Ana Belén: “Soy una persona fiel”

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De paso en Chile, corriendo para estar en el cierre de campaña de Michelle Bachelet, la cantante española se dio un respiro para hablar con El Periodista y relatar aspectos de su infancia, sus abuelos republicanos, el tiempo de ternura que se da con Víctor Manuel y lo que le queda por hacer en las tablas.

Por Francisco Martorell (publicada en enero de 2006)

Una menuda mujer, ya cincuentona, sale del ascensor del Hotel Plaza San Francisco el viernes 13 de enero. Pelo suelto, polera blanca, pantalones, poco o casi nada de maquillaje y mucha energía.

Es Ana Belén, el símbolo sexual que los españoles supieron conseguir hace 30 años y que hoy cautiva miradas y suspiros a su paso.

Menos de treinta segundos con ella y parece que uno la conoce de siempre. Afable, simpática, risueña hasta la carcajada, coqueta. Inteligente y reflexiva. Nada de poses. Un manjar para los fotógrafos.

La cantante de “Lía” o “La Puerta de Alcalá”, que dirigiera en el cine “Cómo ser mujer y no morir en el intento” y que protagonizara éxitos como “La Colmena” o “La Casa de Bernarda Alba”, es justamente lo que de ella se espera: Transgresora y atractiva.

No parece, como dice la prensa española, una estrella que lleva “mucho tiempo en el paraíso”. Nada le complica. Tiene tiempo para ser entrevistada, aunque apenas vino por 48 horas al país, le gusta charlar, es inquisidora y su mirada penetrante no pasa desapercibida.

Ana Belén, nacida como María del Pilar Cuesta a mitad del siglo XX, mantiene intacto su encanto y reafirma a cada rato su compromiso: “A mi nadie me manda a hacer las cosas, soy yo la que siento que debo estar ahí, por eso no me pesa, porque no hay nadie que me mande”.

Nada oficial le preguntamos sobre Bachelet, a quien apenas conoce, ni sobre el machismo de la campaña en Chile, que la horrorizó, sí sobre su vida, supersticiones y amores…

Ana, hoy es viernes 13 y estás alojada en la habitación 813 ¿te provoca algo el número?

No me había dado cuenta, ni tampoco me acordé que hoy es viernes 13. Tu sabes que en España el día fatídico para casarse es el martes 13…

¿No te habrás casado un martes 13?

Aquella seudo boda que tuvimos con Víctor, en 1972, fue un martes 13; he tenido el camerino número 13 durante años en el Teatro Español. Mi hijo nació un día 13…

Estás asociada, entonces, al número 13, sin supersticiones ni nada. Pero sí tienes una relación con los signos del Zodiaco. Leí por ahí que te gustan los hombres de Cáncer…

Ha coincidido, si, hombres con los que me he llevado muy bien, o amigos incluso son de Cáncer. Debe haber empatía ahí, Víctor es cáncer.

¿Pero crees o no en cosas mágicas?

No vaya, no soy supersticiosa. A veces, pasando ociosamente las páginas de una revista o del diario, leo el horóscopo, por si acaso. Y muchas veces me han acertado de plano. No es que me programe de acuerdo al horóscopo, yo no creo ni dejo de creer evidentemente. Al final todos son pasatiempos. Mira la gente del teatro allá en España, y me imagino que aquí también, es la más supersticiosa del mundo, he estado al lado de actores que los martes 13 no salían a la calle.

¿Recuerdas el día que conociste a Víctor?

Si, perfectamente. Yo estaba haciendo una obra de teatro en Galicia, era una gira y llegamos a un hotel en La Coruña y coincidimos ahí en la conserjería con Víctor y Julio Iglesias que estaban cantando por toda Galicia, los dos juntos. ¡Cómo es la vida! Me los presentó una actriz. Víctor fue encantador, muy simpático. El es un tío que de entrada te da muy buena vibración, como que tienes ganas de quedarte un rato hablando con él. Y ahí Julio se presentó, me acuerdo que Víctor me dio un beso en la mejilla y Julio me besó en la mano. Yo tenía 19 años. Al terminar de hacer nuestra función, que se llamaba “Un sabor a miel”, nos juntamos en una discoteca. Charlamos hasta las tantas y nos despedimos. Llegó el mes siguiente y mi compañía fue a Asturias, a Mieres exactamente, de donde es Víctor. Dio la casualidad de que él estaba ahí. Pero no sólo eso, sino que a Víctor ya le habían contratado para hacer una película en la que yo trabajaba.

