Sebastián Piñera admitió hace seis años que en 1993 secuestraron a uno de sus hijos

miércoles 30 de septiembre 2009
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1248796429145-pineraEl actual Presidente, en una entrevista exclusiva con El Periodista, reconoció hace seis años que uno de sus hijos fue secuestrado en mayo de 1993, cuando él era senador. Dijo que en la oportunidad puso todos los antecedentes a disposición de los organismos competentes, aunque no obtuvo respuestas, señaló. El tema, a pesar de la trascendencia que debió tener, ha sido ignorado en su actual biografía presidencial. A continuación la entrevista en “De Archivo” donde, a regañadientes, Piñera habla por primera y única vez sobre el hecho.

Por Francisco Martorell

Piso 18 de Apoquindo 3000. Las Condes. Las oficinas de Sebastián Piñera hierven. La cita es a la 17:30 pero sabemos que tendremos que esperar, hacer antesala, porque es un hecho que a esa hora su apretada agenda ya estará tan condensada que las citas estarán una encima de la otra. No nos equivocamos.

Es jueves y dentro de su despacho, una mesa con 8 sillas, un escritorio y tres sillones, dos largos, Piñera está con dos periodistas: Montserrat Álvarez y Bárbara Rebolledo, ambas de TVN y del programa Día a Día. La secretaria, con una calma que tranquiliza, dice que además debe escribir una columna de 6 mil caracteres y despacharla antes de la 18:30. Mejor sentarse.

A las 18:15 un apurado Piñera, luego que ya se ha ido el multitudinario equipo del canal y después de hablar por teléfono por espacio de cinco minutos, nos hace pasar. “Las fotos primero”, dice. Y se entrega a las labores de nuestro gráfico.

Luego advierte: “tendré que suspender 15 minutos en cualquier momento” y se queja: “la prensa le hace perder mucho tiempo a uno”. Pone las reglas y dice que quiere saber, en términos generales, los temas que trataremos para pensarlos “dos minutos” y luego “lanzarse”. Lo hacemos, puntualizando que el cuestionario no está cerrado.

Las pautas están dadas, ahora, Piñera, parece tener todo el tiempo del mundo. Pero suena su celular, se disculpa y comienza a hablar, otros minutos, largos, donde anota con su lápiz Bic negro y su mano izquierda, en un block, todo lo que del otro lado le solicitan. Ahora sí, la entrevista sólo será interrumpida por una llamada de Domingo Cavallo, de visita en Chile, y por el tiempo solicitado con anterioridad, los 15 minutos, para terminar la columna que le reclaman, a cada rato, a su secretaria. Y que, curiosamente, es él quien la escribe. Con su Bic negro y con su mano izquierda.

El entretiempo nos permite mirar los retratos colgados en la pared, los 8 diplomas y la veintena de caricaturas del otrora senador; también los aviones en miniatura, casi todos de Lan Chile y otro de una línea aérea ficticia: “Sebastián Piñera airlines”. Todo ello en un desorden increíble, lleno de diarios y revistas (algunas en el suelo), con decenas de archivadores y más carpetas. Sobre el escritorio, en medio del caos, unas copias mecanografiadas con el título sugerente: “las claves de la felicidad”. No hay tazas de café ni tampoco nos ofrece uno. Sobre el escritorio, sobreviviendo, un vaso largo con jugo, que parece de durazno…

Mirando a su alrededor se entiende que ahí viva, literalmente, el presidente de un partido político que, según Dicom, figura con 22 publicaciones como socio en el diario oficial y registra 11 participaciones en sociedades.

Hace diez años (1993) estaba metido en un enfrentamiento directo por lo que había vivido meses antes y que se conoció como el Piñeragate. ¿Cuál es su balance una década más tarde?

Respecto a esos hechos, que no debieran llamarse Piñeragate, se debe hacer una distinción en quién dijo la verdad y nunca ocultó nada y quienes mintieron sistemática y permanentemente durante varios meses a todo el país a través de los medios. Ese balance no ha sido suficientemente hecho. Me quedan malos recuerdos, fueron tiempos durísimos, dolorosos, que decidí superar y dejar atrás. Hice todo lo que tuve al alcance para demostrar que en esa situación hubo espionaje, participación de miembros de las FFAA y de muchos civiles que negaron todo durante meses y que finalmente tuvieron que reconocer. Tengo la tremenda satisfacción de haber dicho la verdad. Cometí un error, lo reconocí y nunca intenté engañar a nadie.

Usted en el mes de mayo de 1993 andaba detrás del informe del Ejército sobre el espionaje telefónico que sufrió un año antes. ¿Tuvo acceso a él?

Nunca tuve acceso, lo que sí tuve fue certeza que ese informe -hecho por el General Garín- había sido incinerado y eso quedó demostrado.

Hay un hecho, que ha trascendido en la prensa, que es el secuestro de su hijo. Usted nunca lo ha confirmado.

Esos son temas que francamente prefiero dar vuelta la página.

Yo lo entiendo, pero cuando a un senador de la República le secuestran a un hijo no es un tema que sea únicamente del ámbito privado…

Sí, pero en su momento yo puse en conocimiento de este hecho a las personas que correspondían.

¿Y supo de qué se trató?

Hay muchas cosas en este país que nunca se han sabido y que nunca se van a saber. Esta es una más de ellas.

¿Pero tuvo que ver el Ejército?

Es un tema de verdad que prefiero no hablar, porque produce mucha inquietud y angustia a mi familia.

Pero el hecho es efectivo.

(Largo silencio). Ve que me obliga a hablar sobre un tema que no quiero hablar. En su momento puse el hecho en conocimiento de las autoridades correspondientes.

¿Supo del avance de las investigaciones?

(Silencio) Este es un tema muy difícil de investigar.  Igual como el tema del espionaje, que tampoco fue investigado a fondo y en su totalidad, y la investigación abortó cuando pasó de la mano de la justicia civil y del ministro Chaigneau a la justicia militar.

Estos hechos estaban envueltos en un sistema…

Me está llevando a hablar sobre una época pasada que no quisiera recordar…

Pero, remontándonos a ese hecho, diez años después, ¿lo que generó ese momento está superado, o esos poderes que operaron todavía siguen vigentes?

Esto es como “yo no creo en brujas, pero que las hay, las hay”. Creo que todavía hay cosas ocultas, sombrías, tenebrosas, que siguen ocurriendo en la sociedad chilena.

Historia de un secuestro

En mayo de 1993, hace 10 años y pocos días después del aluvión que sacudió a Santiago, desconocidos secuestraron a un hijo del entonces senador Sebastián Piñera Echenique, en los momentos que el político inquiría detalles al Ejército sobre el espionaje telefónico que, meses antes, había gatillado una confrontación abierta con la ahora UDI Evelyn Matthei. Según lo que trascendió en su momento en la revista Qué Pasa, algo nunca reconocido por el ex parlamentario, “el niño fue abordado por unos `tíos’ desconocidos, a la salida del colegio, quienes lo retuvieron un tiempo -aparentemente por menos de una hora -, lo llevaron hasta una caseta telefónica y lo hicieron comunicarse por teléfono con su papá. Los `tíos’ -que jamás han sido identificados- amenazaron a Piñera con represalias si insistía en seguir investigando el llamado “Piñeragate”, el caso de espionaje telefónico que había liquidado sus aspiraciones presidenciales a mediados de 1992″.

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