La Iglesia Metodista Pentecostal y sus dinastías: los mercaderes del Templo

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Javier Vásquez Valencia, hasta hace poco pastor de la Catedral evangélica de Jotabeche, dejó de transitar por los reinos de este mundo. Tal vez su ministerio y su fe le abran las puertas del más allá. En el más acá, no obstante, el pastor y también obispo presidente de la Iglesia Evangélica Metodista Pentecostal de Chile no fue ajeno a las tentaciones del poder y del dinero. Los misterios de la fortuna que poseyó y enriqueció a su familia, también son parte de la historia de este hombre que rigió los destinos de la denominación evangélica más poderosa del país.

Por Marcelo Miranda

Hay quien sostiene que los caminos de la fe son inescrutables, y que a su sola invocación se mueven, como al viento las nubes, las montañas de granito. Hay otros que sospechan que también pueden mover montañas de dinero.

El domingo, a las siete de la tarde, la Catedral evangélica está repleta. Los feligreses franquean el umbral del pórtico principal en oleadas de recogido fervor. Uno a uno los creyentes van sentándose en los bancos de madera; uno a uno, llegan más de siete mil.

En el fondo, a la izquierda, un enorme cartel anuncia que “Esta es la casa de Dios y puerta del Cielo”. Debajo de éste los tenores y contraltos, las sopranos y los bajos de la masa coral se acomodan en una tarima. Frente a las voces, ubicados en un balcón lateral, los músicos de la orquesta acomodan sus atriles.

En el medio, un proscenio alfombrado de rojo carmesí y adornado con arreglos florales hace las veces de altar. No hay cruz por sobre las cabezas de los pastores que allí se sientan en sus mullidas butacas tapizadas de terciopelo rojo; sólo dos pinturas pías. En una de ellas, barbado y vestido con su sayal blanco, un pastor arrea un rebaño de corderos: “Jehová Dios es mi pastor, nada me faltará. Salmo 23”, reza la enseña.

El servicio religioso está por comenzar. Un murmullo sostenido templa el recinto, que es más bien una especie de galpón con reminiscencias y remedos de la arquitectura gótica europea -pilastras de hierro con arcos de medio punto, vitrales huérfanos de imagen.

“¡Gloria a Dios. Viva Jesucristo!”, alaba un hombre que porta, con los brazos alzados, un pequeño y usado breviario. Los feligreses no responden a su prédica; lo miran con un cierto dejo de desprecio: es un desamparado, un “hermanito”, un pobre hombre sin la investidura necesaria como para ser tomado en cuenta. Un fotógrafo se da maña para retratar al menesteroso en medio de la multitud indiferente. “Está prohibido sacar fotos -le informa un guardia-: ésta es una reunión privada”.

La “reunión privada” se anima cuando un encargado de la palabra se sube al púlpito y exhorta a los concurrentes: “Alabado sea Dios”. Y miles de manos se alzan al cielo raso de la Catedral, para responder en coro multitudinario: “Sí Señor, alabado seas”.

Después de algunas alusiones religiosas y en medio de los primeros cantos -“Señor lleva mis pasos”, “Soldados de los Cielos”-, el hombre del púlpito pide a los feligreses que den sus ofrendas: “Bendice Señor, al dador alegre”. Entonces 70 jóvenes “relacionadoras” -gorra y capa grises- recorren los pasillos alargando sus bolsas de terciopelo rojo orladas con flecos color oro. Cada uno da lo que puede. A razón de sólo cien pesos por cada una de las siete mil personas presentes, se reúnen 700 mil pesos en diez minutos.

Concluida la colecta, las “relacionadoras” se dirigen a la oficina que está debajo del coro. Allí tocan un timbre conforme van llegando. La puerta se abre, una mano anónima coge la bolsa, y se vuelve a cerrar. Sólo se volverá a abrir pocos minutos antes de que concluya la “reunión”, pues así lo requiere el depósito del efectivo de la segunda y última ofrenda para la Obra.

Pero recolectar un mínimo de un millón y medio de pesos por “reunión” no es lo importante: “El Evangelio nos invita a mirar más allá de los límites terrenales -dice un predicador desde el púlpito-. Hay que recordar que nuestro pastor y obispo, Javier Vásquez Valencia, siempre dijo que él sólo era un transeúnte en la tierra”.

FE DE MILLONES Y AUTOS DE FE

El ahora ex pastor de la Catedral evangélica y ex obispo presidente de la Iglesia Metodista Pentecostal, Javier Vásquez, estuvo a la cabeza de esta denominación religiosa durante más de 18 años.

