¿Hay algo más? Espiritualidad y religión en el mundo de hoy

viernes 25 de octubre 2013
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RamirezNuestra vida es breve (los antiguos lo sabían bien), nuestras capacidades son limitadas, nuestra salud cuando es buena, es frágil; el mundo es vasto y complejo, a veces terrible. Puede parecernos que no estamos a la altura para afrontar la muerte, el dolor, las responsabilidades de la existencia. Todo parece muy grande, duro y definitivo.

Por Daniel Ramírez, doctor en Filosofía (La Sorbonne)

Las sociedades tradicionales sabían enfrentar esos sentimientos, el contexto religioso compartido daba sentido a los momentos importantes de las vidas: nacimiento (filiación, linajes), educación, matrimonios, consagración de reinos, templos, muertes, entierros y conmemoraciones. Chamanes, hierofantes, pitonisas, sacerdotes y oficiantes de todas las tradiciones, sabían poner palabras donde solo el silencio viene a los hombres, cuando el destino golpea o cuando los desafíos parecen aplastantes.

Pero el mundo divino se fue alejando, la voz de lo sagrado ha ido callando. Las sociedades modernas son el resultado de un largo y muy complejo proceso de secularización (1). Los antiguos órdenes sociales han sido quebrajados dejando lugar a sociedades de derechos (aun imperfectos). La razón humana,la ciencia nueva, la acumulación del saber, la educación de masas, han ido conquistando vastos territorios. Ello se ha llamado de muchas maneras: modernidad, humanismo, autonomía, emancipación, racionalismo.

Es fácil interpretar ese proceso como el remplazo de una cosa por otra: la religión deja lugar a la razón científica.

Sin embargo, en esta versión de las cosas, debería haber tenido lugar lo que algunos profetizaron como “el desencantamiento del mundo” o “la salida de la religión” (2), es decir la secularización completa.

Pero eso no ha ocurrido. Algo falló en el diagnóstico. Las religiones siguieron sus caminos milenarios, cambiantes, incluso nuevas, y diversas versiones de la fe y la espiritualidad han visto la luz. Algunas son feroces; no hay que ocultarlo: fanatismo e intolerancia, moralismo, dogmatismo, violencia e incluso terrorismo, han reeditado temibles reflejos y prácticas aberrantes.

Por otra parte, la tolerancia en las sociedades laicas modernas ha sido conquistada después de largas y difíciles batallas ideológicas y políticas, las iglesias dominantes no iban a renunciar a su poder tan fácilmente. Con diversa fortuna, organizaciones paralelas u órdenes oficiales (por ej.,el Opus Dei, los hermanos musulmanes) se han arreglado para mantener poder e influencia sobre vastos sectores de algunas sociedades.

Por ello algunos asocian la libertad con la no creencia, la independencia de pensamiento con el ateísmo y la razón con el materialismo filosófico, considerando la fe como retrógrada, como dependencia y consolación fácil. Grandes filósofos (3) han contribuido con sólidas razones a forjar esta convicción: para ser libre solo debemos creer en nosotros mismos.

Sólidas razones, pero insuficientes.

Al interior y al exterior de las religiones tradicionales, personas honestas, que no buscan ni el poder ni la represión sexual, que no intentan convertir ni moralizar a nadie, pueden sinceramente preguntarse –y tienen todo el derecho– si acaso no hay algo más, un plano superior, algo que sobrepasa al hombre.

A veces el sentido de las cosas nos escapa y las preguntas por el sentido conducen más allá de los elementos de las propias preguntas, más allá de las cosas mismas y del mundo objetivo. Los misterios del amor, del surgimiento de la vida, del origen de todo; el enigma de la muerte… el milagro de la belleza, muchas cosas pueden darnos el sentimiento o estimular el pensamiento de una transcendencia.

Por otra parte, el cuidado del propio ser, en principio uno de los fines de las escuelas filosóficas (“conócete a ti mismo”), la búsqueda de una vida realizada y el deseo de mejorarse a sí mismo, son interpretados frecuentemente en el mundo de hoy como “vida interior”. Yoga, meditación, oración inspirada, artes marciales, bio-danza, técnicas sico-corporales del más diverso tipo, accesibles hoy en día a muchos, permiten experiencias que no pueden ser reducidas al mundo habitual, ni explicadas fácilmente.