¿Y fue pura casualidad o “buscaron” encontrarse en Mieres?

No, no, eso fue el destino. La gira estaba contratada con esas fechas. Fue casualidad que a Víctor le contrataran para esta película.

Leí en una entrevista que con los hombres generalmente eras tú la que daba el primer paso. ¿Con Víctor fue así?

Sí, porque Víctor cuando lo conocí, no se si esto querrá que lo cuente, tenía una novia chilena (ríe) y… bueno… como que yo me entrometí. Me metí por el medio.

¿Y cuando él viene solo a Chile no buscará a esa novia chilena?

No porque se fue de acá, se tuvo que exiliar y no vive aquí, me parece que vive en Europa.

A Víctor lo conociste a los 19 y te casaste al poco tiempo. Ahora las parejas no se casan antes de los 25.

No sólo eso, en España más tarde o no se casan y desde luego son madre muchísimo después. Empiezan a pensar en ser madres con 32 o 33 años. Sí, como ha cambiado la vida ¿no?

¿Cómo lo harías tú ahora?

La vida se ha complicado tanto con los jóvenes, que tienen muy pocas posibilidades de emanciparse. En España el mayor problema de la juventud es no poder irse de su casa y vivir independientemente porque no tienen posibilidad de alquilar un piso. En este momento en España ya no hay alquileres, o sea hay, pero ya no como había antiguamente. Qué joven tiene posibilidad, si no es que se va con otros siete a compartir un piso, de irse de su casa. Es más, hay muchos padres que les echan (ríe), que les quieren sacar de la casa ¡es que no se van! Pobres, cómo se van a ir si es que no tienen cómo. Entonces, todo se ha ido retrasando, eso de la madurez se ha ido aplazando.

Pero tu salida temprano dio frutos… Llevas 33 años de matrimonio ¿Eres feliz?

Sí, soy feliz. Evidentemente que si seguimos Víctor y yo es porque nos ha ido bien y porque nos sigue yendo bien. Eso lo tenemos claro…

¿Sigue habiendo “tiempo para la ternura”?

Si, y además yo creo que ahora más que antes. Porque si hay algo que aprendes con la edad es a ir racionalizando los tiempos. Cuando muy jovencita lo que más deseaba era estar trabajando continuamente, estarme moviendo, no parar. Mi lema, como dice un amigo, era ‘como fuera de casa no se está en ningún sitio’. Yo quería salir de la casa de mis padres a como diera lugar. Pues en cuanto pude me fui. Esa ha sido una constante en todos nosotros, incluso Víctor y yo formamos nuestra casa luego de estar fuera mucho tiempo. Después llegaron los hijos y eso evidentemente te hace replantear muchas cosas. Pero es verdad que el tiempo y la madurez te hacen arañarle espacios a esa vorágine que se supone que tiene esta profesión, para dedicártelo más a ti. Y sin lugar a duda es lo que hago. Nosotros nos movemos mucho por temporadas, hay una temporada que estas muy apretado porque haces giras, pero luego hay otro momento que desaparecemos de todo.

¿Cómo ordenarías sexo, amor y fidelidad en una pareja que lleva treinta y tantos años juntos?

Creo que el valor ha ido cambiando en la medida que han pasado los años; primero era sexo, sexo, sexo; luego amor y sexo. Fidelidad, yo te diría que siempre, pero porque en mi naturaleza soy una persona fiel. Pero fiel no sólo a mi pareja, sino en todos los afectos que tengo. Soy fiel a mis amigos y eso no lo puedo cambiar. La fidelidad en todos los órdenes de la vida es muy importante para quien lo es.

La prensa española ha dicho que has construido una muralla y que eres una mujer que no ha permitido que se ingrese a tu vida privada. ¿Es difícil eso hoy con los paparazzi y las revistas del corazón?