Como pastor, tenía a su cargo los 56 templos distribuidos en Santiago y los 17 “cuerpos” que conforman la Catedral; y como obispo presidente encabezaba las más de cinco mil iglesias metodistas pentecostales de Chile. Es decir: era el padre espiritual de más de dos millones de chilenos.

Cada miembro de esta Iglesia debe ceder el diez por ciento de su sueldo -el diezmo- para la Obra. Estas condiciones permiten inferir que en la iglesia central, Javier Vásquez administraba un mínimo de 70 millones de pesos mensualmente por este concepto (aparte de las ofrendas), suponiendo que cada uno de los siete mil feligreses de la Catedral ganara un sueldo mínimo de 105 mil pesos. Y cada una de las cinco mil iglesias de esta denominación evangélica distribuidas a lo largo de Chile, también debía enviar a Santiago el diezmo de sus diezmos.

Basta imaginar la suma de dinero así recolectado para comprender el poder que tuvo, hasta el 25 de julio pasado, este sencillo y religioso contador del Sur que fuera en sus inicios, y por más de 25 años, el secretario personal del Reverendo Manuel Umaña, primer obispo de la Iglesia Metodista Pentecostal en Chile.

Al morir Umaña y quedar vacante el puesto de Pastor en la iglesia de Jotabeche en 1964, asume su conducción. Veinte años después es elegido Obispo Presidente, en consideración a sus logros. De éstos, uno de sus más importantes fue haber inaugurado, en 1974, la Catedral Evangélica de Santiago, reemplazando la pequeña iglesia de su antecesor.

La “Historia de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile” que se puede encontrar en la web, consigna: “Con el fin de financiar la compra de terrenos para realizar esta gran obra no dudó en recurrir a su propio patrimonio material, demostrando en esta forma su gran amor por la iglesia, a su vez, le apoyó en todo momento con sus ofrendas, diezmos, trabajo en la construcción, y todo tipo de actividades para reunir fondos”. ¿Cuánto habrá sido su “propio patrimonio material”?

“Tras siete años de esfuerzo”, se señala en la página virtual, el templo fue inaugurado el domingo 15 de diciembre de 1974. Y en 1975 se establece en la Catedral Evangélica, en el mes de Septiembre, “con la asistencia del Presidente de la República, el Te Deum Evangélico”.

Pero el general Pinochet no sólo honró con su presencia cada uno de estos Te Deum; también contribuyó a la exención de impuestos en la importación de vehículos para las instituciones de beneficencia sin fines de lucro. Gracias al Decreto Supremo Nº 404, promulgado en la década de los 80′, el pastor pudo adquirir más de una docena de autos de lujo que podían enajenarse después de tres años de haber sido adquiridos; Mercedes Benz, Volvo y BMW, no precisamente destinados al traslado de sus fieles hermanos.

EL EVANGELIO SEGUN LOS VASQUEZ

El pastor Enrique Vilches y su hermano Mario, propietarios de la cadena de joyerías Barón, se separaron de Vásquez en 1997. Los hermanos Vilches le pidieron al pastor en ese tiempo que clarificara los balances contables de la Iglesia, y que rindiera cuentas acerca del destino de las subvenciones que en el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle se concedieron para el conjunto de la congregación. Mario Vilches sostiene que “al principio se negó, dijo que nunca le habían llegado esas platas”, pero después hubo de reconocer, señala el joyero, que los 21 millones de pesos de subvención estatal los había transferido a su hijo, Jorge Vásquez, para la construcción de una iglesia de más de 5 mil metros cuadrados en Maipú, y con una capacidad para 8 mil personas.

En esta Iglesia, que reúne cerca de 4 mil feligreses -diezmos para el pastor y ofrendas para la obra-, se invirtieron mil 200 millones de pesos, según calculan algunos pastores que han pedido se conserve su anonimato. Los otros cien millones de subvención que dio el Gobierno acaso sólosirvieron para levantar las columnas empotradas del frontis. Jorge Vásquez Daza afirma que “ese dinero era específicamente para la construcción de este templo”.

Sin embargo, la carta fechada el 15 de septiembre de 1995 destinada al pastor Javier Vásquez, y suscrita por el entonces Director de Asuntos de Gestión de la Presidencia de la República, Rodrigo Moraga Guerrero, consigna que “su solicitud de subvención para la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, fue aprobada (…) y que por oficio N°95/1703(…) se ha solicitado al Ministerio de Hacienda inicie el proceso de pago(…)”. (Ver documento) En una carta similar, emitida en marzo de 1996, se destina un monto de 50 millones de pesos por el mismo concepto.

Un año más tarde, el obispo presidente Vásquez, solicita otros 315 millones de pesos, ahora sí, expresamente, “para ayudar a finalizar el citado proyecto que estamos seguros será de beneficio para toda la comunidad de Maipú”.

