Venezuela: Las mil batallas de Hugo Chávez

miércoles 6 de marzo 2013
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Entre diciembre y los primeros días de 2007 Hugo Chávez obtuvo la reelección por el 62,9 por ciento de los votos, garantizó un nuevo mandato hasta el 2013 y el pasado 10 de enero juró el nuevo período constitucional por “Cristo, el más grande socialista de la historia”. Los primeros pasos: “el socialismo del siglo XXI”, la reelección indefinida y la nacionalización de empresas estratégicas.

Por Claudio Mardones

Cuando la victoria en las urnas confirmó que Chávez había sido reelecto, el encargado de las relaciones de Washington con América Latina, Thomas Shannon mandó la primera señal de advertencia: “Tal vez después de estas elecciones, Venezuela esté dispuesta a sentarse con nosotros. Hasta este momento le han faltado ganas, pero esperamos una relación más positiva en áreas como la lucha antidroga, antiterrorista, las relaciones comerciales y el sector energético”.

La respuesta de Caracas llegó con prisa y sin pausa: “Patria, socialismo o muerte”, dijo el caudillo al jurar ante la Asamblea Nacional el tercer mandato que desempeñará hasta 2013, luego de haber ocupado la presidencia en un primer período de 1998 a 2000 y, gracias a una reforma constitucional, un segundo mandato de 2000 a enero de este año.

Es que Estados Unidos y buena parte de los países del continente han caído en la cuenta de que “esta vez viene en serio”. Más allá de la pirotecnia de su comunicación política, que hace palidecer a los alicaídos discursos de decenas de mandatarios vecinos, la velocidad en el anuncio de las medidas del nuevo período, confirman que el presidente venezolano se prepara para consolidar su ofensiva política en poco tiempo.

Es “para poder aprovechar el impulso y prepararse para incrementar su capacidad defensiva ante los posibles embates que le propinará Washington si continúa con las reformas que anunció”, confiesa un influyente analista privado de reiterada consulta multinacional en Buenos Aires que opta por el anonimato para sentenciar que “el alineamiento internacional de Chávez puede entrar en una etapa crítica si corta el suministro de petróleo a Estados Unidos por medio de Citgo, la empresa venezolana que provee miles de barriles diarios” a la economía más poderosa del planeta. Si eso ocurre, el guante probablemente sea recogido por el Mercosur, que se transformaría en una instancia de negociación concreta entre Washington y Caracas, con el patrocinio diplomático de Brasilia y Buenos Aires.

CAPITALISMO DE ESTADO

“Todo aquello que fue privatizado, nacionalícese”, proclamó Chávez luego de tomar juramento al nuevo vicepresidente ejecutivo Jorge Rodríguez y a 27 ministros, entre los que se destacan diez nuevos, junto al equipo de gobierno que, como reconocen los voceros diplomáticos venezolanos, acompañó “la transición” del gobierno chavista. El término alude al mandato que acaba de cerrar Chávez y que precede a la construcción de “un socialismo de nuevo tipo” caracterizado en el 2007 por la consolidación de “un capitalismo de Estado” que permitirá a Caracas el control total de sus recursos para acelerar las transformaciones en los sectores más postergados del país caribeño, que a ojos de varios corresponsales extranjeros, “evidencia un enorme déficit en la gestión de los recursos”. Un problema que en poco tiempo podría mutar en la principal derrota interior del chavismo si demora ese aspecto.

Los primeros pasos consistirán, en palabras del caudillo: “Retomar el control de sectores estratégicos, como las comunicaciones, el agua y la electricidad”. Según su propio discurso, Venezuela regresará a manos del Estado los negocios con las petroleras estadounidenses Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Conoco-Phillips, la francesa Total, la británica British Petroleum y la noruega Statoil, para producir crudos sintéticos livianos o medianos a partir de hidrocarburos pesados de la sudoriental Faja del Orinoco.