Es muy difícil porque se ha convertido todo esto en una jungla, por lo menos en España. Y muy desagradable, como supongo que sabéis; entonces, tienes que marcar una raya y saber quién está a este lado y quién está al otro. Además, España no es un país tan grande y después de tanto tiempo nos conocemos todos. Y todos sabemos cuánto estamos dispuestos a hacer y a ceder, y a lo que no. Pero muchas veces esa seudo prensa, porque yo no les llamo ni siquiera prensa ni periodistas, es un seudo de todo, atraviesa la raya. Ellos te respetan en la medida que tu eres respetuoso y que te haces respetar A lo largo de los años es lo que hemos tratado, aunque no se ha entendido de un principio. A mi me han llegado a insultar en la calle los paparazzi porque no les daba oportunidad de hacer determinadas fotos. Pero a la larga ha dado resultado, ahora cuando hay un debate sobre la vida privada, sobre el derecho a informar, –el eterno debate en el que nunca se llega a ningún acuerdo clarificador–, siempre dicen “pero si hay gente a la que hay que respetar, por ejemplo Víctor Manuel y Ana Belén”. ¡Anda que se han tardado en comprender eso!

¿Y lo entienden los que están atrás del negocio que significa Ana Belén y Víctor Manuel? Porque también –me imagino– hay una presión de los managers, de los productores, de las casas discográficas.

Sí, por supuesto. Mira hay cosas que te vas ganando con el paso del tiempo y en la medida en que eres más fuerte: es el derecho a decidir. Puedo sacar un disco y tener un plan de promoción loco, pero ese plan yo lo reviso, y yo sé con quién quiero hablar y con quién no. Hay gente con la que evidentemente no quiero hablar.

¿Quiere decir que en este tema el que quiere puede?

El que quiere puede, pero no te salva que en cualquier momento haya un teleobjetivo mientras tu estás en una playa descansando y te fotografíen. Eso esta claro. Lo que a mi me importa es que cuando esas fotos se publiquen, la gente sepa que me las han robado y no que yo he dado facilidades para hacerlas.

CATOLICA HASTA LOS 13

¿Qué queda de María del Pilar Cuesta, aquella niña que todos los domingos iba a la iglesia?

Si, hasta los 13 años. Las monjas nos llevaban a una especie de residencia que tenían ahí en la sierra, cerca de Madrid, de vacaciones, a todos los chicos que habíamos ido durante todos los domingos a misa. Era como estar enclaustradas con ellas, pero lo pasábamos muy bien. Tengo muy buenos recuerdos.

A pesar de haber tenido, junto a todos los chicos y chicas de mi generación, una educación absolutamente pacata y reaccionaria, no tengo un mal recuerdo de mi paso por el colegio, un colegio de casi monjas, eran monjas seglares.

¿Qué pasó a los 13 años que dejaste de ir a misa?

Es que mis padres no iban a misa. Ellos no eran los típicos padres que nos llevaban los domingos a misa, ellos los domingos trabajaban y nosotros íbamos a misa con el colegio. Y de repente, pues, dejas de ir.

¿Dejaste la misa o dejaste de creer en Dios?

Dejé de creer.

¿Absolutamente?

Pues me asaltan a veces dudas, claro que creo en algo, que no sé si es Dios. Desde luego no en es el Dios que nos enseñaban en el catecismo, pero obviamente tengo mucho respeto. Eso sí, a lo largo de nuestra transición en España y sobre todo en la época más dura del franquismo, tengo mucho aprecio por todos los curas que se partieron la cara por estar ahí, que le abrieron las puertas de las iglesias a los trabajadores para que se encerraran, para que hicieran huelgas. Los que llamábamos curas obreros que estaban viviendo en la calle con la gente… a ellos les tengo mucho respeto.

Pero en este momento la religión me parece, por lo menos en España, que está del lado de la reacción más absoluta. Me parece que la iglesia de ahora no está con la realidad y ni siquiera con la realidad de la calle. En algunos sitios sí están haciendo una buena labor, y por esa gente tengo mucho respeto, trabajando con los desfavorecidos, gente que se sabe que lo está pasando mal en África, en la India. Y, por ejemplo, están a favor de que se use el preservativo, algo que nos parece tan obvio pero que sin embargo, la iglesia no acepta, y que esta gente que está trabajando con los más desfavorecidos en África sabe que es la única salvación y están luchando por eso. Pues por esa gente tengo mucho respeto.