Pero la labor de Jorge Vásquez Daza no se limita exclusivamente a la construcción de templos de su propiedad: también es empresario. De acuerdo a la información financiera recabada, “presta servicios personales no especificados”; registra tres domicilios particulares, “aparte de las dos parcelas que tiene en Lonquén” según comenta un pastor y el boletín laboral arroja un total de 37 documentos impagos. Además, hasta diciembre de 1996, Jorge Vásquez tenía doce letras protestadas, dos pagarés protestados y otros siete impagos. Hasta esa fecha adeudaba poco más de 15 millones de pesos a distintas entidades bancarias.

Según otros antecedentes financieros, el padre de Jorge Vásquez también se dedicaba a los negocios, independientemente de sus comercios con la divinidad. Al menos hasta 1987, figuraba como partícipe de cuatro empresas de explotación minera y como socio de dos flotas de buses. Además, aparece como dueño de al menos cinco propiedades cuyo avalúo fiscal se estima en algo más de 110 millones de pesos. También era un empresario. ¿La empresa?: “Iglesia Metodista Pentecostal”. ¿Actividad Económica?: “¡Producción de Leche!”

Pero tal vez la familia Vásquez Daza no es tan prolífica y emprendedora como el padre. En octubre del año 97, en la notaría de Iván Tamargo Barros, Javier Vásquez dejó estampada su todopoderosa injerencia en todos los asuntos públicos y privados relativos a la vida de su iglesia. El documento consigna que el pastor, después de la lectura de algunos salmos, “solicita al Directorio su aprobación para renovar el mandato general (…) El Directorio (…) aprueba por unanimidad conferirle un mandato general y extrajudicial (…) para que a nombre y representación de la Corporación, denominada `Iglesia Metodista Pentecostal de Chile’, firme y suscriba las escrituras de compra y venta de las propiedades que la Corporación adquiere en el país, por el precio, forma de pago y demás condiciones que el mandatario estime conveniente”. Las cuatro cuartillas que siguen pormenorizan las facultades del pastor, en una especie de sagrada escritura en que se le otorga plenos poderes. (Ver documento en www.elperiodista.cl)

Enrique Vilches, disidente de Jotabeche y en la actualidad pastor de la Iglesia Metodista Pentecostal Universal, afirma que en los balances contables del obispo fallecido “nunca aparecían los dineros que proporcionaba el Estado”. Y ello explica, a su juicio la opulencia en que vive la familia -hijos, nietos y otros familiares- del pastor. “En Lonquén se construyeron un condominio. Casas fastuosas de más de 120 millones de pesos. Autos deportivos de las mejores marcas”, enumera. Y ello, “a costa de los humildes. Me duele la manipulación afectiva que hay. Hay gente que posterga sus necesidades básicas -el vestuario de sus hijos, la comida- para contribuir con sus diezmos y ofrendas”, comenta.

Y esta situación, según su parecer, “no se va a resolver con la sustitución” del obispo muerto: “Aquí no hay transparencia. Sólo se va a elegir a los nuevos ricos de la Iglesia”. Además, denuncia, preguntando: “¿Dónde están los proyectos sociales los centros de atención dental, los hogares de ancianos, los centros de rehabilitación para drogadictos y alcohólicos, las guarderías para las madres más pobres?”

EL PATIO DE LOS CALLADOS

En el año 2001, se inauguraba el “Cementerio Evangélico Nueva Jerusalén”, patrocinado por algunos pastores de la denominación, en especial por el influyente y reconocido Fernando Chaparro (Ver nota aparte). Detrás de la buena noticia, también estaba la familia Vásquez.

Algunos hijos y nietos del pastor de la Catedral tuvieron la brillante idea de asociarse en un proyecto con algunos de los ejecutivos del Parque del Sendero -cementerio si no católico, a todas luces ecuménico. Pero el emplazado en este Parque no tenía las características simbólicas, ideológicas ni materiales necesarias para legitimarlo (Ver El Periodista Nº14); antes bien se consideró una afrenta el que se destinara el patio trasero del Sendero para instalar un cementerio que se publicitaba como el único y el primero de los evangélicos en Chile. Aún más: los hijos y nietos de Vásquez creyeron necesario diseñar expresamente una página web -ECL Mundo- para darlo a conocer. La página no era precisamente un dechado de rigor profesional destinado al mundo evangélico, pero se pagaba muy bien -tres, hasta cinco millones de pesos- por la publicidad del famoso “Cementerio Evangélico Nueva Jerusalén”.

