Teresa Undurraga: La creadora del “Emporio”

lunes 29 de junio 2015
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emporio 2Hace 14 años inició un emprendimiento que, con el paso del tiempo, no solo se ha convertido en “marca” sino que se lo destaca en todo el mundo por estar dentro de las 25 mejores heladerías del orbe.

Por Equipo EP

No debería llamarse Emporio La Rosa sino, tal vez, Elena. Porque ese es el nombre de la abuela de Teresa Undurraga, cuya imagen da vida a la que hoy aparece dentro de las mejores heladerías del mundo.

Corría el 2000 cuando la emprendedora se dio cuenta que hasta el sector del Parque Forestal había llegado un grupo de personas, como ella, que disfrutaba comprando en almacenes pero que estos no ofrecían productos de calidad. Se le ocurrió, entonces, instalar en una punta de diamante entre Merced y Monjitas un negocio que satisficiera esa demanda.

Así nació en febrero del año siguiente el Emporio, contra las dudas y la oposición de casi todos sus conocidos. “Que la gente de tu entorno te diga que es una pésima idea es una condición sine qua non del buen emprendimiento. Este no se entiende sin riesgo y exploración. Pasa, entonces, cuando a uno se le ocurre una idea, que al socializarla sea unánime el rechazo y hasta la descalificación. ‘Tú estás loca’”, cuenta que le decían.

Dejó la gerencia de marketing de Rotter y Krauss, juntó 20 millones de pesos con un socio capitalista y emprendió. Hoy esa locura, es un éxito comercial. Tiene franquicias y vende cientos de millones de pesos al año. E incluso proyecta su internacionalización.

DIFÍCIL COMIENZO

“Esto nació como un almacén, no como es ahora, pero con productos de calidad, delicatessen, porque mi primer análisis era que eso faltaba en el barrio. Y yo era una vecina más, que buscaba esas cosas. Quería, a diferencia de un almacén que compite con malos productos frente al supermercado, que la experiencia que tuviera la gente al venir fuera tan buena, aunque sea cara, para que cuando tuvieran una necesidad, simplemente volvieran. Todo el tiempo me dediqué a pensar cuáles eran las cosas que harían a las personas ‘hallarse’ en este lugar, volver, confiar en mí, porque abrir la boca es un acto de confianza, no es racional. Yo quería invitar a la gente a vivir una experiencia confortable”, cuenta Undurraga de sus inicios.

Comenzó a buscar productos que ayudaran a esa idea y fidelizaran a su clientela. Por el pan o el sabor de la mantequilla de campo. Hasta entonces, ella solo había trabajado como garzona en negocios similares, pastelerías, poco sabía de administración y mucho menos hacia donde, con el tiempo, derivaría el negocio. “Fueron seis años con todas las crisis, las asiáticas, las torres gemelas, a veces con ventas paupérrimas, hasta que el Emporio se logró dibujar y sus mesas se empezaron a llenar porque la gente, de diversos tipos, quería estar acá”. Tenía, eso sí, estudios de Arte, Diseño e Ingeniería Comercial.

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Al desarrollo del Emporio también, ayudó la alcaldía de Joaquín Lavín, quien vio la potencialidad del barrio y se esforzó porque este tuviera identidad. Así se ampliaron las veredas, surgieron los cafés no masculinos y la zona comenzó a ser más amable con las tiendas delicatesen.

“Esta idea, hasta ese momento una muy buena idea, convocó a mucha gente, pero era un pésimo negocio”, asegura. Y agrega: “Tuvimos la virtud de no tener miedo a conocer a nuestros clientes, ver nuestro entorno, evaluarnos, sacar lo malo y darle más espacio a lo que la gente nos pedía. Esa fue la razón por la que dejamos de ser un almacén y comenzamos a ser una cafetería”.

En el 2005, Teresa se asoció con su hermano Francisco, quien la ayudó a potenciar el negocio de cafetería, dejando un poco de lado la idea del almacén de barrio. Fue en este período cuando se buscó un producto que destacara y aumentara las ventas de la empresa, naciendo así la Heladería.

“Entró Pancho, mi hermano, que es una persona con una energía empresarial enorme. Yo soy la del Emporio y él es el del Imperio. En la discusión, nos fuimos dando cuenta cuáles eran las cosas que había que potenciar y las que había que sacar. Yo estaba aferrada a mi idea y le costó convencerme. Decidimos, además, que no podían estar dos vascos dentro de un local y que debíamos desarrollar un producto que nos permitiera pasar de esta buena idea a un buen negocio. Ahí, recién me di cuenta que estaba pasando de profesión a oficio con mucha fuerza. Estaba tan inmersa en un proceso creativo que no me daba cuenta lo trascendental para mí que empezaba a resultar esta pega”.

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Dice que no alcanza solo con ser emprendedora y romántica, enamorada de una idea, también hay que ponerle organización y gerencia. “Los que logran construir marca y pasan a ser una empresa son muy pocos”, dice. “Ni Pancho ni yo éramos capaces de desarrollar la gestión como este emprendimiento se merecía”, cuenta y, por eso, el 2007 se incorporó José Miguel Gazitúa, tío de los hermanos Undurraga. “Lo trajimos como socio y como gerente general para que coordinara mi espíritu creativo con el alma comercial de mi hermano”. Y lo logró.

Debido a los buenos resultados, comenzó su proceso de expansión abriendo nuevos locales ubicados en diferentes comunas de Santiago e incluso llegando a la V Región en el 2010. Hoy son 350 personas las que trabajan en la empresa, tienen 17 locales (14 de la familia Undurraga y tres franquicias).