Así se va creando lo que se puede calificar como nuevas formas de espiritualidad.

Por supuesto que no está excluida una buena dosis de charlatanería.De la beatería habitual a las modas “New age”, superstición, egocentrismo de supuestos gurús, infantilismo de ciertos seguidores, deseo de creer en prodigios y magia, exotismo, siempre han existido. Pero sería una lástima, una pérdida y una confusión intelectual identificar toda búsqueda de transcendencia con esta tendencia humana, demasiado humana, a tomar por el atajo y “sentarse cuanto antes en el banquete del absoluto” (4) .

Muchos trabajan con tenacidad en el conocimiento de sí y en la búsqueda de lo superior. De algún modo estas experiencias luchan también contra la alienación de la cultura actual que banaliza todo. Hoy todo puede comprarse, todo tiene precio, todo es “producto”, la comunicación es “marketing”, la verdad es “rating”…

Quien busca un plano superior, persigue, a veces angustiadamente, la huellas de un creador supremo en el silencio del mundo; quien sondea las profundidades de su alma y presiente un lazo con la naturaleza viviente, quien procura afanosamente la consciencia de la relación con el todo, quien habita ciertos textos fundadores redescubriendo que la palabra vibra y arde, quien vive los misterios de la vida, aunque a veces persiga quimeras (¿quién no lo hace nunca?), a su manera se opone a la kermesse de la superficialidad y a la degradación de la cultura. Su vida se sitúa en otro plano. Aunque no llegue a destino,el peregrino del saber no es el consumidor, y la vida de un “buscador de la verdad” no es la pantomima de la apariencia.

Las sociedades del futuro, las que quisiéramos legar a nuestros hijos emergerán, claro, de luchas sociales, conquistas políticas, del conocimiento científico,del coraje y la inteligencia y de la evolución ética de los humanos. Pero en este proceso deberá tener su lugar, porque forma parte de lo múltiple y diverso de lo que somos (5), la vida espiritual; las prácticas, los relatos, las ideas e incluso obras de arte en las cuales se expresan el aliento de lo absoluto, los sueños de elevación, el deseo de eternidad. Ello no se contradice en absoluto con la libertad, que al contrario, puede resplandecer de una luz que en parte viene de otras orillas; a veces tímida y crepuscular, pero a veces deslumbrante y pura.

La fragilidad de lo que somos no necesita aislarse de la profundidad de lo que intuimos que podríamos ser. El hombre, ser biológico e histórico, es también el caminante de lo inesperado. Es un ser finito, pero no es una pasión inútil; no tiene por qué negar su sed de infinito.

 Citas

1.- Este proceso está analizado con admirable erudición por Charles Taylor en “A Secular Age” (2010).

2.- La primera expresión es de Max Weber, en “El político y el científico”, la segunda de Marcel Gauchet: “Le désenchantement du monde. Une histoire politique de la religión”, (Gallimard, 1985).

3.- Spinoza, Rousseau, Marx, Nietzsche, Freud, Sartre y tantos otros…

4.- La frase es de Hegel, en la “Fenomenología del espíritu”.

5.- Esto implica la idea de un pluralismo radical, que merece más explicación.Ver por lo pronto mi columna del 18/07/13, « No tenemos los mismos valores », aquí mismo : http://elperiodistaonline.cl/la-voz-de/2013/07/no-tenemos-los-mismos-valores/

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Comentarios (21)

hernan

Las personas que creen en la ‘existencia’ de Dios no tienen ninguna base racional para ello.
Los que creen en la ‘existencia’ de la materia, tampoco.