El Presbiterio Mayor de la Catedral, al advertir estas “irregularidades” del culto, resolvió echar por tierra el proyecto, como asimismo hizo con la empresa inmobiliaria HabitaFe, que por esos días también aparecía como “la oportunidad” para los millones de fieles observantes evangélicos.

Mientras los negocios de los familiares de Javier Vásquez se derrumbaban, éste no dejaba pasar oportunidad para acrecentar la fe de los creyentes. Mario Vilches recuerda que el casamiento de la glamorosa Sara Vásquez con el estilista Gonzalo Cáceres “también fue otro buen negocio”. Los medios de comunicación -revistas, televisión, radio- tuvieron su domingo siete en la ocasión; y los derechos cobrados por las autoridades de la Catedral no fueron menores. Hasta el hombre de la radio Colo Colo, el de la pulsera de los once poderes, tuvo la oportunidad de no sólo publicitar su producto sino también de comentar los entretelones del evento “social”.

Pero Javier Vásquez ha muerto. E incluso en su muerte sus hijos disputaron la primacía de sus influencias. Su esposa, Olga Hanssen, estaba decidida a enterrarlo en el cementerio Camino a Canaán -el primer camposanto evangélico de Chile, ya que “él siempre se debió a su Iglesia”. Sus hijos decidieron sin embargo sepultarlo en el Parque del Recuerdo ya que allí, argumentaron, estaba enterrado otro de sus hijos y su primera esposa, Marina Daza.

Al Parque del Recuerdo Américo Vespucio asistieron, según las estimaciones de Carabineros, no más de 10 mil personas.

Javier Vásquez, era “una persona a la cual la Iglesia Evangélica de Chile le debe mucho, porque él la hizo crecer. Lo importante es que quienes lo vayan a suceder sigan su ejemplo y su camino de unidad”. Así lo afirmó el alcalde de Santiago Joaquín Lavín, en la víspera de las exequias, durante el velatorio del sábado 26 de julio pasado.

El ministro de Educación Sergio Bitar, quien también concurrió al oficio fúnebre no habló en esa oportunidad en representación del Gobierno. El que sí lo hizo fue José Miguel Insulza, el ministro del Interior: “He sentido que no podía estar ausente (&) cuando se despedía a una persona tan eminente dentro de esta Iglesia (&). Creo que esta Catedral es su obra más visible y es testimonio del esfuerzo que puso él por la unidad de los chilenos”.

¿Qué milagro habrá sucedido como para que dos hombres tan distintos hayan concordado en el elogio postrero al pastor del Templo?

OTRAS REVELACIONES

La familia Vásquez no es la única llamada a predicar el Evangelio, construyendo de paso más de alguna fortuna con los diezmos y ofrendas de los creyentes.

Alejandro Martínez Véliz es un poderoso empresario que, precozmente, “a los quince años terminó su enseñanza media y a los 19 tuvo su encuentro personal con Jesucristo”, según dice en su página web de VidaVisión.cl. Luego del “encuentro” resolvió que su destino no sería sino consagrar su vida a difundir la Palabra.

Y la imagen, pues con ayuda de algunas ofrendas comenzó su camino de revelaciones con la televisión. Los evangélicos en Chile eran demasiados como para no tener un canal que se ocupara de ellos. Los proyectos de Gospel TV y la Roca TV duraron menos de lo que esperaba. Pero insistió en su cometido. En la comuna de San Miguel instala una señal para el canal 4 que las ofrendas y diezmos de sus feligreses sostenían sin perder el aliento. Años más tarde se presentaba como único oferente para la compra del Canal 2. Y lo compró, en un millón de dólares. Hoy el pastor Martínez es propietario de un edificio de cinco pisos -ubicado en Alameda 2520- en el que funcionan las dependencias de VidaVisión; señal televisiva cuyo respaldo tecnológico, se dice, supera con creces al de Chilevisión.

Además, el “hermano” Martínez realiza tres servicios religiosos al día. Para ello construyó, detrás del edificio, una iglesia a la que asisten no menos de dos mis fieles, con sus diezmos y sus ofrendas por supuesto.

Fernando Chaparro también es un “hermano” emprendedor. Su trabajo como motorista de Carabineros no le impidió ungirse como fiel observador y practicante del evangelio. Hoy es dueño de la ex discoteca Brodway, de una sinagoga -judía, sí, con su estrella de David y todo-, y de las radios Corporación y Portales.

Eduardo Herrera no es un hombre acaudalado como los anteriores. Pero el alguna vez ascensorista también ascendió a las alturas insondables del misterio. Hoy es pastor de la iglesia “Tiempos de Dios”, ubicada en la calle San Diego y visitada por más de dos mil feligreses que aportan su diezmo y sus ofrendas sagradamente.

Publicada en 2003

 

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