En un discurso improvisado, el reelecto mandatario confirmó que en primera instancia avanzará hacia la nacionalización de las empresas de electricidad y la telefónica CANTV, y si bien minimizó las repercusiones internas y externas que generó la medida, la bolsa venezolana cayó el 18,66 el primer día, aunque según especialistas bursátiles, “los resultados podrían ser peores si la negociación se extendía con la multinacional estadounidense Verizon”, propietaria de la empresa de telefonía que volverá a manos estatales y cuya privatización ya era mal vista por Chávez cuando se sublevó militarmente en 1992. “La Bolsa podrá caer, lo que no va a caer es la economía venezolana, más pujante que nunca. Una cosa es la economía y otra es la Bolsa. Sigan jugando al alarmismo, que lo que viene es bueno, sigan jugando”, dijo Chávez, en una articulación de mensajes que ha dejado boquiabierto a más de un aliado, salvo a sus colegas Luiz Inácio “Lula” Da Silva de Brasil y Néstor Kirchner de Argentina, dos jefes de Estado que escucharon a fines de 2006 y por boca del propio Chávez cuáles serían los próximos pasos.

Es que tanto para Caracas como para La Habana, el peso de estos dos países sudamericanos serán cruciales en el año que comienza y no hay intenciones de mantenerlos perplejos cuando acuerdan, en silencio, con varias medidas adoptadas, “siempre y cuando no sean ellos los que tengan que aplicarlas”, acota un consejero diplomático.

A RÍO REVUELTO…

Chávez sabe que gracias a los editoriales encendidos y las reiteradas bravatas latinoamericanas contra sus medidas, el mensaje nacionalizador impacta muy fuerte en el interior de cada país vecino. Quieran o no, buena parte de las administraciones conservadoras y liberales de la región deberán lidiar con un debate que consideraban perimido: el papel del Estado y la estatización de los recursos esenciales. La opinión pública de cada nación sudamericana no sabrá muy bien lo que ocurre en Venezuela, pero el debate sobre el Estado ya es moneda corriente en cada una de sus sociedades y curiosamente, varios gobiernos, como el chileno, no cuentan con muchos recursos para hacerle frente. A sus espaldas cargan enormes cantidades de excluidos, cifras económicamente encomiables, pero social y políticamente alarmantes. Ante la ausencia de fuerzas sociales organizadas que sostengan esa puja en cada sociedad nacional, la espectacularidad de las medidas chavistas inocula con fuerza una discusión que tarde o temprano será apropiada por una parte de cada arco político.

Pero el año recién comienza y al inicio protagonizado por Chávez, se sumarán, mes a mes, las transformaciones que tiene en carpeta el primer gobierno indígena del Altiplano. Es que bajo este segundo año de gestión, Evo Morales pondrá a prueba su capacidad de gestión sobre los recursos energéticos estatizados y rendirá examen con la reforma agraria, la industrialización de la hoja de coca, la lucha contra el desempleo, la reconstrucción de un Estado desvastado y el control político de las autonomías que siguen amenazando con separarse. En el Palacio Quemado admiten que no hay otro camino que refundar el Estado boliviano y para hacerlo necesitan tanto de Venezuela como de Argentina y Brasil.

Del primer país no sólo necesitan una alianza política de envergadura, sino que su mandatario no genere polarizaciones contraproducentes opinando sobre asuntos internos y generando polémicas que terminan como un abrazo de oso. De los otros dos socios del Mercosur requieren el papel de contrapeso ante las multinacionales y que disminuyan la visión y la relación casi semicolonial que mantienen con La Paz.

