fue instalando en las conciencias, y la idea que bastará un poquito de justicia, algunos arreglos, un poco de tranquilidad; pan, circo y símbolos.Podríamos estar peor, en dictadura, en guerra, en la miseria, en el cuarto mundo. Muchos lo están.

Pero también podríamos estar construyendo juntos el futuro, luchando por las cosas que nos importan, trabajando con imaginación por la hermandad y la libertad, por el goce y la sensualidad del mundo, por la alegría de vivir,el respeto de las culturas y la paz. Por merecer el planeta maravilloso que nos tocó, para habitarlo con equidad y hacer de la vida una fiesta, una marcha en la montaña, una reunión con amigos, una noche de amor bajo las estrellas.

¿En qué estamos, finalmente?

Comparte:

Comentarios (9)

Cristian C.

Daniel
Buenísima tu reflexión. Creo que tocas un punto central de la vida contemporánea. La pseudo felicidad asociada al consumo de lo material y a la “buena vida” o la felicidad asociada a lo que se conoce desde hace siglos como la “vida buena”. Es decir, hoy tenemos que elegir entre intentar llenar nuestros vacíos existenciales con cosas (y desarrollar su correspondiente enfermedad mental) o vivir con mas austeridad, mas humanidad y una mejor y mas sana calidad de vida.
Se trata de no confundir valor con precio.

viernes 29 de noviembre 2013 a las 01:19
1
Lola de la Luz

Buenísimo, Daniel!!!

viernes 29 de noviembre 2013 a las 11:46
2
Martín Hopenhayn

De acuerdo Daniel.
Creo que en pocas palabras lo dejaste bien claro y elocuente. Hay algo extraño también en el hecho de que vivimos en un mundo de flujos y no de patrimonios. La diversidad cultural y los recursos de la naturaleza, además de su belleza, se invocan mucho más en la retórica de lo políticamente correcto, pero manda lo que circula, no lo que se ha sedimentado durante siglos, milenios, millones de años. No pretendo incurrir en un preservadurismo bucólico con esto, pero me intriga esta inversión de la relación flujo-acervo o flujo-patrimonio, la primacía tan fuerte de la circulación. Ni hablar de los efectos concentradores que produce.

viernes 29 de noviembre 2013 a las 13:06
3

….gran síntesis..habremos de mantener la lucha por lo que siempre hemos sentido, pensado y creido sin que se estrellara contra los muros anacrónicos del poder concebido como una expresión exclusiva de dominio y no de ampliación de las facultades humanas, por cierto extraordinariamente atrofiadas por esta dinámica mediocre…enfín, lo sabemos y muchas veces cierta inercia mezclada de una necesaria adaptación al medio, nos contradice…pues para cumplir a cabalidad con los sueños justos, parece que también, en este contexto, habría que ser millonario. Por lo tanto parece que se avisora un reventón, una explosión ecológica que dará de si un chancacazo cualitativo de insospechadas proporciones..y que por supuesto nos pillará a todos por sorpresa….un abrazo mi querido Daniel..seguimos en la brecha juntos haciendo lo pequeño que puede ser grande y generoso!

viernes 29 de noviembre 2013 a las 16:50
4
Patricio Castillo

Hermosa reflexión. Es un resumen de lo que debiera ser una plena e íntima re-evolución en el centro mismo de los seres humanos. Tal vez la única vía de conseguir un mundo mas justo y mejor para todos. Una verdadera Utopía al día actual.

viernes 29 de noviembre 2013 a las 22:24
5
alicia persico

Un abrazo cada articulo mejor que el otro…certero, y profundo.
Vivimos en un caos que pretende alejarnos de lo real , de las emociones , y del contacto humano. Nos disocia, nos enferma.
A traves de la reflexion, y la danza podremos hacer pequenos avances en retomar el camino de lo humano….
Besos

sábado 30 de noviembre 2013 a las 16:37
6
Veronica Ruiz Ortiz

Bravo!
Que esta página siga y se difunda a los cuatro vientos.
Nos solo por su contenido, siempre de hondo y alto nivel asegurado.
Tambien por el particular lujo de su forma.
Tejido entrañable que nos protege del embrutecimiento y provoca expansión de nuestra principal competencia, la de ser seres sintientes en el lenguaje.
Imagenes nítidas y evocadoras nos llevan como en un bals a abrir nuestro corazón a la belleza y la bondad; e igualmente nítidas e implacables las que evocan el cotidiano sufrimiento que no debemos olvidar, porque en cualquier instante se vuelve propio y porque de reconocerlo desear transformarlo brota lo mejor del ser humano.
Fortuna para los jovenes lectores, compañía privilegiada para nosotros los más maduros.
Gracias!

domingo 1 de diciembre 2013 a las 09:23
7

Antes que nada quisiera agradecerte Daniel, por tus palabras, que se notan son sinceras y profundas. Tanto que quisiera compartir una pequeña historia que escuché hoy, contigo y alguno de tus lectores. Hoy el párroco de nuestra iglesia (para el caso da igual que sea párroco o doctor o un asesino) nos comentó lo siguiente: “gracias a Dios vengo de una familia pobre”. Se trata de un viejo veneto que si bien tiene su iglesia en la isla de Venecia, se crió tierra adentro en los campos de Treviso. Cuando terminó esta frase, nos mira y nos dice: han escuchado bien, si si, yo lo agradezco por lo siguiente. “Cuando pequeños mi padre nos decía que la gente está habituada a mirar hacia los más ricos, no hacia los más pobres, lo atrayente es mirar hacia arriba y no hacia abajo. Nosotros somos pobres, pero tenemos comida e incluso tenemos para invitar a alguien más a nuestra mesa”, por eso siempre le decía al menor de sus hijos que era don Silvano nuestro “prete”, que invitara a su amigo Settimo, llamado así porque era el séptimo de siete hermanos, que en efecto era una familia más pobre que la suya. En otras palabras, la pobreza o la riqueza no son más que invenciones sociales, casi (un gran casi) que depende de como y desde donde se miren. Se puede ser un pobre agradecido como un rico infeliz, todo depende de la visión y la gratitud con que valoremos lo que tenemos, sea salud, nuestra familia o un simple plato de comida caliente. Yo tomo las palabras de este “prete veneziano” y hago la siguiente reflexión, podemos sentarnos a llorar por aquello que nos falta, o ponernos a reír por aquello que tenemos, lo importante es que el resultado a la ecuación sea aquella que nos traiga mayor equilibrio (felicidad sería mucha pretensión). Un saludo y gracias por tus columnas, que de alguna u otra manera, ayudan a la reflexión.

domingo 1 de diciembre 2013 a las 17:13
8
Milena Melig

¡Qué placer el descubrir cada quince días estas palabras de sabiduría, que afirman nuestros valores esenciales con fuerza, inteligencia y sensibilidad! Es verdad lo que dice Verónica Ruiz, que es tanto el contenido como la forma, con esa escritura tan viva y expresiva. Leer las columnas de Daniel, da la impresión de convertir el placer intelectual de las ideas en el placer sensual del cuerpo. En todo caso, muchas gracias a El Periodista por darnos a conocer a este filósofo.

martes 3 de diciembre 2013 a las 00:05
9

Los Comentarios se han cerrado.

Anuncio