sábado 26 de octubre 2013 a las 01:13
1
Milena Melig

Hernan, no me parece en absoluto que el tema del artículo sea ese. Creer o no creer en Dios o en la materia. Justamente el interés está en que el autor nos lleva a otro nivel. Las discusiones entre creyentes y ateos nunca llevan a nada, justamente porque no se preguntan el tipo de sociedad que querríamos construir. Daniel Ramírez propone simplemente que en la sociedad futura, la vida espiritual tenga una lugar, que pueda expresarse, que aporte su manera de ser. La manera en que se describe la vida interior y la búsqueda espiritual es una manera filosófica. Por eso me parece que es un verdadero aporte. Curiosamente, no se puede saber si Daniel Ramírez es creyento o no… es una pregunta que habría que hacerle, por cierto. Pero como no es el centro del asunto no creo que responda.

sábado 26 de octubre 2013 a las 21:01
2
Cristián Vila Riquelme

DICE GEORG CHRISTOPH LICHTENBERG:

No es que los oráculos hayan dejado de hablar; los hombres han dejado de escucharlos.

domingo 27 de octubre 2013 a las 01:07
3
Patricio

¿ Que es el hombre en la tierra, sino una creación maravillosa e infinita de Dios?.
La Fe en El, es el gran sustento y defensa de nuestra vida en la tierra,pero mejor aún,de nuestro espíritu.

domingo 27 de octubre 2013 a las 06:43
4

Me gusta la reflexión de Daniel y siento en mi el misterio de la Vida y las explicaciones son eso, explicaciones. Creo que la espiritualidad es habitar desde el asombro, gratitud, misterio. Creo también que la sociedad lo contiene y crecientemente lo reconoce. Lo atrasado son nuestras estructuras de poder que al buscar controlar, ganar dinero y poseer, niegan la evidencia existencial de la experiencia humana del misterioso universo continuamente dándose y recreándose

domingo 27 de octubre 2013 a las 17:41
5
Milena Melig

“A veces el sentido de las cosas nos escapa y las preguntas por el sentido conducen más allá de los elementos de las propias preguntas, más allá de las cosas mismas y del mundo objetivo. Los misterios del amor, del surgimiento de la vida, del origen de todo; el enigma de la muerte… el milagro de la belleza, muchas cosas pueden darnos el sentimiento o estimular el pensamiento de una transcendencia”.
El párrafo es hermoso. Me encantaría solo una explicación sobre la frase: “las preguntas por el sentido conducen más allá de los elementos de las propias preguntas”
Por ejemplo, ¿Cómo se puede contestar la pregunta “¿Existe un Dios?”

lunes 28 de octubre 2013 a las 14:45
6
Vasquez

Los articulos de “reflexión” y de “analysis” son siempre sobre “las religiones” … suponiendo que en la “laicidad” no hay nada que analyzar, examinar o cuestionar. Sin embargo …. hemos visto en el siglo 20 que los mas grands masacradores de la humanidad, los regimenes que mas han despreciado al ser humano han sido regimenes “laicos”, regimenes “no religiosos” : El regimen Nazi, el regimen estalinista y el regimen “pol-pot” de los Kmer Rojos.
Los fanaticos “laicos” no le ceden en nada a la locura de los supuestamente religiosos.
Asi y todo nunca he visto filosofos analyzando y cuestionando la laicida, o hablando de “nueva laicidad” o hablando de
….
“Al interior y al exterior de las ideologias laicas tradicionales, personas honestas, que no buscan ni el poder ni la represión moral, que no intentan convertir ni moralizar a nadie, pueden sinceramente preguntarse –y tienen todo el derecho– si acaso no hay algo más, un plano superior, algo que sobrepasa al hombre.”
…..
Se dar por entendido que la idelogia religiosa es lo custionable y no la ideologia laica.

lunes 28 de octubre 2013 a las 15:53
7
Castillo

La pretención al absoluto es propio de la razón. Solo que la existencia humana es efímera y que el universo en su totalidad y emporalida (medida por lo demas humana)est< en perpetua transformación. Postular una existencia en el "mas allá" no tiene otro objeto que conformar una pretención humana y un temor a la propia desaparición que es por lo demas ineluctable.

