Un país nuevo

miércoles 21 de abril 2010
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tatiana“Las imágenes repetitivas de ruinas y escombros coronados por una bandera chilena, rebelde, insolente, expresando la voluntad de luchar. Contra nuestra geografía en formación. Contra nuestras desventuras. Contra la crisis. Estas banderas de todos tamaños expresaban lo mismo: saldremos adelante”.

Los terremotos, fuera de destruir lo que ha construido el hombre con empeño y esfuerzo a lo largo de años y siglos, como además alterar la faz de la tierra, producen cambios importantes dentro de cada uno de nosotros. Todos, absolutamente todos los chilenos, estamos afectados por la inmensidad de este cataclismo.

Hay algo que nos ha hecho cambiar. Hay algo que nos ha obligado enfrentar una realidad que no sospechábamos.

Nos ha sorprendido a nosotros mismo, por ejemplo, que en Chile surgieran en forma masiva saqueadores a la primera oportunidad. Más aún que entre ellos estuvieran profesionales de altos ingresos y otros exponentes de la clase media, depositaria tradicional de nuestras virtudes cívicas.

Este fue el primer shock. Tuvimos que abrir los ojos del alma y descubrir que, como país, no éramos lo que creíamos ser. ¿Cómo habían surgido estas hordas voraces y despiadadas? ¿Dónde había quedado nuestra solidaridad, nuestra generosidad?

Yo sentí que se había acabado una era. Que el terremoto se había tragado al Chile conocido. Que al miedo a las réplicas y a la destrucción se agregaba una desconfianza difusa y generalizada hacia nuestros congéneres.

Pero luego otras imágenes, otras historias nos ayudaron a recuperar el equilibrio, la confianza, el orgullo. Las imágenes repetitivas de ruinas y escombros coronados por una bandera chilena, rebelde, insolente, expresando la voluntad de luchar. Contra nuestra geografía en formación. Contra nuestras desventuras. Contra la crisis. Estas banderas de todos tamaños expresaban lo mismo: saldremos adelante.

Y otra oleada de orgullo vino con declaraciones de ancianos de caseríos desconocidos del campo profundo, que daban gracias a Dios por la vida, que escarbando entre los escombros sacaban materiales para construir sólidos refugios contra la intemperie, que se preocupaban de sus vecinos y que no esperaban ayuda exterior. Luego los pescadores de la destrozada Iloca regalan una tonelada y media de pescado a los habitantes de lo que queda de la Villa Prat. Más aún, la teletón de ayuda a Chile, triplica su altísima meta.

Y, el broche de oro: los niños de Chile que demuestran que nuestras reservas morales están intactas y enriquecidas. Desde el niño “zafrada” cuya autenticidad y frescura ni los medios, ni las donaciones, ni la presencia del Presidente de la República han logrado destruir; la niña Martina de 12 años de Juan Fernández que salva centenares de vidas por resistir por unos minutos al pánico y alertar a la población sobre la llegada del tsunami, finalmente Tiare, de 14 años, niña patrocinada del proyecto de World Vision de Huamachuco, que cuando es interrogada por periodistas del New York Times sobre su situación, le quita gravedad a los derrumbes y destrozos sufridos en su casa y hace un llamado para ayudar a los niños del sur.

Hemos cambiado. Nos hemos despertado en un país distinto, más verdadero, menos estereotipado, más grande.

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Comentario

Mirtha

Casi a tres meses del terremoto, lo descrito por la articulista ha quedado en el pasado para el resto del país que, desde el gobierno, pasando por los medios de comunicación hasta el último ciudadano que no es damnificado,se ha invisibilizado este dolor, esta realidad, dando paso a una fiebre mundialera aberrantemente consumista.
La solidaridad quedó a medio camino.Son muy pocos los particulares y organizaciones que aperran con los damnificados.Hoy vemos a un presidente que se goza de dormir en una mediagua y ver el partido Chile Honduras,buscando un efecto mediático, como tantos otros,que no se condice con su plan de reconstrucción, que estando financiado,aprobado por la oposición, mete cuñas para favorecer a los empresarios:librarlos de la exención de impuestos.Un doble discurso, como tantos otros, que confunde a la ciudadanía-
Estoy muy triste con este Chile que muy bien retrata Bengoa en su trilogía del bicentenario: La comunidad perdida,La comunidad reclamada y La comunidad fragmentada.
Esta tristeza viene de antes.No hicimos bien las cosas, pero nuestros gobernantes tuvieron una impronta diga de mandatarios,tanto a nivel local como internacional.La verdad es que me hincha, me llena el papel de payaso de Piñera,el de bailar en la cuerda floja,el querer quedar bien con moros y cristianos,el decir que está con la gente y, en el fondo, está 100%con los que tienen el poder económico….en fin…

miércoles 16 de junio 2010 a las 13:01
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