EL ALUMNO DE PERÓN

En ese contexto y más allá de los artificios, Hugo Chávez no ha hecho más que peronismo en su país, mientras espera que germine un proceso social que lo sostenga para seguir adelante. No hay mejor conocedor de la política de Juan Domingo Perón que el presidente venezolano. La admiración ha sido acuñada por más de una década en la que el caudillo caribeño ha estudiado en detalle las medidas del argentino que gobernó tres veces la Argentina y que construyó un Estado de Bienestar que reguló la economía, rompió con el modelo agroexportador e instaló un modelo industrial sustitutivo de importaciones con grandes sectores asalariados y organizados. Con un esquema de conciliación de clases y un estado fuerte, Perón consolidó luego de la Segunda Guerra Mundial un capitalismo de Estado que revirtió la tendencia regresiva de la distribución del ingreso, garantizó la capacidad de veto de los trabajadores, otorgó el voto femenino y construyó una estructura estatal que luego fue expoliada y destrozada por las dictaduras que propició Washington a partir de 1955, cuando Perón fue derrocado y optó por el exilio para evitar una guerra civil.

Con medio siglo de diferencia, es posible que Chávez construya el estado que Juan Domingo Perón no alcanzó a consolidar en sus primeros diez años de gobierno, pero las similitudes resultan atractivas para cualquier analista: desde octubre de 1945 hasta septiembre de 1955 Perón estatizó servicios públicos, afianzó el papel del Estado, explotó políticamente las bondades del petróleo, confrontó con la oligarquía y con Estados Unidos, polemizó públicamente con la Iglesia, reformó la Constitución, logró un segundo mandato gracias a eso, consolidó una fuerza política que llevó su nombre y la transformó en una de las fuerzas más importantes del siglo XX en Argentina. Más allá de la similitud de los contornos y a pesar del tiempo, el chavismo no ha heredado del peronismo la vocación anticomunista de la primera generación “justicialista”, que en Argentina llevaría a una confrontación crucial en la década del 70 con quienes encontraron en la figura de Perón un camino al socialismo. La prueba es la profunda relación de Chávez con la Revolución Cubana y con Fidel, un lazo que Perón rehuyó varias veces.

PRÓXIMOS PASOS

Sin embargo el presente venezolano aún no registra un proceso industrializador que saque al país de su dependencia petrolera y que permita consolidar un modelo productivo industrial y exportador. Es posible que las nuevas medidas estén orientadas a lograr ese paso, aunque con la complejidad de la gestión actual, la transparencia se configura en un elemento crucial para seguir cosechando las bondades del electorado.

Otras medidas anunciadas por Chávez serán la eliminación de la autonomía del Banco Central y, en el terreno político, reformar la Constitución “para avanzar más rápido” hacia el socialismo, dar mayor poder a los consejos comunales y revisar leyes para buscar un desarrollo más equilibrado entre las distintas regiones del país. En el terreno educativo, se imponen reformas legales, dijo Chávez, “para demoler los viejos valores del egoísmo, el individualismo y el capitalismo”.

Junto con los estrenos, el mandatario planteó un discurso frontal contra la jerarquía de la Iglesia Católica y el Secretario general de la Organización de Estados Americanos, el chileno José Miguel Insulza, tras recibir críticas por su decisión de no renovar la licencia de onda que usa desde 1953 la emisora privada Radio Caracas Televisión, de claro contenido opositor.

Al cierre de esta edición Chávez, reconoció que fue “más allá de lo prudente” al calificar ayer de “pendejo” a Insulza, aunque aclaró que no se arrepiente de sus críticas al funcionario.

Tener reflejos no implica poseer capacidad de autocrítica y posiblemente el caudillo venezolano tenga esa asignatura pendiente. Por ejemplo, a los prelados católicos que han reclamado explicaciones sobre la propuesta oficialista de un “socialismo del siglo XXI”, Chávez les espetó: “¿Qué yo se los explique? Vayan a estudiar, señores obispos, busquen los libros de (Carlos) Marx, de (Vladimir Ilich) Lenin, lean la Biblia”.

Hugo Chávez asumió su tercer mandato y al igual que las estrategias del líder argentino Juan Domingo Perón (1895–1974), “golpea para negociar”. Mientras tanto muchos se preguntan cuando comienza la negociación, pero nadie puede negar que Chávez no ha perdido la iniciativa desde el intento de golpe de Estado propiciado por Washington el 11 de abril de 2002. Es que el que se quema con leche, ve una vaca y grita.

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