lunes 28 de octubre 2013 a las 18:38
8
hernan

Un discípulo preguntó al Budha: ¿Se puede decir que Dios existe?
Respondió: No. No se puede decir que Dios existe.
-Entonces, ¿Se puede decir que Dios no existe?
-No. No se puede decir que Dios no existe.
-¿Qué puede decirse, que existe o que no existe?
Y el Budha quedó en silencio.

lunes 28 de octubre 2013 a las 22:25
9
Veronica Ruiz

Chile aún tiene vivo en su memoria el papel definitorio que la Iglesia católica, ancestralmente conservadora, jugó durante la Dictadura de Pinochet.
Creo que esa experiencia es una buena y bella metáfora que podemos atesorar de cómo la espiritualidad se abre paso y rompe los límites de las instituciones y los diversos -ismos para devolvernos a un espacio esencial y universal.

La columna de Daniel Ramírez, que sigo con entusiasmo, mesura, pone nombre, sitúa históricamente, pone aire donde hay ahogo, y, sobre todo, nos mantiene atentos a las posibilidades útiles y necesarias del pensamiento racional, integrado a la sensibilidad y responsabilidad social e individual.

Gracias por mantener en alto esta página que cultiva la esperanza de nuestro país.

martes 29 de octubre 2013 a las 09:06
10
Carlos Krom

El señor Vasquez no debería quejarse de que las religiones son criticadas o perseguidas, o en todo caso no debería hacerlo aquí, ya que el artículo de Daniel Ramírez justamente es una defensa de la libertad de creencia y de espiritualidad. Es una posición bastante original para un filósofo profundo y comprometido con la vida contemporánea, cuyo espíritu crítico es evidente, como lo ha mostrado en las columnas anteriores.
Supongo que para quienes se consideran ateos, el asunto no tiene mucha importancia, pero el artículo muestra que lo importante es que todas las sensibilidades tengan un lugar en la sociedad. Las religiones podrían perfectamente ser acusadas de los crímenes de la inquisición y de las guerras del siglo XVI y XVII y los ateos como le hace Vasquez, de haber producido ideologías totalitarias. Yo prefiero mil veces la posición tolerante, generosa y optimista que propone Ramírez, a pesar de que se siente en su escritura que sabe de lo que está hablando puesto que no se priva de criticar fuertemente la charlatanería que cunde tan fácilmente en nuestro país, también el hecho de que a veces la búsqueda es infructuosa y que la naturaleza del hombre es frágil. Tal vez los ateos ganamos algo en acercarnos a alguna forma de espiritualidad y los creyentes ganan ciertamente si desarrollan una cierta lucidez, lo que se siente claramente en la lectura de esta columna.

martes 29 de octubre 2013 a las 13:19
11
Alicia PErsico

Estoy de acuerdo con Veronica, Gracias por mantener este espacio que ayuda a cubrir la necesidad de leer articulos de calidad que nos lleven a la reflexión.

POr otra parte la trascendencia genera muchas contradicciones pero creo que es un tema que requiere de abordajes amplios y profundos como el de este articulo.

Felicidades Daniel , te veré en el próximo articulo.

martes 29 de octubre 2013 a las 17:06
12
hernan

Propiamente no ha habido guerras entre ateos y religiosos sino entre cercanos de la misma religión, entre arrianos y trinitarios, iconodulos e iconoclastas,católicos y protestantes, shiitas y sunnitas, stalinistas y trotzkistas, que por quítame esas pajas han armado las grandes.

martes 29 de octubre 2013 a las 19:09
13

Creo que en los últimos cinco minutos de vida de cada ser humano, o en agudos momentos de enfermedad sea de un hijo o una madre, nos convertimos todos en seres profundamente religiosos. Ahí donde nada puede hacer el “poder” del dinero o la “inteligencia” y la racionalidad atea, aflora nuestra verdadera espiritualidad o donde nos reencontramos con nuestra fe. Como bien dice Daniel, “Las sociedades tradiciones […] sabían poner palabras donde solo el silencio viene a los hombres”. El silencio, el vacío, el dolor, son los únicos caminos verdaderos para llegar a una vida espiritual real, para todo lo demás existen las pastillas, o la filosofía o Mastercard. Felicitaciones por su artículo, independientemente que pasé por fragmentos que quería abandonar mi lectura, algo me atrajo para llegar al final. No fueron sus ideas, donde nada nuevo encontré, pero si en su prosa, que tiene la mezcla justa entre simpleza y erudición, o filosofía concentrada y adaptada para las masas, podría denominarlo. De todas maneras, gracias.

