Trump: ¿el principio del fin?

Hace menos de 1 minuto
|
por

(Londres) La forma en que el presidente de los EEUU, Donald Trump, removió a James Comey de la jefatura del Departamento Federal de Investigaciones -mejor conocido por la sigla FBI del inglés Federal Bureau of Investigation– es vista por muchos como la prueba más evidente de que el mandatario busca frenar la investigación sobre sus contactos con representantes del gobierno ruso, definido como una “potencia extranjera hostil”.

Por José Higuera

Sería, como se estila decir, la “pistola aún humeante” en las manos de Trump. Pero la verdad es que a estas alturas ya ha habido muchas “pistolas humeantes” en torno al presidente estadounidense y su círculo interno.

Pocas dudas caben de que Comey fue removido para frenar la investigación que lleva diez meses estudiando las conexiones rusas de Trump y sus más cercanos. El mismo día en que despidió a Comey, Trump dijo al Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, que se había deshecho del jefe del FBI debido a que “Yo estaba sufriendo una gran presión debido a Rusia. Ahora eso se terminó”.  Poco antes, ese mismo día, Trump había declarado a la cadena NBC que había despedido a Comey por “esta cosa rusa”. Más tarde el presidente estadounidense pidió a sus elegidos para los cargos de director de Inteligencia Nacional y jefe de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Dan Coats y el almirante Michael Rogers, que hicieran declaraciones exonerándole de las acusaciones de estar coludido con Moscú. Ninguno de los dos hizo lo solicitado.

Pero hasta el momento no se han visto pruebas de una colusión entre Trump, sus asociados y Moscú. La semana pasada la agencia Reuters informó que, durante la campaña presidencial en el 2016, hubo dieciocho contactos no informados con rusos del equipo de campaña del entonces candidato. Sin embargo, la misma agencia de noticias subrayó que, hasta la fecha, los investigadores “no han hallado evidencia de que en esos contactos se haya incurrido en delito”. Al respecto, el comentarista Kevin Williams dijo en la revista National Review que Trump podría “no saber lo que hacía”, y agregó que “no es inconstitucional ser un tonto”.

Sin embargo, existe la posibilidad de la investigación sobre los contactos de Trump y su equipo con rusos, que ahora será conducida por el consejero especial Robert Mueller -un ex director del FBI- efectivamente encuentre indicios de una colusión contra los intereses de los Estados Unidos. O que descubra indicios de una relación financiera ilegal entre Trump, sus asociados y los rusos. Mueller, abogado y ex infante de marina, se distinguió durante su periodo como jefe del FBI por el celo con que defendió el respeto de los derechos y la privacidad de las personas, rechazando la obtención de pruebas mediante medios ilegales. Ello indica que probablemente no será menos celoso que James Comey en la investigación de los contactos rusos del presidente y su círculo.

Mientras tanto, la investigación se ha extendido ahora desde el círculo interno al círculo familiar de Trump, incluyendo también a su yerno, Jared Kushner, quien también habría tenido contactos con rusos. Kushner, que es uno de los asesores más cercanos al presidente, se reunió en diciembre del 2016 con Sergei Gorkov, máximo director del banco ruso de inversiones Vnesheconombank (VEB), cuyas actividades están prohibidas en los EE.UU. debido a la intervención de Moscú contra Ucrania en Crimea, pero la Casa Blanca no informó de dicho contacto hasta marzo pasado, después de que este fue revelado por el New York Times. Se sospecha que la reunión tenía relación con un financiamiento solicitado al VEB por la familia de Kushner, dueña de un poderoso imperio de bienes raíces, para la construcción de un edificio en Nueva York.

Pero lo que pueda ser descubierto, si realmente ha habido algo indebido en los contactos con personeros rusos de Trump y su círculo cercano, está aún por verse. Mientras, los problemas que Trump pueda llegar a tener pueden originarse, como los problemas que tuvo Nixon durante el Watergate, más en bien en sus maniobras para entorpecer o evitar la investigación, porque hoy es innegable que ha abusado de sus poderes para sacarse a Comey de encima. Ello ha expuesto al presidente estadounidense y a sus cercanos a serios y peligrosos problemas tanto legales como políticos.

Pero, pese a todo lo que se ha comenzado a hablar respecto de un eventual “impeachment” o acusación formal que podría dar lugar a la impugnación y destitución de Trump, ello está lejos de ocurrir. El Partido Republicano controla el congreso y eso será una valla difícil de salvar para cualquier intento serio de impugnar al presidente. Los legisladores republicanos saben que su agenda legislativa quedaría en el aire si apoyasen o dejasen pasar una acusación, y que el vengativo Trump y los millones de electores que dieron su voto duro por él les pasarían una muy cara factura. También saben que, si todo lo antes mencionado no fuera ya lo suficientemente malo, la división interna que la situación originaria de todas maneras haría trizas al Partido Republicano.

Pero eso también podría cambiar, si el disgusto y cansancio de los legisladores republicanos por la inclinación de Trump a hacerse auto-sabotaje crece más y, al mismo tiempo, el presidente sigue sin cumplir las promesas que durante su campaña hizo a sus electores de clase trabajadora y que aún no ha cumplido. En ese escenario, y si se confirma que Trump incurrió en delitos dignos de una acusación, “los republicanos podrían optar por pasar a la historia como los patriotas que lo descubrieron, en lugar de aparecer como los cómplices que lo ocultaron”.

Mientras, la gestión administrativa de Trump no va nada bien, como lo ilustran los malos resultados de sus intentos de reformar el sistema de salud pública, que intentaba desmontar por completo el sistema Obamacare heredado de su antecesor, y el bloqueo en dos altas cortes de justicia de su orden ejecutiva para impedir el ingreso de ciudadanos de seis países musulmanes. Su desembarque de la Alianza Trans-Pacifica ó TPP está beneficiando a China, que ahora busca conformar un acuerdo a su medida y conveniencia. Sin embargo, los electores de clase trabajadora que votaron por Trump, en función de sus promesas de recuperar el empleo, aún esperan y conservan sus esperanzas, aunque eso perdurará sólo si se materializa lo que se les prometió.

En el escenario internacional, en su reciente primera gira Trump fue aclamado en muchos países del Oriente Medio, la mayoría gobernados por regímenes autoritarios y represivos. Pero la continuación de su gira en Europa, donde Trump usó un lenguaje áspero y hasta gestos poco educados, negándose a confirmar la fidelidad de su gobierno al artículo 5 de la defensa común, produjo gran rechazo y amplió el distanciamiento entre el viejo mundo y Washington. Esto último ha llevado a la canciller alemana Angela Merkel a sostener, en clara alusión a los Estados Unidos, que Europa ya “no puede continuar dependiendo de otros” y debe “hacerse fuerte para tomar su destino en sus propias manos”, lo que ha proyectado sombras sobre el futuro de la OTAN y la relación transatlántica. Pero, y a pesar de los errores cometidos por Trump, más que el principio del fin, puede que sólo estemos presenciando el final del principio. El tiempo dirá.

Comparte:

No hay comentarios

Leave a comment