Una vez dijiste que no sabías si llamarte roja pero que siempre has sido de izquierda: “Desde que tengo memoria, aunque no lo supiera”.

Si porque esto nos ha pasado a muchos, que nuestros padres eran niños de la guerra, además del bando que perdió; hijos de republicanos, de rojos, de comunistas, socialistas. Durante muchos años se impuso el silencio, sin embargo, en nuestras casas había un determinado comportamiento del que tú te das cuenta luego que eres mayor. ¿Por qué mis padres no iban a la iglesia? Pues porque el padre de mi padre murió en la cárcel simplemente porque era republicano y porque el cura del pueblo lo denunció porque escuchaba una radio prohibida. Lo denunció, lo metieron en la cárcel y murió por una complicación pulmonar. Y los padres de mi madre eran los dos republicanos, entonces esto es algo que de pequeños no se nos decía, había un pacto de silencio para que no tuviéramos que sufrir lo que ellos habían sufrido, pero tú te vas dando cuenta y empiezas a hilar y las cosas van encajando.

¿Y estas heridas en España están curadas?

No están curadas porque después de tantos años de democracia hay que resarcir a mucha gente. A los perdedores que todavía, desgraciadamente, siguen teniendo a sus muertos en las cunetas de las carreteras sin ser enterrados en los cementerios, tal como murieron fusilados, ahí se han quedado. Existe ahora un movimiento por la recuperación de la memoria histórica que está, sin ayuda, levantando esto con las memorias de los viejitos de los pueblos, que les dicen “debajo de ese olmo hubo un fusilamiento y murieron trescientos”. Entonces, están empezando a excavar y sacar los cuerpos para darles sepultura.

¿Cómo se expresa hoy el comportamiento de izquierda? ¿Qué es ser de izquierda hoy?

A pesar de lo que dice la derecha, que se mete mucho con los “progres” y que son términos trasnochados, yo creo que hay muchas diferencias entre la izquierda y la derecha. Y eso está claro, no te voy a decir que la cultura es de izquierdas porque no, pero si te puedo decir que la mayoría de la gente de la cultura es de izquierda. Ser de izquierda significa ser solidario, ser de izquierda significa ser progresistas, ser de izquierda significa que no te den miedo los avances, ser de izquierda significa tener el deseo de que hay mayor igualdad en todo el mundo, de que la gente por lo menos nazca con las mismas oportunidades y que luego pueda desarrollarlas a lo largo de su vida. Es un comportamiento.

¿Y cuando la Izquierda ha llegado al Gobierno ha logrado colmar tus expectativas?

No, porque cuando por ejemplo llegaron los socialistas a España -que yo me alegré muchísimo-, salimos todos a la calle a defenderlo y a celebrarlo, aunque yo no votaba socialista porque era militante del partido comunista en ese momento. Siempre digo que no gané nunca elecciones porque el partido comunista nunca ganó las elecciones. Y que las primeras elecciones que ganamos Víctor y yo fueron las de Allende. Ahora estoy muy ilusionada con este cambio de gobierno que hubo en España, después del 14 de marzo con Rodríguez Zapatero.

¿Y la ilusión se ha mantenido?

Si. Zapatero dijo una cosa que me pareció soberbia esa noche de las elecciones: “estaré atento y voy a escucharos”. Y creo que es lo que ha hecho, está atento, no se ha vuelto loco evidentemente y está escuchando a la gente. Y hay una cosa que está haciendo, está cumpliendo su programa.

“HAGO LO QUE SIENTO”

¿Te pesa llevar 30 años encarnando, de alguna manera, un combate por los derechos civiles y las libertades?

No, porque yo las cosas las hago tal como las siento y si en algún momento siento que no tengo que estar ahí, que no me apetece, no lo hago. A mi nadie me manda a hacer las cosas, soy yo la que siento que debo estar ahí, por eso no me pesa, porque no hay nadie que me mande.