miércoles 30 de octubre 2013 a las 09:13
14
fox molder

No hay nada más charlatanesco que la filosofía y los filósofos, que creen que sus propios pensamientos e ideas producto de diversos procesos digestivos son la VERDAD, mera “doctrina propia”. La ciencia moderna, al igual que los científicos, trabajan para las grandes corporaciones que buscan solo el lucro. La ciencia miente, las universidades enseñan puras mentiras. Lo único que distingue al hombre de la bestia es saber la diferencia entre lo bueno y lo malo. Si le quitas al hombre la moral lo reduces a simple condición de biestia.

jueves 31 de octubre 2013 a las 18:55
15
hernan

fox: es usted muy moderno al desconfiar de los filósofos y de los científicos y además revela buen humor al asociarlo con los procesos digestivos. La filosofía es la última y maltrecha rama del árbol de la religión (Hegel indica que es una rama). Sin embargo usted no lleva el escepticismo a su límite ya que aún cree en la ética. No se pone más allá del Bien y el Mal. ¿Qué pasa con ese Arbol? ¿Tenemos que volver a probar su fruta? En nuestra civilización (?) post Hiroshima y Nagasaki no hay Dios, ni Bien ni Mal. En USA un muchacho (latino) de 13 años ha sido muerto de 7 balazos por llevar un rifle de juguete. Lo más notable es que los ‘ciudadanos’ (?) USA encuentran ello muy aceptable. También les parece bien despanzurrar niños afganos a distancia, con drones. No lo consideran inmoral. O sea, les quitaron la moral, como diría usted.
En esas estamos.
A ver adónde llegamos.

martes 5 de noviembre 2013 a las 18:42
16
Daniel Ramírez

“Habitar desde el asombro, gratitud y misterio” dice Rodrigo, “la experiencia humana del misterioso universo continuamente dándose y recreándose”. Es precisamente lo que la experiencia o la actividad espiritual debe poder explorar. También podemos decirlo como Verónica: “la espiritualidad se abre paso y rompe los límites de las instituciones y los diversos -ismos para devolvernos a un espacio esencial…”
Es por eso, Milena, que digo que las preguntas por el sentido conducen más allá de los elementos de las propias preguntas. Por ejemplo, preguntarse si existe un Dios es preguntarse por el modo en que todas las cosas existen, puesto que si existiera algo que podemos llamar un Dios, no existiría de la misma manera que nosotros, que las cosas, los animales ni la lluvia existen. Preguntarse si “hay algo más” es preguntarse por el ser de lo que hay.
Lo que dice nuestro amigo Vasquez tiene algo de paradojal, como lo percibe perfectamente Carlos Krom. Si se trata reflexionar sobre la religión y la espiritualidad, no se ve como eso puede querer decir que en la laicidad o los tipos de vida no religiosos, no haya nada que cuestionar. La filosofía es el arte de cuestionar todo, y por supuesto que la vida no religiosa y todas las ideologías deben ser puestas en cuestión. Pero no se sigue en absoluto que se deban tomar como ejemplos de régimen laico, los nazis o el estalinismo, de la misma manera que cuando yo abordo el tema religioso no elijo ni la Inquisición ni el Ku-klus-clan ni los Talibanes como ejemplo. Porque hay ejemplos de todo. El asunto es la búsqueda de una manera en que la vida espiritual de algunos pueda coexistir con una experiencia laica, agnóstica o atea de los otros, sin estar obligados a hacerse la misma guerra de siempre, tomando los peores ejemplos. Una de las claves, lo sabemos, es que las instituciones religiosas no intenten mezclarse con el poder político. Pero eso merece otro desarrollo. Lo que me importa por lo pronto es que la dimensión de lo superior tenga un lugar en la vida actual, porque muchas –tal veces todas- lo necesitan, independientemente del nombre que le den. Incluso, para mí, el arte, la música, la filosofía y la ciencia tienen mucho de una actividad espiritual.
Gracias a quienes aprecian mis artículos, incluso R. Ertti, que dice no haber encontrado ideas nuevas (no es muy fácil tener ideas nuevas cada 15 días y explicarlas en tres páginas) pero reconoce haber apreciado el mérito pedagógico de mi escritura, lo cual ya es un consuelo 🙂
Confieso no entender muy bien la desconfianza del agente Molder hacia la filosofía; si bien muchos científicos trabajan para grandes corporaciones, en efecto, por una parte no son todos, y por otra hay ciertamente muy pocos filósofos que lo hagan (yo no conozco ninguno). La relación de la filosofía con la verdad es muy compleja – en eso es similar a la espiritualidad – y por cierto nada más alejado de la filosofía que la idea según la cual se posée la verdad. Se busca, claro, se desea; se intenta desmistificar, despejar el terreno, aproximar la verdad…

