Del terremoto al animamoto

miércoles 27 de enero 2010
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marta-blancoEscribe Marta Blanco / Escritora

“Una de mis razones para creer necesario el cambio fue la largura y largueza del gobierno de una coalición que, sin ser un partido único, reflejaba una sola mirada sobre la realidad del Chile”

Joaquín Edwards Bello hablaba del animamoto que les sobrevenía a los chilenos, siempre a medio camino entre la riqueza y la pobreza, el odio y el amor, cambios de ánimo súbitos o terremotos del alma, o sea, animamotos.

Y aunque en esta oportunidad el terremoto le cayó a Haití, pobre país desolado y asolado, viejo recuerdo de la colonización francesa, de la importación (¿?) de negros africanos para servir de esclavos en las plantaciones, el animamoto cayó sobre la Concertación, que a pesar de los esfuerzos y las fuerzas desatadas, no logró clavar su pica en el Flandes Indiano, y perdieron la quinta elección presidencial continua. Y aunque el tango diga que veinte años no es nada, dos decenios son muchos años de gobierno y nos venía bien un cambio; Chile necesitaba un recordatorio no solo a través del museo de la Memoria y los DDHH sino en la alternancia en el gobierno.

Una de mis razones para creer necesario el cambio fue la largura y largueza del gobierno de una coalición que, sin ser un partido único, reflejaba una sola mirada sobre la realidad del Chile. Entre ellos no se llevan muy bien, es bien sabido. Se toleran y a veces ni eso. De manera que enturbiar la idea de la Alianza porque son dos partidos muy diferentes no les servirá de mucho, dado que solo representan esa misma realidad nacional que pareciera ser la mayor dificultad social chilena, que no es otra que la extraña capacidad de transformar en credo y acto de fe una posición política, haciendo de las pasiones una virtud muy rara. El orgullo es mal consejero.

Y ahora ya tenemos un presidente electo, un liberal preparado, un hombre de gran dinamismo a quien respaldan muchos y bien preparados consejeros. Viene de la raíz más brillante, como fue su padre, don José, más conocido como Pepe Piñera, hombre que tuvo gran sentido social y capacidad para formar no solo la Corfo sino destacándose en el exterior. Mi estimado amigo, risueño y serio, caballero y sencillo, joven hasta el último día, un servidor público generoso con su tiempo y sus ideas. Murió lleno de amigos, embarnecido y sólido como una montaña. Me dio grandes muestras de su perspicacia, su naturalidad y su alegría. Esto no es trivial. Un hombre alegre, brillante y sencillo es un gran hombre. De esa estirpe viene Sebastián Piñera.

Los países maduros se dan el lujo de alternar políticamente en el gobierno. Bienvenido a tareas mayores, señor presidente de Chile don Sebastián Piñera.

Y ahora, a otra: La educación es una tarea de apariencia inabordable que es urgente abordar. Le he dedicado algunas horas de desvelo, muchas de reflexión y trabajo docente y cultural. No creo posible abordar el tema sin partir desde la base misma de nuestra posibilidad de eliminar la ignorancia y asentar al país en aquello que sí fue un sello distintivo en algunos momentos de su historia. Fuimos un país con intereses culturales, con afanes educativos y grandes profesores.

Hoy la idea de estudiar atraviesa una fase de smog cerebral. Los alumnos se han convencido de que estudiar no debe ser un esfuerzo sino una diversión, los profesores –aparte de otros temas que no sabría abordar– temen a estos niños y adolescentes desaforados. La llamada tecnología ha concurrido para convencer a los estudiantes de que están llenos de derechos y escasos de obligaciones. Ya no estudian por estudiar sino por sacar notas que les permitan llegar a la universidad, donde continúan en la vacua tarea de aprender sin saber y de graduarse sin haberse destacado mayormente en ningún campo específico.

