Las certezas de la madre de Rodrigo Anfruns

jueves 1 de abril 2010
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paola papiEn una entrevista concedida en 2006 a El Periodista, Paola Papi, madre del menor Rodrigo Anfruns, secuestrado y posteriormente asesinado, con tal solo seis años de edad, hace sus descargos contra las insuficientes diligencias por parte de la justicia y rememora lo duro que fue ver por primera vez las fotografías de su hijo muerto. Cuenta además, cómo se decidió a abrazar a Patricio Pincheira Villalobos, según las investigaciones de ese entonces, el único responsable de la muerte de Rodrigo.

Paola Papi: “Rodrigo sufrió mucho más de lo que pensé”

Por Pablo Basadre / Publicado en la edición Nº99 de Revista El Periodista

El día que hallaron el cuerpo de Rodrigo Anfruns, Paola Papi, su madre, no fue capaz de enfrentar el penoso momento de reconocerlo. Su hermano, Mario Papi, hoy ex jefe de la Dirección de Seguridad Pública e Informaciones (Dispi), se encargó del trámite. Ella sólo escuchó que su hijo de seis años tenía marcas de cigarrillos en su cuerpo, huellas claras de tortura.

Pero la reapertura del caso, el 29 de julio de 2004, obligó a Paola a recordar nuevamente imágenes que habían quedado guardadas.

Hoy, después de 27 años, por primera se atrevió a ver a su hijo muerto y a observar las fotografías que lo muestran semi desnudo, tal cual lo encontraron en el sitio eriazo contiguo a la casa de sus abuelos paternos, el 14 de junio de 1979.

En las fotografías, pudo apreciar las condiciones en que Rodrigo quedó luego de los once días que estuvo desaparecido. Lo más horroroso fue ver el cuerpo de su hijo flagelado y confirmar el relato de su hermano, cuando le contó que tenía quemaduras, marcas redondas y casi perfectas.

Paola confiesa que ese proceso le ha provocado siempre la misma sensación: náuseas, producto de los nervios, y un dolor físico en alguna parte de su cuerpo.

Los cinco tomos que suma la nueva investigación del caso Anfruns, también han hecho que Paola se enfrente a algunos detalles que desconocía o que tal vez había querido olvidar. Sin embargo, su extrema racionalidad le permite superar estos complejos momentos. Tiene claro que no se trata de un trabajo personal para reconciliar vacíos personales, sino que de buscar pistas que puedan ayudar a develar las numerosas interrogantes que se acumulan en el proceso.

Paola cuenta que hay días en que se siente agotada. El regreso a tribunales, los ejercicios por recordar los pormenores de lo que pasó en esos once días y las nuevas declaraciones que ha prestado a la justicia la han desgastado. Al igual que las últimas informaciones difundidas por las prensa, respecto de las conclusiones elaboradas por la Policía de Investigaciones en el informe de 200 páginas que emitió la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos.

Allí no sólo se descarta una operación de inteligencia tras el asesinato de su hijo, sino que además se confirma la verdad oficial que ella se ha negado a creer durante todos estos años.

Paola siente que el informe es como una burla, pero en las tardes, cuando llega a casa y se sienta en su taller para relajarse y trabajar el estaño, se convence de seguir adelante. Dice que la ministra en visita Dobra Lusic, quien está llevando la investigación ahora, le da confianza y que por enésima vez está dispuesta a creer en la justicia. Paola no se permite flaquear. Se pasa días enteros en extensas reuniones con Roberto Celedón, su abogado, mientras coordina junto a sus cercanos los contactos desde Francia, para dar vida a la fundación que llevará el nombre de su hijo. Esta segunda oportunidad para ella es importante y no está dispuesta a echar pie atrás.

LAS HERIDAS DE RODRIGO

¿Cómo se sintió cuando se enfrentó a esas fotos de su hijo?

Fue muy fuerte, pero tuve que hacerlo. Cuando vi las fotos quedé muy mal y es un dolor que se extiende hasta ahora. No es algo que sólo se sienta en el momento en que uno ve las fotografías.

¿Cómo se preparó para enfrentar ese momento?

Creo que tengo la suerte de ser muy sana mentalmente. Siempre he tratado de separar las cosas y de hablar del caso Anfruns como lo hace el resto de las personas. Los recuerdos de mi hijo y esas cosas las tengo guardadas para mí. Sin embargo, cuesta mucho, porque en este caso estás viendo el cuerpo de tu hijo, sus facciones, las heridas& Te das cuenta de que sufrió mucho. Esas cosas aún no las controlo del todo. Me pongo un poco nerviosa e incluso me dan ganas de vomitar de puros nervios. Es algo físico. Me descompensó. A veces intentó enfocarme sólo en lo que estoy buscando, en alguna pista y logro salirme un rato, pero pasa un momento y nuevamente está ahí. Y me viene un malestar físico, como una somatización de lo que estoy viendo. Pero es algo que tengo que hacer.

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