¿Por qué las mujeres siempre están repitiendo que no las manda nadie?

Porque toda la vida nos han mandado, toda la vida, desde todos los estamentos, desde la iglesia, el gobierno, desde todas las instituciones. Desde la tiranía de la moda. Nos dicen cómo tenemos que ser, cómo estar o cómo tenemos que llevar nuestra vejez.

¿Qué te queda por hacer si ya los has hecho todo?

Mucho. Me queda hacer discos estupendos que espero que estén ahí, con canciones que me están esperando para que las encuentre para grabarlas. Me queda en el teatro hacer personajes maravillosos, que creo hay todavía para mujeres de mi edad. Y supongo que cine, a mi me gusta el cine. Ahora hago menos, porque es verdad que cuando llegas a una determinada edad para las actrices es más complicado que para los hombres, y como que hay más espacio entre una y otra película, pero creo que deben haber ahí unas cuantas películas que me están esperando. Lo que si me gustaría mucho sería volver a dirigir una película.

Dijiste que a los 60 años querías estar jubilada. Con todo lo que estas planeando parece que los vas a pasar trabajando…

Eso lo diría muy joven. Después, cuando llegas a determinadas edades en que todavía te sientes joven, te repites por qué habré dicho yo tal cosa. No me gustaría hacerme muy mayor en esto, cada uno conoce cuál es el límite. Yo trabajo porque tengo que vivir, no por gusto. Y tengo que ganar dinero para vivir, no soy una persona rica, ni que pueda decir “mira me retiro y vivo de las rentas”. Si me gustaría, teniendo no se si 60 años, ahora me parece demasiado joven, a una determinada edad decir “pues creo que he estado suficiente ahí delante de los focos y de las cámaras”. A lo mejor no es que me retire pero si puedo hacer algo detrás de los escenarios.

Pero si llegara un geniecillo y te dijera que estás obligada a optar, porque lo has tenido todo en la vida y elegir una sola cosa: cantar, actuar o dirigir una película. ¿Qué elegirías?

Actuar, tienes una carrera más larga como actriz, puedes interpretar a una viejecita, a una persona mayor. Sin embargo, una persona mayor cantando en el escenario a mí me resulta un poco patético.

¿Sientes que has logrado el éxito?

Para mi el éxito es levantarme en la mañana e ir al rodaje y decir ‘pues mira que suerte tengo, de que estoy en este proyecto, que tengo este papel, que estoy trabajando con este director. Qué tía de suerte soy’. Ese creo que es mi éxito, trabajar con la mejor gente y la posibilidad de que gracias a esta profesión sigo aprendiendo…

Y piensas que eso que has logrado ya es definitivo. Una vez dijiste que uno puede llegar a la cima y caerse en 24 horas…

Bueno aquí no sé, porque justo ayer hablábamos con Miguel Bosé de su éxito en Chile y decía que la gente es muy generosa y muy fiel. Hablábamos de lo árido que es en España ser cantante o tener esta profesión, porque cada día, con cada uno de los trabajos que sacas, estás empezando. Claro, por otro lado tienes la suerte de que no te duermes, estás ahí alerta siempre, pero es muy duro, porque no tiene que ver con que tu anterior trabajo haya ido bien, que haya llegado al público. Hablamos también de los miedos que dan cuando sacas un nuevo trabajo, miedos que te paralizan. Porque es como si te jugases todo. España es muy voluble en los afectos con sus artistas. Siempre hemos dicho “¡quisiéramos ser franceses!”. Allí, una vez que ya eres un actor querido, lo eres para siempre. Hay un respeto y un cariño, en España no, te lo tienes que ganar una y otra vez.

En una revista del diario El Mundo, sin embargo, decían que tienes demasiado tiempo instalada en el paraíso. ¿Lo sientes así?

No, para nada. Lo que pasa también es que la memoria es muy frágil y se olvidan los fracasos, una se ha equivocado muchas veces, pero incluso tu misma memoria te hace trampa, y recuerdas sólo lo mejor, tus triunfos, tus éxitos, pero yo sé que he metido la pata muchísimo.

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