El problema atraviesa un campo minado: la tecnología, Internet y la televisión les otorgan demasiadas horas de entontecimiento y el famosos “cut & paste” los ha llevado a creer que saber es copiar y copiar es legítimo.

La lectura es cuento aparte. Soy ferviente defensora de la lectura en todos los niveles del aprendizaje, pero tal como lo hacen no es leer. A diferencia de lo que algunos sostienen, los niños no son tontos. Intentan aprender desde que nacen y es admirable el esfuerzo de tan pequeño ser por dominar desde su cuerpo a su entorno, desde lo inexplicable a lo racional a medida que van creciendo. Crecer es harto difícil. Un niño está lleno de imaginación, de absurdo, de poesía. Ve todo según parámetros misteriosos y le gusta reír, goza moviéndose de manera incesante, y es curioso como un gato. Todo esto termina el día que entran a pre kinder o cómo se llame. La educación les corta las alas, el ritalín hace de las suyas y, cosa aún más preocupante, en los colegios municipalizados ni siquiera recurren a droga alguna; se limitan a pasarlos de curso aunque no sepan escribir ni la palabra ojo.

Este desmedro no ocurre por responsabilidad infantil o docente. Nos ha venido una fiebre letárgica frente a la literatura clásica, a nuestros grandes escritores, a la poesía y la prosa que se cumplen a sí mismas y no rinden pleitesía al mercado. Tener en el siglo XXI una prudente biblioteca es signo de retraso –para los iletrados–, naturalmente.

El país, tan fácilmente convertido en más de una ocasión en nuevo rico, hoy es el Super Star de los siúticos, encandilado por los libros digitales. Falta mucho para que la lectura se convierta aquí en una necesidad real. Chile, lleno de sí mismo, cree bastarse a sí mismo. Y ni siquiera. El Premio Nacional de Literatura es un regalo japonés que, como por arte de magia, hace desaparecer los libros del escritor de todo sitio o lugar. Ya no se venden, no se editan, no interesan. ¿Qué significa esto? Muchas cosas. Pero una es solucionable: demos el Premio Nacional de Literatura agregándole una cláusula fundamental, la obligación del Ministerio de Educación de editar en el término de uno a dos años toda la obra de ese escritor, para entregarla en dos tomos de lomo duro a bibliotecas, colegios, universidades y clubes de lectores. No es posible que un premiado borre a su antecesor y menos resulta comprensible que olvidemos que la carencia de lenguaje es el lastre más grave de nuestra sociedad. Con setecientas palabras promedio en uso, el país no logra discutir, argumentar o digerir ideas nuevas. Condenados a leer lo que se importa, resulta que los lectores carecen de la noción de lo que importa. La chilenidad no es un aliño ni un chauvinismo. Aprendamos quienes somos antes de sentirnos gallitos de pelea. A los alumnos, entréguenles la Ilíada y La Araucana, y no los obliguen a leer por sí mismos El Quijote. Para leer al Quijote se necesita haber leído otros autores antes, y es necesario un profesor que explique aquellos tiempos, aquellas luchas, aquella locura de Quijano.

Y como todos somos un poco locos, y muchos enfiestados con la idea mediática, es necesario repensar qué ofreceremos a la juventud. Me gustan los deportes, pero un país que solo habla de fútbol y reniega de la historia universal, del poder de la palabra justa y su belleza, está perdiendo algo que no recuperará si no tomamos medidas. La palabra es la única arma que desarma la ignorancia. Los niños deben aprender a leer textos dignos, a pensar en el sentido del lenguaje. Por el momento, Chile yace sumido en una euforia lingüística mezcla de jergas y jitanjáforas que augura muy mal futuro. Hay que educar. Pero no olvidemos que primero tenemos que enseñar a leer.