miércoles 6 de noviembre 2013 a las 14:16
17
Martín Hopenhayn

Me gustó el artículo. No es fácil en la sociedad-red y de consumo ir desgranando la charlatenería de la genuina búsqueda espiritual. Además, para algunos hay cosas que “funcionan” como recursos para conectarse con lo sagrado, o con una dimensiónmás profunda de sí mismos, y esas mismas cosas, vistas con la luz crítica-lúcida de la razón, aún con mirada amplia, parecen fuegos de artificio y lugares comunes de la New Age. Aquí no sé si adoptar un criterio pragmático (“si funciona, vale”) o un criterio racional-comprehensivo (“si es genuino y constructivo, vale”). Saludos.

miércoles 6 de noviembre 2013 a las 14:33
18
hernan

Que la naturaleza de Dios (algunos prefieren no nombrarlo) sea radicalmente diferente a la de la ‘materia’ (masa-tiempo-espacio-energía-campo etc) me parece complicado. Así habría 2 naturalezas, una la de Dios, el Ser, athánatos,por otra parte la de la Materia (tan inescrutable…) sujeta al cambio y a la muerte, de la cual no veo que se pueda afirmar que ‘existe’ (ni siquiera Marx pudo definir su ‘existencia’ mutable). Llegaríamos a un sistema mazdeísta enfrentando el Ser y el Noser. El noser de la materia limitaría el ilimitado ser del Ser (!). Por ello la gnosis simplemente identifica la materia con el Demonio (Tehom, Apsu)(incluyendo nuestra alma) así como a quien la creó (u ordenó), Ialdabaoth.
¿Y dónde ponemos el vacío? Es la última palabra filosófica que aún utiliza la ciencia, avergonzada de haber usado el Eter. Dicen que la luz se propaga en el vacío. Incluso que el Vacío puede aumentar su entropía pariendo materia.
Me parece que Hegel es más ecléctico, pero no puedo opinar por no ser filósofo.

miércoles 6 de noviembre 2013 a las 21:23
19
Margarita YOung

Muchas gracias Daniel.
Marguerite-Marie

viernes 8 de noviembre 2013 a las 16:57
20
hernan

Sostienen algunos que el movimiento dialéctico de la materia, siempre fascinada por el caos, da origen al Espíritu, pagando a Necesidad lo que corresponde. El Marqués acota que la materia desea ser, cuando sólo puede llegar a ser y que el movimiento es el dolor de la materia.
Otros dicen que el Espíritu crea a la materia de la nada e incluso traducen mal la Biblia y donde dice ‘bará’ ponen ‘creó’, cuando en efecto dice ‘formó’. Raro es sacar cosas de la nada, que nada es.
El pensamiento rabínico, más sutil, dice que el Ser se retiró, dejando así espacio al Noser, que es la materia. Igual tenemos aquí dos naturalezas diametralmente diferentes y nos quedamos en la duda de cómo pudieron afectarse e incluso reunirse en nosotros.

sábado 9 de noviembre 2013 a las 13:54
21

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