EMPRENDEDORA

“Yo estuve años ganando 200 lucas”, dice. Momento en que Teresa Undurraga hacía de todo y no podía tomarse vacaciones. Los bancos en ese entonces, ni nadie, confiaba en la vialidad económica del negocio y debía enfrentar prácticamente sola un emprendimiento que recién empezaba a proyectarse. Hizo lo imposible, incluso habló con el Gobierno para que buscara fórmulas para apoyar a las Pymes. Y propuso préstamos a favor del IVA que pagaban todas las empresas.

“Tuve la suerte que tenía un marido (el periodista Felipe Bianchi) que podía sostener la casa pero hay miles de mujeres que tienen ideas y ganas pero no pueden desarrollar su idea porque no tienen las lucas para que funcione”, dice.

Lo bueno, aclara, es que con lo ocurrido le perdió el miedo al trabajo y especialmente al fracaso: “Si hoy quebrara, empezaría de nuevo, porque aprendí y sé emprender. Soy capaz”, asegura.
¿Cuáles son los beneficios y los obstáculos de ser mujer emprendedora?

“Yo me he ganado todos los premios que existen de mujer emprendedora. No tengo ninguna queja respecto al reconocimiento desde ese punto de vista. Pero, hay una mirada, porque el Emporio pasó de emprendimiento a empresa y yo de emprendedora a empresaria hace varios años, que tiene cierto toque machista. Se nos muestra como excepcionales. Es decir, como mujeres exitosas, somos una excepción y no se nos muestra como pares. Yo no me siento una persona excepcional. Me siento una persona. Como mujer he recibido cientos de cartas, invitándome a charlas de la Pilar Sordo, por ejemplo, pero nunca una invitación a una mesa con el ministro de Economía. Y mi empresa, de la cual estoy orgullosa, ha vivido un proceso de capitalización excepcional. Me mandan agendas, de todos los colores y florcitas, pero cuando hay una oferta de fondos mutuos no las dirigen a mí. No piensan que con mi patrimonio podría ser una persona sujeta a inversión, rentabilidad u otros intereses relacionados. La banca se comunica conmigo para seguros escolares o tiempo libre. No tengo nada contra ello pero es increíble que los únicos créditos que me ofrecen son los de consumo. Es decir, no me ven como una máquina empresaria o sujeto financiero de interés y rentabilidad. Esto, claro está, no le pasaría a un hombre que estuviera en mi posición”.

Según dice, hay un machismo mal entendido que no les facilita el fair play a las mujeres en el mundo empresarial. “Siempre están pensando que nuestro único derrotero es cómo compatibilizar el hogar con los negocios, pensando que este último, de todas maneras, es cien por ciento nuestra responsabilidad, ignorando que se trata de un tema compartido y que mis expectativas como empresaria son similares a las de un hombre”.

No sabe cómo se rompe este círculo porque, a su juicio, “es una mezcla entre un prejuicio y un amor, como si el mundo quisiera ser cariñoso con las mujeres que tenemos cuenta corriente o emprendemos”. Y ella no quiere eso. “Me interesa un mundo que esté destrabando cosas para que todos lleguemos hasta donde queramos o podamos hacerlo”, apunta, porque “nadie tiene comprado el éxito, mucho menos por el género”, puntualiza.

Afortunadamente, señala, el hecho de haber tenido y tener una presidenta en La Moneda empoderó a las nuevas generaciones y lo ve en sus hijas y en las amigas de ellas, que ya no tienen límites en lo que quieren hacer. “Ven la posibilidad de una vida mucho más que a la sombra de otro”, dice.
Pronto partirá a Estados Unidos, con toda la familia, para estudiar y, dice, tomar distancia durante un año del Emporio. “Ver, como persona, qué otras inquietudes me surgen, en qué posición voy a volver, cómo voy a aportar, porque los liderazgos no tienen que ser tan personalistas como para inhibir el desarrollo natural de un negocio. Yo no quiero transformarme en la piedra en el zapato de mi propia idea. No quiero ser el Steve Jobs del Emporio de la Rosa. Me interesa que para la empresa dé lo mismo si estoy o no. El modelo se pensó de tal manera y subsistirá porque es válido en sí mismo y no porque estamos nosotros empujando el carro”.

Y la idea, como buena emprendedora convertida en empresaria, es alimentarse de nuevos conocimientos para seguir adelante y volver a plantear alternativas y ser un aporte creativo a El Emporio. Mientras, este internacionalizará sus productos, con el empuje que le da estar entre las mejores heladerías del mundo.

“Todo este camino nos ha permitido saber cuáles son nuestras posibilidades y también los límites que tenemos. O sea, vivir una experiencia empresarial es poner a prueba permanentemente el material con que uno está hecho. De cuáles son las batallas que das, que cosas te importan o dónde pones los énfasis para que los demás se suban al carro. Si uno no entiende que todo eso es colectivo no tiene posibilidad alguna de tener éxito porque te transformas en un esclavo de tu ego”, reflexiona.

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Este reportaje forma parte del proyecto “Ellas” y fue realizado con el aporte del Fondo de Medios 2014 del Ministerio Secretaría General de Gobierno.

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Comentario

carlos montesino heyer

Felicitaciones por este emprendimiento ya que se requiere perseverancia, creatividad, talento etc. cualidades – todas – que Teresita Undurraga ha demostrado con creces. Saludos.

martes 21 de julio 2015 a las 20:47
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Los Comentarios se han cerrado.

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