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Comentarios (5)

marco

comparto de tomo y lomo….su columna.yo me eduque en tiempos de dictadura,y doy fe que en esa oscura noche,la educacion era por lejos mejor que hoy,duele,claro que duele…pero es verdad,creo que el futuro obierno va a pasar a la historia.por los logros en educacion,,,,aunque cuATRO AÑOS ES POCO,,,,,PERO ESA ES OTRA HISTORIA

jueves 18 de febrero 2010 a las 23:05
1
pablo salvat

cuando puedo comprar El Periodista leo siempre la columna de doña Marta Blanco. Me parecen atinadas reflexiones sobre el devenir nacional. LO que sí -y no es nada grave,ahora-, no comparto su posicion politica. Menos su juicio de que porque el padre de Piñera habria sido “un gran servidor publico”,cosa que no me consta por lo demas, entonces, Piñera electo sera un gran presidente. Muchas veces las cualidades de los padres no pasan directamente a los hijos, y eso lo hemos experimentado tantas veces. Piñera ha sido un habil especulador financiero -no ha sido ni siquiera empresario un productor -, que sabido multiplicar su riqueza 40 veces como muestra este último numero de vuestra revista. Y que se sepa, hay distancias entre ser o hacerse millonario y capacidad política o de servicio publico. por supuesto, seguire leyendo sus columnas Madame Blanco. PSb

miércoles 24 de febrero 2010 a las 23:51
2
marta blanco

Estimado Pablo Salvat:
Gracias por leer mi columna. Nunca he dicho que Piñera sería un buen presidente por ser “hijo de”. Al dejar constancia de su trayectoria familiar solo apunto a una especie de memorial genealógico. Su padre fue un buen servidor público culto y rápido, muy brillante. Esa casa era un sitio donde las ideas políticas saltaban como chispazos desde diversas posiciones.
No sé si conoce mi posición política. Es raro porque no soy sino un escritor que cree en el quehacer político, no le tengo miedo a la pobreza y no le tengo miedo a la riqueza bien habida. No le tengo miedo sino a la crueldad, la injusticia, el prejuicio y la tontería, esta última no tiene remedio.
En cuanto a votar por Piñera, lo importante para mí fue llamar al ejercico real de la democracia, cambiando a los opositores en gobierno y al gobierno en opositores. La Concertación estaba -y aún lo está- mjuy desconcertada. Es bueno ejercer la democracia del voto y las ideas. La Concertación logró sacarnos brillantemente de un atolladoero magno. Veinte años despues, era necesario refrescar las ideas. No creo en los gobiernos eternos de una sola vía como el PRI en México. Veremos qué pasa en Chile. Hoy me preocupa la situación de la gente azotada por el terremoto. Quisiera estar allí, en el cuesco de la breva, para ayudar en lo que pudiera. Mientras tanto, escribo.
Lo saluda con toda atención,
Marta Blanco

viernes 23 de abril 2010 a las 15:59
3
juan

mas parece una chupada de patas para obtener algo, no sea que le ocurra como al otro escritor que consiguio una embajada, nada menos que en francia; la concertacion perdio y fue bueno para verse de nuevo unos a otros, amigos y enemigos, traidores y leales (no olvidar meo, ravinet y otros.), pero tampoco olvidar que el sr. aludido termino siendo empleado de la cia. en chile, de acuerdo con informaciones de cnn. chile, asi que ojo con la chachara.

lunes 17 de mayo 2010 a las 17:15
4
dionisio

Me alegro muchísimo que una notable intelectual como doña Marta Blanco se esté preocupando por las víctimas del último terremoto.
Me imagino que ella está al tanto de que en las zonas afectadas todavía “no se ha clavado un clavo” y la gente sigue viviendo en las miserables chozas que llamaron mediaguas.

El gobierno verborreico promete y repromete y ¿Cuándo?

La Sra. Blanco es historiadora y ojalá que esta historia de ineficiencia consituya triste historia.

Dionisio

miércoles 1 de diciembre 2010 a las 17:21
5

Los Comentarios se han cerrado.

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