El complejo segundo tiempo

domingo 1 de abril 2012
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Resulta difícil imaginar que un gobierno que alcanza un importante crecimiento económico, incluso en condiciones adversas, saca adelante proyectos sociales emblemáticos y tiene una envidiable tasas de empleo, no logre el apoyo de la opinión pública de manera contundente. Por el contrario, ningún resultado es reconocido como un avance valorable frente a las expectativas de la ciudadanía.

Escribe Guillermo Holzmann, cientista político

Ya muchas líneas se han escrito sobre lo que denominamos la paradoja de Piñera, que en definitiva concentra todos los costos políticos y sobrevive –en términos de adhesión– casi exclusivamente con el trabajo que le entregan, principalmente, sus ministros políticos.

El hecho que la adhesión se mantenga entre el 30 a 35 por ciento resulta inédito en nuestras más de dos décadas de democracia y plantea una percepción de vacío de conducción, que es reconocido (en forma implícita o explícita) en las propias huestes partidarias. El escenario podría ser peor, salvo que la oposición aparece incluso más mal evaluada que el gobierno. Sin duda esta paradoja es, y será, materia de estudios para tratar de entender por qué las expectativas y la percepción ciudadanas no logran sintonizarse con el quehacer político de una democracia que se pensaba consolidada.

Al no existir esa imagen de poder que los gobiernos representan, ni tampoco un sistema de partidos con capacidad para canalizar las demandas, permite que hoy en día hayan al menos once presidenciables que aparecen o se autonominan precandidatos intentando copar el imaginario ciudadano, con la secreta esperanza de ser EL/LA elegido/a por los votos, aprovechando esta vacancia y la incorporación de cuatro millones y medios de potenciales votantes.

Si usted está de acuerdo con lo antedicho, quiere decir que entró en el juego, pues está pensando cuál va a ser su posición en esta disputa de poder y ha logrado olvidar que todo ello no es, ni más ni menos, que la expresión nítida de una debilidad democrática de tipo estructural.

En términos simples, el poder es comparable con la energía: se encuentra en todos los espacios. Por esa razón, las movilizaciones de tipo transversal, con distintas cargas ideológicas y focalizadas en la necesidad de superar la desigualdad, por una parte, y lograr mejores niveles de dignidad y calidad de vida, termina siendo el elemento aglutinador de movimientos que expresan el poder que el sistema político en su conjunto dejó deslizar entre sus dedos. Ello ya plantea un tema complejo, que en su expresión llana se traduce en “tu problema es mi problema”.

Una línea que nos permite buscar algún tipo de explicación dice relación con el hecho que la Concertación –durante 20 años– aprendió a administrar una democracia heredada, donde descubrió comodidad, flexibilidad y muchos beneficios, estableciendo como eje la condena a la violación de derechos humanos y su irrestricta defensa. Esto implicó que la Concertación, en términos prácticos, y particularmente económicos, se derechizó, al son de la globalización. Mientras que los distintos grupos de origen liberal y conservador no tuvieron problemas en aceptar el modelo de gestión y negociar su estabilidad.

En este sentido, y en términos esenciales, la Concertación aprendió a administrar su propia continuidad, bajo el nombre de democracia de los acuerdos. A lo cual concurrieron de forma entusiasta los demás partidos del sistema, incluido el Comunista.

Al ganar la derecha el poder, el mentado cambio se transformó en la continuidad, modificando solamente el estilo de gestión, por lo cual ha seguido llamándose democracia. La imagen literaria del “gatopardo” puede ser una buena síntesis de ello.

Los acontecimientos desde el 2006 en adelante, y los que nos tocará vivir al 2014, dan cuenta que el conflicto es el resultado de una erosión democrática y no el triunfo de ningún sector. Más aún, todos reconocen que la globalización no tiene alternativa, pero si se quiere mejorar, se requiere una calidad democrática que hoy está lejos de debatir. No tenemos ni el contenido, ni la visión de futuro necesaria para hacernos cargo de lo que hoy la ciudadanía está expresando en las calles. Eso es un empoderamiento que muestra la debilidad de un proceso mal conducido.

Dado que las municipales se han presidencializado, y considerando la variedad y diversidad de precandidatos y las pocas ideas con suficiente contenido de mejoramiento democrático, es fácil no sólo prever la conflictividad sociopolítica, sino que se puede adivinar cuáles van a ser las ofertas programáticas de cualquier candidato del 2013.

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Comentarios (2)

eduardo

No todos saben que el crecimiento es solo para 5% y el resto 95% no lo reciben
¿Cual es la idea de seguir pregonando lo mismo?
El 95% estamos sufriendo todos los días, nuestra familia nos pregunta, Quë

domingo 1 de abril 2012 a las 21:16
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Gonzalo Chávez

Lo dijo Hernan Somerville, cualquier Gobierno hubiera dusfrutado de un crecimiento económico. No sólo porque macroeconomicamente Velasco dejo más que saneado, sino que adoptó medidas en una severisima crisis que ha permitido este crecimiento. El que no es, por lo demás, un caso aislado, Argentina, Perú, Venezuela, Colombia y Brasil, entre otros crecerán más que Chile. Existe un contexto favorable para las economías “emergentes”. Las políticas económicas son perceptibles en el mediano plazo, hoy, en Chile, casi no exista medida económica implemetada en el actual Gobierno que sea origen del crecimiento.
De otra parte, el crecimiento de la economía en Chile, es coherente con el modelo, ergo sin distribución, sin repartición de torta. Así las remuneraciones habrían crecido un 6,4% según Mathei, sin embargo la llamada canasta de los pobres (arriendo o dividendo, alimentos y combustibles) en el mismo periodo se han encarecido en un 9%, por lo que, los chilenos ganamos menos que hace un año.
Es el modelo de crecimiento, más no de desarrollo, que tiene Chile, el que explica entre otras cosas, la imposibilidad ya irreversible, de que el Gobierno mejore su pefomance ante los chilenos. Ya no caben dudas a la mayoría de los chilenos, que el esfuerzo, el trabajo que se hace no redunda en beneficios para todos, sino para unos pocos bien identificados (y hoy claramente instalados en el Gobierno).
La decisión, más o menos clara, de los chilenos de que el verdadero cambio, pasa por dejar atrás el orden neoliberal, ya es un hecho de la causa, y la actividad caritativa o asitencialista de ministros y políticos, así como el aprovechamiento político de las ( reiteradas) desgracias o catastrofes, ya no dan crédito.
El gobierno y la derecha parecen advertir esta situación, y la atolondrada fiebre legislativa, tiene más deseos de asegurar el modelo que darle una buena dosis de reestructuración.
Al parecer los chilenos tenemos claro, que nada podemos esperar del actual gobierno, y que esperamos para el 2014 una oferta programática de cambios reales, ahora llevada adelante por personas que den confianza y que sea evidente, no estan amarrados a intereses particulares o de grupo. De ahí, que la designación de Bunster en Energía sea la crónica de una muerte anunciada………algo como lo vivido con la concertación que todos veiamos como eran incapaces de evitar la debacle que se les venía encima. En fin el sistema político creo una moneda de dos caras, la una necesita de la otra, fenecida la concertación, la alianzo no tiene razón de ser.
En buena hora¡

miércoles 4 de abril 2012 a las 01:48
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